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Declaración sobre la justicia climática

Consejo Mundial de Iglesias, Shanghái y Nankín (China), 17-23 de noviembre de 2016, Doc. N.º 23rev.

25 de noviembre de 2016

Consejo Mundial de Iglesias

COMITÉ EJECUTIVO

Shanghái y Nankín (China)

17-23 de noviembre de 2016

Doc. N.º 23rev

 

Declaración sobre la justicia climática

“¡Del Señor son la tierra y su plenitud! ¡Del Señor es el mundo y sus habitantes!

¡El Señor afirmó la tierra sobre los mares! ¡El Señor la estableció sobre los ríos!”.

(Salmos 24:1-2)

El 4 de noviembre de 2016 entró legalmente en vigor el Acuerdo adoptado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en París en diciembre de 2015 (COP21), después de un rápido proceso de ratificación al que se sumaron tanto China como los Estados Unidos de América. El Acuerdo de París compromete a los países a mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 grados centígrados, haciendo todo lo posible por limitar ese aumento al umbral inferior de 1,5 grados centígrados. Según los términos del acuerdo, los países desarrollados apoyarán a los países en desarrollo para que se adapten y crezcan de una manera limpia y sostenible, y para que sigan desarrollando formas de hacer frente a las pérdidas y los daños, incluidas las pérdidas no económicas.

Esos eran los resultados por los que el Consejo Mundial de Iglesias con sus iglesias miembros, ACT Alianza, las comuniones cristianas mundiales y muchas otras organizaciones religiosas y de la sociedad civil llevaban tiempo abogando. Reconocemos en particular el papel pionero del Patriarcado Ecuménico al luchar contra el cambio climático y defender el medio ambiente desde 1981. El Acuerdo de París fue acogido con gran satisfacción y celebrado por la comunidad internacional y la sociedad civil. El CMI se congratula especialmente del hecho de que este acuerdo refleje mejor una perspectiva orientada a la justicia al abordar la crisis del clima, ofreciendo una ansiada señal de esperanza a los más vulnerables a las consecuencias del cambio climático.

Tal y como se observó en la X Asamblea del CMI en Busan en 2013, las víctimas del cambio climático son el nuevo rostro del pobre, la viuda y el extranjero que Dios ama y cuida de manera especial. La X Asamblea apeló a las iglesias miembros del CMI y a las organizaciones ecuménicas para que insistieran en que sus respectivos gobiernos miraran más allá de sus intereses nacionales con el fin de ser responsables respecto a la creación de Dios y nuestro futuro común, y para que les instaran a salvaguardar y promover los derechos humanos fundamentales de quienes se ven amenazados por los efectos del cambio climático.

Los integrantes de la delegación ecuménica (convocados conjuntamente por el CMI y ACT Alianza) que asistieron a la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático celebrada en Marrakech del 7 al 18 de noviembre de 2016 (COP22) pidieron que la COP22 tradujera la esperanza generada por el Acuerdo de París en mayores ambiciones y medidas concretas, señalando que hasta la fecha los compromisos determinados a nivel nacional (CDN) distan mucho de lo que se necesita para prevenir que la temperatura mundial aumente por encima de 2 grados centígrados, y menos aún para alcanzar el objetivo más ambicioso de que ese aumento no supere los 1,5 grados centígrados. La delegación ecuménica exigió asimismo a los países que iniciaran una transición rápida a una economía con bajas emisiones de carbono, entre otras cosas, poniendo fin a las subvenciones de los combustibles fósiles y estimulando las inversiones en energías renovables, y pidió a los países industrializados más ricos que apoyasen a los países en desarrollo más pobres en esa transición mediante la financiación y la transferencia de tecnología.

Fue también en Marrakech, hace quince años durante la COP7, donde el CMI organizó un innovador Coloquio sobre las Perspectivas Islámicas y Cristianas sobre el Medio Ambiente y el Cambio Climático. En aquella reunión, cristianos y musulmanes afirmaron que “las comunidades religiosas se unen para hacer las paces con la Tierra”. Desde entonces, han aumentado el diálogo y la cooperación interreligiosos en respuesta al desafío del cambio climático, contribuyendo así al impulso que tuvo como resultado el Acuerdo de París.

El Comité Ejecutivo del CMI, reunido en Nankín (China) del 17 al 23 de noviembre de 2016:

Reitera las urgentes preocupaciones de las iglesias de todo el mundo en relación con el cambio climático y sus efectos adversos sobre el conjunto de la creación –especialmente sobre las comunidades vulnerables, pobres e indígenas–, la irreversible degradación ecológica y pérdida de biodiversidad, el aumento del riesgo de tensiones sociales y políticas, conflictos y desplazamientos en un mundo condicionado por el clima, y el imperativo moral de retirar las inversiones de los combustibles fósiles y de invertir en una senda de reducción del carbono que lleve a lograr el bienestar económico, social y ecológico, y la sostenibilidad de toda la creación.

Reafirma la importancia central de continuar la promoción y la acción ecuménicas a favor de la justicia climática en el marco de la peregrinación de justicia y paz, y de intensificar la cooperación interreligiosa para aplicar el Acuerdo de París.

Reconoce y celebra el ejemplo ofrecido por el Gobierno de China al ratificar el Acuerdo de París y al encabezar la inversión en el desarrollo de las energías renovables a nivel mundial.

Alienta al Gobierno de China para que siga dando muestras de liderazgo mundial reduciendo sus emisiones de gases de efecto invernadero de conformidad con los compromisos del Acuerdo de París.

Insta a todos los Estados a que cumplan los compromisos del Acuerdo de París, a través de la acción y la cooperación local, nacional e internacional, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, frenar la deforestación, garantizar que el aumento de la temperatura mundial no supera los 2 grados centígrados (aspirando a que quede por debajo de 1,5 grados centígrados), y aumentar la inversión en tecnologías de energía renovable con el fin de lograr el objetivo de que el 100% de la energía sea renovable antes de 2050.

Hace un llamamiento especial a los países industrializados ricos para que intensifiquen su apoyo (también a través de la transferencia de tecnología) y cumplan el compromiso de movilizar cien mil millones de dólares estadounidenses cada año para la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos a partir de 2020.

Manifiesta su preocupación por la promesa del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, de retirarse del Acuerdo de París, e insta al Gobierno de los Estados Unidos a que mantenga y cumpla los compromisos que implica su ratificación de este acuerdo esencial.

Expresa su apoyo a la labor del programa de Justicia Económica y Ecológica del CMI para desarrollar actividades teológicas y educativas sobre alternativas sostenibles para la reducción de la pobreza y la justicia ecológica (SAPREJ, por sus siglas en inglés), subrayando la necesidad de cambiar los estilos de vida para abordar las causas fundamentales de la injusticia climática.

Señala que el cambio climático ya está teniendo consecuencias negativas en los pilares de la subsistencia de los pueblos: el agua y los alimentos; y, por lo tanto, afirma el trabajo de la Red Ecuménica del Agua (REDA) del CMI que está llevando al CMI a convertirse en una ‘Comunidad Azul’ (que reconoce el agua como un derecho humano, dice “no” a la venta de agua embotellada donde es seguro beber el agua del grifo, y promueve los servicios de agua y alcantarillado de propiedad, explotación y financiación pública), y la labor de la campaña “Alimentos por la Vida” de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial, que promueve la justicia alimentaria, el derecho humano a la alimentación y la producción sostenible y agroecológica de alimentos.