Trabajar con organizaciones de personas que viven con el VIH/SIDA


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Índice


Capítulo 1: Introducción


Este documento se ha escrito para complementar el documento “Crear alianzas entre las iglesias y las organizaciones de personas que viven con el VIH y el SIDA: Directrices” (2005) del Consejo Mundial de Iglesias. En tanto que el documento sobre la creación de alianzas examina la cuestión de por qué las iglesias deben trabajar con organizaciones de personas que viven con el VIH/SIDA (PVVS), este documento se centra en cómo pueden las iglesias trabajar con las organizaciones y las redes de PVVS. Por ejemplo: ¿Qué temas deben tenerse en cuenta? ¿Cuáles son las necesidades de las personas que viven con el VIH/SIDA? ¿Cómo debería usted relacionarse con las PVVS? Se espera que las sugerencias prácticas de este documento le ayuden a establecer alianzas funcionales y efectivas.

Los capítulos 2 y 3 examinan algunas de las dificultades con que se enfrentan las iglesias y las organizaciones de PVVS en sus intentos por forjar alianzas. En esencia, evalúan el punto en que se encuentran actualmente las iglesias y las organizaciones de PVVS. Muchas de las cuestiones descritas ponen a prueba la compasión de las iglesias y su competencia en materia de VIH y SIDA y a menudo no hay respuestas fáciles. Por ejemplo, las cuestiones relacionadas con la prevención del VIH, como la prevención en el matrimonio y la abstinencia prematrimonial, y con la sexualidad humana, como las relaciones entre personas del mismo sexo, pueden dividir a las iglesias y crear obstáculos en la creación de alianzas con PVVS y entre distintas religiones. Aun cuando ciertas opiniones sean controvertidas e impopulares, las iglesias deben ser capaces de formular sus posiciones de forma lógica y coherente.

Análogamente, las organizaciones de PVVS también hacen frente a una serie de cuestiones que pueden dividir, como, por ejemplo, cómo responder a las personas que viven con el VIH/SIDA y que, a sabiendas, exponen a otras al riesgo de contraer el VIH; a los maridos o las personas con el VIH que fuerzan a sus mujeres o parejas; y, en algunas regiones, a la falsa creencia de que las relaciones sexuales intergeneracionales curan la infección del VIH.

El hecho de reconocer estas dificultades y trabajar hacia un entendimiento común con los asociados constituye un paso adelante para reducir las tensiones creadas por algunos de los problemas planteados y, quizás, para encontrar soluciones. Definir los límites permite a ambas partes ver lo que es posible y lo que no lo es, por lo que se pueden tomar decisiones con una mayor claridad.

Si bien los capítulos 2 y 3 exponen los antecedentes sobre la situación de las iglesias y las organizaciones de PVVS, el capítulo 4 constituye el núcleo del documento. Este capítulo proporciona información concreta sobre una serie de temas que necesitan abordarse para poder trabajar con las organizaciones de PVVS. Las secciones sobre confidencialidad, participación simbólica, capacitación, y seguimiento y evaluación son especialmente relevantes. Un tema recurrente es el papel que desempeñan las iglesias en la promoción y la defensa del acceso al tratamiento, incluida la terapia antirretrovírica.

Los recuadros ponen de relieve cuestiones específicas o proporcionan ejemplos de proyectos, programas o alianzas que han tenido éxito. El material gráfico que aparece en este documento procede de varios estudios e informes. Una de las ventajas de la mayor cooperación y el desarrollo de alianzas entre las iglesias y las organizaciones de PVVS es que habrá un creciente cuerpo de conocimiento sobre cómo trabajar juntos y cómo hacer frente a los períodos de incertidumbre, descontento y, quizás incluso, de confrontación.

Los anexos contienen: un marco para una autoevaluación sobre los conocimientos en materia de SIDA, unas pautas para el uso correcto del lenguaje relacionado con el VIH y el SIDA, un pacto sobre el VIH/SIDA y un cuadro sobre el desarrollo de la capacidad humana.

Por favor, obsérvese que los textos completos de las declaraciones de las iglesias sobre el VIH que figuran en el Anexo 1 se encuentran a disposición en la página web del CMI consagrada a los temas relacionados con la salud: www.contactforhealth.org. Si no tiene acceso a Internet, puede obtener copias poniéndose en contacto con:

Dr. Manoj Kurian
Encargado de programa, Salud y Curación
Misión y Formación Ecuménica
Consejo Mundial de Iglesias
Apartado Postal 2100
1211 Ginebra 2
Suiza
Tel: +41 22 791 62 23
Fax: +41 22 791 61 22
mku@wcc-coe.org

Capítulo 2 : Una mirada al interior...


Este capítulo examina algunas de las dificultades con que se encuentran las iglesias y las organizaciones de PVVS al intentar forjar alianzas.

En esta sección se reconoce la transición que ha tenido lugar en muchas iglesias, pero cuestiona si se ha pasado de la palabra a la acción. También pone de relieve las dificultades prácticas que pueden surgir al involucrar a PVVS y al llevar a cabo diferentes estrategias o iniciativas para erradicar el estigma relacionado con el VIH.

En cuanto se refiere a las organizaciones de PVVS, este capítulo destaca que el término “PVVS” engloba una diversidad de personas y traza la historia del movimiento de PVVS antes y después de la formulación del principio de una mayor participación de las personas que viven con el VIH/SIDA (MPPS) durante la Conferencia de París, el 1 de diciembre de 2004. También pone de manifiesto algunos de los temas tabú relacionados con las PVVS e indica que las alianzas con las iglesias ofrecen la posibilidad de entablar un diálogo para encontrar soluciones a estas difíciles cuestiones.

2.1 Una mirada al interior de su iglesia

Pacto 8: La Iglesia, las PVVS y el VIH/SIDA1

Recordaremos, proclamaremos y actuaremos basándonos en el hecho de que somos el cuerpo de Cristo y si un miembro sufre, todos sufrimos con él; que Dios, nuestro Señor, se identifica con los afligidos y los marginados y cura a los enfermos (1ª. Corintios 14:26; Mateo 25:31-46). Por lo tanto, nos convertiremos en una comunidad de compasión y curación, un lugar seguro donde todas las PVVS puedan vivir abiertamente y de forma productiva.

 

Puesto que si se empieza mal muchas buenas ideas pueden irse al traste debido a obstáculos insuperables, tanto las iglesias como las organizaciones de PVVS deben prepararse a trabajar juntas antes de iniciar el viaje común que supone una alianza. Muchas personas que viven con el VIH/SIDA han sido estigmatizadas en sus comunidades y han sufrido discriminación institucional, a veces, por parte de las iglesias. La sensación de gran parte de la opinión pública de que las iglesias condenan a los pecadores y promueven unas directrices muy restrictivas en materia de prevención del VIH ha llevado a que, en algunas regiones del mundo, muchas personas se hayan formado ideas negativas respecto a la respuesta de las iglesias al VIH. Existe una necesidad de reconciliación a nivel individual, pero también entre individuos, y entre los individuos y sus iglesias. Para que esto sea posible, las iglesias y las PVVS deben poder escuchar y ser francas, humildes, capaces de perdonar y ante todo de mostrar un amor verdadero.

En algunas iglesias y organizaciones religiosas ha reinado, y en algunos casos sigue reinando, un clima de negación respecto a las cuestiones relacionadas con el VIH y el SIDA. El estudio Siyam’kela en Sudáfrica, por ejemplo, reveló que tal era el caso especialmente en las congregaciones cristianas de clase media, así como en las comunidades musulmanas, que no creían que el VIH y el SIDA fueran un problema en sus comunidades2.

Como se resume en el documento complementario Crear alianzas entre las iglesias y las organizaciones de personas que viven con el VIH/SIDA: Directrices (2005) del Consejo Mundial de Iglesias, si bien las iglesias de muchos lugares distintos están respondiendo al VIH, algunas todavía lo niegan. El SIDA plantea muchas cuestiones, algunas de las cuales, previamente, han sido tabú o muy difíciles de abordar, como por ejemplo: el abuso o la violencia sexual, la violación, el incesto y la infidelidad, el consumo de drogas, así como aceptar la muerte y el morir o la sexualidad innata a todo ser humano. Como se expone en el capítulo 3, las iglesias deben hacer frente a una serie de cuestiones en torno a la prevención del VIH, el pecado y la sexualidad. En cierto modo, no es sorprendente que, tras veinte años de pandemia mundial, las iglesias todavía estén debatiéndose sobre cómo responder.

Muchas iglesias han llevado a cabo numerosas intervenciones, principalmente en el ámbito de la atención y el apoyo a las PVVS, mediante programas que corresponden a las respuestas tradicionales de las iglesias. Así pues, las organizaciones religiosas han respondido a las necesidades específicas de las PVVS procurándoles apoyo material, mediante programas alimentarios y distribución de comida, la creación de grupos de apoyo para los miembros de las comunidades religiosas que viven con el VIH y el SIDA o están afectados por la enfermedad, y también ofreciéndoles atención pastoral. Asimismo, las iglesias han formado grupos de apoyo y oración.

Cuando ha sido posible, las organizaciones religiosas han intentado responder a las necesidades de atención sanitaria de las PVVS a través de programas de atención a domicilio o del establecimiento de centros de cuidados paliativos. También están empezando a suministrar terapias antirretrovíricas. El Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud estima que el 26,7% de los centros especializados en el tratamiento del VIH/SIDA en el mundo son centros católicos3. Sin embargo, este trabajo depende de tener la financiación necesaria y el personal con la formación adecuada4.

Los dirigentes religiosos pueden mostrarse sensibles a las necesidades de las PVVS y están empezando a desempeñar un papel en la promoción de una cultura de aceptación y respeto para con las PVVS, que conlleva nociones de responsabilidad y tolerancia5. A menudo es necesario procurar atención espiritual y moral a aquellos que viven con el VIH y el SIDA y están afectados por la enfermedad porque es posible que experimenten sentimientos difíciles, tales como: miedo a la muerte, depresión, ideas de suicidio, culpa, angustia, ira, negación, trauma, rechazo y aislamiento, provocados por la estigmatización6. Así, un dirigente religioso propuso, en el marco del estudio Siyam’kela, que la iglesia facilitase la curación emocional de las personas que descubren que son VIH-positivas mediante la creación de un entorno “humano y afectivo” a través, por ejemplo, del asesoramiento pastoral y las oraciones7.

Dado que el VIH y el SIDA solo han sido verdaderamente incorporados a los esfuerzos de las iglesias o las congregaciones recientemente, algunas iglesias, al igual que muchos gobiernos y otras organizaciones, han cometido errores que han contribuido a aumentar el estigma y la discriminación relacionados con el VIH. En 2001, el Canónigo Gideon Byamughisha señaló que “todos sabemos actualmente que cuando se trata del VIH/SIDA no es la condición en sí la que más lastima (dado que muchas otras enfermedades y situaciones conllevan graves sufrimientos y muerte), sino la estigmatización y la posibilidad de rechazo y de discriminación, la incomprensión y la pérdida de confianza con que se ven confrontadas las personas seropositivas”8. Algunas iglesias y algunos individuos todavía estigmatizan y discriminan a las PVVS. Sin embargo, la gran mayoría de iglesias han hecho, y hacen, grandes esfuerzos para romper el estigma tanto en la iglesia como en la sociedad en general. El alcance del cambio es muy variable de una región a otra, así como de una iglesia a otra e incluso en el interior de una misma iglesia. Las reacciones entre los dirigentes y los miembros de una iglesia también pueden ser distintas. A veces los dirigentes avanzan más rápido que sus feligreses y a veces un obispo recalcitrante impide que los miembros de su iglesia actúen de una forma cristiana. El recuadro 2, “Consejo de Iglesias de Jamaica: formular una política sobre el VIH/SIDA”, proporciona un ejemplo de la variabilidad de respuestas.

De 2001 en adelante, varios órganos directivos de las iglesias han hecho una serie de declaraciones sobre el VIH/SIDA. Las más importantes se enuncian en el recuadro 1.

 

Recuadro 1: Lista de declaraciones de las iglesias y las organizaciones religiosas desde 2001 hasta 20049

2001

Conferencia de Iglesias de Toda el África, Declaración de Kampala-Mukono. Kampala-Mukono (Uganda), 15-17 de enero de 2001.

Iglesia de Noruega, Declaración de la Conferencia de Obispos. Abril de 2001.

Conferencia de Iglesias de Toda el África, Declaración de Dakar. Dakar (Senegal), 23-25 de abril de 2001.

Conferencia de los Obispos Católicos de África Meridional, Un mensaje de esperanza al pueblo de Dios de parte de los Obispos de Sudáfrica, Botswana y Swazilandia. Pretoria (Sudáfrica), 30 de julio de 2001.

Comunión Anglicana en África, “Nuestra visión, nuestra esperanza”: El primer paso. Johannesburg (Sudáfrica), 22 de agosto de 2001.

Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (EHAIA), Plan de acción, “Consulta Mundial sobre la Respuesta Ecuménica al Desafío del VIH/SIDA en África”. Nairobi (Kenia), 25-28 de noviembre de 2001.

Conferencia Cristiana de Asia, Consulta sobre el VIH/SIDA, Llamamiento a una respuesta religiosa: Declaración. Chiang Mai (Tailandia), 25-30 de noviembre de 2001.

2002

Federación Luterana Mundial, Compasión, Conversión , Asistencia: Respuesta de las iglesias a la pandemia del VIH/SIDA. Plan de acción de la Federación Luterana Mundial, 18 de enero de 2002.

Primados Anglicanos, Informe de la reunión de Primados de la Comunión Anglicana. Apéndice III: Declaración de los Primados Anglicanos sobre el VIH/SIDA. Canterbury (Reino Unido), 17 de abril de 2002.

Consulta Panafricana de Dirigentes de la Iglesia Luterana, Romper el silencio, Compromisos de los dirigentes de la Iglesia Luterana en respuesta a la pandemia del VIH/SIDA. Nairobi (Kenia), 2-6 de mayo de 2002.

Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y la Conferencia Cristiana de Asia (CCA), Informe de la consulta del CMI y la CCA sobre “Una agenda ecuménica para combatir el VIH/SIDA en el Sur de Asia”. Colombo (Sri Lanka), 24-26 de julio de 2002.

Consejo de Provincias Anglicanas de África (CAPA), Declaración sobre el SIDA de la reunión de la junta directiva de CAPA. Nairobi (Kenya), 19-22 de agosto de 2002.

YWCA Mundial, Comité Ejecutivo. Ginebra (Suiza), noviembre de 2002.

YWCA Mundial, Comité Ejecutivo: Política sobre el VIH/SIDA. Ginebra (Suiza), noviembre de 2002.

2003

Federación Luterana Mundial, Consulta regional latinoamericana sobre el Plan de acción de la Federación Luterana Mundial: “Compasión, Conversión, Asistencia” – Justicia, conversión e integración. Catia la Mar (Venezuela), marzo de 2003.

Primados de la Comunión Anglicana, Carta pastoral de los Primados de la Comunión Anglicana. 27 de mayo de 2003.

Consejo de Misión Mundial, Declaración de la Asamblea. Ayr (Escocia), 15-25 de junio de 2003.

Federación Luterana Mundial, Versión adoptada del mensaje de la Décima Asamblea. Winnipeg (Canadá), 21-31 de julio de 2003.

YWCA Mundial, Resolución del Consejo Mundial: Salud reproductiva y sexualidad. Brisbane (Australia), julio de 2003.

Ayuda de la Iglesia Noruega, Una declaración de política de Ayuda de la Iglesia Noruega sobre el VIH/SIDA. Aprobada por la junta directiva de Ayuda de la Iglesia Noruega, 29 de septiembre de 2003.

Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar, La Iglesia en África frente a la pandemia del VIH/SIDA. Mensaje emitido por el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM). Dakar (Senegal), 7 de octubre de 2003.

División Centro Oriental Africana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Taller sobre el VIH/SIDA. La declaración de Nairobi de la División Centro Oriental Africana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nairobi (Kenya), 10-13 de noviembre de 2003.

Iglesia de Nigeria (Comunión Anglicana). Comunicado, Plan estratégico nacional sobre el VIH/SIDA y seminario de elaboración de políticas. Abuja (Nigeria), 10-14 de noviembre de 2003.

Conferencia Cristiana de Asia, Consejo Mundial de Iglesias, Christian Aid, Ayuda de la Iglesia Noruega, Misión Evangélica Unida, Ministerio del SIDA de la Iglesia de Cristo de Tailandia, Coalición Ecuménica de Turismo en el Tercer Mundo, Declaración de la conferencia interreligiosa sobre el SIDA: Porque somos vecinos. Bangkok (Tailandia), 20-25 de noviembre de 2003.

Obispos Católicos de Myanmar, Carta pastoral sobre el VIH/SIDA y la Respuesta de la Iglesia. Diciembre de 2003.

Obispos Católicos de la India, Carta pastoral de los obispos indios para el Día Mundial del SIDA 2003: El desafío de ser su luz hoy. 1 de diciembre de 2003.

Federación Luterana Mundial y Misión Evangélica Unida, “Pacto de Vida” (Covenant of Life): Declaración de Compromiso de la Consulta de Dirigentes de Iglesias Asiáticos sobre el VIH/SIDA. Isla de Batam (Indonesia), 1-4 de diciembre de 2003.

Memorando de intención, Consulta estratégica sobre las iglesias y el VIH/SIDA en Europa oriental y central. San Petersburgo (Rusia), 15-18 de diciembre de 2003.

2004

Iglesia Ortodoxa Rumana, Su Beatitud Teoctist, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rumana, Un mensaje que exhorta al amor y la compasión para los que sufren del VIH/SIDA. Rumania, 27 de enero de 2004.

Reunión Regional facilitada por el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) y auspiciada por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), Iglesia y VIH/SIDA en América Latina y el Caribe: ¿Qué estamos haciendo?, ¿Qué podemos hacer?. Panamá City (Panamá), 27 de enero-1 de febrero de 2004.

Alianza Mundial de ACJ, Foro mundial de capacitación sobre el VIH/SIDA: Marco estratégico para un plan de acción sobre el VIH/SIDA. Durban (Sudáfrica), marzo de 2004.

Alianza Mundial de ACJ, Foro mundial de capacitación sobre el VIH/SIDA: Declaración del movimiento ACJ sobre el VIH/SIDA. Durban (Sudáfrica), marzo de 2004.

Iglesias miembro del Consejo Mundial de Iglesias de la región del Pacífico, Declaración de Nadi: una declaración de las Iglesias miembro del Consejo Mundial de Iglesias de la región del Pacífico sobre el VIH/SIDA. Nadi (Fiji), 29 de marzo – 1 de abril de 2004.

Alianza Mundial de ACJ, Recomendaciones sobre el VIH/SIDA adoptadas por el Comité Ejecutivo de la Alianza Mundial. Hong Kong, 2 de abril de 2004.

Iglesia Metodista Unida, Resolución sobre el fondo mundial contra el SIDA, adoptada por la Conferencia General de 2004. Pennsylvania (Estados Unidos), 27 de abril-7 de mayo de 2004.

Iglesia Metodista Unida, Resolución sobre las drogas y el SIDA, adoptada por la Conferencia General de 2004. Pennsylvania (Estados Unidos), 27 de abril-7 de mayo de 2004.

Red de Acción Musulmana Asiática (AMAN), Fundación Asiática de Recursos y Red Musulmana Tailandesa, Pre-conferencia sobre el seminario musulmán sobre el VIH/SIDA. En el nombre de Alá, el Bienhechor, el Misericordioso. Bangkok (Tailandia), 9 de julio de 2004.

Obispo anglicano, Comunicado, Retiro de los Obispos de la Iglesia de la Provincia de África Central. Malawi, 13-14 de julio de 2004.

Misión Evangélica Unida, Política Programática anti VIH/SIDA, adoptada por la Asamblea General de la Misión Evangélica Unida en Manila, octubre de 2004.

América Latina, Mensaje de las iglesias, organizaciones y programas con motivo del Día Mundial del SIDA, enfocado en “Las Mujeres, las niñas y el VIH y el SIDA”. 1 de diciembre de 2004.

Grupo interreligioso, Conferencia internacional interreligiosa sobre la prevención y el control del VIH/SIDA. Delhi (India), 1-2 de diciembre de 2004.

Declaración del Cairo de dirigentes religiosos de los Estados Árabes en respuesta a la epidemia del VIH/SIDA. Cairo (Egipto), 11-13 de diciembre de 2004.

 

A lo largo de la historia del VIH y el SIDA, las organizaciones de PVVS, las organizaciones no gubernamentales (ONGs), la ONU y los gobiernos han hecho cientos de declaraciones, a nivel local, nacional e internacional, pero muy pocas se han llevado a cabo. Las declaraciones pueden servir para dirigir la atención de una iglesia sobre un tema determinado. La cuestión que se plantea a las iglesias, que quieren ser consideradas creíbles y responsables, es si todo el tiempo, energía y dinero invertidos en reunir a dirigentes y formular declaraciones conduce realmente a acciones concretas y coherentes en los países y las parroquias, que tengan efectos tangibles en las vidas de las personas.

La mayoría de declaraciones ponen de relieve que las iglesias y las organizaciones ecuménicas luchan contra el estigma relacionado con el VIH y el SIDA. Una manera eficaz de llevar a cabo las intenciones expresadas en las declaraciones es encontrar formas concretas y sostenibles de trabajar con las PVVS y sus organizaciones. La aplicación de las declaraciones puede constituir un indicador para hacer un seguimiento y una evaluación de las alianzas.

Discusión

  • Su parroquia o iglesia, ¿está al día respecto a las declaraciones hechas por sus dirigentes?

  • ¿Qué se ha hecho en su parroquia para aplicar los puntos de la declaración hecha por su iglesia?

  • ¿Quién, en su parroquia o iglesia, es responsable de hacer un seguimiento de la aplicación de los compromisos contraídos en la declaración?

 

El ejemplo que se ofrece a continuación, en el recuadro 2, “Consejo de Iglesias de Jamaica: formular una política sobre el VIH/SIDA”, ilustra cómo las iglesias de Jamaica y de otros países del Caribe responden al estigma relacionado con el VIH y señala las dificultades con que se encuentran.

Recuadro 2: Consejo de Iglesias de Jamaica: formular una política sobre el VIH/SIDA”10

Varios dirigentes de iglesia admitieron que el mayor obstáculo para llevar a cabo una actividad relacionada con el VIH/SIDA en sus comunidades era el estigma y la discriminación contra las personas infectadas por la enfermedad. Las iglesias no obtienen una respuesta favorable por parte de la comunidad, dijo Ainsley Reid, director del proyecto sobre el VIH/SIDA del Consejo de Iglesias de Jamaica. Hay personas (miembros del clero) entusiastas, que quieren hacer algo, pero la Jamaica rural plantea un gran problema a causa del estigma que existe a nivel comunitario.

Por otra parte, Reid dijo que los pastores y dirigentes laicos que participaron en un taller en St. James, en diciembre de 2004, también tenían sus propias “ideas erróneas” sobre la enfermedad y sobre cómo se contrae. Ese taller fue el segundo de una serie de cuatro talleres organizados por el Consejo de Iglesias de Jamaica para sensibilizar a más de 140 clérigos y dirigentes laicos de toda la isla sobre el VIH.

El trabajo del Consejo de Iglesias de Jamaica se inscribe en el marco del proyecto “Construir una respuesta religiosa al VIH/SIDA en el Caribe”, iniciado en junio de 2003, en el que participan varias organizaciones interreligiosas de otros 13 países de CARICOM. Este proyecto, dirigido por el Consejo de Iglesias del Caribe, ha recibido una ayuda financiera de 2 millones de dólares canadienses de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (CIDA). Un componente fundamental del proyecto es la elaboración de unas directrices que guíen a las iglesias de la región en el desarrollo de sus propias estrategias de intervención.

Un comité interreligioso de política sobre el VIH/SIDA, convocado por el Consejo de Iglesias del Caribe para el mes de mayo de 2005, está preparando un documento sobre “Directrices destinadas a las organizaciones religiosas del Caribe para la elaboración de políticas y planes de acción para hacer frente al VIH/SIDA”.

 

Se necesitan muchas estrategias diferentes para contrarrestar el estigma. En el recuadro 3, “Estrategias para la Esperanza: ¿Qué puedo hacer?” se hace referencia a un nuevo vídeo, concebido para combatir el estigma, la vergüenza, la discriminación y la negación en torno al VIH en las iglesias. El vídeo muestra al canónigo Gideon Byamugisha de Uganda, uno de los primeros sacerdotes africanos en revelar su estado VIH-positivo. Para más información sobre el Reverendo Gideon, véase el recuadro 20, “El canónigo Gideon Byamugisha: la Iglesia Anglicana defiende a sus pastores”, en la sección 4.3 Confidencialidad.

Recuadro 3: “Estrategias para la Esperanza: ¿Qué puedo hacer?”

Si bien las iglesias de todo el mundo han proporcionado atención sanitaria, asesoramiento y apoyo material a muchas personas que viven con el VIH y el SIDA, han sido menos eficaces en hacer frente a cuestiones como el estigma y la discriminación relacionados con el VIH. Muchas iglesias no han hecho caso del VIH y el SIDA por considerar que no era una cuestión que afectara a sus propios miembros, o han adoptado actitudes de condena hacia las personas que viven con el VIH.

En el vídeo titulado ‘¿Qué puedo hacer?’, el canónigo Gideon habla sobre la necesidad de que sus hermanos cristianos dejen de lado las actitudes de condena hacia las personas VIH-positivas, y que en cambio les ofrezcan amor y apoyo. Las iglesias deben propagar la esperanza, y no el miedo, dice. Asimismo, explica que su esposa murió de una enfermedad relacionada con el VIH y que él descubrió que también era VIH-positivo. Aceptó su estado y lo reveló a su familia y amigos, y a su obispo. Posteriormente, se casó con una mujer que también era VIH-positiva.

El canónigo Gideon habla sobre la dificultad encontrada al comprar preservativos, porque la gente suele asociar los preservativos a la inmoralidad, y describe cómo ha convertido estas situaciones en sesiones educativas improvisadas sobre el SIDA.

El vídeo se divide en cortas secuencias sobre temas como ‘Hacer frente al estigma’, ‘¿Por qué hacerme la prueba del VIH?’ o ‘Desafíos para la iglesia’, y va acompañado de una guía para facilitadores. La producción del vídeo y de la guía ha sido copatrocinada por Christian Aid, Visión Mundial Internacional, el Banco Mundial y la Federación Luterana Mundial.

Estos nuevos materiales se pueden adquirir en TALC (Teaching-aids At low Cost”): el vídeo existe en formato VHS (£16) o en DVD (£20) y la guía para facilitadores cuesta £2. Las organizaciones africanas que no tienen fondos para comprar estos materiales, pueden pedir copias gratuitas. Por favor escriba una presentación sobre su organización, explicando cómo piensa utilizar estos materiales. El vídeo y la guía pueden pedirse en TALC:

E-mail: info@talcuk.org

Tel: + 44 (0) 1727 853869

 

Para reducir el estigma se requiere una amplia gama de actividades. Las organizaciones religiosas ya participan en muchas de ellas. El recuadro 4, “Programa sobre el VIH, 2003-2006, de la Iglesia de la Provincia de África Meridional”, destaca que el objetivo se alcanzará mediante la suma de las distintas actividades.

Recuadro 4: Programa sobre el VIH, 2003-2006, de la Iglesia de la Provincia de África Meridional11

El programa de la Iglesia de la Provincia de África Meridional, que recibe el apoyo de Christian Aid, es ambicioso y complejo. Tiene el propósito de hacer frente al estigma y la discriminación en la iglesia y la comunidad en general, y de apoyar una amplia gama de programas de atención y prevención del VIH. Si bien las iglesias de África a menudo tienen ideas bastante conservadoras y a veces han contribuido a promover el estigma y las actitudes negativas hacia las PVVS, este programa pretende contrarrestar estas opiniones. En los 6 países (y 26 diócesis) en los que se lleva a cabo, existe una gran variedad de enfoques y algunas diócesis cuentan con una mayor participación de PVVS y con programas más desarrollados que otras. El reto es apoyar a todas las diócesis para que desarrollen y amplíen su trabajo, y para ello se considera que es esencial trabajar con la Red africana de dirigentes religiosos que viven con el VIH y el SIDA o están personalmente afectados (ANERELA+).

Desde el 24 de junio de 2004, en el marco del programa, se ha contratado a personal y formado a los empleados de la Iglesia de la Provincia de África Meridional en materia de VIH, y se ha establecido una oficina para dirigir el programa del VIH. Veintitrés diócesis de seis países ya habían recibido anteriormente apoyo para su trabajo sobre el VIH y pudieron ayudar a acceder a otras fuentes de financiación. Además, se les proporcionó asistencia para fortalecer la cooperación y el diálogo ecuménicos e interreligiosos. También se ofreció formación a los clérigos y a los dirigentes laicos, aspecto en el que ANERELA+ contribuyó en gran medida. La Iglesia ha iniciado ahora un programa para apoyar activamente a los miembros que viven con VIH y alentarlos a que participen plenamente en el programa, para lo cual han planeado un retiro para finales de 2005, en el que ANERELA+ desempeñará un papel de liderazgo.

Se están elaborando programas y políticas sobre el lugar de trabajo para proteger los derechos de los empleados de la iglesia, los clérigos y los dirigentes laicos que viven con el VIH y el SIDA. Se ha preparado información sobre el acceso a subsidios sociales, y se han establecido conexiones con otras iglesias y organizaciones religiosas y comunitarias.

Véase “From Boksburg to Canterbury – Steps to Putting HIV/AIDS on the Anglican Map” (De Boksburg a Canterbury: medidas para incorporar el VIH/SIDA al mapa anglicano”) disponible en inglés en http://www.anglicancommunion.org/special/hivaids/

 

A pesar de que muchas entidades religiosas se han empezado a dar cuenta de la importancia de fomentar la franqueza y el realismo para responder al VIH y el SIDA, las comunidades religiosas todavía tienen un largo camino por recorrer, especialmente en cuanto se refiere a comprender realmente cómo integrar los mensajes relativos al VIH y el SIDA en todos los aspectos de su trabajo. No basta con establecer una red o un grupo de autoayuda para PVVS, si por otra parte la comunidad religiosa sigue estigmatizando. Ayuda de la Iglesia Noruega (NCA, por su sigla en inglés), tal como se describe a continuación en el recuadro 5, tuvo una experiencia que refleja claramente esta situación.

Recuadro 5: Desestigmatizar el VIH en la iglesia: comunicación interna12

Ayuda de la Iglesia Noruega (NCA) apoyó a una gran organización religiosa, que trabaja en una zona urbana muy pobre, a establecer un grupo de autoayuda para PVVS. El grupo se reunía, periódicamente, una vez por semana en el recinto de la iglesia. Como el estigma y la discriminación constituían un serio problema en esta zona, al cabo de muy poco tiempo el grupo ya era muy popular y apreciado por las PVVS, que lo consideraban un “refugio”, un lugar para recibir apoyo y asesoramiento colectivo.

Un aspecto curioso del grupo era que estaba principalmente compuesto por hombres y mujeres de más de 35-40 años de edad, aunque era entre los adultos entre 18 y 24 años que la prevalencia del VIH en esa área era muy alta. ¿Por qué estos no venían nunca? Después de unas charlas informales con los miembros del grupo, el motivo estaba claro: en la misma calle, un poco más arriba, la iglesia llevaba a cabo unos programas de formación profesional y de generación de ingresos destinados a los pobres urbanos, en los que no se admitía a PVVS. En otras palabras, las personas más jóvenes que vivían con el VIH/SIDA no podían permitirse que se las identificara con el grupo de PVVS, pues necesitaban la formación y los ingresos de las actividades organizadas por la iglesia para mantenerse a ellas mismas y a sus familias. Por consiguiente, se veían obligadas a ocultar su estado VIH-positivo. Cuando se expuso este caso a los dirigentes de la iglesia, resultó que estaban al corriente de esta práctica pero no se habían percatado ni del dilema ético ni de los mensajes contradictorios que la iglesia estaba difundiendo.

 

De un modo similar, durante un seminario teológico enfocado en el estigma relacionado con el VIH/SIDA, que tuvo lugar en Namibia en 2003, se indicó que:

En relación con el VIH y el SIDA, la experiencia ha demostrado que la mejor forma de prevención es la educación veraz. Esto se aplica a las ‘verdades de hecho’ (qué es el VIH, cómo se transmite, cómo puede prevenirse y qué sucederá si una persona se infecta), pero también se aplica a la ‘verdad de significado’, que es un tema que las iglesias están bien dotadas para explorar. La ‘verdad de significado’ hace referencia al significado del sufrimiento, la naturaleza del pecado, la relación entre vida y muerte y la búsqueda del espíritu de Dios.

Existe la necesidad urgente de crear comunidades que sean receptivas, solícitas y capaces de romper el silencio que rodea al VIH y el SIDA. En principio, muchas iglesias están comprometidas en este cometido. Pero es difícil imaginar cómo pueden conseguirlo sin un doloroso examen de conciencia a nivel de las propias instituciones, y también de sus jerarquías, clérigos y fieles. Para las iglesias, decir la verdad puede implicar el reconocimiento de que han sido cómplices de la estigmatización. Tal vez hayan defendido una ‘teología malvada’ o no hayan sido capaces de cuestionarla. Es posible que hayan tolerado un clima de silencio y negación a nivel institucional, que hayan diluido o malinterpretado los hechos en sus programas educativos, que no hayan ofrecido un liderazgo profético sólido y que hayan sido responsables del mal ejemplo moral que a veces existe dentro de las propias iglesias. Conviene recordar que Jesús era particularmente crítico con las personas religiosas a las que desenmascaraba en su hipocresía13.

Si las iglesias quieren participar de forma eficaz en las respuestas locales, regionales e internacionales a la epidemia, entonces deben afrontar las cuestiones de estigma y discriminación no sólo a nivel de organización y práctica eclesiásticas, sino también por lo que se refiere a la propia teología cristiana: qué se enseña en los seminarios; qué explican, escriben y piensan los teólogos académicos; qué creen y hacen los fieles, y qué valores subyacen a la formación pastoral de los clérigos y laicos14. Pero esto impone una gran presión a los que enseñan en esos contextos –que tal vez sepan poco o nada acerca del VIH y el SIDA– y a aquellos cuyo sustrato cultural y su formación es improbable que les hayan proporcionado las herramientas para reflexionar teológicamente sobre el tema15. Existen algunos materiales prácticos que han sido específicamente escritos para aportar una respuesta teológica al VIH/SIDA16. Sin embargo, es necesario que más iglesias elaboren un programa de estudios que incluya las vivencias de las PVVS enfocado en la teología de la compasión, la asistencia y la curación del VIH y el SIDA y que aborde cuestiones como la reprobación y la condena.

Al fin y al cabo, el conflicto para la humanidad es celebrar la diferenciación y potenciarla para que sea aún más enriquecedora en la comunidad. A menos que los líderes eclesiásticos estén dispuestos a mostrarse de forma pública y constante con los estigmatizados, nuestras acciones no serán creíbles ni eficaces17.

2.2 Una mirada al interior del movimiento de personas que viven con el VIH/SIDA

En todas partes del mundo, ante la aparición del VIH, las PVVS han establecido a menudo redes o grupos de autoayuda, apoyo y empoderamiento, así como organizaciones, en general basadas en la noción de “vivir de forma positiva”, lo cual implica:

  • Buscar salud espiritual, pidiendo, por ejemplo, fuerzas a Dios, o mediante la meditación, la oración o el asesoramiento pastoral.

  • Buscar salud mental, uniéndose, por ejemplo, a grupos de autoayuda, o compartiendo sentimientos con la familia y los seres queridos, los niños incluidos, o pensando de forma positiva y revaluando los motivos por los que vivimos.

  • Tomar buenas decisiones respecto a la salud, es decir, obtener ayuda médica cuando se está enfermo, comer sanamente, beber mucha agua, tener una buena higiene, descansar cuando sea necesario, no fumar, consumir alcohol o drogas, proteger la salud de los demás evitando exponerlos a la infección del VIH, y seguir la terapia antirretrovírica si se estima necesario (esto presupone que la persona tiene acceso a dicha terapia).

  • Poner en orden los asuntos mundanos, por ejemplo, haciendo las paces con otros, tomando disposiciones para el cuidado de los niños y haciendo un testamento.

  • Vivir lo más normalmente posible, por ejemplo, trabajando mientras sea posible, pasando tiempo con los amigos y la familia, y permaneciendo activo en organizaciones religiosas, profesionales o comunitarias.

Muchas personas, VIH-positivas y VIH-negativas, reconocen la importancia de este tipo de respuestas tanto para las personas que han recibido un diagnóstico de VIH como para las que tienen el sistema inmunitario dañado. Se trata de encontrar un equilibrio entre la vida y la realidad de la muerte. Sin embargo, este tipo de respuestas han sido a menudo ignoradas o subestimadas por los encargados de la formulación de políticas o los profesionales médicos. Las PVVS han luchado por participar en la toma de decisiones relativas a su propia atención sanitaria y en los debates políticos nacionales e internacionales sobre cuestiones relacionadas con el VIH, en particular sobre el acceso al tratamiento.

En junio de 1983, en el segundo Foro Nacional sobre el SIDA celebrado en Denver (Estados Unidos), emergió un movimiento de PVVS18. Los “principios de Denver” adoptados en el Foro abogan por que las personas que viven con el VIH reciban apoyo cuando son víctimas del estigma y la discriminación relacionados con el SIDA.

Estos principios, con el tiempo, fueron ganando apoyo y fueron reconocidos oficialmente en la Cumbre sobre el SIDA de París, celebrada en 1994, cuando 42 países firmaron el principio de la Mayor Participación de las Personas que Viven con el VIH/SIDA (MPPS). Estos países acordaron dar apoyo a una iniciativa para “fortalecer la capacidad y la coordinación de las redes de PVVS y las organizaciones de base comunitaria”. También añadieron que, “al asegurar su plena participación en nuestra respuesta común a la pandemia a todos los niveles –nacional, regional y mundial- esta iniciativa estimulará particularmente la creación de entornos políticos, jurídicos y sociales de apoyo”19.

En 2001, la Declaración de compromiso de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA dio su apoyo al principio de la MPPS20, que más tarde recibió el respaldo de los principios rectores de la iniciativa pro tratamiento “tres millones para 2005”, desarrollados por la Organización Mundial de la Salud21.

En la sección “4.4 Participación simbólica (tokenismo)” figuran los textos de las declaraciones y los planes estratégicos de las iglesias y las organizaciones religiosas, que reivindican o promueven la participación de las PVVS.

A pesar de estas promesas y estos compromisos, la participación activa de las PVVS en la toma de decisiones relevantes para sus vidas todavía dista mucho de ser universal. Por otra parte, en la mayor parte del mundo, la participación de las mujeres, jóvenes y niños VIH-positivos es muy pequeña en comparación con la de los hombres. Un impedimento es que, a nivel mundial, solo alrededor del 10% de las PVVS conocen su estado seropositivo, y muchas otras PVVS se muestran reticentes a desvelarlo públicamente porque tienen miedo de la discriminación y el estigma.

Las organizaciones de PVVS también tienen sus limitaciones y puntos débiles. En primer lugar, la mayoría de PVVS no pertenecen a las organizaciones de PVVS, lo cual plantea la cuestión, tanto a las iglesias como a estas organizaciones, de cómo acercar a las PVVS a algún tipo de grupo de ayuda. En segundo lugar, ¿cómo pueden responder, las iglesias y las organizaciones de PVVS, a las personas que viven con el VIH/SIDA furiosas, aisladas o desesperadas, que conscientemente ponen en riesgo de contraer el VIH a otras personas, o que, como sucede en algunas regiones, tienen relaciones sexuales con vírgenes porque creen que así se curarán de la infección del VIH? ¿Cómo pueden responder a los maridos o a las personas VIH-positivas autoritarias que insisten a sus mujeres o parejas para que tengan relaciones sexuales sin protección? Estos actos son las consecuencias de la existencia de estructuras sociales injustas y de la estigmatización, el aislamiento, el rechazo y la negación que sufren las PVVS. Las alianzas con organizaciones de PVVS ofrecen nuevas posibilidades tanto a las iglesias como a las PVVS, mediante la creación de un entorno en el que se puedan discutir temas tabú y cooperar para buscar soluciones al estigma relacionado con el VIH y el SIDA que pone a las PVVS en situaciones muy difíciles.

Las organizaciones de PVVS, como cualquier otra agrupación de personas, se enfrentan a dificultades. En estas organizaciones pueden generarse dinámicas de poder injustas y discriminatorias. Por ejemplo, las mujeres que participan en algunos grupos de apoyo dirigidos por hombres a menudo se quejan de que los hombres tienden a desempeñar las funciones públicas, mientras que a ellas les dan trabajos poco remunerados o no remunerados. De modo similar, las niñas huérfanas hacen frente a mayores dificultades debido a su género y edad. Como grupo, son susceptibles a la violencia sexual, la explotación, el tráfico humano y a tener que dejar la escuela por razones laborales, matrimonios forzados o embarazos adolescentes. Las mujeres y abuelas VIH-positivas pueden verse impedidas de tener acceso a la educación, información, servicios y recursos sobre el VIH por motivos de género. Existen otras dificultades asociadas con la clase social, la raza, la edad, el origen étnico y la orientación sexual.

Las luchas de poder pueden provocar envidia, competencia y conflictos de interés. En la mayoría de países, existen luchas internas en el interior de las organizaciones de PVVS y entre organizaciones. Si bien estas querellas suponen una pérdida de tiempo y de recursos, el movimiento de PVVS ha salido fortalecido, aunque ha tenido un alto coste. Lamentablemente, estos conflictos parecen formar parte de la evolución de los movimientos de PVVS.

Las necesidades de las PVVS no son uniformes, sino que reflejan la diversidad de las personas que viven con el VIH/SIDA. Las PVVS pueden ser niños y niñas, prisioneros, huérfanos, viudas, mujeres solteras, migrantes, pobres o mujeres y hombres desempleados, personas moribundas a causa de enfermedades relacionadas con el SIDA; personas ancianas, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, usuarios de drogas inyectables, profesionales del sexo, abuelas que ofrecen servicios de atención, receptores de sangre: en resumidas cuentas, las PVVS proceden de un amplio espectro de la sociedad. Todos estos grupos de PVVS tienen necesidades diferentes y es posible que establezcan diferentes organizaciones que reflejen sus experiencias y respondan a sus necesidades particulares, lo cual puede requerir la creación de determinadas formas de alianza.

La Comunidad Internacional de Mujeres viviendo con VIH/SIDA (ICW, por su sigla en inglés)22 se fundó debido a la necesidad de las mujeres de tener una red de apoyo que reflejara sus necesidades y experiencias. En 2003, el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, estableció un Grupo de Trabajo para investigar los efectos del VIH/SIDA en las mujeres y las niñas. Esta iniciativa formaba parte de un movimiento del que también formaban parte la Campaña Mundial contra el SIDA de 2004 enfocada en las mujeres y las niñas23, y la creación de la Coalición Mundial sobre Mujeres y SIDA en 200324. El lema de la Campaña Mundial contra el SIDA de 2004, “¿Me has escuchado hoy?”, destacaba la complejidad y la especificidad de los problemas relacionados con el VIH y el SIDA que experimentan las mujeres debido a su género25. Con el fin de ayudar a las iglesias a hacer frente a la difícil situación de muchas mujeres de todas partes del mundo, la Alianza Ecuménica de Acción Mundial elaboró una liturgia que alentaba a utilizar la oración poética, y ponía de relieve las mujeres bíblicas y sus experiencias, conectándolas con las historias de las mujeres contemporáneas, como se muestra en el recuadro a continuación.

Recuadro 6: ¿Me has escuchado hoy?26

Mujer 1: Soy Eva, hueso de tus huesos, y carne de tu carne.

Mujer 2: Soy Sara, la mujer que te llamó Dueño y Señor.

Mujer 3: Soy Hagar, tu sirvienta y tu esposa ilegal, expulsada de tu casa.

Mujer 4: Soy Lea, la mujer con la que te casaste en contra de tu voluntad.

Mujer 5: Soy Dina, tu única hija, violada por Siquem.

Mujer 6: Soy Tamar, tu desesperada viuda que se hizo trabajadora sexual.

Mujer 7: Soy Rut, tu joven viuda que dormía a tus pies, solicitando por tu protección.

Mujer 8: Soy Betsabé, seducida y entregada en matrimonio por tu rey.

Mujer 9: Soy  Vashti, tu esposa asesinada para que todas las mujeres obedezcan a sus maridos.

Mujer 10: Soy la concubina del levita, sin nombre, violada por la multitud y despedazada por mi amante.  

TODAS las mujeres:

Somos las mujeres rotas de la Biblia hebrea.

Somos mujeres rotas en un mundo roto.

Somos mujeres en busca de nuestra curación.

¿Nos has escuchado hoy?

Mujer 11: Soy María, la mujer embarazada que no tenía un lugar a dónde ir.

Mujer 12: Soy la mujer  samaritana, con cinco maridos y ninguno junto a ella.

Mujer 13: Soy Marta, la mujer que cocinaba mientras tú te sentabas y hablabas.

Mujer14: Soy María, la mujer que silenciosamente ungió tus pies con aceite.

Mujer15: Soy la mujer de la calle, que lavó tus pies con sus lágrimas.

Mujer 16: Soy la mujer encorvada que esperaba una caricia que la sanara.

Mujer 17: Soy la mujer con hemorragias, luchando por tocar tu manto.

Mujer 18: Soy Ana, la viuda que oraba en tu templo por la liberación.

Mujer 19: Soy la viuda insistente en tu juzgado, clamando: “Te ruego que me concedas justicia”

Mujer 20: Soy Jezabel, la mujer endemoniada, acusada de todos los males.

TODAS la mujeres:

Somos mujeres del Nuevo Testamento.

Somos mujeres rotas en un mundo roto.

Somos mujeres en busca de nuestra curación.      

¿Nos has escuchado hoy?

Mujer 21:  Soy la mujer de tu hogar, soy tu esposa.

Mujer 22:  Soy la mujer de tu casa, soy tu amante, tu compañera.

Mujer 23:  Soy la mujer de tu vida, soy tu madre.

Mujer 24:  Soy la mujer de tu lugar de trabajo, soy tu secretaria.

Mujer 25:  Soy la mujer de tus calles, soy una trabajadora sexual.

Mujer 26:  Soy la mujer que trabaja en tu casa sin ningún derecho de propiedad.

Mujer 27:  Soy la mujer de tu vida que no tiene control sobre su propio cuerpo.

Mujer 28:  Soy la mujer en tu cama con el ojo morado y las costillas rotas.

Mujer 29: Soy la mujer acosada sexualmente en tu casa, en las calles, en la oficina y en la iglesia.

Mujer 30: Soy la mujer de tu iglesia, que cocina, limpia, aplaude y baila.

TODAS las mujeres: 

Somos las mujeres de este mundo.

Somos mujeres creyentes.

Y mujeres laicas.

Somos mujeres en busca de nuestra curación.

 

De un modo similar, para poder responder a las necesidades de las personas jóvenes VIH- positivas, la asociación holandesa “Dutch HIV Association” creó la sección “Jóvenes Positivos” (Young Positives)27.

Capítulo 3: Desafíos para las iglesias


Este capítulo examina a fondo temas relacionados con la prevención del VIH, como la situación de las mujeres y el uso de preservativos en parejas serodiscordantes. Se analiza el enfoque “ABC” sobre la prevención – sigla en inglés de “abstenerse, ser fiel y usar el preservativo”, y en particular lo que “ser fiel” podría significar si la iglesia estuviera más implicada en la vida sexual de su congregación. También se proporciona un modelo de prevención alternativo al enfoque “ABC”.  

Otras secciones examinan la relación entre el sexo, el VIH y el pecado, la necesidad de que las iglesias adopten una actitud abierta y positiva respecto a la sexualidad y a la prueba del VIH antes del matrimonio. La última sección se centra en el consumo de drogas, especialmente en el consumo de drogas inyectables, como una forma de transmisión del VIH.  

Muchos de estos temas están poniendo a prueba la compasión y la competencia de las iglesias en materia de SIDA. A menudo, no existen las respuestas fáciles. Estos temas pueden crear obstáculos al establecimiento de alianzas con PVVS y otras religiones. Incluso aunque algunas opiniones sean controvertidas e impopulares, las iglesias deben ser capaces de formular sus posiciones de forma lógica y coherente, de forma que todos los asociados sepan cómo se posicionan. Si bien el material que se proporciona se refiere específicamente a las alianzas con PVVS, se ha presentado de modo que las iglesias y las organizaciones de PVVS conozcan las declaraciones que reflejan las diferentes posturas de las iglesias y los fundamentos teológicos sobre una serie de temas controvertidos.  

3.1 Prevención del VIH: transmisión sexual  

Las iglesias y las organizaciones religiosas siguen debatiendo acerca de qué mensajes de prevención del VIH son adecuados. Si bien existe inseguridad respecto a cuál debería ser el contenido de los mensajes de prevención, en cambio, el papel que las comunidades religiosas desempeñan en prestar atención y apoyo está generalmente aceptado. La Iglesia Católica y la Iglesia Adventista del Séptimo Día28, por ejemplo, están muy involucradas en el suministro de atención médica a PVVS. 

Pacto 1: La vida y la prevención del VIH/SIDA29

Recordaremos, proclamaremos y actuaremos basándonos en el hecho de que Dios nuestro Señor creó a todas las personas y toda forma de vida y que todo lo que creó era bueno (Génesis 1-2). Por lo tanto trabajaremos, con seriedad y eficacia, a favor de la prevención del VIH/SIDA para todas las personas, cristianas y no cristianas, casadas y solteras, jóvenes y ancianas, mujeres y hombres, pobres y ricos, negras, amarillas, blancas, para todas las personas de todos los lugares, pues esta enfermedad destruye la vida y lo que tiene de bueno, y por consiguiente viola la creación y la voluntad de Dios.

 

El estudio Siyam’kela sugiere que muchas iglesias, al debatir sobre cómo prevenir el VIH, han encontrado una respuesta más segura en la provisión de bienestar a las PVVS, conforme al papel tradicional de la iglesia como “proveedora de cuidados”. Es un tema muy difícil. No sé durante cuánto tiempo nos centraremos en el problema de la atención y el apoyo, y no en la prevención. Pues las iglesias tienden a preferir ocuparse de los enfermos. Pienso que esto es importante, pero ¿qué hacemos para asegurarnos de que tenemos métodos que ayudan a prevenir la propagación del virus?, dijo un dirigente religioso3o.  

De hecho, hace ya mucho tiempo que se ha considerado que esta perspectiva teológica no se adapta a la realidad. Dube escribe:  

Sin duda, como iglesia nos enorgullecemos de nuestro papel como proveedores de cuidados. Visitamos a los enfermos, oramos por ellos, los asesoramos, tanto a ellos como a sus familias; muchas veces cuidamos de los enfermos: los lavamos, rezamos por ellos, los alimentamos y, cuando mueren, los enterramos. También asistimos a los huérfanos, haciendo todo lo que podemos para ayudarles. Pero el problema de nuestros excelentes “programas de asistencia” radica en que carecen de programas de prevención que sean igualmente eficaces. Este enfoque desequilibrado limita a la iglesia (y sus dirigentes) a ser una institución que se centra en los síntomas. Solo participamos en la gestión de la crisis, pero no vamos a la raíz del problema. Lo que es aún más problemático con este planteamiento orientado hacia la asistencia es que plantea serias dudas sobre nuestra teología del respeto por la vida, si es que existe. Si realmente respetamos que toda vida es sagrada, si de verdad contemplamos a cada ser humano, cristiano o no cristiano, como hecho a imagen de Dios, ¿no deberíamos demostrar esta posición teológica elaborando programas que también nos conviertan en instrumentos eficaces en la prevención del VIH/SIDA?31.  

Los mensajes de prevención emitidos por las iglesias y las organizaciones religiosas son conformes a la enseñanza religiosa, es decir, piden abstinencia antes del matrimonio y fidelidad en el matrimonio. El recuadro 7, “La prevención, según las declaraciones de las iglesias”, resume la postura y los compromisos de varias iglesias de todas partes del mundo sobre algunas cuestiones relacionadas con la prevención del VIH. Algunos mensajes suscitan cuestiones más profundas como el desarrollo de un mayor respeto hacia el propio cuerpo o hacia los cuerpos de otras personas, especialmente de las personas con las que se entablan relaciones íntimas.  

El desafío pastoral de la Iglesia en África podría ser desarrollar un enfoque pastoral que forme e informe a nuestra gente de modo que, en su fuero interno, puedan decidir sobre el VIH, en vez de ser víctimas de forma pasiva o fatalista. En vez de decir cosas como “me han contagiado el VIH” o “no sabía que contraería el VIH” o “tuve relaciones sexuales pero no fui yo quien decidió”, deben poder afirmarse como jóvenes y adultos cristianos.  

Lo que expreso es un ideal, no una condena, y reconozco que hay personas, sobre todo niñas y mujeres, que han sido verdaderamente victimizadas. Pero estoy convencido de que las personas pueden decir “no” al VIH y el SIDA, y rezo por que de ahora en adelante la Iglesia haga cuanto sea necesario para que nuestro pueblo pueda decidir de forma madura y responsable. Si aprenden a decir “no” consecuentemente, el VIH y el SIDA desaparecerán.  

Ayudemos a los jóvenes a aprender sobre sus cuerpos, a desarrollar relaciones sólidas, incluso íntimas, con otras personas, con la disciplina necesaria para impedir que en esas relaciones exista manipulación o explotación. Formemos conciencias conformes a la enseñanza tradicional de la Iglesia y promovamos intervenciones apropiadas que fortalezcan la familia, refuercen las normas sanitarias, protejan a la juventud y promuevan la abstinencia y la fidelidad mutua de una forma eficaz y sostenible. Intentemos llegar a la totalidad del hombre y a cada hombre, pues el VIH/SIDA es un asunto que concierne a la persona en toda su integridad: cuerpo, alma, mente y sentimientos, sexualidad, familia y comunidad, relaciones. Para una persona, sea soltera, casada o viuda, haya hecho votos de castidad o votos religiosos, la opción fundamental es permanecer o no fiel32. 

El Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar también hizo hincapié en estos aspectos, al afirmar que:

Además de enseñar la moral de la Iglesia y compartir sus convicciones morales con la sociedad civil, y además de informar y alertar a las personas sobre los peligros de la infección del VIH, queremos educar de forma apropiada y promover los cambios de actitud y comportamiento que valoran la abstinencia y el autocontrol antes del matrimonio y la fidelidad en el matrimonio33.  

Con motivo del Día Mundial de SIDA, el 1 de diciembre de 2004, el Cardenal Javier Lozano Barragán, Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, afirmó que:  

En numerosas ocasiones el Santo Padre Juan Pablo II se ha ocupado del problema y nos ha proporcionado claras orientaciones que muestran la naturaleza de la enfermedad, su prevención, el comportamiento del enfermo y de quien lo asiste, así como el papel que deben tener las Autoridades civiles y los hombres de ciencia. Subrayo su pensamiento en lo que se refiere a la inmunodeficiencia de valores morales y espirituales y lo relacionado con el seguimiento al enfermo de SIDA, a quien se le debe brindar toda atención y servicios por ser el más necesitado. En particular, en su mensaje por la Jornada Mundial del Enfermo para el 2005, el Santo Padre subraya que el drama del SIDA se presenta como una “patología del espíritu” y que para combatirla de manera responsable, es preciso aumentar la prevención mediante la educación al valor sagrado de la vida y la formación a la práctica correcta de la sexualidad34

 

Recuadro 7: La prevención, según las declaraciones de las iglesias

En 1987, la Asociación Cristiana Femenina Mundial (YWCA) Mundial decidió que el Consejo de la YWCA Mundial debía incitar a las YWCA nacionales a establecer programas que proporcionaran educación sanitaria sobre el tema del SIDA35.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día afirmó en 1990 que: “Los adventistas se comprometen a dar educación para prevenir el SIDA. Los adventistas apoyan la educación sexual que abarca el concepto de que la sexualidad humana es un don de Dios para la humanidad. La sexualidad bíblica claramente limita las relaciones sexuales a las relaciones con el cónyuge y excluye la promiscuidad y todas las otras relaciones sexuales y el consecuente aumento de la exposición al VIH”36.

En el Plan de Acción formulado por la Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (EHAIA), con respecto a la prevención, se afirma que37:

1. Promoveremos medios eficaces de prevención, prácticas que salvan vidas, y una conducta que reduzca al mínimo los riesgos de infección. Al hacerlo, apoyaremos la actitud tradicional de la iglesia de recomendar la fidelidad y la abstinencia, al mismo tiempo que reconocemos que la vida puede colocarnos en situaciones en las que esos ideales sean inalcanzables.

2. Daremos siempre prioridad a los más vulnerables en cuanto a riesgo de infección, a las personas que viven con el VIH/SIDA, a los más afectados por el VIH/SIDA.

3. Estimularemos los contactos y la formación de redes (entre las iglesias, las organizaciones religiosas, las organizaciones no gubernamentales e internacionales, las instituciones de estudios superiores y los gobiernos) con objeto de entablar relaciones y de obtener el máximo de beneficios y de eficacia en los esfuerzos de prevención.

4. Alentaremos los análisis clínicos y la orientación psicológica sobre una base voluntaria. Es un aspecto muy importante de la educación en relación con el VIH el hecho de ofrecer un asesoramiento constructivo sobre las conductas que protegen la vida, y ayudar a las personas a tomar resoluciones en relación con la abstinencia y la fidelidad. También ayudan a poner fin a la estigmatización. Sin embargo, como iglesias nos comprometeremos con el diálogo e impugnaremos la práctica de análisis obligatorios (prematrimoniales y otras formas) y sus consecuencias para la persona a la que se ha diagnosticado que es seropositiva.

5. Alentaremos y estimularemos los programas de prevención innovadores. Entre ellos, los clubes en las parroquias, las escuelas y los hospitales, especialmente para niñas y jóvenes, y la utilización de las escuelas como centros de información y asesoramiento.

La Consulta Panafricana de Dirigentes de la Iglesia Luterana declaró38:

Nos comprometemos a obrar por la prevención.

A la luz de nuestra ética luterana, nos comprometemos a examinar actitudes y comportamientos que pueden dañar al prójimo.

Nos comprometemos a actuar enérgicamente para garantizar la prevención del VIH, colaborando con los esfuerzos para detener la propagación de la pandemia.

Diremos la verdad acerca de la propagación del VIH/SIDA y su prevención, incluyendo el cambio de comportamiento que hace falta.

No nos opondremos al uso de ningún método eficaz de prevención.

A la escucha del Espíritu de Verdad, contraemos este compromiso con la ayuda de Dios.

El Consejo de las Provincias Anglicanas de África (CAPA) declaró38:

La prevención salva vidas.

Nos comprometemos a enseñar a nuestros hijos y a sus padres aptitudes para preservar la vida a fin de impedir el virus que causa el SIDA. El momento de prepararse para la madurez sexual es mucho antes de la adolescencia y el comienzo de la actividad sexual. Nuestras energías deben centrarse en nuestras hijas e hijos cuando todavía estén en una edad temprana. Si bien sabemos que la información por sí sola no puede salvar vidas, la información y la acción sí pueden.

La Federación Luterana Mundial, en el mensaje de la Décima Asamblea, declaró39:

Por lo tanto, hacemos un llamamiento a las iglesias miembro para que al igual que nosotros se comprometan a concienciar acerca de la prevención de la pandemia del VIH/SIDA, mediante educación e información, y pronunciarse enérgicamente contra las prácticas sexuales dañinas, de abuso y explotación, y a favor del tratamiento de enfermedades de transmisión sexual, promover la fidelidad en el matrimonio y el uso de medios eficaces de prevención (por ejemplo, la abstinencia, el uso de preservativos, jeringas esterilizadas, transfusiones seguras de sangre)

La Conferencia Interreligiosa sobre el SIDA “For we are Neighbours “ (Porque somos vecinos), que tuvo lugar en 2003, declaró “estamos de acuerdo en que debemos hablar abiertamente sobre los hechos básicos de la crisis del VIH/SIDA y sobre todos los métodos eficaces de prevención”39.

El mensaje emitido por el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar afirmaba40:

Cambiemos de comportamiento.

Además de enseñar la moral de la Iglesia y compartir sus convicciones morales con la sociedad civil, y además de informar y alertar a las personas sobre los peligros de la infección del VIH, queremos educar de forma apropiada y promover los cambios de actitud y comportamiento que valoran la abstinencia y el autocontrol antes del matrimonio y la fidelidad en el matrimonio. Queremos participar en la educación afectiva y sexual para la vida a fin de ayudar a los jóvenes y a las parejas a descubrir la maravilla de su sexualidad y de sus capacidades reproductoras. De tal maravilla y respeto se desprende la necesidad de una sexualidad y un método de gestionar la fertilidad responsables, basados en el respeto mutuo entre el hombre y la mujer.

Este tipo de educación solo se puede llevar a cabo de forma eficaz con la colaboración activa de mujeres y hombres laicos que no solo hablen de principios morales sino que también, en su calidad de jóvenes y parejas, den su testimonio vivo de que la fidelidad a estos principios morales conduce a una vida afectiva y sexual satisfactoria y humanizante. Este tipo de educación también contribuye a promover familias sanas y estables, y estas constituyen la mejor prevención contra el SIDA. En todas partes de África, existen organizaciones41 especializadas en este tipo de educación para jóvenes y parejas y, aunque por ahora solo hayan tenido un pequeño impacto, sus efectos son gratificantes. Les damos el apoyo y aliento que se merecen.

La Federación Luterana Mundial y la Misión Evangélica Unida, en la Declaración de Compromiso de la Consulta de Dirigentes de Iglesias Asiáticos sobre el VIH/SIDA acordaron:

“Conscientes de que solo mediante la educación y la prevención podemos frenar la propagación y los efectos de esta pandemia, nos comprometemos a:

  • Integrar una educación de buena calidad sobre salud reproductiva en el programa de estudios cristianos para “garantizar que los jóvenes tengan la información y las aptitudes para la vida que necesitan antes de que sean sexualmente activos y se forme su comportamiento sexual”. Esta información debe comprender información adecuada sobre la protección que ofrecen los preservativos en el contexto de prevención del VIH/SIDA, el peligro de compartir agujas para el consumo de drogas intravenosas y otras medidas preventivas;

  • Seguir promoviendo la fidelidad en el matrimonio en un contexto de igualdad entre los géneros y decisiones bien informadas”42.

En el Memorando de Intención de las iglesias de Europa oriental y central se declaró que “los cambios políticos, sociales y económicos que se han producido en Europa oriental y central a lo largo de las dos últimas décadas han hecho que ciertos grupos de la población sean vulnerables al VIH/SIDA. Decidimos centrar nuestro trabajo eclesial relacionado con el VIH/SIDA en los siguientes grupos:

1. Los niños y los jóvenes, incluidos los huérfanos y los niños sin hogar o de la calle

2. Las mujeres

3. Los niños nacidos de madres infectadas por el VIH

4. Los prisioneros

5. Las personas infectadas o afectadas por el VIH

6. Los consumidores de drogas

Seguiremos evaluando las necesidades de otros grupos que también puedan ser vulnerables a la infección del VIH.

La batalla contra la crisis del VIH/SIDA es una batalla por la dignidad de la vida. Nos insta a utilizar todos los medios de prevención eficaces en el contexto de la ética cristiana”43.

Las iglesias miembro del Consejo Mundial de Iglesias de la región del Pacífico declararon44: “Si bien somos conscientes de las cuestiones éticas que el VIH plantea a las iglesias, estamos confrontados a una realidad más urgente que nos lleva a considerar la ética más elevada, que es la preservación de la vida. La iglesia vive en el contexto más amplio de la comunidad y tiene la clara responsabilidad de adherirse a los principios que guían a la sociedad. Por consiguiente, nos comprometemos a abordar:

  • La prevención y los preservativos. Se ha demostrado científicamente que los preservativos, cuando tienen un objetivo apropiado y se promueven adecuadamente, constituyen una parte efectiva de la estrategia de prevención contra las infecciones de transmisión sexual. Nos comprometemos a no enfocar nuestros esfuerzos en trabajar contra el uso de los preservativos, sino antes bien en reconocer la libertad de los individuos de tomar decisiones bien informadas y tener acceso al uso del preservativo”.

La Conferencia internacional interreligiosa sobre la prevención y el control del VIH/SIDA, celebrada en Delhi en 2004, declaró:

Reafirmamos que el objetivo y la tarea principales de las religiones es asistir a las personas a mantenerse alejadas de los comportamientos arriesgados que afectan a su desarrollo y crecimiento físico, moral y espiritual. Este mandato, cuando lo cumplamos de forma eficaz, proporcionará a todas las personas el medio de protegerse a sí mismas y a la sociedad contra el VIH y el SIDA, que no tienen cura.

Reconocemos que las religiones tienen el mandato de iluminar el camino de la juventud, puesto que deben llevar la antorcha de la vida en su viaje eterno. A la hora de hacer frente al VIH/SIDA, los jóvenes son nuestra mejor defensa, los que están en primera línea, al mismo tiempo que son los más vulnerables. Prometemos trabajar con los jóvenes en esta lucha.

Afirmamos que las religiones desempeñan un papel crítico en poner los datos científicos sobre el VIH/SIDA en su debida perspectiva. Reconocemos la importancia de los esfuerzos científicos para desarrollar una vacuna efectiva contra la epidemia y la necesidad de prestar el apoyo necesario para lograr un avance en esos esfuerzos45.

La Declaración del Cairo de una reunión interreligiosa, celebrada en diciembre de 2004, afirmaba46:

La familia constituye el fundamente para construir y defender la sociedad. Por consiguiente, es necesario fomentar la creación de familias acordes con los preceptos divinos, y debemos apartar todos los obstáculos que se interponen en el camino.

Hacemos hincapié en la necesidad de romper el silencio, desde los púlpitos de las mezquitas, las iglesias, las instituciones educativas, y desde todos los lugares desde los que estemos invitados a hablar. Necesitamos abordar de qué maneras podemos hacer frente a la epidemia del VIH/SIDA, en base a nuestros principios espirituales auténticos y a nuestra creatividad, y provistos de conocimientos científicos, a fin de encontrar nuevos enfoques innovadores para afrontar este peligroso desafío.

Reiteramos que la abstinencia y la fidelidad son las piedras angulares de nuestras estrategias preventivas, aunque entendemos que los profesionales de la salud hagan un llamamiento a utilizar diferentes métodos para disminuir el riesgo de infectarse o infectar a los demás.

Consideramos que es pecado cualquier acto que cause infección intencionadamente o por negligencia, a resultas de no haber utilizado todos los medios preventivos disponibles.

Hacemos hincapié en la importancia de llegar a los grupos vulnerables, que corren mayor riesgo de ser infectados por el VIH/SIDA o de propagar la infección, entre los que figuran los trabajadores sexuales y sus clientes, los consumidores de drogas, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, y aquellos que tienen comportamientos dañinos. Subrayamos la importancia de adoptar diversos enfoques y medios para llegar hasta ellos, y a pesar de que no aprobamos estos tipos de comportamiento, les instamos a arrepentirse y pedimos que se elaboren programas de tratamiento y rehabilitación. Estos programas deben estar basados en nuestra cultura y nuestros valores espirituales.

Exhortamos a los medios de comunicación a adoptar códigos éticos para la información que difunden.

Abogamos por los derechos de las mujeres, por que se reduzca su vulnerabilidad al VIH/SIDA.

 

Sin embargo, a las iglesias se les plantean dificultades en cuanto se refiere al seguimiento de la estrategia de prevención basada en “la abstinencia y la fidelidad”. Las investigaciones sobre la transmisión del VIH indican que los mensajes de abstinencia y fidelidad, cuando se promueven como las únicas formas de prevención del VIH, no tienen en cuenta adecuadamente las condiciones a las que se enfrentan las comunidades47. Estos mensajes de prevención se centran exclusivamente en la transmisión sexual, ignorando otras formas de transmisión del VIH, como el consumo de drogas inyectables. Además, un mensaje de prevención que solo se basa en la abstinencia y la fidelidad puede reforzar la creencia de que las PVVS son pecadoras.

Durante años, los programas seculares de prevención destinados al público en general se han centrado en la estrategia “ABC”: abstención y retraso del inicio de la actividad sexual; seguridad manteniendo la fidelidad o reduciendo el número de parejas sexuales; y uso correcto y sistemático de preservativos. Para muchas personas, en particular para las mujeres y las muchachas, este enfoque tiene un valor limitado. Carecen de poder social y económico, y viven con temor a la violencia masculina. No pueden negociar la abstención sexual, ni pueden insistir en que sus parejas les sean fieles o utilicen preservativos.  

Por paradójico que parezca, la confianza y el afecto dentro del matrimonio y las relaciones a largo plazo son a veces una parte del problema. Los estudios efectuados en diversas partes del mundo indican que las parejas casadas tienen relaciones sexuales con mayor frecuencia que los individuos no casados, pero utilizan menos preservativos. Varios estudios mundiales sobre las relaciones entre profesionales del sexo y sus clientes revelan un patrón similar: el uso de preservativos era menos constante si los profesionales del sexo sentían un cierto nivel de intimidad con sus clientes habituales. Por ejemplo, en la provincia de Nyanza (Kenya), los clientes de profesionales del sexo encuestados indicaban que utilizaban preservativos de forma menos constante cuando estaban con la pareja comercial de costumbre48.  

La vulnerabilidad a la exposición al VIH –la incapacidad de un individuo o comunidad para controlar su riesgo de infección– es polifacética, de modo que ninguna intervención preventiva aislada será eficaz por sí sola. Los elementos esenciales de la prevención integral del VIH incluyen:

  • educación y sensibilización sobre el SIDA;

  • rogramas de cambio de comportamiento, en especial para los jóvenes y las poblaciones con mayor riesgo de exposición al VIH, y también para las personas que ya están infectadas;
  • promoción del uso de preservativos masculinos y femeninos como opción protectora, junto con abstención, fidelidad y menor número de parejas sexuales;
  • asesoramiento y pruebas voluntarias;
  • prevención y tratamiento de infecciones de transmisión sexual;
  • prevención primaria entre las mujeres embarazadas y prevención de la transmisión materno-filial;
  • programas de reducción del daño para consumidores de drogas intravenosas;
  • medidas para proteger la seguridad de los suministros sanguíneos;
  • control de las infecciones en los contextos sanitarios (precauciones universales, inyecciones médicas seguras, profilaxis posexposición);
  • educación de la comunidad y cambios en las leyes y políticas para contrarrestar el estigma y la discriminación; y
  • reducción de la vulnerabilidad a través de cambios sociales, legislativos y económicos49.

La prevención integral aborda todas las modalidades de transmisión del VIH. Dado que las epidemias de VIH son sumamente diversas entre las regiones, dentro de los países y a lo largo del tiempo, los planificadores de programas deben poner un énfasis distinto en la combinación de estrategias:

  • en contextos de prevalencia baja, la prevención entre ciertos grupos clave (por ej., profesionales del sexo y sus clientes, consumidores de drogas intravenosas, varones que tienen relaciones sexuales con varones) puede ser eficaz para mantener el VIH a niveles bajos en la población general;

  • en contextos de prevalencia alta, la prevención entre poblaciones clave sigue siendo importante, pero para cambiar el rumbo de la epidemia se requieren estrategias amplias que lleguen a todos los segmentos de la sociedad; y

  • en todos los países, la prevención se ve dificultada si el acceso universal al tratamiento, y a otras medidas de reducción del impacto y la vulnerabilidad, no constituye claramente una parte de la respuesta50.

Las iglesias y las organizaciones religiosas se debaten sobre los mensajes de prevención cuando deben hacer frente a las realidades de la sexualidad y el consumo de drogas en sus congregaciones, en particular entre los jóvenes. Como cuestionó un dirigente religioso: ¿es verdaderamente posible para ellas (las personas) abstenerse totalmente? Creo que, como iglesia, hay muchas cosas sobre las que necesitamos discutir y ver qué es lo que realmente funciona51.

Otra dificultad que se plantea a las organizaciones religiosas es qué estrategia adoptar para promover la prevención de la transmisión del VIH en el matrimonio. Se ha cuestionado la viabilidad de meramente abogar por la fidelidad y rechazar el uso de preservativos en el matrimonio. Véase el recuadro 8 “Mujeres y VIH”. Si bien algunas iglesias rechazan el uso de preservativos, otras piensan que la infidelidad en el matrimonio es un hecho que debe reflejarse en las respuestas de las iglesias al VIH y el SIDA. Algunas iglesias y organizaciones religiosas, en vista del alto nivel de infección entre las parejas casadas, las parejas serodiscordantes, y la creencia de que algunas mujeres carecen de poder en las relaciones íntimas, alientan a las mujeres casadas a insistir en el uso del preservativo para protegerse de la infección. Tal es el caso, por ejemplo, de los dirigentes panafricanos de la Iglesia Luterana, de la Federación Luterana Mundial y de las iglesias miembro del Consejo Mundial de Iglesias de la región del Pacífico. Véanse los textos correspondientes en el recuadro 7 “La prevención, según las declaraciones de las iglesias”.

El recuadro 9 “El uso de preservativos: perspectivas teológicas” expone en términos generales las diferentes bases teológicas que fundamentan las distintas opiniones sobre el uso de preservativos en la prevención del VIH en el matrimonio.  

Pacto 6: Las desigualdades de género y el VIH/SIDA52

Recordaremos, proclamaremos y actuaremos basándonos en el hecho de que Dios, nuestro Señor, creó a la humanidad a su imagen. A su imagen, creó al hombre y a la mujer, los bendijo a los dos y les dio a ambos las riendas y los recursos de la tierra: los hizo uno en Cristo (Génesis 1:27-29; Gálatas 3:28-29). Por lo tanto, denunciaremos las desigualdades de género que llevan a los chicos y a los hombres a adoptar comportamientos arriesgados, a la dominación y a la violencia; las desigualdades que privan a las chicas y a las mujeres de ocupar puestos de dirección, de la toma de decisiones y del derecho a la propiedad, por lo que quedan expuestas a la violencia, a ser acusadas de brujería, a la expropiación de bienes en caso de viudedad, a mantener relaciones sexuales para sobrevivir, multiplicando así la probabilidad de infección del VIH/SIDA y la falta de atención y tratamiento de calidad.

 

Sin embargo, a las iglesias se les plantean dificultades en cuanto se refiere al seguimiento de la estrategia de prevención basada en “la abstinencia y la fidelidad”. Las investigaciones sobre la transmisión del VIH indican que los mensajes de abstinencia y fidelidad, cuando se promueven como las únicas formas de prevención del VIH, no tienen en cuenta adecuadamente las condiciones a las que se enfrentan las comunidades53. Estos mensajes de prevención se centran exclusivamente en la transmisión sexual, ignorando otras formas de transmisión del VIH, como el consumo de drogas inyectables. Además, un mensaje de prevención que solo se basa en la abstinencia y la fidelidad puede reforzar la creencia de que las PVVS son pecadoras.

Durante años, los programas seculares de prevención destinados al público en general se han centrado en la estrategia “ABC”: abstención y retraso del inicio de la actividad sexual; seguridad manteniendo la fidelidad o reduciendo el número de parejas sexuales; y uso correcto y sistemático de preservativos. Para muchas personas, en particular para las mujeres y las muchachas, este enfoque tiene un valor limitado. Carecen de poder social y económico, y viven con temor a la violencia masculina. No pueden negociar la abstención sexual, ni pueden insistir en que sus parejas les sean fieles o utilicen preservativos.

Por paradójico que parezca, la confianza y el afecto dentro del matrimonio y las relaciones a largo plazo son a veces una parte del problema. Los estudios efectuados en diversas partes del mundo indican que las parejas casadas tienen relaciones sexuales con mayor frecuencia que los individuos no casados, pero utilizan menos preservativos. Varios estudios mundiales sobre las relaciones entre profesionales del sexo y sus clientes revelan un patrón similar: el uso de preservativos era menos constante si los profesionales del sexo sentían un cierto nivel de intimidad con sus clientes habituales. Por ejemplo, en la provincia de Nyanza (Kenya), los clientes de profesionales del sexo encuestados indicaban que utilizaban preservativos de forma menos constante cuando estaban con la pareja comercial de costumbre54.

La vulnerabilidad a la exposición al VIH –la incapacidad de un individuo o comunidad para

controlar su riesgo de infección– es polifacética, de modo que ninguna intervención preventiva aislada será eficaz por sí sola. Los elementos esenciales de la prevención integral del VIH incluyen:

  • educación y sensibilización sobre el SIDA;

  • rogramas de cambio de comportamiento, en especial para los jóvenes y las poblaciones con mayor riesgo de exposición al VIH, y también para las personas que ya están infectadas;
  • promoción del uso de preservativos masculinos y femeninos como opción protectora, junto con abstención, fidelidad y menor número de parejas sexuales;
  • asesoramiento y pruebas voluntarias;
  • prevención y tratamiento de infecciones de transmisión sexual;
  • prevención primaria entre las mujeres embarazadas y prevención de la transmisión materno-filial;
  • programas de reducción del daño para consumidores de drogas intravenosas;
  • medidas para proteger la seguridad de los suministros sanguíneos;
  • control de las infecciones en los contextos sanitarios (precauciones universales, inyecciones médicas seguras, profilaxis posexposición);
  • educación de la comunidad y cambios en las leyes y políticas para contrarrestar el estigma y la discriminación; y
  • reducción de la vulnerabilidad a través de cambios sociales, legislativos y económicos55.

La prevención integral aborda todas las modalidades de transmisión del VIH. Dado que las epidemias de VIH son sumamente diversas entre las regiones, dentro de los países y a lo largo del tiempo, los planificadores de programas deben poner un énfasis distinto en la combinación de estrategias:

  • en contextos de prevalencia baja, la prevención entre ciertos grupos clave (por