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Nota sobre el calentamiento terrestre y el cambio climático

20 de febrero de 2008

"¡Sed guardianes de la creación de Dios!"

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra (…) Y vio Dios todo cuanto había hecho,
y era bueno en gran manera"(Génesis: 1:1, 31, RVR 1995)

 

La presente nota se basa en previas declaraciones del CMI, y en particular en la declaración del décimo aniversario del Protocolo de Kioto, adoptada por el Comité Ejecutivo del CMI en septiembre de 2007.

  1. En la Biblia se afirma que "de Yahvé es la tierra y su plenitud" (Salmo 24:1). En Génesis 1: 28, Dios encomienda a la humanidad el cuidado de la tierra dándole la "potestad" sobre ella. Una traducción más apropiada de la palabra "potestad" es "custodia", porque la humanidad no es dueña de la tierra, sino que es su guardiana, siendo su cometido velar por la integridad de la creación. Dios, en un acto de generosidad y amor, creó un mundo con recursos más que suficientes para sostener a generaciones y generaciones de seres humanos y otras criaturas vivientes. Pero la humanidad, en su labor de custodia, no es siempre digna de confianza. La producción insensata y el consumo excesivo de las personas, las empresas y los países han conducido a una profanación continua de la creación, incluido el calentamiento terrestre y otras formas de cambio climático.
  2. Los pueblos indígenas de todo el mundo continúan manteniendo una forma respetuosa de relacionarse con el medio ambiente. En distintas visiones del mundo indígenas también se refleja la naturaleza sagrada de toda la creación. Al examinar el impacto del calentamiento terrestre y del cambio climático, estos planteamientos pueden servir de inspiración y aliento.
  3. El cambio climático, en cuanto variación del clima mundial o de los climas regionales a lo largo del tiempo, y sus efectos ya se están experimentando en muchas regiones del mundo. El calentamiento terrestre, es decir el aumento de la temperatura media de la capa de aire cercana a la superficie de la tierra y de los océanos, es uno de los aspectos más evidentes del cambio climático. La temperatura media de la tierra está aumentando, lo cual hace que se fundan las capas de hielo de la Antártida y Groenlandia, los glaciares, el permafrost de las regiones montañosas y que suba el nivel medio del mar. La subida de los niveles del mar ya está afectando a algunos países como Bangladesh, en Asia, y a algunas islas, sobre todo del Pacífico. La crisis del agua, a consecuencia de graves sequías e inundaciones sin precedentes, ha provocado la falta de acceso a agua potable y saneamiento. Otros efectos del cambio climático son los huracanes, ciclones y tifones, que cada vez tienen más fuerza, y causan muertes y la destrucción del medio ambiente y de la propiedad. El informe del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático patrocinado por las Naciones Unidas (IPCC, por su sigla en inglés) de 2007 describe otras consecuencias del cambio climático. Así pues, la vida humana y toda la creación están siendo objeto de una nueva amenaza. El cambio climático suscita cuestiones ecológicas, sociales, económicas, políticas y éticas, y pone de manifiesto la ruptura de las relaciones entre Dios, la humanidad y la creación.
  4. Como se afirma en el Informe del IPCC y otros estudios, la situación exige adoptar urgentemente medidas de mitigación y adaptación para evitar mayores consecuencias adversas del aumento de las temperaturas. La mitigación (combatir las causas) es un deber de los países desarrollados, que tendrán que reducir drásticamente sus emisiones de CO2. La adaptación (hacer frente a las repercusiones) es urgentemente necesaria por parte de los países en desarrollo para ser capaces de hacer frente a los cambios que están ocurriendo. Las comunidades vulnerables y pobres del Sur, que dependen mucho más de los recursos naturales para su subsistencia y carecen de los medios necesarios para adaptarse a los cambios, son y serán las que cada vez estarán más afectadas. La deforestación en África, Asia y América Latina; el aumento y la subida del nivel del mar en el Pacífico, por ejemplo, han tenido repercusiones en las comunidades pobres, enfermedades transmitidas por vectores (como el dengue y la malaria) en las zonas más altas de África a consecuencia del aumento de la temperatura; así como la migración, el desplazamiento y el reasentamiento forzados de poblaciones a causa de la subida del nivel del mar, en el Pacífico en particular son algunas de las repercusiones que continuarán aumentando la presión sobre las comunidades pobres y vulnerables.
  5. Para hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre el mundo a causa del cambio climático, hay que actuar desde ahora. En diciembre de 2007, en la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por su sigla en inglés) celebrada en Bali, los gobiernos acordaron una hoja de ruta para las negociaciones relativas a una nueva serie de compromisos en el marco de la UNFCCC y el Protocolo de Kioto para el periodo posterior a 2012. Las negociaciones deben concluir antes del final de 2009. Estados Unidos es ahora el único gran emisor que no ha ratificado el protocolo. Sin una modificación profunda de las formas de vida, las pautas de desarrollo y la búsqueda del crecimiento económico, la humanidad no conseguirá hacer frente a ese problema. Como subrayó claramente la delegación del CMI en Bali, "como miembros de comunidades religiosas estamos convencidos de que es preciso un cambio de paradigma, pasar de una forma de pensamiento a otra, para poder responder adecuadamente al reto del cambio climático".
  6. El cambio climático no es solamente un problema medioambiental, sino que también es una cuestión de justicia. Los emisores más importantes de gases de efecto invernadero (GEI) tienen que asumir la responsabilidad histórica de detener e invertir la tendencia actual. Los países en desarrollo, en su búsqueda de mejores condiciones para sus pueblos, afrontan un dilema que debe resolverse buscando la manera de no seguir el mismo camino que ha conducido a la presente situación. Los actuales modelos insostenibles de producción y consumo han tenido unos efectos profundamente negativos para el medio ambiente y han generado lo que se ha denominado una deuda ecológica hacia la humanidad y la tierra. Esta deuda ecológica puede analizarse en relación con la deuda financiera. Para invertir esta tendencia resulta crucial buscar tecnologías y prácticas tanto para mitigar como para adaptar, atendiendo especialmente a las necesidades de las comunidades vulnerables.
  7. Las iglesias y las comunidades religiosas pueden desempeñar un decisivo papel directivo al afrontar los problemas que el calentamiento terrestre y el cambio climático entrañan para los individuos, las comunidades y los gobiernos. La cuestión que debemos plantearnos es si podemos movilizarnos juntos para aprovechar esta oportunidad sin precedentes. Las iglesias y las comunidades religiosas, por ejemplo, deberían ser capaces de encontrar modos de interpelarse y motivarse mutuamente para medir sus "huellas" ecológicas y económicas y para efectuar cambios duraderos en los estilos de vida y las metas económicas. Los miembros de las iglesias tienen que asumir la responsabilidad de pagar su parte de la deuda ecológica, que supone una gran amenaza para los años venideros. Los cristianos deberían practicar "la vida en toda su plenitud" (Juan 10:10) frente al materialismo moderno actualmente extendido en todo el mundo. Pasos como éstos constituirán un testimonio que podría calar en las sociedades y catalizar un cambio tan necesario.
  8. Debido a que el calentamiento terrestre puede conducir a conflictos entre poblaciones que compiten por la resultante escasez de recursos, la acción de las iglesias miembros del CMI sobre el cambio climático también debería considerarse en relación con el Decenio para Superar la Violencia y la preparación de la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz, que está previsto que tenga lugar en 2011. El tema de la Convocatoria, "Gloria a Dios y paz en la Tierra", hace hincapié en la paz en la tierra, que incluye tanto la paz con la tierra como la paz entre los seres humanos.
  9. Muchas iglesias, organizaciones ecuménicas y ministerios especializados ya han empezado a tomar medidas con respecto al cambio climático y el calentamiento terrestre. El Patriarca Ecuménico ha desempeñado un papel destacado en la defensa del cuidado de la creación, implicando a la comunidad científica, incluyendo su preocupación en los planes de estudio y llamando, el 1 de septiembre de 1989, a celebrar el día de la creación el 1 de septiembre (comienzo del año litúrgico en la Iglesia Ortodoxa). Este llamamiento ha sido reiterado recientemente por la Tercera Asamblea Ecuménica Europea, que se reunió en Rumania en septiembre de 2007. También en septiembre de 2007, la novena Asamblea de la Conferencia de Iglesias del Pacífico instó a las iglesias del Pacífico a abogar por "una política regional de inmigración que conceda a los ciudadanos de los países más afectados por el cambio climático (…) derechos de reasentamiento en otras islas naciones del Pacífico", y a que la familia ecuménica mundial apoye esta iniciativa. Cuarenta años después de la Asamblea del CMI en Uppsala, la Iglesia de Suecia va a organizar una cumbre interreligiosa sobre el cambio climático en noviembre de 2008 en Uppsala.

El Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 13 al 20 de febrero de 2008:

A. Insta urgentemente a las iglesias a fortalecer su posición moral respecto al calentamiento terrestre y el cambio climático, recordando sus efectos adversos sobre las comunidades pobres y vulnerables de distintas partes del mundo, y anima a las iglesias a fortalecer sus iniciativas de sensibilización destinadas a los gobiernos, las ONG, la comunidad científica y el sector empresarial a fin de reforzar la cooperación en respuesta al calentamiento terrestre y el cambio climático;

B. Exhorta a realizar un cambio profundo en la relación hacia la naturaleza, las políticas económicas, y las pautas de consumo, de producción y tecnológicas. El llamamiento a este cambio se basa en el compromiso de las comunidades y las instituciones cristianas, entre las que se incluye el CMI, que debería fortalecer el trabajo del Grupo Ecológico del Centro Ecuménico para continuar aplicando medidas ecológicas en el Centro Ecuménico;

C. Insta a las iglesias miembros, ministerios especializados y otros interlocutores ecuménicos a:

a) desarrollar y compartir formas creativas de mantener relaciones respetuosas con el medio ambiente dentro de la comunidad humana y con la tierra,

b) compartir conocimientos y tecnologías asequibles que promuevan estilos de vida respetuosos con el medio ambiente;

c) vigilar de cerca las huellas ecológicas de individuos, parroquias, empresas y estados para mitigar el cambio climático y el calentamiento terrestre.

D. Urge a las iglesias miembros a que, cada año, empezando el 1 de septiembre, celebren con oraciones y actos un período especial dedicado a la creación, su cuidado y custodia, con el fin de fomentar la sensibilización acerca de la grave situación de los pueblos y las comunidades del Pacífico, especialmente de los atolones bajos de Kiribati y Tuvalu, y de encontrar formas específicas de mostrar nuestra solidaridad ecuménica con quienes se hallan en mayor peligro;

E. Pide a las escuelas de teología, seminarios y universidades que enseñen la custodia de toda la creación a fin de profundizar las dimensiones éticas y teológicas de las causas del calentamiento terrestre y del cambio climático, así como del estilo de vida sostenible que es necesario como respuesta;

F. Promueve la exploración de puentes interreligiosos e interculturales para la cooperación y una respuesta constructiva, como la cumbre interreligiosa que proyecta la Iglesia de Suecia, con el fin de garantizar una mejor custodia de la creación y un testimonio común a través de acciones concretas.

 

APROBADA