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Una visión que une diversas corrientes

En la asamblea constitutiva

El Consejo Mundial de Iglesias nació oficialmente el 23 de agosto de 1948 en Ámsterdam, donde delegados de 147 iglesias de 44 países se reunieron en la primera asamblea constitutiva. Aunque la confianza en el progreso humano había decaído tras la experiencia reciente de la guerra mundial, se seguía manteniendo un valiente sentido de rechazo frente a la trágica desunión del mundo, y una determinación radical de buscar la reconciliación.

Ninguna guerra fría entre Cristianos

El empeoramiento continuo de las relaciones políticas entre el Este y el Oeste se reflejó en la asamblea de Ámsterdam en un intercambio entre John Foster Dulles, laico presbiteriano que después llegó a ser secretario de estado de los EUA, y el teólogo checo Josef Hromádka (fotografía). Dulles describió el comunismo como el mayor obstáculo para la paz mundial. Hromádka abogó por una comprensión benevolente del mismo como fuerza de una justicia social que la iglesia y la civilización occidental deberían incorporar, pero que la habían ignorado en gran medida.
La Asamblea no permitió que esta diferencia de perspectivas destruyera su comunidad. Insistió en que ninguna civilización puede escapar al juicio radical de la palabra de Dios y rechazó explícitamente el supuesto de que el capitalismo y el comunismo eran las dos únicas opciones viables.

Reconstrucción y reconciliación

Durante la Segunda Guerra Mundial y después de ella, resultó evidente en todas partes la urgente necesidad de reconstrucción y reconciliación, con respecto tanto a los sufrimientos humanos como a la destrucción material. Para 1943, se había desarrollado la idea de que la reconstrucción era una tarea ecuménica cuyo fin era el restablecimiento de "toda la vida de la comunidad de iglesias".
Fotografía: Distribución de ayuda humanitaria en una oficina de París de la organización ecuménica CIMADE en 1955.

Crecimiento de la labor diaconal

A medida que se extendió en todo el mundo la ayuda ecuménica intereclesial, se produjeron cada vez más superposiciones entre las actividades del CMI y del Consejo Misionero Internacional. En un acuerdo de 1956 con el Consejo Misionero Internacional sobre qué tipo de proyectos apoyaría el CMI, se plantearon las preocupaciones surgidas en las juntas directivas misioneras en el sentido de que los programas de ayuda del CMI podrían arruinar decenios de esfuerzos encaminados a liberar a las "iglesias jóvenes" de la dependencia de fondos extranjeros, o de que el hincapié en el desarrollo desviaría a dichas iglesias de su tarea evangelizadora. En 1961, se integraron plenamente los dos consejos.
Fotografía: Familias de refugiados reciben zapatos producidos en un proyecto del CMI en Amman.

Aprendizaje ecuménico

"Un centro vigorizador y un laboratorio para todo el movimiento", así definió Visser 't Hooft el Instituto Ecuménico de Bossey, fundado en 1946. "Se creó para despertar a la iglesia por medio de la movilización espiritual del laicado". Sus primeros directores e inspiradores fueron dos teólogos laicos: Suzanne de Diétrich (derecha), luterana de Alsacia, empeñada desde hacía mucho tiempo en el Movimiento de Estudiantes Cristianos; y Hendrik Kraemer (izquierda) de los Países Bajos, primer director del Instituto y ex misionero y teólogo que había sido apresado por los nazis por protestar contra el trato impuesto a sus compañeros profesores judíos en la Universidad de Leiden.

Llamamiento para la paz

Nueve años después del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, cristianos japoneses presentaron una petición de paz en la asamblea del CMI celebrada en Evanston, Estados Unidos, 1954. La Asamblea hizo un llamamiento a los gobiernos de todo el mundo para que prohibieran todas las armas de destrucción masiva y se abstuvieran de toda agresión.

Crecimiento de una comunidad mundial

En la tercera asamblea celebrada en Nueva Delhi, India, en 1961 se registró la entrada en el CMI de cuatro grandes iglesias Ortodoxas del Este de Europa: las de Rusia, Rumania, Bulgaria y Polonia. La celebración de la asamblea en Asia fue un signo de crecimiento para el Consejo, desde sus orígenes sobre todo occidentales hasta un reconocimiento esperanzador de lo que significa una comunidad mundial.
Fotografía: Delegación Ortodoxa Rusa

Fe y Constitución

Una de las corrientes que confluyó en la comunidad del CMI fue el movimiento Fe y Constitución, que trataba de alcanzar un acuerdo sobre cuestiones de doctrina y constitución que dividían a las iglesias. En la cuarta conferencia sobre Fe y Constitución celebrada en Montreal en 1963, se amplió la participación para incluir a las iglesias de Europa Oriental y Pentecostales que se habían adherido al CMI en la asamblea de Nueva Delhi en 1961. Por primera vez, asistieron observadores de iglesias que no eran miembros del CMI: bautistas del Sur y luteranos sínodos de Missouri de los Estados Unidos, así como católicos romanos.
© CMI/John Taylor

Ministerio en el Delta de Missisipi

En 1964 el Consejo Nacional de Iglesias de los EUA pidió por primera vez un apoyo diaconal ecuménico internacional para su ministerio en el Delta del Missisipi. En esta zona del sur de los EUA, la población negra había sido víctima durante años del descarado racismo de los blancos que la mantenía en condiciones de extrema pobreza. El llamamiento en apoyo de proyectos de socorro, rehabilitación y reconciliación pedía contribuciones en dinero y la participación de voluntarios con experiencia de trabajo en zonas de tensión.

Iglesia y sociedad

Un debate vigoroso sobre cómo deberían responder los cristianos a los cambios revolucionarios en la cultura, la política, la economía, la ciencia y la tecnología, caracterizó la conferencia sobre iglesia y sociedad celebrada en Ginebra en 1966. Como comentó posteriormente un veterano ecumenista, fue significativo el hecho de que los resultados de una conferencia con una representación tan cuidadosamente equilibrada del Norte y el Sur y de todas las principales tradiciones confesionales, incluyendo participantes ortodoxos y observadores católicos romanos, "resultara tan radical que provocó la inquietud de algunas iglesias 'establecidas'".
© CMI/John Taylor