World Council of Churches

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Enfrentando la crisis espiritual

Enfrentando la crisis espiritual

Máscara de barro por el artista ghanés Kofi Setordji. Las esculturas exhibidas en el Centro Ecuménico de Ginebra en 2003 conmemoran el genocidio de Ruanda en 1994.

Actualmente, no en menor medida que cuando se fundó el CMI, el mundo y las iglesias se enfrentan con tiempos difíciles que denotan una profunda crisis espiritual.


El mundo ha presenciado muchos cambios políticos y sociales esperanzadores durante estos cincuenta años. Sin embargo, esos cambios han estado acompañados de nuevas amenazas al bienestar de la humanidad y de la creación.

El colonialismo prácticamente ha desaparecido, pero muchas de las naciones que se formaron de las antiguas colonias están sometidas a nuevos tipos de dependencia económica y política. Con el fin de la guerra fría ha disminuido la amenaza de holocausto nuclear. Sin embargo, persisten las guerras dentro de los países y entre grupos raciales y étnicos.

Las adhesiones religiosas se utilizan para fomentar el odio y la violencia, y la vida de las minorías religiosas es con frecuencia precaria, a pesar de que los encuentros entre creyentes de diferentes religiones han llegado a ser algo corriente en muchos lugares y la libertad religiosa está establecida en la legislación de casi todas las naciones.

Muchos regímenes militares han sido sustituidos por gobiernos civiles democráticamente elegidos. Sin embargo, las instituciones políticas están cayendo en descrédito como resultado de su ineficacia y corrupción.

La conciencia generalizada de la amenaza que se cierne sobre el medio ambiente a nivel mundial no está acompañada de la voluntad de cambios radicales en los estilos de vida. A medida que los medios de transporte y las comunicaciones instantáneas en todo el mundo han aproximado a los pueblos de la tierra, los poderes financieros, económicos y de los medios de información están creando una unidad mundial de carácter particular. Sin embargo, su tributo ha sido una fragmentación cada vez mayor de la sociedad y la exclusión de más y más personas de la familia humana. Los fundamentos morales de la comunidad humana son cada vez más frágiles. En esta situación las iglesias no siempre han actuado de conformidad con sus compromisos y convicciones.

Ante esta situación de crisis espiritual que vivimos actualmente, el pueblo de Dios está llamado al arrepentimiento, la conversión y la renovación.

Frente a una forma de unidad mundial basada en la dominación y la exclusión, ¿somos acaso capaces de proponer otro proyecto de vida? ¿Somos acaso capaces de vivir un modelo de relaciones que sea convincente y esté basado en la solidaridad y el compartir, la responsabilidad mutua y la responsabilización?