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Declaración sobre finanzas justas y economía de vida

02 September 2009

Y Jesús les dijo: “Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida” Lucas 12:15

1. El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) expresó en primer lugar sus preocupaciones sobre las finanzas y la economía en 1984, cuando publicó un llamamiento en favor de un nuevo orden internacional basado en principios éticos y en la justicia social. En 1998, la Asamblea General del CMI encargó en Harare un estudio sobre la globalización económica junto con las iglesias miembros. El CMI trabajó en colaboración estrecha con la Alianza Reformada Mundial, la Federación Luterana Mundial, Aprodev y otros ministerios especializados. De todo ello nació el proceso de Globalización alternativa para los pueblos y la tierra (AGAPE), que se estableció para profundizar el estudio sobre los temas de la pobreza, la riqueza y la ecología. En el curso de este proceso, se determinaron varias cuestiones relacionadas con distintas crisis: cambio climático, y las crisis alimentaria, social y financiera. En mayo de 2009, el CMI convocó una reunión del Grupo Asesor sobre Cuestiones Económicas (AGEM) para (1) discernir lo que se halla en peligro en la actual arquitectura financiera, (2) proponer un proceso que conduzca a una nueva arquitectura financiera y (3) delinear una base teológica y ética para esta nueva arquitectura.

2. Jesús advierte que “no podéis servir a Dios y al dinero” Lucas 16:13. Nosotros, en cambio, damos prueba de una codicia que se manifiesta espectacularmente en los sistemas económico y financiero de nuestros tiempos. La crisis financiera actual ofrece una oportunidad para reexaminar nuestro compromiso y acción. Es una oportunidad para que podamos discernir juntos cómo idear un sistema que no sólo sea sostenible, sino también justo y moral. La Economía es una cuestión de fe y tiene un impacto en la existencia humana y en toda la creación

3. El sistema financiero ha determinado el mundo en los últimos tiempos más que en épocas anteriores. Sin embargo, al convertirse en el motor del crecimiento virtual y la riqueza, ha enriquecido a algunas personas, pero ha empobrecido a muchas más, ha creado pobreza, desempleo, hambre y muerte; ha ahondado la brecha entre ricos y pobres; ha marginado a determinados grupos de personas; ha erosionado todo el significado de la vida humana; y ha destruido ecosistemas. Hay un reconocimiento cada vez mayor y más aleccionador de nuestra vulnerabilidad común y de los límites de nuestro actual modo de vida. La crisis financiera mundial de hoy, que tiene su origen en las regiones más ricas del mundo, pone en evidencia la inmoralidad de un sistema que glorifica el dinero y ejerce un efecto deshumanizador fomentando el individualismo adquisitivo. El resultado es una cultura basada en la codicia que empobrece la vida humana, erosiona el tejido moral y ecológico de la civilización humana e intoxica nuestro psiquismo con materialismo. La crisis con que nos enfrentamos es, al mismo tiempo, sistémica y moral. Los más afectados por la crisis son: las mujeres, que soportan una parte desproporcionada de la carga; los jóvenes y los niños, por las dudas que se les suscitan y porque se erosiona su sentido de seguridad para el futuro; y quienes viven en la pobreza, cuyos sufrimientos se intensifican.

4. En una era de globalización financiera, la expansión económica ha estado impulsada cada vez más por la codicia. Esta codicia es el sello del sistema financiero actual, causa e intensifica el sacrificio y los sufrimientos de los seres humanos empobrecidos, a la vez que multiplica las riquezas de los ricos. Las finanzas son, en el mejor de los casos, el lubricante de las actividades económicas reales. Sin embargo, observamos que el dinero no es riqueza; no tiene ningún valor inherente ni ninguna existencia fuera de la mente humana. Cuando se convierte en una serie de instrumentos ficticios para crear una riqueza financiera aún mayor, se separa cada vez más de la economía real, creando así sólo una riqueza virtual o ficticia que no produce nada que satisfaga necesidades humanas reales.

5. El abuso de las finanzas y comercio mundiales realizado por negocios internacionales cuesta a los países en desarrollo más de 160 000 millones de dólares al año en ingresos fiscales no realizados, lo que obliga a reducir gastos públicos desesperadamente necesarios. Los países en desarrollo están prestando sus reservas a países industrializados con bajísimas tasas de interés y las vuelven a tomar prestadas a tasas más altas. Se deriva de ello una neta transferencia de recursos a las divisas de reserva de algunos países, la cual supera en más de diez veces el valor de la asistencia exterior, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Esta crisis financiera mundial está demostrando la bancarrota de la doctrina neoliberal, tal como la promovieron estas instituciones financieras internacionales por medio del llamado ‘Consenso de Washington’. Los dirigentes de los países ricos que habían promovido dicho Consenso de forma tan grandilocuente lo declararon ‘superado’ en la reunión del G20 de abril de 2009. Y aún gran parte del programa del G20 refleja esfuerzos erróneos encaminados a restablecer el mismo sistema de sobreexplotación de recursos y crecimiento ilimitado. Además, se canalizan los recursos a través de la militarización de algunas sociedades, debido a una perversa interpretación de la seguridad humana garantizada por el poder militar.

6. Por desgracia, las iglesias han sido también cómplices de este sistema, dependiendo de modelos de finanzas y economía que dan prioridad a la creación de dinero y no al progreso y al bienestar de la humanidad. Estos modelos se olvidan en gran medida de los costos sociales y ecológicos de las decisiones financieras y económicas, y suelen carecer de orientación moral. El desafío para las Iglesias hoy es el de no traicionar esa función profética. Tienen que afrontar también el desafío de su complicidad con este sistema financiero especulativo y la codicia que entraña.

7. Hay dos elementos estructurales del actual paradigma que es preciso cambiar. Primero, el motivo económico del valor excedente, el crecimiento ilimitado y el consumo irresponsable de bienes y recursos naturales contradice los valores bíblicos y hace imposible que las sociedades practiquen la cooperación, la compasión y el amor. Segundo, el sistema que privatiza bienes y recursos productivos, desconectándolos del trabajo y las necesidades de las personas, y negando a otros el acceso a los mismos y el uso de ellos, es un obstáculo estructural a una economía de cooperación, intercambio, amor y armonía dinámica con la naturaleza. La moralidad alternativa para la actividad económica es el servicio/koinonía (comunión) a las necesidades humanas; el autodesarrollo humano/social; y el bienestar y la felicidad de las personas. La alternativa al sistema actual de propiedad está relacionada con la necesidad, la utilización y el trabajo invertido en el proceso de producción y distribución. Para conseguir este objetivo, es preciso cambiar los actuales principios que organizan la producción y la satisfacción de las reclamaciones (es decir, la distribución). Se garantiza así también una situación en la que surge una arquitectura financiera mundial ética, justa y democrática y basada en un marco de valores comunes: honradez, justicia social, dignidad humana, responsabilidad mutua y sostenibilidad ecológica. También se deben tener en cuenta los riesgos sociales y ecológicos en el cálculo financiero y económico; volver a conectar las finanzas con la economía real; y establecer límites claros a acciones excesivas e irresponsables basadas en la codicia, y castigarlas.

8. En este contexto el Comité Central del CMI reconoce que en esta época de crisis deben surgir una nueva forma de ser y una nueva cultura que reflejen los valores de solidaridad, bien común e inclusión, en sustitución de los antivalores de la codicia, el individualismo y la exclusión. Necesitamos nuevos indicadores del progreso distintos del producto interno bruto, tales como los índices de desarrollo humano y de felicidad nacional bruta (FNB) y las huellas ecológicas, así como otros sistemas de cálculo de necesidades pertinentes. Por ejemplo, un índice de FNB que refleje los valores siguientes: 1) calidad y modelo de la vida, 2) buen gobierno (democracia auténtica); 3) educación; 4) salud; 5) resiliencia ecológica; 6) diversidad cultural; 7) vitalidad comunitaria; 8) uso equilibrado del tiempo; 9) bienestar psíquico y espiritual.

9. El Comité Central del CMI insiste también en la necesidad de un nuevo paradigma del desarrollo económico y una nueva conceptualización de la riqueza para incluir relaciones, atención y compasión, solidaridad y amor, estética y ética de vida, participación y celebración, diversidad cultural y vitalidad comunitaria. Esto implicará un crecimiento responsable que reconozca la responsabilidad humana con respecto a la creación y a las generaciones futuras: una economía que glorifique la vida.

Teniendo en cuenta la necesidad de apoyar a las organizaciones internacionales que son democráticas, para que representen a todos los estados miembros de las Naciones Unidas, así como de afirmar valores comunes, el Comité Central del CMI, reunido en Ginebra (Suiza), del 26 de agosto al 2 de septiembre de 2009, pide a todos los gobiernos que tomen las siguientes medidas necesarias:

A. Adoptar indicadores nuevos y más equilibrados, tales como el índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB), para el seguimiento del progreso socio-ambiental/ecológico económico mundial.

B. Asegurar que no se desvíen recursos de la educación básica, de la salud pública y de los países pobres.

C. Cumplir sus compromisos y mantener su asistencia para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), especialmente el número 8 sobre cooperación mundial.

D. Ejecutar programas de protección social en el respeto de la justicia de género, como parte importante de las medidas nacionales de estímulo fiscal en respuesta a la actual crisis financiera.

E. Hacer hincapié en la participación de personas y organizaciones de la sociedad civil en los procesos de elaboración de políticas, incluyendo la promoción de estructuras de gobierno descentralizadas y una democracia participativa.

F. Tratar las finanzas también como un servicio público, facilitando préstamos a empresas pequeñas y medianas, agricultores y, especialmente, personas pobres, por ejemplo, por medio de la microfinanciación en apoyo de empresas que no son de lucro y de la economía social.

G. Apoyar iniciativas regionales que descentralicen las finanzas y potencien a los pueblos del Sur mundial para ejercer un control sobre el propio desarrollo, por medio de organismos propuestos tales como el Banco del Sur, el Fondo Monetario Asiático y el Banco del ALBA.

H. Revisar los sistemas fiscales, reconociendo que los ingresos fiscales son en último término la única fuente sostenible de finanzas para el desarrollo, mediante el establecimiento de una norma contable internacional que exija la presentación de informes por país acerca de las actividades económicas realizadas y los impuestos pagados por las empresas transnacionales, y mediante la concertación de un acuerdo multilateral para establecer el requisito obligatorio del intercambio automático de información fiscal entre todas las jurisdicciones a fin de impedir la evasión de impuestos.

I. Estudiar la posibilidad de establecer un nuevo sistema mundial de reservas basado en una moneda de reserva mundial supranacional y monedas regionales y locales.

J. Conseguir una supervisión democrática más estricta sobre las instituciones financieras internacionales sometiéndolas a un consejo económico mundial de las Naciones Unidas con el mismo rango jurídico que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

K. Estudiar la posibilidad de establecer un nuevo organismo de crédito internacional con un gobierno más democrático que el existente actualmente en el ámbito de las instituciones de Bretton Woods.

L. Crear un tribunal internacional de quiebras con autoridad para cancelar deudas odiosas y otros tipos de deudas ilegítimas y arbitrar otros problemas de deudas.

M. Regular y reformar la industria de los organismos de crédito para convertirlos en adecuadas instituciones independientes de supervisión, basadas en una mayor transparencia sobre las calificaciones y una regulación estricta de la gestión de los conflictos de intereses.

N. Utilizar fuentes innovadoras de financiación, tales como impuestos aplicados al carbono y a las transacciones financieras, para pagar bienes públicos mundiales y la erradicación de la pobreza.

 

Aprobadas por consenso unánime

 

La siguiente oración se propone como recurso para facilitar el compromiso de las iglesias con el tema al que se refiere la declaración:

Oh Dios que eres Uno en la Trinidad, en ti encontramos la relación perfecta del amor y la justicia.

Confesamos:

que con demasiada frecuencia nuestras relaciones se han caracterizado por la codicia y el interés personal,

que hemos procurado riqueza y seguridad para nosotros preocupándonos muy poco de tu creación,

que nuestro deseo de siempre tener más ha significado que otros tienen menos,

que hemos hecho gala de la arrogancia de los fariseos y no de la sinceridad de la viuda en nuestra forma de dar.

Inspíranos con una visión de tu oikoumene, caracterizada por el amor y la compasión:

en el que todos tengan suficiente para comer,

en el que se recompense el trabajo con justicia,

en el que la preocupación por el más pequeño sea nuestro mayor apremio,

en el que se celebre la vida y tú, dador de vida, seas alabado.