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Declaración sobre la crisis en Pakistán

20 de febrero de 2008

 

  1. El pueblo de Pakistán reclama un cambio político y social. A pesar de la intensificación del acoso y la represión contra los movimientos populares, oramos por los pakistaníes y esperamos que puedan vivir pronto en paz y armonía de modo que "se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien les infunda temor" (Miqueas 4:4).

 

  1. Pakistán está viviendo, una vez más desde su independencia, hace sesenta años, una terrible experiencia. Su crisis actual gira en torno a una serie de problemas graves: una escalada de la violencia; ataques suicidas; explosiones de bombas; represión política; flagrantes violaciones de los derechos humanos; supresión de las libertades civiles; y el arresto y la detención de abogados, activistas políticos, activistas de derechos humanos, periodistas y sindicalistas que defienden la democracia y los derechos humanos. El resurgimiento del fundamentalismo religioso, así como la propagación del terror por parte de los extremistas y del terrorismo transfronterizo, están intensificando la inestabilidad y la agitación actuales en Pakistán.

 

  1. Pakistán ha estado sometido a la dictadura militar del presidente Pervez Musharraf desde que el primer ministro Nawas Sharif fue desbancado en octubre de 1999. La actual oleada de agitación política en el país empezó cuando el Presidente Musharraf declaró el estado de emergencia en noviembre de 2007. La situación es alarmante, ya que la nación debe hacer frente a un número cada vez mayor de bombas suicidas y secuestros que afectan a cientos de civiles cada semana. El asesinato de Benazir Bhutto el 27 de diciembre de 2007, una dirigente que se había comprometido a mantener unida la Federación de Pakistán y que se oponía a la dictadura militar, el extremismo y el terrorismo, ahondó la crisis a la que se enfrenta el país.

 

  1. El Estado de derecho ha desaparecido. El sistema de justicia está paralizado debido a la falta de independencia del poder judicial y a la suspensión del presidente de la Corte Suprema así como de otros jueces. La crisis judicial de todo el país ha ocasionado un gran retraso y una parálisis para la gobernanza, la cual a su vez ha afectado a todos los aspectos de la vida. Los arrestos arbitrarios, las detenciones y los maltratos que han sufrido los abogados; la detención continua de los jueces y los abogados; y el uso de la fuerza contra los abogados que han protestado demuestran que el presente gobierno no ha querido resolver la crisis judicial. Los movimientos populares que piden reformas, sobre todo el valiente movimiento de los abogados pakistaníes que consiguió revocar la decisión del gobierno militar y restituir al presidente de la Corte Suprema (que había sido destituido por el gobierno), fueron capaces de defender los valores constitucionales durante un breve periodo. Sin embargo, el poder judicial sigue siendo vulnerable e impotente.

 

  1. Pese a que el presidente Musharraf dimitió de su cargo de jefe militar, su gobierno sigue perdiendo el apoyo del público y la legitimidad para permanecer en el poder. A pesar de su creciente pérdida de credibilidad y legitimidad para gobernar, la Administración de Estados Unidos continúa ofreciendo su apoyo al presidente Musharraf. Desde el 11 de septiembre de 2001, la ayuda militar a Pakistán y la mayor injerencia de Estados Unidos en el país, se han justificado en el marco de la "guerra contra el terror" de los EE.UU.

 

  1. Históricamente, los militares pakistaníes han influido en la política oficial del país, ya que han sido generales del ejército los presidentes que han gobernado durante los períodos 1958-1971, 1977-1988 y desde 1999 hasta la actualidad. El proceso democrático en Pakistán ha estado en peligro mientras el ejército ha sido uno de los principales protagonistas de la vida política. El resultado de las elecciones celebradas el 18 febrero es alentador, y esperamos vivamente que represente el retorno a una gobernanza democrática en Pakistán.

 

  1. Es alentador que las iglesias y las comunidades religiosas de Pakistán hayan respondido al deterioro progresivo de la situación y hayan condenado la violencia, el terrorismo y todas las otras formas de medidas deshumanizadoras. Creemos que la vida humana es un don de Dios y que todo acto que amenaza la vida es contrario a los nobles valores de la promoción de la paz, el amor y el perdón. Todas las comunidades religiosas y los grupos de la sociedad civil en Pakistán tienen la responsabilidad ante su pueblo de responder al acuciante problema planteado por las fuerzas que destruyen el don de la vida que Dios nos ha concedido.

 

Por consiguiente, el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra del 13 al 20 de febrero de 2008:

 

  1. Reitera los compromisos de las iglesias de defender los derechos humanos, buscar la justicia y promover la paz;

 

  1. Expresa su solidaridad con el pueblo de Pakistán y su sufrimiento, y en particular con todos aquellos que están afligidos por la pérdida de familiares;

 

  1. Expresa su profunda preocupación ante el deterioro progresivo de la situación que destruye la paz y la seguridad y aumenta los conflictos y la violencia en la sociedad pakistaní;

 

  1. Expresa su condolencia a la familia Buttho y al pueblo de Pakistán por el asesinato de la Sra. Benazir Buttho;

 

  1. Acoge con satisfacción la elección concluida recientemente en Pakistán y estimula a que se fortalezcan y desarrollen los procesos democráticos en el país

 

  1. Urge al gobierno pakistaní a ordenar una investigación imparcial e independiente sobre las circunstancias de la muerte de la Sra. Benazir Buttho y a llevar ante la justicia a aquellos que han sido responsables de este crimen atroz;

 

  1. Insta a la restauración de la democracia, los derechos civiles y el estado de derecho en Pakistán y urge al gobierno pakistaní a liberar a todos los presos políticos y activistas de derechos humanos;

 

  1. Insta al nuevo gobierno electo de Pakistán a garantizar la seguridad de todos los dirigentes políticos, activistas de derechos humanos y comunidades religiosas minoritarias en Pakistán;

 

  1. Insta a las iglesias de todo el mundo a seguir orando por la paz y la reconciliación en Pakistán;

 

  1. Apoya firmemente las iniciativas interreligiosas de la Iglesia de Pakistán con el fin de promover respuestas no violentas a los actos de terrorismo mediante la construcción de una cultura de paz y armonía interreligiosa en el país;

 

  1. Garantiza la solidaridad del CMI con las iglesias miembros de Pakistán en sus intentos de trabajar por la paz, la reconciliación y la armonía comunitaria en el país.

APROBADA