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Rostros que cuentan una historia

Un hombre con una misión

El laico metodista estadounidense, John R. Mott, viajó por todo el mundo para ganar a estudiantes y otros jóvenes a la causa de la fe y el servicio de Cristo. Fue uno de los organizadores de la Conferencia Misionera de Edimburgo en 1910 y dedicó su vida a organizaciones que únan a los cristianos en el diálogo y la acción común. En 1946 Mott recibió el premio Nobel de la paz y fue el primer presidente honorario del Consejo Mundial de Iglesias.

Vida y acción en favor de la unidad cristiana

La Conferencia Cristiana Universal sobre Vida y Acción, que se celebró en Estocolmo en 1925, fue la culminación de una vida de esfuerzo ecuménico a la que el Arzobispo sueco Nathan Söderblom (al centro) aportó imaginación, cualidades administrativas, entusiasmo, tacto y paciencia.

Una mujer con un mensaje

La frase, "estamos decididos a permanecer juntos ", que constituye el núcleo del Mensaje de la asamblea de Ámsterdam, fue acuñada por la educadora anglicana, Kathleen Bliss. En su discurso a la asamblea inaugural, vinculó las cuestiones del ministerio de la mujer y del ministerio del laicado. En 1949 fue elegida secretaria de la comisión sobre la vida y el trabajo de las mujeres en la iglesia y, en 1971, fue la moderadora de la integración del Consejo Mundial de Educación Cristiana en el CMI.

Sin falsa modestia

Sarah Chakko, directora del Instituto Isabella Thoburn de Lucknow, India, respondió a la pregunta de un obispo metodista en la asamblea de Ámsterdam diciendo que ella no era metodista, sino ortodoxa siria. Cuando el obispo le replicó que representaría a las "jóvenes iglesias", ella le recordó que su iglesia tenía más de 1600 años de antigüedad. Después de la asamblea, trabajó en el departamento de la mujer del CMI; en 1951, fue la primera mujer nombrada presidenta del CMI.

Confesar las culpas

El comandante de un submarino alemán en la primera guerra mundial, Martin Niemöller, fue uno de los dirigentes de la Iglesia de la Confesión y pasó gran parte de la segunda guerra mundial en campos de concentración como "prisionero personal" de Adolf Hitler. Instó a las iglesias alemanas a confesar sus delitos de guerra en la Declaración de Stuttgart de 1945, lo que permitió su reintegración en la familia ecuménica. En sus últimas visitas a la URSS contribuyó en gran medida a atraer a las iglesias al movimiento ecuménico. Miembro del comité central desde 1948, fue elegido presidente del CMI en 1961.

El primer timonel

Como muchos de los primeros líderes del movimiento, Willem Visser 't Hooft (derecha) tuvo su experiencia ecuménica formativa en el movimiento de estudiantes cristianos. Fue nombrado secretario general del CMI en la reunión de 1938 en la que se inició el CMI "en proceso de formación". Desempeñó su mandato hasta su jubilación en 1966. Una de sus principales preocupaciones era la de vincular el movimiento ecuménico a manifestaciones duraderas de la iglesia a lo largo de los tiempos. © CMI/John Taylor

Una piedra viva

Madeleine Barot, con formación de bibliotecaria e historiadora, fue uno de los espíritus movilizadores del organismo francés de socorros y refugiados CIMADE. Durante la segunda guerra mundial, contribuyó, junto con la oficina de Ginebra del CMI, a ayudar a los judíos a escapar de la Francia ocupada por los nazis. Después de la asamblea de Ámsterdam, fue vicepresidenta del Departamento de la Juventud del CMI; después de la asamblea de Evanston, fue nombrada directora del departamento de cooperación de hombres y mujeres en la iglesia y la sociedad.

Un defensor ferviente

Eugene Carson Blake, secretario general del CMI de 1966 a 1972, había demostrado ya sus dotes de liderazgo en la Iglesia Presbiteriana Unida, la Consulta sobre la Unión de la Iglesia y el Consejo Nacional de Iglesias en los EUA. Defensor ferviente del movimiento de derechos humanos, elaboró declaraciones de alto valor intelectual sobre la justicia en el Programa del CMI para Combatir el Racismo. Estimuló al CMI a mantener una firme oposición a la guerra del Vietnam, lo que, al parecer, le hizo ganarse un lugar en la "lista de enemigos" del Presidente Nixon de los EUA. © CMI/John Taylor

Diálogo de amor

Atenágoras I de Constantinopla fue el primer patriarca ecuménico que visitó la sede del CMI en noviembre de 1967. Vino, como él dijo, "no como un extranjero a extranjeros", sino como un miembro de la misma familia que viene al hogar común "en testimonio del compromiso del Patriarcado Ecuménico en el diálogo de amor y unidad entre los cristianos". © CMI/John Taylor

Sueño de libertad

El pastor bautista estadounidense y líder de los derechos humanos, Martin Luther King, visitó el Consejo Mundial de Iglesias en junio de 1967. Se acordó que predicara en el servicio inaugural de la asamblea del CMI que se celebraría el año siguiente. Pero en Abril de 1968, King fue asesinado. En una resolución de la asamblea se expresó un "profundo sentido de pérdida para la iglesia sobre la tierra" y se dieron gracias a Dios por el testimonio fiel y profético de King "para con el mandamiento del amor del Nuevo Testamento y la consecución del cambio social por medio de la noviolencia". © CMI/John Taylor

Aprender juntos

Al renovarse el interés por la educación ecuménica en la década de 1970, una de las voces creativas del personal del CMI fue Paulo Freire. El educador brasileño popularizó el término "conscientización". Una "educación que conscientiza y, por lo tanto, libera", decía, es aquella en la que "no hay ninguna transferencia de conocimientos ya preparados" sino aquella en la que "el maestro y los alumnos se hacen simultáneamente sujetos que conocen, aunados por el objeto que están conociendo". © CMI/John Taylor

Una pionera

La primera mujer que fue abogada, jueza de distrito, jueza del tribunal de apelación y jueza del tribunal supremo en su nativa Ghana, Annie Jiagge, fue también la primera mujer africana presidenta del CMI, elegida por la quinta asamblea en Nairobi. Presbiteriana, tuvo amplia experiencia ecuménica como delegada en las conferencias mundiales sobre la juventud de Oslo y Kottayam, como pionera de la YWCA de Ghana y vicepresidenta de la YWCA mundial, así como desempeñando una función importante en debates de las Naciones Unidas sobre los derechos de la mujer.

Un orador convincente

Philip Potter, nativo de la isla de Dominica en las Indias Occidentales, dejó su trabajo como asistente en el ministerio de justicia para trabajar como pastor laico metodista en la isla de Nevis. De 1972 a 1984, el misionero y joven dirigente fue secretario general del CMI. Orador convincente y líder en estudios bíblicos, ha insistido en la unidad fundamental del testimonio y servicio cristianos y en la correlación entre fe y acción. Ha participado en todas las asambleas del CMI desde la de Ámsterdam en 1948 hasta la de Porto Alegre en 2006. © CMI/Peter Williams

Punto de vista progresista

Emilio Castro, pastor metodista y teólogo uruguayo, que anteriormente había sido director de la comisión del CMI Sobre Misión Mundial y Evangelización, fue secretario general del CMI de 1985 a 1992. Adquirió gran prestigio entre los líderes protestantes de América Latina gracias a su predicación elocuente y a sus puntos de vista progresistas sobre el cristianismo y el orden social. © CMI/Peter Williams

Un militante pacifista

El Arzobispo anglicano de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, en la primera reunión del comité central del CMI en Sudáfrica en 1994. Antiguo miembro del personal del Fondo de Educación Teológica del CMI, Tutu es bien conocido por su clara posición contra el apartheid y su liderazgo en la Comisión de Verdad y Reconciliación de su país. Recibió el premio Nobel de la paz en 1984. © CMI/Peter Williams

Líder del cambio

El teólogo luterano Konrad Raiser fue secretario general del CMI desde 1993 hasta el final de 2003. Describió alguna vez su vocación ecuménica como una "segunda conversión". Durante un período a veces turbulento para el movimiento ecuménico, condujo al Consejo a una redefinición de su Entendimiento y Visión Comunes y a una revisión fundamental de la participación de las iglesias miembros ortodoxas. © CMI/Peter Williams

Aspiraciones compartidas

Cuando el CMI celebró su cincuentenario en la octava asamblea de Harare, el líder Nelson Mandela pidió al Programa del CMI para Combatir el Racismo una expresión de "auténtica solidaridad" que fuera "no sólo un apoyo caritativo de benefactores distantes, sino una lucha conjunta en favor de aspiraciones compartidas ". "Para nosotros, los del Sur y los de Sudáfrica, e incluso para todo el continente", afirmó, "el CMI ha sido siempre el defensor de los oprimidos y los explotados". © CMI/Chris Black