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Ahora que Hollywood rompe el silencio, ¿quedarán otras mujeres vulneradas aún más sumidas en la sombra?

Ahora que Hollywood rompe el silencio, ¿quedarán otras mujeres vulneradas aún más sumidas en la sombra?

La obispa Mary Ann Swenson. Foto: Paul Jeffrey/CMI

11 de enero de 2018

Versión en español publicada el: 17 de enero de 2018

La obispa Mary Ann Swenson se encuentra en una posición única como observadora y defensora de los derechos de las mujeres o, como ella se apresuraría a aclarar, “del trato justo de los seres humanos”, sea cual sea su género.

Como obispa residente de la Iglesia Metodista Unida de Hollywood, California (Estados Unidos de América), es pastora de miembros de la iglesia que, no solo estaban en la gala de los Globos de Oro, sino que estaban nominados a los premios. Y paralelamente, como vicemoderadora del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), la obispa Swenson es parte de una parroquia mundial, que viaja a comunidades muy alejadas de los privilegios de Hollywood, donde las mujeres son víctimas de la violencia y viven en comunidades donde se considera que ellas no tienen voz ni derechos.

Casi todas las mujeres presentes en los Globos de Oro de 2018, el 7 de enero, fueron vestidas de negro para reivindicar la igualdad de género y protestar por el endémico acoso sexual en Hollywood, en el país y en el mundo. La industria del cine se ha visto sacudida por una cascada de denuncias de abusos sexuales que han tenido lugar desde hace décadas.

“Por supuesto que vi la gala de los Globos de Oro, escuché los discursos y vi la emoción del público”, dijo Mary Ann Swenson. “Creo que es muy positivo que las mujeres se mostrasen solidaridad mutua, al vestir de negro y animar a otras mujeres a unirse a esta lucha”.

Durante la gala –y también antes y después del evento– tanto mujeres como hombres lucieron el pin con el eslogan de la campaña ‘Time's Up’ (Se acabó), creada por varios centenares de actrices y agentes, escritoras, directoras y ejecutivas de la industria del entretenimiento para denunciar las conductas sexuales inapropiadas en todo el país. La iniciativa funciona gracias al trabajo de voluntarios, entre los que se incluyen Ashley Judd, Eva Longoria, America Ferrera, Natalie Portman, Rashida Jones, Emma Stone, Kerry Washington y Reese Witherspoon.

La campaña nació cuando la Alianza Nacional de Campesinas –en nombre de 700 000 mujeres que trabajan en los campos agrícolas y empacadoras repartidos por todo Estados Unidos– envió una carta abierta de solidaridad a las actrices de Hollywood.

La obispa Swenson se alegró de ver crecer la campaña ‘Time's Up’. “La causa de nuestras trabajadoras agrícolas, empleadas de hoteles y restaurantes son asuntos de suma importancia. El sufrimiento de las mujeres es especialmente acusado en esos sectores y es necesario que haya igualdad y justicia”.

“Nunca habrá demasiadas campañas para promover la justicia y los derechos humanos”, añadió en alusión a la participación del CMI en la campaña mundial de larga data “Los jueves de negro”, para combatir la violencia contra las mujeres. Al igual que las mujeres que fueron a los Globos de Oro vestidas de negro, la comunidad del CMI, que representa a 348 iglesias miembros de todo el mundo, se viste de negro cada jueves, muchas veces haciendo pública su solidaridad a través de las redes sociales.

“Me alegra mucho que en el CMI seamos parte de la campaña de Los jueves de negro para dar ese testimonio”, dijo la obsipa. “Una de las cosas buenas de esta gala de los Globos de Oro es que ha ayudado a dar mucha visibilidad a un problema que todos nosotros intentamos resolver desde hace tiempo. Estamos comprometidos con el trato justo de todos los seres humanos. Este es un asunto interreligioso y de carácter mundial.

El peligro de transferir sistemas de valores

El año pasado la obispa Swenson viajó a Nairobi (Kenya) con una delegación del CMI, donde se reunió con líderes de iglesias que trabajan por la paz y la justicia. Al hablar de lo que se vivía en esas comunidades y estudiar la violencia de género, empezó una reflexión más profunda que ha llevado hasta esta nueva era de la lucha de los “Globos de Oro”.

“Sé que las mujeres africanas tienen problemas específicos, y que cada país es diferente y, de hecho, incluso cada comunidad tiene tradiciones diferentes”, dijo. “También las mujeres asiáticas tienen otros problemas diferentes. Hay que intentar conocer cada sistema de valores para poder determinar lo que es o no un trato justo e igualitario en cada cultura”.

“No pretendemos llevar nuestros valores estadounidenses a cada país. Lo que importa es tratar a las mujeres y los hombres con dignidad. Lo que defendemos, realmente, es que cada ser humano tiene valor ante Dios y que no debemos considerar que algunas personas tienen menos valor que otras. Ese es un aspecto crucial de todo esto”.

No todas las mujeres pueden hablar como han hablado las mujeres de Hollywood del acoso y el abuso sexual. “Muchas de esas mujeres de la industria del cine optaron por no denunciar los abusos porque estaban intentando prosperar en sus carreras. Mientras que algunas mujeres, sobre todo las pertenecientes a minorías raciales o étnicas, no tienen derechos ni voz. Ellas no avanzan jamás en carrera alguna por permitir que alguien con poder las maltrate impunemente”.

Los jueves de negro –y el CMI– van a esos lugares heridos del mundo. “Hacemos un verdadero esfuerzo por estar en esos lugares, allí donde están quienes no tienen voz”, afirmó la obispa Swenson.

Cuando se comparan campañas, ¿se comete en realidad el frecuente error de comparar las voces de mujeres diferentes de todo el mundo? “Me parece que deberíamos centrarnos en el objetivo –estemos donde estemos– de tener un efecto positivo en la lucha por la justicia para aquellos que han sido víctimas de maltrato físico, abuso o violación, sean quienes sean”, añadió.

Y cita a Mahatma Gandhi: “Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia.”

El abuso del privilegio y del poder tiene sus raíces en la codicia, agregó. “Lo que deberíamos plantearnos es de qué manera podemos crear una barrera de protección que ayude a todas las personas a reivindicar sus voces”.

*Susan Kim es una escritora independiente de Laurel, Maryland, Estados Unidos.

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