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Sermón pronunciado en la oración matutina del Comité Central del CMI el 13 de febrero de 2008 en Ginebra

Texto bíblico: Juan 17:18-26

Predicador: Obispa Sally Dyck

EL PODER DE SER UNO

El hijo de uno de los pastores de la Iglesia Metodista Unida de Minnesota estudió en un colegio católico. El niño fue a ese colegio porque su madre había conseguido un puesto como profesora cuando la familia se fue a vivir a esa pequeña ciudad. Generalmente no es muy bien aceptado por las iglesias de los Estados Unidos de América que los hijos de un pastor no vayan a la escuela pública, y el pequeño Joseph tenía que dar muchas expli­caciones sobre la razón por la que iba a un colegio católico en la época en la que fui a almorzar con él después del culto.

Me habló de su colegio y de lo encantado que estaba. Y después con un aire de con­spiración me dijo en voy baja: “entre los católicos y los metodistas la única diferencia es el zumo”. Se refería, por supuesto, a que los católicos ponen vino en el cáliz mientras que los metodistas sirven zumo de uva. ¡Su teología del sacramento es bastante sencilla!

Aunque quizás he ofendido a alguno de ustedes al hablar de la simplificación excesiva del ecumenismo de Joseph, permítanme que les diga que esta historia demuestra, al me­nos en los Estados Unidos de América, cuán eficaz ha sido durante los últimos 60 años la labor del CMI a la hora de derribar los muros de hostilidad que separan a los cristianos. Los comentarios de Joseph nunca hubieran sido posibles en la pequeña ciudad en la que crecí hace unos 50 años. Si Joseph se refiere a los otros cristianos con esa ingenuidad es gracias a la presencia , la fuerza y el testimonio del CMI. Y esta es en parte la razón por la que estoy aquí: mi esperanza de que podamos llevar el testimonio de Cristo al mundo durante los próximos 60 años de forma innovadora.

EL PODER DE SER UNO EN CRISTO

Es cierto, Joseph hace una simplificación excesiva de algunas cosas – temas teológicos profundos –, pero hay que reconocer también que a veces nosotros los complicamos demasiado. Estuve con Joseph hace poco en una reunión de confirmación. Quiere ser miembro de la iglesia, de la Iglesia Metodista Unida. Pero Joseph entiende que él se está adhiriendo en realidad al poder de esa persona Una que es Cristo Jesús: la cabeza y la piedra angular de todo nuestro testimonio cristiano al mundo.

El “poder de uno” es una frase que se utiliza en el mundo hoy para indicar que basta una persona para poner en marcha un movimiento. El movimiento del que todos formamos parte es el que comenzó y continúa en Cristo Jesús. Queda claro en la oración que dijo Jesús la noche en que fue traicionado, cuando sus discípulos se dispersaron y lo aban­donaron, que no quería que nuestra fe en él nos dividiera. Así pues, oró para que seamos uno en él como él les uno con Dios.

Recientemente, Peter Steinfels, que está encargado de la columna sobre religión, Beliefs, del New York Time, formuló algunas observaciones sobre la Semana de la Oración por la Unidad de los Cristianos. Cabe destacar ante todo que es totalmente excepcional en­contrar en un periódico de los Estados Unidos algo sobre la Semana de la Oración por la Unidad de los Cristianos. El autor señala que para muchas personas el “escándalo de la división hoy (o sea 60 años más tarde) parecería más bien la virtud de la diversidad”. De hecho, continúa diciendo, los sociólogos de la religión piensan que cuando se permite la diversidad de formas y prácticas de la iglesia, el cristianismo prospera. ¿Cómo hacer avanzar el espíritu ecuménico cuando muchos cristianos consideran que nuestras divisiones son una “virtud” y no un “escándalo”? Nuestra diversidad dentro de nuestra unidad tiene sentido siempre que vivamos en el poder del Uno que es Cristo Jesús.

Barbara Brown Taylor es una pastora episcopal de los Estados Unidos y conocida por sus predicaciones y por lo que escribe. En uno de sus artículos hace una observación sobre el hecho de que se la considere una de los 12 mejores predicadores de nuestro país. Co­menta ese honor que se le ha hecho reflexionando acerca de lo que diría el apóstol Pablo a ese respecto a la luz de 1 Corintios cuando pregunta a la iglesia de Corinto: “¿Acaso está dividido Cristo?”. Ella imagina a Pablo diciéndole a ella y a los otros 11 “mejores predicadores”: “¿Qué es eso de que los nombres de ustedes estén (para honrarlos) en todas partes? Esto no les corresponde a ustedes. Deberían tener vergüenza de que un a sola persona sepa cómo se llaman. Cuando ustedes predican, el único nombre que debería estar en los labios de todos es el nombre de Jesús …”

Tengo la misma impresión respecto de la “virtud de la diversidad” en el cuerpo de Cristo. El poder de ser Uno en Cristo Jesús reside en el hecho de que por medio de nuestro testi­monio diverso y singular, en culturas y países y contextos diversos y singulares, en de­finitiva, el único nombre que debería estar en los labios de todos debería ser el nombre de Jesús! En nuestros debates, en nuestro trabajo, en nuestra diversidad y divisiones, en el escándalo y la virtud, eso es lo que tenemos en común; de ahí que sea en el nombre de Jesús donde encontramos nuestra unidad.

EL PODER DE SER UNO EN CRISTO CON LOS OTROS

Dios parece favorecer la diversidad como la vemos en la creación y como la vemos en nuestro entorno en los otros. Sin embargo, Dios hace que el amor de unos a otros sea un signo y la medida de nuestro amor por él en Cristo Jesús. ¡Esto parece ser una broma de mal gusto! La diversidad o el amor porque diversidad y amor es muy difícil de lograr. Sin embargo, Jesús nos ordenó que nos amemos unos a otros y seamos uno los unos con los otros, y uno con él.

Estoy convencida de que cuando no podemos estar unidos en las prácticas comunes de nuestra fe Cristiana: el culto, el bautismo, el ministerio y la cena del Señor, el corazón de Cristo se parte. Estoy convencida de que cuando no se acepta mi bautismo (que se celebró en la Iglesia Menonita), ni mi ordenación ni mi consagración (en la Iglesia Metodista Unida), el corazón de Cristo se parte. ¿Cómo sería posible que se acepte mi bautismo, mi ordenación y mi consagración? Si fuera una mejor cristiana, ¿sería plenamente aceptada? Si fuera una mejor especialista o ecumenista, ¿podría ser aceptada? No, todos sabemos que nada de eso es lo que nos divide. ¡No es la forma en que vivimos la fe cristiana lo que nos divide sino lo que creemos! Somos nosotros la causa de la fragmentación del cuerpo de Cristo así como nuestra limitada y limitativa comprensión y aceptación de lo que significa ser el cuerpo de Cristo en el mundo.

Hay en mi libro de oraciones diarias una oración de China que me corta la respiración cada vez que la leo:

Ayúdanos a cada uno de nosotros, o Dios misericordioso, a vivir con tal magnani­midad y moderación que el Jefe de la Iglesia nunca tenga motivos para decirnos a ninguno de nosotros: este es mi cuerpo fragmentado por vosotros.

Debemos tener siempre presente el escándalo de nuestras propias divisiones y no sentir­nos demasiado cómodos con ellas. Y vivir “con tanta magnanimidad y moderación” que podamos el cuerpo fragmentado de Cristo como testimonio ante el mundo.

Uno de los valores del CMI durante los últimos 60 años ha sido el hablar de justicia a las estructuras de injusticia de todo el mundo, decir palabras de noviolencia a las fuerzas de violencia, hablar de esperanza a quienes se desmoronan en la desesperación y hablar de reconciliación y paz ante las máquinas de guerra. Sin embargo, ¿cómo podemos hacer eso — qué derecho tenemos a hablar — si no demostramos ser uno unos con otros? El poder de ser Uno en Cristo Jesús nos exhorta a amarnos unos a otros y hacer que nuestra misión se realice en una relación de unos con otros … comenzando por nosotros aquí.

El 1º de agosto de 2007, se derrumbó en cuatro segundos un importante puente sobre el Río Misisipi en Minneapolis. Pasaban cientos de automóviles por el puente durante la hora de punta y, cuando me enteré de la noticia, tuve la seguridad de que habían muerto cientos de personas. Milagrosamente, perecieron sólo 13 personas y 150 están todavía gravemente heridas y en rehabilitación.

Como consecuencia de ello, quienes vivimos en Minneapolis nos hemos convertido en todo tipo de ingenieros de puentes aficionados. Hemos aprendido que las placas de re­fuerzo de acero en el armazón del puente actúan como tirantes que mantienen unidas las junturas del puente. Pero las placas de refuerzo pueden debilitarse y fallar. Cuando cedieron estos refuerzos, había un defecto de diseño que causó el colapso de este puente en 4 segundos. No había ningún sistema redundante; nada que retuviera la estructura aunque fuera solamente para dar tiempo a que se salvara la gente. Sin un sistema re­dundante, el puente se derrumbó así, en pocos instantes. Pero con un sistema redundante, algo lo habría mantenido.

Las relaciones — relaciones de uno con uno — son el sistema redundante de nuestra vida unidos en Cristo. El Comité Central del CMI ofrece la oportunidad de construir el diseño de un sistema redundante que pueda influir en todos nuestros trabajos y proporcionar un liderazgo para componer el cuerpo roto de Cristo.

Mi sentido del ecumenismo se desarrolló mientras era estudiante en Bossey hace 30 años. Bossey es un increíble sistema redundante del ecumenismo mundial. Tuvimos una mini­reunión de nuestra clase cuando estábamos en el Brasil. ¿Cuántos de ustedes son gradua­dos o graduadas de Bossey?

Jesús oró para que desarrolláramos un sistema redundante de relaciones. Jesús sabía que la única forma en que podríamos estar unos con otros es cuando nos amamos unos a otros, oramos unos por otros, nos preocupamos unos de otros, nos aceptamos unos a otros, nos conocemos unos a otros, nos visitamos unos a otros, nos fortalecemos unos a otros … unos a otros, recíprocamente. Somos el CMI en el almuerzo, en la cena, en el descanso; cuando nos conocemos y preocupamos unos de otros, podemos realizar tam­bién nuestro trabajo de forma que agrade a Dios. Somos el CMI al contarnos anécdotas unos a otros cuando volvemos a nuestra patria de forma que el mundo sea algo más pequeño en todos los rincones donde vivimos y servimos a Cristo. Lo somos reuniendo a un amplio mundo en el corazón de Cristo.

EL PODER DE SER UNO EN CRISTO JESÚS, UNO CON LOS DEMÁS Y UNO EN EL MINISTERIO PARA TODO EL MUNDO …

Personas de todo el mundo se plantean la pregunta: “¿Cuál es el poder de ser uno?” Me parece que el único aspecto del mundo que se ha hecho más pequeño gracias al transporte y las comunicaciones durante los últimos 60 años es que tenemos mayor conciencia del sufrimiento que existe en todo nuestro mundo. Y las personas quieren aportar algo para aliviar los sufrimientos humanos de todo tipo.

Los jóvenes, en particular, han renunciado a grandes organizaciones como nuestras de­nominaciones y el CMI para creer en el movimiento más simple y concreto del poder del uno más uno más uno. Aquí, en Davos, Suiza, hace unas pocas semanas, en el Foro Económico Mundial, había muchos de tales jóvenes que han ejercido el “poder de ser uno” para aportar algo en algún sector del sufrimiento humano en el mundo. Uno vio la situación de las muchachas jóvenes, por ejemplo, en Tailandia, y organizó (sobre todo por medio de Internet) un medio para proporcionarles educación. Otro organizó la forma de prestar asistencia oftalmológica a 200.000 personas en países pobres.

Son jóvenes empresarios sociales que ven un problema y ponen manos a la obra, normal­mente encendiendo sus ordenadores, para resolverlo. Como dicen ellos, ni regalan pes­cado ni enseñan a la gente a pescar; su objetivo es revolucionar la industria pesquera. Se ha escrito un nuevo libro sobre algunos de los esfuerzos de estos jóvenes cuyo título es “The Power of Unreasonable People” (El poder de personas no razonables). No son razonables porque creen que pueden cambiar el mundo. ¿Lo hacemos como CMI?

Como CMI, necesitamos que se nos llegue a conocer como “personas no razonables”, es decir, personas que creen y esperan audazmente en el poder de Dios y en el poder de unos con otros. El CMI se halla en una situación excepcional ya que, en esta época de su mayor influencia, aunque sea controvertida, tiene que exigir una nueva visión que cause una revolución en la pobreza, la violencia, la injusticia, las violaciones de los derechos humanos y el sufrimiento humano, por medio del poder de Cristo. Que confiemos en el poder de Dios y en nuestro poder recíproco para potenciar a nuestra organización a fin de que sea un ministerio para todo el mundo y desate el potencial de todos los “uno más uno” que representamos.

“Uno como Cristo, uno con los demás y uno en el ministerio para todo el mundo”. Son estas las palabras de la Gran Acción de Gracias en muchas de nuestras tradiciones. Que lleguemos a ser lo que decimos que creemos: que somos Uno en Cristo Jesús, Uno con los demás y Uno en el ministerio para todo el mundo.