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A pesar de la crisis, no podemos permitirnos recortar el gasto en salud

19.02.09

Por Dr. Manoj Kurian (*)

 

El desempeño de las economías cuando haya pasado el actual seísmo financiero dependerá de la medida en que los gobiernos y la sociedad civil sean capaces de ocuparse del bienestar y la salud de sus poblaciones durante la crisis.

 

Una de las preocupaciones continuas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) - la cuestión de cómo influye la crisis financiera en el gasto en salud en todo el mundo - interesa también a la sociedad civil y a las organizaciones de base religiosa. Es una buena señal que dos importantes reuniones propongan dentro de poco este asunto a la atención pública.

 

En abril, miembros de la Región Europea de la OMS se reunirán en Oslo para examinar los efectos de la crisis financiera en la salud. Ya en enero pasado la OMS organizó una consulta de alto nivel sobre la cuestión durante la reunión de su Consejo Ejecutivo en Ginebra. En julio, el programa sobre activos de salud religiosos de África (African Religious Health Assets) examinará la interrelación entre religión y salud en una conferencia que tendrá lugar en Ciudad del Cabo con el tema "Cuando se armonizan la religión y la salud: movilización de activos de salud religiosos para la transformación".

 

Aunque las sociedades de los países más ricos han resultado gravemente afectadas por la actual crisis financiera, el mundo no puede permitirse una reducción de sus actuales compromisos de gasto social. No se puede en manera alguna reducir los gastos en salud de los gobiernos u organizaciones de la sociedad civil.

 

Hoy en día, el tejido de la sociedad humana está tensado al máximo. Incluso antes de que la crisis financiera golpeara, un tercio de la población del África Subsahariana y más del 20 por ciento de la población del Sur de Asia padecían hambre.

 

En el pasado las crisis financieras - por ejemplo, la de comienzos de los 80, la de Asia a fines de los 90 y la latinoamericana de 2000 - han demostrado la función decisiva que pueden desempeñar las organizaciones de la sociedad civil en la recuperación de las sociedades.

 

Cuando la crisis amenaza a las comunidades, la sociedad civil está a su lado. Las cooperativas, los centros comunitarios, las mezquitas, los templos y las iglesias no desaparecen. Se mantienen, ayudando a las comunidades a sobrevivir. Los gobiernos deben mantener también sus compromisos.

 

En tiempos de crisis, una notable carga adicional recae sobre los proveedores de estos servicios en los sectores no gubernamentales y privados sin fines de lucro, entre los que figuran organizaciones como la Cruz Roja y la Media Luna Roja, así como cooperativas y movimientos de base religiosa o relacionados con iglesias.

 

La contribución de las organizaciones de base religiosa a la atención de salud es cada vez más reconocida. Un importante estudio realizado por el programa de activos de salud religiosos de África en 2006 estimó que entre el 30 y el 70 por ciento de los servicios de atención de salud en África pertenecían a organizaciones de base religiosa.

 

Aunque son muy valiosas las contribuciones de las organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro, éstas no se reflejan necesariamente en las partidas para la salud de los presupuestos gubernamentales. Es preciso que los gobiernos reconozcan los activos y servicios que proporciona la sociedad civil y los consideren como parte de su estrategia nacional; los tengan en cuenta; los ayuden y recurran a ellos; y los hagan responsables.

 

Aunque es demasiado pronto para afirmarlo, informes iniciales de varios países indican reducciones en el personal y otras medidas de ahorro adoptadas por varias organizaciones no gubernamentales, justo cuando la demanda de servicios ha aumentado notablemente. En algunos países, han disminuido las subvenciones del gobierno al sector privado sin fines de lucro, incluidas las organizaciones de base religiosa que proporcionan servicios de salud.

 

Muchas de las campañas decisivas para combatir enfermedades y avanzar en el cumplimiento de los objetivos mundiales en materia de salud pública para que puedan alcanzarse los Objetivos de Desarrollo del Milenio dependen decisivamente de la cooperación y apoyo internacionales. La reducción de la financiación pondría en peligro el tratamiento actual de millones de personas afectadas por enfermedades como el VIH y la tuberculosis. Esto no sólo violaría derechos fundamentales de estas personas, sino también tendría consecuencias potencialmente desastrosas para la salud pública.

 

Al mismo tiempo las organizaciones de la sociedad civil deben responder a preguntas difíciles. A la vez que interpelan con razón a los gobiernos y a la comunidad internacional, deben examinarse a sí mismas de manera valiente y sincera. ¿Están trabajando en unión con el conjunto de la sociedad civil? ¿Están trabajando en colaboración estrecha con los gobiernos? ¿Están ofreciendo sus activos - institucionales, humanos y financieros - al servicio de la sociedad y no de forma partidista?

 

Es preciso responder con sinceridad a estas preguntas en todos los niveles. La enseñanza duradera que la crisis financiera debe dejar a la sociedad es una mayor conciencia de qué es en último término su mayor activo: las personas.

 

(*) El Dr Manoj Kurian, médico de Malasia, es encargado del programa de salud y sanación del Consejo Mundial de Iglesias.

 

Financiación de los Sistemas de Salud de la Organización Mundial de la Salud (en inglés)

 

Reunión consultiva de alto nivel de la Organización Mundial de la Salud sobre la crisis económica y financiera y la salud mundial

 

Programa de activos de salud religiosos de África (en inglés)