El movimiento ecuménico es un don de Dios Entrevista con John Radano
Por Friedrich Degenhardt (*)
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"El movimiento ecuménico es un don de Dios." Así habla monseñor John A. Radano en una pausa durante la reunión plenaria de la Comisión de Fe y Constitución, que tiene lugar en Kuala Lumpur del 28 de julio al 6 de agosto de 2004. Miembro destacado de la delegación católica romana en Kuala Lumpur, Radano está al frente de la Sección Occidental del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, y es el principal enlace entre el Vaticano y Fe y Constitución. Desde su época en el seminario en los Estados Unidos y bajo la influencia del Concilio Vaticano Segundo, el antiguo profesor ha centrado su interés y sus trabajos en el ecumenismo. Para él, es vital superar las divisiones entre cristianos, que le parecen un escándalo para el mundo.
-- ¿Que espera usted de esta reunión plenaria de la Comisión de Fe y Constitución?
Para mí el estudio sobre eclesiología sobre "Naturaleza y misión de la iglesia" es muy importante. Esta es una cuestión central en la mayoría de los diálogos bilaterales entre diferentes familias confesionales, y ahora su centralidad se ha acentuado en Fe y Constitución. Espero que gracias al debate sobre este estudio puedan ampliarse las perspectivas ecuménicas sobre eclesiología. Así los cristianos separados podrán tener cada vez más una perspectiva común sobre la iglesia. Este estudio menciona varias cosas que podemos decir juntos.
-- ¿Qué es lo que podemos decir juntos?
El estudio habla, por ejemplo, de las imágenes bíblicas de la iglesia: el "pueblo de Dios", el "cuerpo de Cristo", la iglesia como templo del Espíritu Santo, o la iglesia como comunión. También señala cuestiones particulares en las que estamos divididos, como la naturaleza del episcopado y la autoridad y cuestiones de ministerio.
-- ¿Conducirá un entendimiento común sobre eclesiología a una eucaristía común?
Nuestro entendimiento de la eucaristía está muy ligado a nuestro entendimiento de la iglesia. Por ello este estudio, al promover perspectivas comunes sobre la iglesia, será una ayuda en lo que toca a nuestro entendimiento común de los sacramentos, entre ellos la eucaristía. Se trata de llegar a una unidad plena. Necesitamos, entre otras cosas, tener un entendimiento común de lo que es la naturaleza y la finalidad de la iglesia fundada por Cristo.
-- ¿Concibe usted algún tipo de categoría de huésped en la eucaristía?
No para nosotros. Tal vez otros cristianos la conciben, pero no nosotros. Para nosotros, la eucaristía es una señal de unidad alcanzada, una expresión de comunión perfecta que existe. No es algo que uno hace para alcanzar la unidad. La eucaristía es la cumbre y la fuente de toda la vida de la iglesia. Por eso no concebimos la participación como huéspedes en el camino. Tenemos que ser muy francos en esto, aunque hacemos cuanto podemos para promover la unidad. Por eso estamos aquí.
-- ¿Y el bautismo es el punto de partida en el camino hacia la unidad?
Si podemos reconocer recíprocamente nuestro bautismo, es un punto de partida muy importante. Teológicamente, el documento de Fe y Constitución de 1982 "Bautismo, Eucaristía y Ministerio" (BEM) nos ayudó a desarrollar un entendimiento común del bautismo. Y en la respuesta católica oficial, nuestra evaluación fue muy positiva, aunque teníamos también algunas preguntas, cosas que todavía hay que discutir. Pero básicamente, si los cristianos pudieran aceptar este punto de vista, yo diría que tenemos un entendimiento común básico del bautismo.
Pero hay todavía muchos cristianos que rechazan el bautismo de niños. Y para algunos, el bautismo no es la entrada en el cuerpo de Cristo sino la afirmación de su compromiso personal de fe. Hay pues varias cuestiones todavía pendientes, y otros problemas aparecen. Hay algunas iglesias que no utilizan el agua. Y otras iglesias están desarrollando una fórmula en sustitución de las palabras "Padre, Hijo y Espíritu Santo". Estas prácticas hacen muy difícil el reconocimiento mutuo del bautismo.
La labor realizada en torno al documento BEM y el texto sobre el bautismo que tenemos aquí nos han hecho avanzar mucho hacia la posibilidad del reconocimiento mutuo del bautismo.
-- ¿Qué motivación personal tiene usted para trabajar en este proceso?
Creo que el trabajo en favor de la unidad de los cristianos refleja la voluntad de Cristo. Es básicamente una cuestión de teología y de fe. Cristo oró para que sus discípulos sean uno para que el mundo crea: ésta es la conexión entre la unidad y la misión de la iglesia.
Las divisiones entre cristianos van contra la intención de Cristo. Son además un escándalo para la gente, para el mundo. Y son un obstáculo para la predicación del evangelio. Mi motivación es contribuir dentro de nuestra iglesia y en los foros ecuménicos a superar esas divisiones.
-- ¿Es por eso tan importante la labor de Fe y Constitución?
Creo que el movimiento ecuménico es un don de Dios para ayudarnos en el empeño de rectificar siglos de separación y llevar a los cristianos a donde deberían estar según la intención y la oración de Cristo.
¿Podemos encontrar una identidad común con todas estas tradiciones aquí en Fe y Constitución? Es un empeño maravilloso, un empeño estimulante para el que todos necesitamos un espíritu de conversión de corazón, creando nuevas actitudes. Es un esfuerzo constante para cambiar nuestras mentes y empezar a confiar más y más unos en otros. Y una manera de hacerlo es entablar un diálogo sincero.
(*) Friedrich Degenhardt es periodista y se prepara para el ministerio en la Iglesia Evangélica Luterana de Elba Norte, Alemania.
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