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24-06-09 Informe sobre Visiones eclesiales y sociales de los pueblos indígenas

Alrededor de 35 teólogas, teólogos y líderes representando las comunidades, iglesias y organizaciones de pueblos indígenas en 16 países de muchas partes del mundo asistieron a la consulta organizada del 21 al 26 de octubre 2008, en la ciudad de Baguio, Filipinas. Esta consulta fue organizada en respuesta a la Novena Asamblea General del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) que propuso la tarea de facilitar la contribución teológica de los pueblos indígenas para enriquecer la vida y trabajo del CMI. En solidaridad con las luchas de la numerosa población de pueblos indígenas en Asia, la ciudad de Baguio en Filipinas fue elegida para ser el contexto de esa conversación teológica.

24 de junio de 2009

21 al 26 de Octubre de 2008, Baguio, Filipinas

Alrededor de 35 teólogas, teólogos y líderes representando las comunidades, iglesias y organizaciones de pueblos indígenas en 16 países de muchas partes del mundo asistieron a la consulta organizada del 21 al 26 de octubre 2008, en la ciudad de Baguio, Filipinas. Esta consulta fue organizada en respuesta a la Novena Asamblea General del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) que propuso la tarea de facilitar la contribución teológica de los pueblos indígenas para enriquecer la vida y trabajo del CMI. En solidaridad con las luchas de la numerosa población de pueblos indígenas en Asia, la ciudad de Baguio en Filipinas fue elegida para ser el contexto de esa conversación teológica.

Nuestra experiencia en Baguio

Viajamos a Baguio desde diferentes partes del mundo, con nuestras historias de celebración de la vida, de lucha, de resistencia y de esperanzas. Cuando llegamos a Baguio, nos informaron que uno de nuestros hermanos indígenas, James Balao, había sido secuestrado por hombres armados el 17 de septiembre de 2008, en el pueblo de La Trinidad, Provincia de Benguet, a unos metros del Cuartel de Policía en Campo Dangwa, por abogar por la justicia.

Balao es un investigador y formador activo de la Alianza de los pueblos de la Cordillera (APC). Su investigación sobre el clan de los Oclupan, rastreando sus orígenes, les dio a los pueblos indígenas de la Cordillera un sentido de identidad y solidaridad entre ellos, pero también alimentó el trabajo de la Alianza de los pueblos de la Cordillera en su campaña contra las compañías multinacionales para revelar las acciones impropias del gobierno y para afirmar los derechos a la tierra y los recursos de los pueblos indígenas. Como resultado de su participación en la organización comunitaria, Balao fue visto como una amenaza para el Gobierno.

Los amigos y miembros de la familia de Balao creen que su desaparición fue perpetrada por el Estado. La APC también cree que Balao fue especialmente señalado por sus campañas vocales en contra de las políticas gubernamentales contra el pueblo en general y los pueblos indígenas en particular.

Algunos de nosotros nos unimos al Grupo Internacional de Solidaridad para recuperar al defensor de los derechos indígenas, James Balao. Nos sorprendimos al descubrir que la comunidad tiene mucho miedo de la policía y los militares debido a la larga historia de líderes filipinos que usan las fuerzas de seguridad del Estado como una herramienta de represión que ha creado desconfianza entre la población. En el Bajo Tomay, la desconfianza se ha multiplicado debido a la presencia de caras sospechosas que han aparecido en la localidad desde la desaparición, que se asume sean oficiales de inteligencia vestidos de civil. Fue impactante ver qué tan real es el temor de la represalia dentro de la comunidad.

Inclusive el Grupo de Inteligencia Militar (GIM) nos negó una reunión aun después de previa información, lo que sugiere arrogancia y un sentimiento de impunidad que es malsana dentro de las fuerzas de seguridad del Estado, en un país democrático. Después de reunirnos con varios oficiales nos dimos cuenta que algunos de ellos no estaban dispuestos a hablar de los hechos, se contradecían entre ellos y deliberadamente ignoraban lo sucedido con el fin de proteger al estado. Nos decepcionamos principalmente porque algunas instituciones de gobierno dirigidas por personas de origen indígena no eran favorables a los temas de los derechos humanos de los pueblos indígenas y en especial de los derechos de los pueblos indígenas de la Cordillera, sino que más bien aparecían serviles a los intereses nacionales y contra los intereses indígenas.

Unanimamente afirmamos que las actividades represivas en el país, y en la Cordillera, se estaban empeorando debido a los intereses de las compañías multinacionales que cooperan en la explotación de los recursos naturales filipinos. En la larga historia global de los derechos humanos, el abuso en contra de los pueblos indígenas y sus actividades siempre ha habido un elemento de colusión corporativa y de gobierno. Además sentimos que la identificación del activista de los derechos humanos como un acto comunista/terrorista de parte del gobierno filipino, y el subsecuentes abusos de los derechos humanos, es parte de la larga historia global de violencia en contra de los pueblos indígenas que se atreven a ponerse de pie por sus derechos individuales y colectivos.

En medio de su lucha, experimentamos el gran sentido de solidaridad entre los miembros del APC, el Clan Oculpan y la comunidad en la lucha contra fuerzas injustas. Algunas personas se presentaron a dar testimonio del secuestro y se unieron a la familia y al APC para traer a la luz a James Balao. Nosotros nos conmovimos profundamente por su determinación de luchar por sus derechos y de proteger su tierra y cultura. En medio de la desesperación y de la incertidumbre sobre su futuro, los pueblos indígenas están unidos para continuar la lucha. Hay esperanza y es nuestra oración que James Balao salga a la luz algún día.

Algunos de nosotros visitamos a las víctimas de las presas de agua y la deforestación y comunidades granjeras. Fuimos conmovidos por las historias de sus luchas al encarar una economía de mercado, la construcción de presas para energía eléctrica y la minería, todo en sus terrenos indígenas ancestrales y sin previa consulta o aprobación de los dueños tradicionales de la tierra. Conocimos a las personas que fueron lanzadas a la fuerza de sus tierras sagradas ancestrales. Vimos que el Estado y las fuerzas corporativas trabajan en contra de los pueblos indígenas en el mundo y su violencia parece demasiado grande y muy poderosa para luchar en su contra, pero estamos convencidas/os que a través de la solidaridad internacional de los pueblos indígenas, podemos combatir esas fuerzas y de ahí que el grupo reiteró la importancia de la solidaridad internacional entre los pueblos indígenas.

En este contexto de secuestro, amenaza, dolor y desesperanza, pero también de resistencia, esperanza y vida de nuestras hermanas y hermanos en la Cordillera, iniciamos nuestra reflexión teológica sobre el tema “Nuestra perspectiva social y eclesial”. Nuestras historias, símbolos, sonidos, colores, danzas, cantos nos acompañaron y celebraron la rica diversidad y pluralidad de la buena creación de Dios.

Desde el momento en que iniciamos nuestra reflexión tomamos conciencia de nuestras diferencias. Nos dimos cuenta que necesitamos más tiempo para comunicarnos y entendernos los unos a los otros. Este es el comienzo de un viaje conjunto hacia el aprecio mutuo y de un nuevo y común paradigma teológico que afirme el esplendor de la libertad creativa de Dios que nos ha hecho plurales/diferentes y que quiere que lo apreciemos. Como inciamos este recorrido, no queremos homogeneizar nuestras reflexiones teológicas sino afirmar el propósito de Dios para toda la creación de Dios con la ayuda de nuestros recursos de cultura y valores de vida.

Como es costumbre en nuestras comunidades indígenas, nuestra reflexión fue hecha en una forma narrativa, llena de colores y flores, canciones y bailes, elementos simbólicos y rituales. Elaboramos teología en el lenguaje simbólico de nuestras historias, mitos, danzas y canciones, no solamente en el lenguaje conceptual del cerebro.

Habiéndonos escuchado los unos a los otros, identificamos muchos temas para la reflexión en grupos. Nuestras reflexiones se resumen como sigue:

I. Viviendo en un mundo globalizado

Cuando todos los árboles hayan sido cortados,
Cuando todos los animales hayan sido cazados,
Cuando toda el agua haya sido contaminada,
Cuando todo el aire sea inseguro para respirar,
Solo entonces nos daremos cuenta de que no se puede comer dinero.

Un proverbio nativo de Norte America 

….No ambiciosos por dinero,
sino ansiosos de servir;
no señoreando sobre aquellos encargados a ustedes,
sino siendo buen ejemplo para el rebaño

I Pedro 5:2-3 

Nosotros, los pueblos indígenas, somos los primeros pueblos/primeras naciones, los pobladores originales de la tierra, quienes dieron nombre a las montañas, ríos, rocas. Estamos vinculados como pueblos y naciones por las historias de creación, leyes consuetudinarias, rituales y prácticas comunes. Como dadores de nombres somos llamados pueblos indígenas y ellos son los verdaderos guardianes de la tierra.

Excepto en unos pocos países como en Bolivia y Guatemala, los pueblos indígenas no son un sector dominante de las sociedades. En América Latina o Abya Yala, los pueblos indígenas luchan por preservarse y desarrollarse como pueblos de acuerdo con sus modelos culturales, instituciones sociales y sistemas legales. Abya Yala nos ofrece una rica historia de luchas en las cuales los pueblos indígenas llegaron a constituirse como sujetos políticos con sus agendas específicas. La resistencia se volvió poder público y nuevas Constituciones Políticas en Ecuador y Bolivia incluyen a pueblos indígenas como parte de los estados. Este logro anima a las luchas de otros pueblos indígenas por su propia autodeterminación que es un derecho humano reconocido por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos indígenas (septiembre de 2007).

Mientras que la sociedad dominante le da prioridad a perspectivas de vida racionalista y antropocéntrica que explotan y devastan la naturaleza, los pueblos indígenas honran y cuidan a la naturaleza porque saben que es ella quien sustenta sus vidas, su existencia. Su respeto por la tierra es respeto por la vida, sabiendo que la vida es sustentada y dada por la tierra y por Dios.

Interesantemente, la mayoría de las comunidades cristianas en el Sur global son de trasfondo indígena. Los pueblos indígenas fueron las primeras comunidades en dar la bienvenida y también en sufrir las equivocaciones de los misioneros cristianos. El proceso de cristianización implicó violencia en contra de los pueblos indígenas, de sus culturas, lenguajes y tierras; también conllevó a la matanza real de sus cuerpos, de su alma y de su identidad. En algunos lugares del mundo, optamos por la fe cristiana en busca de liberación y en algunos casos también por una nueva identidad. En otros lugares, nos damos cuenta que el ser una mayoría cristiana, pero minoría en el contexto religioso del mundo envolvía muchos sacrificios – la pérdida de trabajo, la negación de derechos, persecución y otras cosas más. Siendo la minoría o aun siendo la mayoría de la población, en algunos lugares, hemos encarado la realidad de ser excluidos, discriminados y marginados de la sociedad, en algunos lugares inclusive hemos sido amenazados de muerte. Pero luchando como una minoría, también hemos encontrado una oportunidad de usar nuestras dinámicas y creatividad para realizar una contribución para nuestros pueblos y la sociedad.

Socialmente, los pueblos indígenas somos los más explotados, excluidos, los más pobres, los más desvalidos y desplazados en el mundo. Nosotros sufrimos la mayor tasa de pobreza, falta de tierra, malnutrición y desplazamiento interno forzado que ningún otro miembro de la sociedad. Cerca de 1.2 billones de pueblos indígenas viven en con menos de un dólar al día. Se nos mira como retrasados, primitivos e incivilizados que vivimos en las montañas y los bosques. Después de muchísimos años de esclavitud y subyugación, los pueblos indígenas hemos perdido nuestra autoestima y confianza. Esto desarrolló un sentimiento de inferioridad que prevalece aun hasta hoy. A pesar de esto, nosotros, los pueblos indígenas somos sujetos proponentes, deseosos de compartir nuestra sabiduría para generar unos " cielos nuevos y tierras nuevas" para toda la vida en nuestro planeta.

Políticamente, los pueblos indígenas somos quienes menos poder tenemos. La “política de la mayoría" favorece sólo a las sociedades dominantes. La democracia mayoritaria es un instrumento para asimilar a las sociedades minoritarias, como los pueblos indígenas a un sistema de valores que se considera mayoritario. Por lo tanto, dentro de las naciones estado modernas, los pueblos indígenas no sólo somos económicamente marginados, sino también políticamente privados del voto y la decisión. En muchos países democráticos somos relegados como ciudadanos de segunda clase. También debe notarse la opresión política, la militarización y las formas de etnocidio que se están llevando a cabo diariamente en gran escala. La violencia, las desapariciones forzadas de líderes de pueblos indígenas, los conflictos y matanzas se vuelven asuntos cotidianos y una realidad “normal” en todas partes del mundo. En todos estos ataques bárbaros vemos las manos de políticos e industriales. Todas estas acciones inhumanas son instigadas para crear temor y alejar a los pueblos lejos de los bosques y montañas para poder ocupar sus tierras, bosques y explotar los recursos mineros de los pueblos indígenas.

Un testimonio de Tailandia:

El gobierno pidió a la gente que plantara sólo un tipo de cosecha y les dio préstamos para realizar esta tarea. La gente plantó árboles de acuerdo a los consejos del gobierno usando químicos. Pidieron el dinero prestado y lo usaron para sus negocios, pero después de que plantaron y obtuvieron el fruto, no pudieron venderlo porque las compañías los oprimían. La gente quedó muy endeudada. Después de que trabajaron para cubrir la deuda, la gente quería más cosas. La gente de los pueblos se va a las ciudades a trabajar, especialmente los jóvenes, pero obtienen sueldos muy bajos.

 

En el mundo de hoy, todo lo que toca la vida de todos los seres vivientes, desde la espiritualidad a la sexualidad, políticas étnicas, los movimientos de resistencia de las comunidades oprimidas, movimientos ecológicos, de derechos humanos están relacionados al control del capital y a la manipulación económica. Las comunidades indígenas están ahora en un nuevo contexto caracterizado por la competencia económica y el consumismo bajo el régimen del mercado global. El imperio global y la ambición del capital global están haciendo un tremendo impacto en la geopolítica del mundo, están destruyendo y amenazando toda la vida, especialmente a las comunidades pobres y marginadas como las comunidades indígenas, las mujeres, las niñas y los niños.

En el mundo de hoy, el "crecimiento" es considerado como el único principio para la liberación. El mercado se quiere salvar a sí mismo sin darse cuenta que no puede. Los conceptos de "cuidarse mutuamente", de la "economía justa" y del "(sabbath) descanso para la creación" (Deut. 25), son considerados improductivos y como la raíz de todos los problemas humanos, desde la pobreza a la enfermedad o incluso hasta la inestabilidad política. Cualquier intento de contradecir el crecimiento económico es etiquetado como inmoral. El mercado global se nos ofrece a los pueblos indígenas con nuestras actividades culturales y los recursos de la tierra, como simples mercancía para obtener ganancias. Los desprotegidos, como son los trabajadores migrantes, los granjeros, consumidores, pequeños empresarios y todo el ecosistema, son las victimas de la globalización. El valor de la vida esta determinado en el mercado especulativo. Aquellos que no participan en el mercado de capital permanecen marginados. Una vasta mayoría de gente permanece pobre a pesar de su participación activa en la producción, debido a la imposibilidad de entrar en el mercado de capital financiero. Mientras que el capital es un valor, o una causa de celebración, la mano de obra es vista como una maldición, como una fuente de angustia.

La tierra, las montañas, el desierto, los ríos y bosques han sido el hogar y el recurso sustentable de la vida de los pueblos indígenas por siglos. Pero ahora están siendo mal usados y violados para servir la creciente demanda del consumismo. Bosques y recursos pesqueros son agotados para obtener ganancias rápidas. Las compañías mineras violan los recursos con muy poco respeto por los costos medioambientales y sociales. El poder sustentable de la tierra para nutrir la vida esta siendo destruido. Todo el planeta esta amenazado y el cambio climático es la amenaza más grande que nuestro mundo actual; un mundo que vemos en una seria, profunda y compleja crisis de civilización.

Hoy en día, uno no puede negar el hecho de que la tierra y los recursos naturales se han convertido en la única causa más grande de lucha y guerra entre naciones y pueblos de diferentes comunidades dentro de una nación. Los recursos son acumulados por unos pocos y negados a los otros. La posesión de los recursos, en vez de ser usados como una oportunidad para compartir mutuamente, como un regalo gratuito de Dios, se han convertido en un asunto de conquista e incautación, un arma de opresión, avaricia y poder.

Por globalización entendemos la liberación forzada de mercados financieros, la privatización de la tierra y sus recursos, la comercialización de los seres humanos, del trabajo y las culturas indígenas y de la imposición de la cultura occidental hegemónica que promueve el consumismo sin límites. La fuerza motriz detrás de estos poderes globalizadores es una maximización de ganancias sin cuidado de las comunidades, de las relaciones o del medioambiente. En el paradigma económico dominante, estas cosas son vistas simplemente como superfluas o de moda. Estas formas destructivas de globalización contribuyen a extender las diferencias entre los más ricos y los más pobres en el mundo. Estas relaciones tensas se manifiestan en la ruptura de la relación espiritual de la humanidad con la creación como la comunidad más grande de la vida.

Estamos conscientes de cada uno de nosotros como una población más amplia, global, de pueblos indígenas. No existimos en aislamiento y no estamos aislados entre nosotros. Esta nuestra capacidad de estar en solidaridad entre nosotros es una expresión de la Suma Qamaña/Sumak Kawsay1 o El Buen Vivir. Nosotros no desechamos totalmente el concepto abstracto de 'globalización'. Los avances tecnológicos pueden ayudarnos en nuestro testimonio y conocimiento de las luchas de otros, siempre y cuando la intención sea asegurar la vida en abundancia y el buen vivir de todas las criaturas. Los avances tecnológicos pueden ayudarnos a resolver problemas, pero también pueden volverse dañinos cuando son motivados por la avaricia y el deseo de ganancia. La visión del Buen Vivir debe ser afirmada por todos los pueblos en todas partes del mundo. Nosotros recordamos y reclamamos la tradición cristiana del bien común, interpretado con las cosmovisiones indígenas de abundancia, comunidad y compartir.

Mientras que aspectos distintivos de nuestras plurales culturas pueden separarnos de las sociedades dominantes en diferentes partes del mundo, nosotros no debemos ser considerados como simples reliquias del pasado; menos civilizados y/o arcaicos. Los pueblos indígenas podemos ofrecer, como ya se está haciendo, respuestas concretas a las fuerzas globales que nosotros vemos como dañinas no solo para los pueblos indígenas sino para todos los pueblos. Los valores comunes que deseamos compartir con el mundo son los siguientes:

  • El bien de la Comunidad sobre los intereses individuales,

  • Una lógica de relacionalidad o interconexión entre toda forma de vida, incluso, la no animada como son las rocas, sitios, etc.,

  • La sencillez de funciones mas que los lujos,

  • El respeto y lógica de reciprocidad en el uso de los recursos naturales,

  • El compartir en vez de la acumulación de la riqueza,

  • Definiciones alternativas de privilegio, poder y prestigio.

Nosotros nos vemos en este mundo, apoyados por el imperativo bíblico de buscar justicia y paz especialmente como se afirma en los testimonios de los libros proféticos y del testimonio profético de Jesús. La estratificación social, los abusos de poder en las estructuras políticas y económicas, y la violencia en contra de la humanidad y de toda la creación, son condenadas por nuestras escrituras y tradiciones, de la misma manera que por la Biblia cristiana. Nosotros estamos obligados a hablar públicamente, con la comunión de los santos y de nuestros ancestros, cuando las injusticias continúan siendo perpetradas en el mundo contemporáneo.

En el contexto de las crecientes desigualdades, de las diferentes formas de injusticia y de conflictos en un mundo globalizado, afirmamos lo siguiente:

  1. Cooperación financiera y económica sobre la base de la igualdad y del compartir la vida y los recursos; apoyo mutuo y respeto por la vida de cada ser viviente;

  2. Autodeterminación como pueblos indígenas en nuestros diferentes países y control sobre los recursos naturales existentes en nuestras tierras ancestrales;

  3. Respeto y protección de la riqueza étnica, cultural y de la diversidad religiosa;

  4. Afirmar la santidad y respeto de la vida humana, la dignidad e integridad de toda la creación de Dios;

  5. Espiritualidad que promueva la justicia, paz y la reconciliación;

  6. Solidaridad cultural para resistir el impacto de la globalización y para encontrar nuevos métodos de superar los problemas de división;

  7. Proteger la diversidad sin tomar en cuenta las diferencias religiosas y étnicas y;

  8. Políticas y valores que garanticen la pluralidad así como lo único de cada cultura.

Nosotros queremos que la iglesia se afirme a sí misma como cuidadora/mayordoma de toda la creación de Dios, incluyendo a los seres humanos. Los conceptos teológicos de mayordomía pueden ser desarrollados con el liderazgo de teólogas/os indígenas para repensar el modo en que vivimos en el mundo. Así mismo, nuestro valor de comunidad que es parte del peregrinaje cristiano puede mostrar a la iglesia un sentido renovado de esperanza, para su comprensión eclesiológica. El compartir, la comunidad, la relacionalidad o interconexión, y el amor al prójimo, son valores indígenas pueden informar y enriquecer la tarea cristiana teológica.

Guárdeme Yavé de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.

(I Reyes 21:3)

De Yavé es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan.

(Salmos 24:1)

Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra.

(Gen 1:11)

Una historia de Filipinas:

Mis amigos, la propuesta del Rey Ahab a Naboth no es nueva a nuestros pueblos indígenas de hoy. Ellos ya han escuchado toda clase de propuestas muchas veces antes. Por ejemplo, los pueblos indígenas de Binga y Ambuclao la han escuchado cuando fueron forzados a reubicarse a Palawan para dar paso a plantas hidroeléctricas. Los Ibaloys de Benguet también la escucharon cuando fueron desplazados para dar lugar al vasto Complejo Deportivo de Marcos, donde un enorme busto del Presidente Marcos fue colocado. Los Tinguianons de Abra también la han oído cuando el gobierno decidió darle a la Corporación Cellphil casi todas las montañas de Abra como concesión maderera. Los Kalingas también oyeron tal propuesta cuando el gobierno negoció la construcción de varias presas a lo largo del Río Chico y el Río Abulog que sumergirían a por lo menos dieciséis municipalidades.

 

La sabiduría de los pueblos indígenas al rededor del mundo habla de sus tierras:

La tierra es la tierra de Dios”

Uno no puede volverse rico vendiendo la tierra”

No seas avaricioso por la tierra, si es que quieres vivir mucho tiempo”

La tierra es vida”

La tierra grita en las manos de la gente codiciosa”

La tierra nunca miente, no le mientas a la tierra”

La tierra es como una ave, pronto vuela de las manos de gente codiciosa”

Puedes vender otras cosas, pero no la tierra”

Eres un extranjero sin tierra”

La tierra es fundamental. Sin la tierra no hay vida, no hay cultura, no hay identidad. La tierra lo es todo para los pueblos indígenas, inclusive la multiplicidad de nuestras expresiones culturales viene de la tierra, de la naturaleza. Como pueblos indígenas, afirmamos que nosotros necesitamos nuestra tierra para vivir y para restaurar la vida de nuestro planeta.

La identidad de los pueblos indígenas es uno de los intereses centrales que guían los esfuerzos de imperios, instituciones y grupos dominantes que intentan robarnos nuestras identidades o nos imponen identidades que no son las nuestras. Renombrar o borrar las identidades de los pueblos indígenas han sido, históricamente, una manera de control y dominio. Este es un instrumento de los poderosos que arrebatan y explotan las tierras ancestrales de las comunidades indígenas. De aquí que la lucha por la auto-identificación es la misma que la lucha por la auto-determinación. La auto-determinación es también un proceso de identificarse y nombrarse a si mismo. La capacidad de elegir el propio destino basado en los sistemas y procesos tradicionales de economía, política, sociedad y cultura –dentro del marco de unidad, justicia y desarrollo genuino– es llevar adelante un proceso de auto identificación. Sin embargo, es necesario enfatizar el punto de que la auto-identificación y la auto-determinación son procesos de comunidad y deben resguardarse de intereses individualistas burgueses.

Una contribución desde la perspectiva Sámi:

La palabra Sámi (del sur) 'Maadtoe" –el sentido de ser nacido al sïjte—es tanto una área de la tierra, como la gente que vive ahí. Como persona, tú naces a una relación con la tierra a la que tus ancestros pertenecieron. "Es la tierra la que es dueña de la gente" como lo pone el pastor Sámi del Sur, Bierna Bientie. Las relaciones con los parientes y con la tierra, son el fundamento de la relación con Dios. A un niño o niña Sámi siempre se le pregunta: "¿De quien eres hijo o hija? Esta es una pregunta muy importante, porque a una persona no se le ve como a un individuo aislado. El o ella siempre son considerados como hijos o hijas, padre/madre, y/o tío/tía de alguien. Mediante el rito del bautismo el niño o niña, también es puesto en una relación de por vida con sus Padrinos/Madrinas, estos son los "parientes rituales" y algunas veces los niños tienen un lazo más fuerte con aquellos que con parientes de sangre; y los hijos de los Padrinos se volverán los hermanos del apadrinado. El sentimiento de colectividad y parentesco es básico. Y esto también es cierto en la relación con la tierra. Como Sámi, tú siempre serás de la tierra de los ancestros, donde quiera que te asientes; siempre habrá lazos. Y cuando tú te muevas por la tierra vas a aprender como mostrar respeto por los espíritus de la tierra. La palabra norteña Sámi Sivdnadusat, significa criaturas, así como bendiciones. Todas las criaturas son referidas como Sivdnadusat. La responsabilidad que tienen los humanos hacia otras criaturas es como la de co-criaturas, manifestada por la voluntad del Creador – el Sivdnideaddji – El Bendecidor de toda la creación.



Nuestra identidadNuestra identidad esta radicalmente relacionada a la tierra, a las montañas, las rocas, los mares, los bosques, el universo cósmico entero y con todo lo que hay ahí. Contrario a la descripción de los colonizadores que veían a la tierra como "páramo" o "espacio vacío", la tierra es nuestro templo, nuestra universidad, nuestro hospital, nuestro mercado, la gran sala donde nos congregamos y celebramos, nuestro pariente, nuestra vida. Es en la tierra que nosotros adoramos, sanamos a los enfermos, educamos a nuestros hijos, y alimentamos a nuestros pueblos. La pérdida de la tierra y la destrucción del medioambiente de los pueblos indígenas, es una afrenta a nuestras identidades, la pérdida de los modos de vida y de nuestra existencia que busca auto-determinación.

Un testimonio de Camboya:

En Camboya algunos grupos étnicos (por ejemplo los Cham) no reciben oportunidades iguales de trabajo y educación. Si desean un trabajo tienen que cambiar su nombre a un nombre Khmer, de otra manera es sumamente difícil obtener empleo. Ellos tienen que esconder su identidad para poder sobrevivir. Aun cuando a algunas comunidades indígenas se les da reconocimiento oficial, todavía existe discriminación en el trabajo y las oportunidades políticas y económicas.

 

Un testimonio de Nicaragua:

En Nicaragua, los ríos se han secado, los árboles han sido talados, pero no son los indígenas los que hacen esto. Los perpetradores vienen de lejos a arrebatar la tierra. La identidad de los indígenas es otorgada por la tierra; la tierra, como lo hemos dicho, es la Madre, la dadora de vida, ella da todo para que la vida continúe.

 

Nuestros Sitios Sagrados – En muchas comunidades de pueblos indígenas, algunos lugares sagrados específicos revelan quienes somos, cuáles son nuestras raíces e identidades. En estos sitios renovamos y afirmamos nuestro vínculo con la tierra y nuestros ancestros y reafirmamos nuestro propósito del Buen Vivir. Los llamados procesos de “civilización” y “cristianización” fueron, sin embargo, hostiles a nuestros lugares sagrados. La afirmación de que los sitios sagrados pertenecen también a los estados colonizadores y su consiguiente “cristianización”, llevaron a la desacralización, profanación, destrucción y explotación de la vida de los pueblos indígenas, su espiritualidad, modo de vivir y medios de vida.

Nuestras historias, mitos y utopías – Las historias y mitos de los pueblos indígenas son formadores de la identidad indígena, sirven como nuestros recursos espirituales en nuestra lucha por la autodeterminación. Contamos nuestras historias para proteger nuestra capacidad de nombrar y nuestras identidades en contra de intentos de la cultura dominante de ahogarnos en el olvido. Nuestras narrativas, de modo significativo, son nuestra lucha, y de igual manera, el escucharlas o reconstruirlas ritualmente es una reafirmación de quienes somos. En nuestros mitos nosotros decimos nuestro origen y nuestro destino, nuestro pasado y nuestro futuro, como lo deseamos y esperamos en medio de nuestra dolorosa vida.

Nuestras lenguas – Nuestras lenguas indígenas están en peligro de extinción debido a la imposición de lenguas dominantes y de la globalización. En nombre de la integración nacional hemos sido obligados a no enseñar a nuestros hijos en su propia lengua étnica. Algunos pueblos indígenas han adoptado intencionalmente al lenguaje de la comunidad dominante por temor a la discriminación, pero también algunos de ellos todavía mantienen sus propias lenguas como un modo de resistencia a la dominación. El uso de lenguas indígenas no solo fue prohibido a la fuerza, sino que algunos pueblos fueron llevados a creer que el uso y dominio de una lengua indígena local los exponía como inferiores en la sociedad en general. Con la pérdida de la lengua, los pueblos indígenas han perdido su cultura y valores distintivos. Las lenguas de los pueblos indígenas son el núcleo de nuestras identidades y expresan nuestras relaciones especiales con la tierra. Nuestras lenguas llevan nuestras instrucciones originales y codifican el conocimiento indígena de nuestra historia, ceremonias, medicinas, entendimiento de las estrellas, el sol y la luna, y nos informan de cómo vivir en el mundo. El uso de nuestras lenguas, incluyendo el derecho de nombrar a nuestros hijos e hijas con nombres indígenas, es una expresión viva de nuestra autodeterminación y nuestra soberanía. Hay algunos lugares en los que las lenguas indígenas han sido asumidas como oficiales por los gobiernos nacionales, como en Noruega, en Ecuador y en Bolivia. Con esto vemos el potencial de subir la autoestima para reclamar nuestra identidad y protagonismo, después de siglos en los que se nos forzaba a olvidar la lengua. Algunas comunidades indígenas están forzadas a elaborar teología en la lengua colonizadora, pero nuestras lenguas indígenas son cruciales para elaborar una teología indígena autentica. Algunas comunidades indígenas son forzadas a articular teología en lenguas coloniales. Nosotros valoramos nuestras lenguas para profundizar nuestra identidad y soñar nuestro futuro2.

Nuestras luchas como pueblos – En el pasado, nuestra marca de identificación es nuestra resistencia a la invasión y a la colonización. Hoy en día es nuestra resistencia a la agresión unilateral del desarrollo. En nuestras luchas por defender nuestras tierras ancestrales y nuestros derechos, nos definimos como guardianes y cuidadores de las últimas fronteras. El control de nuestros espacios tradicionales y de la tierra es crucial para nuestra supervivencia y el éxito como comunidades indígenas.

Un testimonio Sami de Noruega:

En 1903, la Ley de la Tierra declaró que para permitir derechos de propiedad, uno debería tener un nombre noruego y hablar noruego. Para los Sámi, la amenaza real fue el derecho a la tierra y el derecho de ser escuchados. Como estrategia colonizadora, el gobierno fomento que los noruegos se fueran a la tierra Sámi para empezar a plantar. Aquellos llegaron con documentos en mano y se establecieron en la tierra natal de los Sámi. Esto creo mucho conflicto y en 1917, la primera junta Sámi se llevo a cabo. Esta fue organizada por una mujer, Elsa Laula, quien escribió un folleto titulado "Encarar la Vida o la Muerte". Ella hizo tomar conciencia de que los Sámi estaban siendo considerados como ciudadanos de segunda clase, lanzados de sus tierras ancestrales, y sus derechos no estaban siendo reconocidos por el gobierno. Este fue el comienzo de la organización de los Samis que resultaron en la conformación del parlamento Sami en los tres países nórdicos en 1993.

 

Nuestros ritos y ceremonias – Quienes somos y cuáles son nuestras visiones como comunidades son también definidas por nuestros ritos y ceremonias. Sin estos ritos, nuestras comunidades están en peligro de desintegración. Nuestros ritos demandan espacio y nuestra experiencia es que debemos luchar por los espacios sagrados, no se nos dan aunque sean nuestros — donde nuestros rituales puedan ser realizados nuevamente. Donde hay pérdida de espacio, los pueblos indígenas estamos en búsqueda de nuevas expresiones de nuestra “indigenidad” y normalmente lo encontramos en solidaridad con los pobres, las otras comunidades que viven en los márgenes de las sociedades dominantes. Nuestros ritos se relacionan a la naturaleza y nos conectan con todos los seres vivientes como parte de todo el sistema/organismo vivo de la vida. La sobreviviente, viva e indígena alma es la que busca y mantiene la interconexión, la interrelación. En un nuevo ambiente cultural, la espiritualidad indígena continúa siendo una espiritualidad celebrada en la solidaridad de los pueblos que viven a un lado de la sociedad.

Un testimonio desde Bolivia:

Pachamama es el origen de todo. Mi hija estaba enferma y como familia cristiana de ciudad, dudaba si está bien preguntar al Yatiri, el sabio/a en la comunidad o el vecindario. El doctor dijo que no había nada mal en mi hija pero ella seguía enferma y cada día más débil. Finalmente me decidí a ir donde la Yatiri y ella me dijo que la Pachamama pedía reconciliación y comida. Tuvimos un rito especial para la Pachamama y nos reconciliamos como familia. Desde ese momento mi hija está saludable de nuevo y mi familia ha recuperado la paz y la alegría. Le agradezco a Dios y a la Pachamama por todas las bendiciones que tengo cada día. Entiendo que la familia, la tierra, los animales y todas las cosas están en interrelación de tal manera que si algo malo sucede, el equilibrio es roto y necesitamos pedir perdón para restablecer la vida y sus relaciones. La Pachamama nos dice que necesitamos hacer.

III. Nuestra reflexión teológica y sus fuentes

Testimonio desde Australia:

Nosotros fuimos instruidos sobre Dios, pero hasta hace pocos años no habíamos sido instruidos para transmitir ese conocimiento a otros, como lo hacíamos antes de 1988. Esa era la prerrogativa de los misioneros. Esta, como otras facetas de la vida en la iglesia ha cambiado ahora y hoy se nos anima a ser más activos en la vida de la iglesia, incluyendo, el expresar nuestros pensamientos y teología.

Es nuestra responsabilidad el enseñar teología a nuestro modo, el enseñar el entendimiento de Dios como Espíritu creador dentro del contexto del cristianismo, y nuestra relación con Dios y con la tierra. Habrá tiempos cuando tengamos que ser fuertes y quizás algunos poderes dentro de la iglesia no estén de acuerdo con nosotros.

 

Ninguna persona o comunidad puede tener monopolio sobre la teología y tampoco hay una teología universal que sea eterna; cada teología es contextual. Expresar nuestro conocimiento de Dios a nuestro propio modo, es parte del derecho inherente de todos los seres humanos. Nuestra experiencia de privaciones, exclusión y de culturas centradas en la tierra, se vuelven la fuente principal para hacer teleología, dentro del marco del Buen Vivir entre todos los seres y criaturas vivientes. Nuestra reflexión de fe es una teología de 'abajo' y 'al costado de la historia'. Los pueblos marginados, abandonados y excluidos son el lugar/locus de lo divino.

En nuestro viaje de fe, los pueblos indígenas hasta hace poco que no somos tratados más como objeto, sino como sujeto de la historia. Nosotros podemos aprehender a Dios por lo que ha hecho a nuestros ancestros aun antes de la llegada del cristianismo y por lo que está aún haciendo por los pueblos en cada contexto histórico concreto. El centralidad de la liberación de los pueblos indígenas es el principio crítico de nuestro viaje de fe.

Nuestra teleología es una teología del Buen vivir de paz y de justicia para toda la creación; sintiendo y pensando que toda la creación está interconectada en un delicado equilibrio. Nutrimos nuestra teología con nuestra cosmovisión, sabiduría, tradición y con nuestra memoria comunitaria de la historia. Nuestra teología se origina en y nutre por una espiritualidad fuerte y vital que sabe que cada ser y todas las cosas en la creación tienen vida y espíritu. Esta espiritualidad afirma el derecho a la vida de toda la creación y denuncia el riesgo en el cual se encuentra nuestro planeta debido a la injusticia ecológica, que es solamente una cara de la injusticia social, económica, financiera, de género y generación y todas las formas de injusticia.

Nuestra teología es una articulación de nuestra auto-comprensión milenaria, de nuestra vida actual y se expresa en lenguaje simbólico de nuestras palabras, actos y estilos de vida.

Nuestra cosmología y cosmovisión

Testimonio desde Chile:

Para nuestra gente, todos los seres de la naturaleza son nuestros hermanos y hermanas, como los perros y los gatos, son parte de nosotros mismos. Ellos todos son criaturas creadas para coexistir con nosotros. Todos lo que se mueve o se arrastra, es una manifestación de Dios. Sólo porque valuamos a todos los seres en la naturaleza y a las rocas somos llamados animistas, devaluando así nuestras manifestaciones espirituales con éste término.

 

Las culturas son herramientas necesarias para mediar, expresar y portar el Evangelio. Las culturas también son el vientre de la encarnación. Sin la cultura no sólo no podemos entender el Evangelio, sino que tampoco podemos proveer el terreno para que exista el Evangelio. Si tomamos en serio nuestra confesión de la creación divina y de la Encarnación, vamos a descubrir que no tiene sentido designar a algunas como paganas o no buenas.

Afirmamos que sin re-enraizar la fe cristiana en nuestra cultura, a un proceso profundo de diálogo intercultural, la reflexión de la fe cristiana no tendrá ningún significado. Dios estaba trabajando entre pueblos indígenas desde el principio y Dios sigue trabajando aún en día. Reconocemos que las cosmovisiones de los pueblos indígenas difieren de una comunidad a otra, sin embargo, las siguientes tradiciones y valores son comunes a la mayoría de los pueblos indígenas de todo el mundo:

  1. La tierra es la base de todas las realidades – individualidad humana e identidad. Percibimos todas las realidades desde la creación/perspectivas holísticas y buscamos el Buen Vivir de todas la criaturas;

  2. La tierra también es nuestro reclamo político y la manera de articular nuestras luchas;

  3. El mundo es sagrado. La tierra es nuestra madre. ¿Cómo podemos vender y explotar a nuestra madre?;

  4. El relacionamiento entre individuos en una sociedad y la cooperación es más importante que la simple realización de tareas. Dando y compartiendo más que acumulando.

  5. Una cosmovisión altamente comunitaria.

  6. Ningún dualismo tajante. No hay un corte tajante entre sagrado y secular, religioso y no religioso, política y economía, etc. Nuestro pensamiento es holístico e interconectado;

  7. El ser del Ser Supremo se ve en la creación y mantienen una inseparable relación. Dios, quien trabaja con la tierra y la cultiva con los pueblos pobres, viene desde la tierra e inunda todo con su presencia y santifica todo.

  8. No podemos percibir al Ser Supremo separado/a de la creación. El mundo está lleno de misterio; Dios está en la creación y todo el mundo es el templo de Dios;

  9. Aunque la religión indígena es antigua, no hay escritura o credo. La Madre Tierra/Pachamama es sagrada y central para la vida y la sabiduría de nuestros ancestros nos guía;

  10. Ningún personaje histórico en el que se centre nuestra religión. La tierra es el punto focal de referencia y de todas las actividades religiosas están centradas en la tierra. El Espíritu trabaja y está presente en toda vida, especialmente en la vida en comunidad de todas las formas de vida.

Estas son algunas de nuestras herencias culturales comunes. Tal perspectiva de la vida no es primitiva e incivilizada; sólo es una diferencia de énfasis y prioridad. Los pueblos indígenas dan mayor prioridad a la comunidad y preservación de la tierra. Estos valores tampoco son meros conceptos abstractos sino parte de la vida y existencia cotidiana de los pueblos. A pesar de los procesos de cristianización y globalización, tal sistema de valores continúa liberando, sosteniendo y nutriendo la vida. Esos recursos culturales, por una relación creativa con el Evangelio pueden empoderar y transformar a las personas y comunidades a favor de nuestra lucha histórica por justicia social, política, económica, ecológica e identidad.

Testimonio bíblico de la creación

Las comunidades de los pueblos indígenas reconocen varias “escrituras”, incluyendo tradiciones orales en la comprensión y construcción de sus identidades y luchas. La Biblia es uno de los recursos más importantes de la teología de los pueblos indígenas; un libro considerado como propio y una parte importante de la vida cotidiana. La Biblia habla de la relación de los pueblos en sociedad, de cultivos, los animales, la naturaleza y el encuentro con el poder sagrado en su lucha por liberación.

La Biblia hebrea inicia con un recuento de la humanidad como creada de la tierra, esa humanidad es creada a la imagen de Dios y que cada raza y nación tiene un lugar asignado en el mundo de Dios (Deut 32:8). La tierra, de cuyo vientre la humanidad fue formada (Gen 2:7), también es vista por la Biblia como realmente viva. No es una masa de materia muerta, sino un organismo vivo y pulsante.

Desde nuestra perspectiva centrada en la tierra, las montañas y las colinas, y los árboles sí cantan, se juntan y aplauden con sus manos; esto no es mera metáfora o poesía. La tierra o la creación entera está viva, y está tan íntimamente entretejida con las vidas y luchas de las comunidades indígenas que la primera gime en dolor de parto (Romanos 8:19, 22) cuando nosotros, la gente de la tierra, sufrimos desplazamiento, exilio y persecución.

El Evangelio del Nuevo Testamento, también proclama cuán central es la redención de los marginados en la economía divina. Jesús siempre ubicó su ministerio dentro del contexto y perspectiva del campo. El lenguaje de Jesús, sus metáforas, símbolos que surgen desde su experiencia del día a día con los campesinos, pescadores y de sus luchas por la justicia en contra del imperio. En otras palabras, el evangelio judeo-cristiano del Reino de Dios reafirma nuestra cosmovisión y espiritualidad indígena que construye nuestra comprensión de quienes somos y la razón por la que luchamos.

Dios en la creación

La creación es el primer acto de la revelación de Dios. Dios no puede ser percibido sin agua, viento, árboles, vegetación, cielo, luz, oscuridad, animales, o criaturas humanas. En este primer acto de revelación de Dios, él se revela a sí mismo/ así misma como co-creador/a con la tierra. El aspecto más impresionante de este primer acto de la revelación de Dios es que “Dios está presente en la creación”. La presencia de Dios hace esta tierra sagrada. Por eso es que Dios entró en una relación de alianza con todas las criaturas. Hay muchas historias, mitos, parábolas, y aun cuentos de cómo el Poder Sagrado y la tierra mantienen juntos la vida. Tótem, tabúes y otras leyes consuetudinarias los unen como a un todo integral. Esto significa que “la tierra entera esté llena de la gloria de Dios” (Isaías 6:1-3). Por consiguiente, los pueblos indígenas conciben a Dios y al mundo muy unidos. Percibir a Dios alejado de la creación/tierra, o meramente como un ser trascendental que controla la vida desde arriba no es propio de la fe bíblica.

Creemos en Dios porque Dios como Creador está presente y continúa trabajando en la tierra para dar vida y esperanza. Esta afirmación es el fundamento para la vida. La justicia para la creación/tierra/ecología, es la clave para la liberación, la dignidad humana y la plenitud de la vida. Cuando hacemos justicia a la tierra entonces el amor, el alimento, el cuidado, la aceptación y la paz fluyen natural y necesariamente. Cuando haya justicia en la tierra, los campos y los bosques y cada ser viviente danzará y cantará en alegría y gozo (Salmo 96:11-12). El mayor problema en teología es la articulación de la fe en la historia humana sin la otra familia de la tierra. Uno no puede entender el problema de la pobreza, opresión, guerra, conflictos étnicos y temas de identidad sin relacionarse a la integridad de la familia de la tierra.

Un testimonio de la región Andina:

Pacha es una palabra aymara que significa tiempo y espacio, al mismo tiempo. Pensamos que no hay solamente un inicio, la Pacha va en ciclos en un movimientos eterno y cíclico. El presente y el lugar concreto en el que estamos incluyen el pasado y el futuro, la posibilidad de vivir el equilibro con justicia en el tiempo presente.

Liberación e integridad de la creación

La Biblia es el libro que afirma la vida en vez de destrucción. Lo más sobresaliente en la Biblia es la institución del Sábado/Sabbath y del Jubileo. El Jubileo, en la tradición bíblica, es una invitación a participar en los sueños y designios de la Divinidad a recrear las relaciones entre los seres vivientes mediante la restauración y la renovación de la historia. El Jubileo tipifica la esperanza para una posibilidad escatológica en términos históricos, creando sistemas que están libres de la posibilidad de explotación y opresión.

Los antiguos visionarios introdujeron el concepto del Jubileo mediante principios de justicia económica, política y social dentro de un marco cósmico que niega la marginalización de cualquier ser viviente. Para actualizar esta visión, Dios se reveló como el liberador en el evento del Éxodo. Más precisamente, Dios se reveló como el Dios de liberación de los oprimidos. “Yo soy Yahvé su Dios, quien los ha traído de la tierra de Egipto, fuera de la casa de la esclavitud.” (Éx. 20:2; Deut. 5:6). Israel como pueblo conoció a Dios como su libertador durante el éxodo. Al liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto e iniciar una alianza basada en un evento histórico, Dios es “revelado como el Dios de los oprimidos, envuelto en su historia, liberándolos de la esclavitud humana”. En el evento del Éxodo, Dios tomó el lado de la comunidad oprimida; de los pueblos a quienes se ha negado su dignidad humana y los recursos de la tierra como lo son ahora los pueblos indígenas.

El manifiesto de Jesús el Nazareno reafirmó la liberación proclamando el Año del favor de Dios. Jesús reiteró la importancia del la tradición del Jubileo para la liberación (Lucas 4:18ss). La proclamación del Año del Señor es un mensaje de libertad para todos aquellos que han perdido sus tierras, personalidad o su estatus. Es una promesa que dice que pueden regresar a sus antiguas posiciones de hermandad y sus tierras ancestrales; ambos, ricos y pobres, amos y siervos, los empoderados y los débiles, y aún la misma naturaleza retornan a sus posiciones de origen.

El conflicto con Satán y los poderes de este mundo, la condenación de los ricos, la insistencia de que el Reino de Dios es para los pobres y la ubicación de sus ministerios entre los pobres para su liberación, amenazó a los opresores y en consecuencia le costó a Jesús su crucifixión. Esto es algo que verdaderamente apreciamos y respetamos.

A menos que la vida sea reorganizada tal como prescriben los valores del Jubileo, la idea de una comunidad justa no es más que una palabra vacía. La espiritualidad de Jesús es de martirio como testimonio de las luchas, y por eso es que es un “discipulado costoso”. La resurrección transmite esperanza en Dios. Por eso es que Jesús se vuelve el símbolo de la lucha por la justicia para los pueblos indígenas. El luchar y resistir en contra de los nuevos imperios de los mercados globales, y las actividades del desarrollo en contra de la gente de los tiempos actuales esta justificado y es el mandato Divino de participar en el acto de liberación de Dios en la historia.

IV. Nuestra perspectiva Eclesial

A todos los que guardan el Sábado sin profanarlo y que abracen mi pacto yo los llevaré a mi santo monte y les recrearé en mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.

(Isa. 56: 6b-7)

La iglesia es una casa de oración par todos los pueblos, naciones, etnias y lenguas. No hay barreras ni discriminación en la casa de Dios. Los pueblos indígenas, las mujeres, niños y personas que viven con discapacidades están invitadas/os a celebrar y compartir sus dones para el buen vivir.

Necesitamos entender la casa de Dios en la perspectiva de la rica creación de Dios. Esto se expresa en la pluralidad y diversidad de su creación. Los intentos de excluir otras formas de expresión son una negación de la riqueza de Dios. Ninguna cultura, ninguna comunidad es excluida del orden de la creación de Dios. Todos son únicos en sus propios modos y por lo tanto, ninguno tiene el derecho de dominar y suprimir al otro. La vida está ahora protegida y puede crecer hasta su plenitud sólo afirmando la belleza de la pluralidad.

En nuestra historia, reconocemos que algunos de los misioneros cristianos han hecho un inmenso trabajo por la liberación de los pueblos indígenas. Ellos fueron los primeros en abrir escuelas, imprentas, hospitales, trabajos de traducción y muchos otros trabajos más. Reconocemos su genuino interés en el bienestar de los pueblos oprimidos y el compromiso de traer al pueblo el mensaje de salvación del Evangelio; muchos pueblos oprimidos se convirtieron a la fe cristiana en busca de una vida más digna.

Así como reconocemos los esfuerzos dedicados y gratuitos de los misioneros, somos concientes que la iglesia ha sido una aliada de los imperios en la marginalización, opresión y explotación e inclusive de la desaparición de las comunidades indígenas. En nombre de Dios, los misioneros cristianos han demonizado las culturas indígenas, sus creencias y sus tradiciones forzándolas a esconderse y consecuentemente, robando a las generaciones jóvenes de su propia herencia. La fe cristiana y las iglesias se volvieron el Caballo de Troya de los imperios, y hasta hoy en día, continúan siendo el instrumento de subyugación de las comunidades locales de los pueblos indígenas. La iglesia constantemente ha jugado y juega un papel como aliado cultural en nuestra colonización, rompiendo consistentemente nuestro deseo de resistir a la subyugación y dominación, y trágicamente manteniendo silencio en la cara de la destrucción de nuestro hábitat, nuestro modo de vida y cultura.

Los pueblos indígenas afirman una iglesia para la gente y para la creación, con unidad ecuménica pero no en una iglesia para el poder, la jerarquía, la expansión, la extensión y la conquista. Lo que vislumbramos es una iglesia que respeta, reconoce, afirma, apoya, promueve, y aboga por nosotros y con nosotros en nuestra lucha por la auto-identificación y auto-determinación. Vislumbramos una iglesia que hace uso total de sus recursos: liturgia, servicios pastorales, programa de evangelización, programas educacionales, abogacía y programas complementarios, etc., para la promoción de nuestras perspectivas y luchas y que provee de espacios para la celebración de quien somos y de lo que podemos ofrecer como nuestra contribución a la construcción de un mundo justo e inclusivo. Vislumbramos una iglesia indígena en la que vivamos libremente las bendiciones de Dios, en la cual podemos revelar algo del misterio de Dios que fue revelado a nuestros pueblos en la historia.

La eclesiología indígena parte de hechos y vidas concretas, y avanza profundamente en la experiencia de comunidad de los pueblos indígenas, no sólo como objeto de estudio sino especialmente como sujeto de una elaboración eclesiológica y teológica.

Nuestra más amplia familia

Los pueblos indígenas de todo el mundo comparten el imperativo teológico común de servir como mayordomos/cuidadores de la creación de Dios en una relación de hermandad con la creación. Nuestras epistemologías reconocen el mundo como un lugar sagrado de abundancia donde somos libres de compartir las bondades de Dios con agradecimiento; nosotros hacemos esto con un profundo sentimiento de gratitud, responsabilidad y conexión espiritual con la tierra. Si el mundo es visto como un lugar de abundancia, entonces estamos obligados a tomar sólo lo que necesitamos para una vida digna. Este aspecto económico de nuestra cosmovisión muestra una gran fe en la habilidad de Dios de proveer vida como creador.

Esta cosmovisión de confianza en la bondad y providencia de Dios y en la cercana relación entre la vida, la tierra y la sobrevivencia no se reconcilia fácilmente con el actual sistema de globalización económica, cultural, política y religiosa que ve al mundo como un lugar de escasez. Sin embargo no nos consideramos como los únicos con este tipo de cosmovisión y propuestas para el mundo. Existen muchas otras comunidades, como los movimientos sociales, movimientos ecológicos, movimientos feministas, defensores de los derechos humanos, etc., que están buscando un cambio en este mundo y les convocamos a que todos nos unamos juntos en una sola voz a favor de la vida para nuestro único mundo.

Nosotros somos parte de luchas más amplias para la supervivencia y la vida en abundancia. El ser parte de estas luchas es afirmar lo sagrado de la totalidad de la creación como lo vemos los pueblos indígenas, como parte central de un amplio compromiso ecuménico y teológico.

V. Nuestra solidaridad

Así como expresamos nuestra solidaridad entre unos y otros, también urgimos al Consejo Mundial de Iglesias y a sus iglesias miembros para que se levanten en solidaridad con los pueblos indígenas y promuevan:

  1. un programa de intercambio para aprender unos de otros y proveer un espacio para el apoyo mutuo. Una estadía de uno a tres meses en un contexto diferente permitiría a los pueblos indígenas aprender e inspirarse de otros para reforzar el trabajo por comunidades más justas e inclusivas en sus propios lugares de origen;
  2. crear una plataforma de solidaridad internacional para una asamblea anual de pueblos indígenas para construir redes de trabajo y apoyo mutuo;
  3. promover consultas con respectivas publicaciones de reflexión teológica desde la perspectiva indígena; y
  4. animar e integrar el uso de expresiones artísticas, de espiritualidad y de rituales de las culturas indígenas en los cultos;
  5. tener un representante indígena y escuchar a las voces indígenas en cada uno de los programas y proyectos del CMI.
  6. crear grupos internacionales de apoyo y solidaridad en diferentes países para luchar por el derecho de los pueblos indígenas.

El grupo urge a la comunidad ecuménica global a expresar su solidaridad para garantizar y salvaguardar a los pueblos indígenas en:

  1. la promoción del conocimiento y consciencia de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en todas las comunidades indígenas donde hay presencia de las iglesias miembro del CMI a además apoyar las recomendaciones de implementación en sus respectivas naciones,

  2. iniciar un proceso de estudio sobre la violación del derecho a la tierra que tienen los pueblos indígenas, incluyendo el arrebato masivo y sistemático de tierras que causa la muerte de las comunidades indígenas, especialmente de los niños y niñas,

  3. unirse a las comunidades indígenas en su resistencia a las actividades de desarrollo que atentan contra la tierra y los pueblos; iniciar un proceso de estudio sobre “agresiones del desarrollo”, que por ejemplo tienen que ver con el despojo forzado de tierras por parte de los estados y el saqueo de tierras y recursos de las comunidades indígenas por parte grandes capitales extranjeros y operadores locales,

  4. iniciar una investigación sobre asesinatos extrajudiciales, violación de derechos humanos, desapariciones forzadas, persecuciones como terroristas y amenazas contra líderes de los pueblos indígenas en diferentes países por los gobiernos y/o empresas transnacionales.

  5. iniciar un estudio sobre la militarización de comunidades indígenas y violaciones de los derechos humanos de hermanas y hermanos indígenas,

  6. lanzar un estudio sobre la poca representación y la distorsión de los sistemas culturales, sociopolíticos, económicos de los pueblos indígenas, la discriminación institucionalizada y el chauvinismo cultural, la comercialización de la cultura y la negligencia histórica de los gobiernos en lo referente a los servicios básicos, que resultan en el empeoramiento de la marginación, pobreza e inseguridad alimentaria entre los pueblos indígenas.

Conclusión

La teología es una actividad de reflexión continua. La perspectiva ofrecida en este documento sobre la teología de los pueblos indígenas, no reclama ser final. Es un proceso continuo y por ello le invitamos a unirse a nuestro recorrido de reflexión teológica iniciada en Baguio, Filipinas en octubre de 2008.



24 de junio de 2009.


1 Estas son palabras aymara y quechua (culturas de Sud América localizadas en Ecuador, Perú, Bolivia, el Norte de Chile y Argentina), que significan Buen Vivir y se relaciona con el concepto del Reino de Dios en la Biblia. Actualmente, como paradigma de vida, es una propuesta de los pueblos indígenas latinoamericanos para el mundo.

2 Es importante decir que aún en esta contribución estamos luchando con la lengua de la colonia debido a que pensamos como teólogas/os indígenas en una lengua y lenguaje prestados, que no son nuestros. Esto representa un enorme esfuerzo por generar consenso para ofrecer nuestra riqueza cultural y espiritual.