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Documento n° GEN 02
GEN 02 Informe del Secretario General - Parte I
La peor cosa que podría ocurrir al Consejo sería que se lo considere simplemente como una pieza más del engranaje eclesiástico. Mi papel no era el de concebir nuevas ideas originales, sino de descubrir las iniciativas con visión de futuro en la vida de las iglesias y tratar de que beneficiaran a toda la familia ecuménica […]... era necesario probar una y otra vez, mediante el trabajo de calidad del Consejo, de que verdaderamente valía la pena que las iglesias le diesen su total apoyo.
W.A. Visser ’t Hooft, Memoirs, Ginebra: CMI, 1973, pág. 345
I. El papel del CMI en un contexto eclesial en constante evolución.
A. Compartir nuestras esperanzas y nuestras preocupaciones
1. ¿Cuáles son las esperanzas que ustedes albergan para sus iglesias? ¿Cuáles son los temores y las preocupaciones? Todo lo que hace el Consejo debe basarse en la realidad de las iglesias miembros: en las preocupaciones que ustedes tienen por la presente situación y el futuro de la iglesia a la que pertenecen. El CMI es esencial y pertinente en su calidad de lugar de encuentro en el que las iglesias miembros comparten sus esperanzas y sus preocupaciones y avanzan juntas en su comunión teniendo como objetivo la unidad visible. Al celebrar el 60º aniversario del Consejo Mundial de Iglesias, tenemos buenas razones para recordar este objetivo primordial del CMI.
2. Una de mis responsabilidades en mi condición de secretario general es mantener estrechos contactos con las iglesias por correspondencia y, lo que es aún más eficaz, mediante visitas. En los últimos cuatro años, he visitado iglesias en todas las regiones. Considero esos momentos pasados con los dirigentes de las iglesias, así como con los cristianos en general, como ocasiones para conocer sus preocupaciones, sus alegrías y sus temores, sus problemas y las oportunidades que se les presentan. Ahora bien, esos momentos son también para mí una oportunidad de reavivar el entusiasmo de los dirigentes eclesiales por la labor del CMI y el movimiento ecuménico en general, y de compartir la amistad ecuménica con y entre las iglesias.
3. Durante esas visitas he comprobado señales muy positivas para el futuro de las iglesias, como es el caso de la India donde estuve en febrero de 2007. Al unirse las iglesias al resto de las comunidades para celebrar el 60º aniversario de la independencia política de la India, se planteó el problema de cómo ser la iglesia en una nación que atraviesa complejos procesos de cambio. A pesar de los obstáculos de la pobreza y la violencia, la discriminación por motivos de casta y los diversos fundamentalismos, la India ha pasado a ser un importante protagonista mundial, una democracia vibrante y visible gracias a su diversidad en muchos ámbitos. Sin embargo, la mayoría de la población india aún vive una vida de privaciones, y no tiene el poder que le permita cambiar la situación. Las iglesias consideran que pueden suscitar algo de esperanza haciendo valer la oikoumene como una comunidad alternativa. En la Convención Maramon de la Iglesia Siria Mar Thoma de Malankara, viví una experiencia de koinonía, de comunión en el Espíritu Santo. La convención, que se celebra una vez al año, para inaugurar nuevas iniciativas en relación con la misión y el testimonio de la iglesia, es una combinación muy interesante de reunión de reavivamiento, reunión de familia, oportunidad educativa, retiro espiritual y foro. El honesto compromiso que encontramos en la Convención Maramon es el medio, según la Biblia, que conduce hacia una comunidad justa y compasiva.
4. También estuve con iglesias que viven otras situaciones de sufrimiento, en las que se pone a prueba su esperanza en Jesucristo, enfrentándose con conflictos y guerras, pobreza, enfermedades y desesperanza. Cuando fui a Filipinas, en noviembre del año pasado, participé en un servicio de la Iglesia Filipina Independiente (miembro del CMI) en conmemoración de la muerte del Obispo Alberto Ramento, y tuve a cargo la predicación sobre el tema “No temáis”. El Obispo Ramento fue brutalmente asesinado en octubre de 2006. Fue uno de esos asesinatos extrajudiciales que son demasiado frecuentes actualmente en Filipinas. El Obispo Ramento era respetado como un pastor profético que encarnaba la visión ecuménica en la búsqueda de paz y justicia, de reconciliación y sanación. Era la personificación de un verdadero maestro y defensor de la fe cristiana – una fe que lo instaba a hablar sin tapujos en tiempos de miseria humana, a dar testimonio de la esperanza que está en Cristo y a inspirar en el pueblo la búsqueda de la dignidad humana y la preservación de la integridad de la creación de Dios. La Iglesia Filipina Independiente, juntamente con el Consejo Nacional de Iglesias de Filipinas y otras iglesias, han vivido de acuerdo con el llamamiento del Evangelio de Cristo. Su deseo de justicia y de paz procede de la tradición que se deriva de la fe bíblica – una tradición que se inspira en la opción de Dios por las víctimas del poder, en la condena profética de la injusticia y en el rechazo de Jesucristo del abuso del poder. Sin embargo, esta es una vertiente de la iglesia de Filipinas. Lamentablemente, hay también dirigentes de iglesia y cristianos que se han comprometido con los poderes fácticos y han traicionado tanto el Evangelio como al pueblo. En lugar de estar en favor de la justicia y de abogar por una vida con dignidad para todos, han permitido que se los utilice para legitimar las prácticas de quienes abusan del poder contra las mismas personas que ellos pretenden representar.
5. Teniendo en cuenta la realidad de nuestro mundo de hoy, estamos llamados a acompañar a las iglesias y a las personas que se encuentren en situaciones de peligro y de angustia. Al mismo tiempo que escribo este informe, Kenya, mi propio país, vive una situación de esa índole. Las consecuencias de la virulenta impugnación de los resultados de las elecciones presidenciales del 27 de diciembre de 2007 han llevado a esa clase de violencia que, si no se impide a tiempo, puede desgarrar el país. E incluso puede degenerar en una guerra civil. En dos declaraciones públicas, el CMI se ha unido a las voces, a nivel local e internacional, que instan a que se ponga fin a la violencia y se encuentre una solución política basada en el diálogo entre los principales protagonistas. Hemos enviado nuestro mensaje a las iglesias de Kenya asegurándoles que pueden contar con el apoyo de nuestra oración. Para que nuestras oraciones se traduzcan en expresiones concretas de solidaridad, hemos enviado a una delegación de Cartas Vivas integrada por 12 hermanos y hermanas de diferentes partes del mundo. Las iglesias necesitan estímulo e incluso el reto de la comunidad ecuménica. En momentos de extrema necesidad de un ministerio de reconciliación y de sanación, muchos dirigentes eclesiales de Kenya se han polarizado en sus posiciones étnicas y políticas perdiendo credibilidad y limitando su capacidad de reivindicar autoridad moral. La Doctora Agnes Abuom, originaria de Kenya y miembro del Comité Central, está realizando una encomiable labor promoviendo foros de dirigentes de iglesia para hablar de la situación y esforzarse por estar más allá de partidismos políticos y étnicos. Además, mediante sus servicios de consulta la Doctora Abuom ha acompañado a muchas personas traumatizadas y conmocionadas.
6. Lo que Kenya vive actualmente no es algo singular de este país, y pone gravemente a prueba la noción de elecciones como una panacea de la democracia y del buen gobierno. En el caso de Kenya, hay problemas que, durante mucho tiempo, han estado al acecho, prontos a salir a la superficie ante cualquier provocación. Hay problemas históricos, políticos, constitucionales, electorales, étnicos y de posesión de la tierra que tienden a salir a la superficie cada cinco años en tiempos de elecciones. Hasta el presente, los políticos habían logrado algunos acuerdos políticos oportunos, aunque sin resolver el problema. Para que haya una solución duradera, es necesario mencionar el problema por su nombre. Las iglesias deben estar a la altura de las circunstancias y superar sus propios prejuicios, ayudando al país a lograr una solución global, justa y duradera. Para ello, el CMI debe estar preparado a acompañar a las iglesias y al pueblo de Kenya en un camino largo y difícil.
7. En diciembre de 2007, el poder participar en un retiro de tres días de dirigentes de las iglesias miembros de los Estados Unidos de América fue para mí un raro momento de inspiración y energía espirituales, dado que no hubo ni discursos, ni predicación, ni temas para examen. Fue un retiro, en el verdadero sentido de la palabra, de los asuntos de cada día que caracterizan el ritmo de vida de los ejecutivos. Pasar un día entero en silencio me ayudó a redescubrir que estar solo es la otra cara de la singularidad de cada ser humano. El hecho de estar solos nos lleva a la soledad. Para mí, el retiro fue un recordatorio pujante de que la soledad es esencial para nuestra vida espiritual. Compartir la experiencia de soledad de los otros profundiza nuestra comunión y fortalece nuestra comunidad. Es una riqueza que sólo las iglesias y las comunidades ecuménicas pueden ofrecer: un valioso don en nuestra peregrinación espiritual, que debemos valorar en todo momento.
8. El Consejo Mundial de Iglesias tiene un futuro como lugar en el que podemos compartir nuestras esperanzas y preocupaciones, en el que podemos acompañarnos y apoyarnos unos a otros en nuestro testimonio común al mundo, y en el que las iglesias viven concretamente la comunión a la que están llamadas por nuestro Señor Jesucristo. Al caminar juntas, las iglesias miembros avanzan hacia la unidad que ya nos ha sido dada en Cristo. Es una coincidencia muy significativa el que celebremos este año no sólo el 60º aniversario del CMI, sino también el centenario de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Cristo desea que seamos uno. La búsqueda de la unidad visible nos acerca unos a otros y guía nuestro testimonio común al mundo. Esa búsqueda de la unidad visible nos insta a permanecer juntos y a orar para que Dios, en su gracia, nos transforme y transforme el mundo para que prevalezca el designio de Dios.
B. Desafíos en común
9. Gracias a su comunidad mundial, las iglesias miembros pueden abordar los problemas comunes con los que se enfrentan – problemas planteados por el mundo, pero también por el contexto eclesial en constante cambio. En mis informes a la Asamblea y al Comité Central, he hablado con frecuencia de las consecuencias de la globalización para todas las esferas de la vida. Me he referido a la pobreza, a la destrucción del medio ambiente, al aumento de la violencia y a la pandemia del VIH y el SIDA, como amenazas comunes a la vida que preocupan, de hecho, a toda la humanidad. En algunos lugares, las tensiones religiosas han llegado a ser un problema de supervivencia y de paz. Actualmente, tenemos, no sólo que fortalecer nuestro testimonio común, sino también crear la capacidad necesaria para vivir como prójimos en el contexto de pluralidad religiosa. La Secretaría del CMI ha apoyado a las iglesias miembros en sus compromisos en relación con esos problemas comunes que afectan a la humanidad y al futuro de la vida de nuestro planeta.
10. En varias ocasiones, he puesto de relieve el desplazamiento hacia el Sur y el Este que se observa en el cristianismo mundial. Ya pueden verse los efectos de este cambio en el movimiento ecuménico y en sus organizaciones. Pero la cantidad creciente de cristianos en el Sur y en el Este no entraña de ninguna manera el estancamiento o la decadencia de la vida de las iglesias en los centros tradicionales del cristianismo. También hay señales estimuladoras de renovación en América del Norte y en Europa. Durante el período entre Navidad y Año Nuevo, Ginebra acogió a aproximadamente 40.000 jóvenes de toda Europa reunidos por la comunidad de Taizé. Eran jóvenes cristianos comprometidos que, al regresar a sus países, habrán de compartir con sus familias, amigos y comunidades la experiencia espiritual vivida durante esa semana en la ciudad de Calvino, y proclamarán la buena nueva del Evangelio en todo el continente.
11. Otra fuerza de renovación son las comunidades y congregaciones de migrantes. Las migraciones están cambiando el rostro del cristianismo en muchos lugares. Mi último informe al Comité Central estuvo centrado en este hecho. En casi todas las partes del mundo, necesitamos volver a pensar lo que significa ser la iglesia a nivel local y mundial en el contexto actual.
C. La “Reconfiguración del Cristianismo”
12. Hoy desearía centrar mi informe en otra faceta estrechamente relacionada con la anterior, la del contexto eclesial en constante cambio. Muchas de las iglesias miembros se ven enfrentadas con el ritmo acelerado y el alcance del crecimiento de las comunidades carismáticas, pentecostales y evangélicas libres, así como de las congregaciones no denominacionales y las megaiglesias. Está cambiando la realidad en el entorno de las iglesias, las formas de organización social y las formas en las que se expresa y se encarna la fe en la vida de todos los días.
13. Es un hecho interesante que “todas las denominaciones cristianas y las paraiglesias que se han multiplicado rápidamente a partir de la Segunda Guerra Mundial presenten similitudes sorprendentes con las empresas transnacionales”.[1] Estoy citando un estudio muy detallado y amplio sobre el proceso de cambio que se describe incluso en el título del libro: “Re‑shaping of Christianity in the context of globalization” (reconfiguración del cristianismo en el contexto de la globalización). Es un estudio cuidadosamente estructurado sobre la situación de las iglesias en el Pacífico. El Profesor Manfred Ernst del Pacific Theological College de Suva (Fiji), que orienta su estudio hacia la región del Pacífico, considera que “es como un microcosmos en el que es posible encontrar todas las tendencias y cambios a nivel mundial de la afiliación religiosa”.[2]
14. El libro se basa en estudios de casos sobre la situación de los países de las islas del Pacífico. El estudio confirma la afirmación de Peter L. Berger de que “el protestantismo evangélico libre, especialmente la versión pentecostal, es el movimiento más popular y sirve como mecanismo de la globalización cultural”.[3] Ese movimiento está apoyado por los medios de comunicación mundiales y la utilización intensiva de programas de radio y televisión.
15. Los datos de la investigación de este estudio vienen en apoyo de los trabajos de David Martin, Harvey Cox y Karla Poewe[4] que han puesto en evidencia la forma en que los nuevos grupos religiosos desencadenan un profundo proceso de cambio cultural y social. Manfred Ernst destaca que “los datos de la investigación presentados en nuestros estudios de casos nacionales detallados... confirman la hipótesis de que la conversión a un cierto tipo de cristianismo transforma las actitudes de las personas en la familia, en su conducta sexual, en la forma de criar a los hijos, en el trabajo y en la economía del hogar. Se puede argumentar que el nuevo tipo de religión surgido recientemente en su versión pentecostal, neopentecostal y evangélica fundamentalista promueve [...] una actitud y una moralidad singularmente idóneas para las personas que desean progresar en la etapa de auge y dominio del actual capitalismo mundial”.[5] Este es el contexto en el que han surgido estos nuevos movimientos y crecen en todo el mundo, incluidos los países en los que la población mayoritaria es ortodoxa o católica romana.
16. El crecimiento de estas nuevas expresiones de la fe cristiana tiene lugar en gran medida a expensas de las iglesias tradicionales. De hecho, sólo una pequeña proporción de su crecimiento se debe a nuevas conversiones. El proselitismo es un problema al que es necesario hacer frente. Algunos movimientos neopentecostales se proponen incluso ganar adeptos entre los miembros de las iglesias de misión pentecostales más antiguas como las Asambleas de Dios. Esas prácticas sugieren que hay límites a las impresionantes cifras de crecimiento que hemos visto en el pasado. Los datos del estudio sobre el Pacífico indican que las cifras que citan David Barrett, George T. Kurian y Todd M. Johnson con mayor frecuencia en relación con las tendencias mundiales del cristianismo tienen que ser examinadas con mayor espíritu crítico. Las cifras son menores en general que los datos de censos oficiales en relación con las iglesias históricas y, por el contrario, son exageradas cuando se trata de las denominaciones carismáticas pentecostales.[6]
17. El proceso de cambio no es lineal. Es tan dinámico, complejo e interactivo como cualquier cambio cultural importante del pasado: paralelo a la globalización, el proceso parece promover una asimilación del cristianismo mundial con el modelo de los Estados Unidos de América, dado que los cánticos, las formas de culto y las actitudes de las comunidades evangélicas libres y pentecostales siguen básicamente las pautas estadounidenses. Sin embargo, también hay signos de un descontento creciente en relación con el dominio estadounidense entre los evangélicos libres y pentecostales de América Latina, Asia y África. La segunda y tercera generaciones de pentecostales consideran que es necesario estar mucho más arraigados en la realidad social y cultural de los propios países y regiones. Además de la homogeneización de las tendencias culturales mundiales, la espiritualidad carismática y pentecostal ejerce una influencia cada vez mayor en las iglesias tradicionales en muchos países del Sur. Aunque algunos consideren esto como una amenaza también puede ser una expresión de un proceso muy interesante de adaptación y ajuste de las iglesias históricas que puede incluso frenar el crecimiento de los nuevos movimientos. Las iglesias que han dejado espacio a los movimientos carismáticos y las formas de culto pentecostales en sus propias denominaciones registran cifras más estables.[7] También comprobamos claros parangones entre las iglesias en relación con las nuevas políticas de identidad como defensa contra los poderes globalizantes, que caracterizan el contexto actual cultural, social y político en muchos lugares del mundo. La fragmentación de las comunidades, por un lado, y las nuevas coaliciones en torno a preocupaciones éticas que atraviesan las fronteras religiosas y culturales tradicionales, por otro lado, están motivadas por las consecuencias de la doble cara del proceso histórico de mundialización. La sociedad y los grupos basados en los valores tradicionales de la comunidad se sienten muy presionados. El debate controvertido sobre valores morales refleja la resistencia contra la fuerte tendencia individualista, la indiferencia y la mentalidad de que todo vale en el postmodernismo orientado por el mercado y la hegemonía de los valores neoliberales occidentales que están apoyados por el poder económico, político, militar y de los medios de comunicación de América del Norte y de la Comunidad Europea. Del mismo modo, el fundamentalismo creciente, las perspectivas divergentes y las profundas diferencias en la interpretación de los signos de los tiempos también afectan a la comunidad de iglesias. Entre las iglesias están surgiendo nuevas alianzas en relación con los valores morales. Las diferencias eclesiológicas profundas que fueron suficientemente importantes como para frenar la cooperación ecuménica en el pasado parecen ya no tener importancia en este contexto. Esta situación se refleja claramente en las declaraciones de que tenemos que optar entre la “verdad” y la “unidad”. ¿Es esta la alternativa correcta? En el pasado, nos hemos esforzado por no separar esos dos aspectos del Evangelio, insistiendo, por el contrario, en la tensión creativa entre eclesiología y ética, unidad y verdad.
18. Estoy convencido de que hay otros signos que muestran nuevas posibilidades de mayor cooperación a pesar de los conflictos y las tensiones que existen. En muchos lugares del mundo, las iglesias evangélicas libres y pentecostales evidencian un creciente interés por los problemas sociales y ecológicos y participan en su solución mucho más de lo que se esperaba. La crítica del “Evangelio social” estuvo en el origen del rechazo que suscitó el movimiento ecuménico a los evangélicos libres y los pentecostales. Actualmente, los evangélicos libres y las nuevas iglesias en los Estados Unidos de América están comprometidos en la lucha contra la pobreza en el marco de la campaña mundial llamada “Desafío Miqueas”, y algunos dirigentes evangélicos estadounidenses ponen en tela de juicio la posición del Gobierno de los Estados Unidos de América sobre el problema del cambio climático. Nuevos puentes se están tendiendo por encima de las antiguas divisiones.
19. En algunos casos, los límites que generalmente trazamos entre el ecumenismo conciliar en el que estamos mutuamente comprometidos y las formas de cooperación entre iglesias basadas en la participación y el interés común en relación con un limitado número de problemas también son poco claros. La nueva comunidad Churches of Christ Together in the USA (Asociación de Iglesias de Cristo de los Estados Unidos de América) continúa debatiéndose contra esa distinción, mientras que en Noruega y Suecia o en Malasia se utilizan otros modelos. En muchos lugares del mundo se establecen nuevas formas de cooperación entre las iglesias miembros del CMI y otras iglesias y comunidades cristianas que no forman parte de nuestra comunidad.
20. Una de las tareas más interesantes que ha llevado a cabo el CMI durante los últimos años ha sido promover espacios de encuentro para que la comunidad más amplia se reúna, y viva la experiencia de estar juntos, si bien es cierto que el objetivo de esa peregrinación común aún no se ha acordado ni está claramente establecido. El CMI ha desempeñado ese papel ya en el pasado con otros órganos del ecumenismo conciliar (por ejemplo, las organizaciones ecuménicas regionales y los consejos nacionales de iglesias), la Iglesia Católica Romana y las comuniones cristianas mundiales. Más recientemente, el proceso sobre el Ecumenismo en el Siglo XXI y el Foro Cristiano Mundial han añadido nuevas dimensiones al servicio que el CMI presta al movimiento ecuménico más amplio. Esas nuevas funciones del CMI se reciben con aprecio, aunque suscitan una cierta aprehensión por parte de muchas de nuestras iglesias miembros e interlocutores ecuménicos. Por ejemplo, hay señales que nos permiten decir que la Iglesia Católica Romana reconoce el papel constructivo que ha desempeñado el CMI al promover esos espacios para el movimiento ecuménico más amplio, más allá de su propio ámbito de influencia. Sin embargo, al mismo tiempo, existen también claras señales que advierten que esos nuevos esfuerzos no deben poner en peligro los logros del pasado. Esas preocupaciones se plantean, por ejemplo, en los debates relativos a la próxima asamblea del CMI, que también está en nuestro orden del día.
D. El papel del CMI
21. Esta última observación, me sirve de introducción para responder a la pregunta sobre qué implica todo esto para el papel del CMI. La Constitución del CMI establece de forma directa y clara en la primera frase de la sección III sobre Objetivos y Funciones [del CMI] que el CMI está “constituido por las iglesias para servir al único Movimiento Ecuménico”. No es una tarea sencilla, pero es una tarea necesaria que asume el CMI al estar al frente de la evolución presente y futura del movimiento ecuménico.
22. En el documento normativo Hacia un entendimiento y una visión comunes del Consejo Mundial de Iglesias (EVC) se expresa claramente que “el Movimiento Ecuménico es más amplio que sus expresiones institucionales” (párr. 21). En el documento también se destaca que “aunque el CMI es esencialmente la comunidad de sus iglesias miembros, sirve al mismo tiempo como un instrumento y una expresión fundamentales del Movimiento Ecuménico” (ibid.).
23. Más allá de la tarea primordial de profundizar en la comunidad entre las iglesias miembros como destaqué al comienzo de esta parte de mi informe, el CMI debe asumir la responsabilidad de ampliar la participación en el movimiento ecuménico y garantizar su coherencia. Nuestra Constitución define la identidad del CMI como una comunidad de iglesias profundamente comprometida con la búsqueda de la unidad visible y con la misión y el servicio en común al mundo. En su alocución, el moderador ha señalado a nuestra atención los tres aspectos del objetivo del CMI. La unidad, el testimonio común y el servicio son, en cierto sentido, los elementos constitutivos del ADN del CMI.
24. Profundizar en la comunidad significa ahondar en nuestros esfuerzos comunes en favor de la unidad visible de la iglesia, y la misión y el servicio comunes al mundo. Sin embargo, cualquier intento de definir el papel que debe asumir el CMI en el movimiento ecuménico y en todo el cristianismo en el día de hoy tiene que incluir la responsabilidad de esforzarse por ampliar la participación en el movimiento ecuménico y por garantizar una mayor coherencia.
25. Profundizar en la comunidad, ampliar la participación en el movimiento ecuménico y lograr una mayor coherencia son tres dimensiones que exigen que se mantenga el equilibrio entre los logros del pasado y las tareas de cara al futuro, entre la comunidad que ya existe en el CMI y la necesidad de trascenderla para reunir verdaderamente a todas las “iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador, según el testimonio de las Escrituras, y procuran responder juntas a su vocación común, para gloria del Dios único, Padre, Hijo y Espíritu Santo” (Base del CMI).
26. Teológicamente, estas tres dimensiones reflejan la realidad relacional anterior del Dios trino y uno, la koinonía que está en el centro de la comunidad de iglesias miembros. Esta koinonía no nos pertenece, sino que es un don de Dios que desea que las iglesias participen en su misión de reconciliación y sanación. No podemos limitar esa koinonía a nosotros mismos. Nos obliga a ir más allá y a construir nuevas relaciones, confiando en el misterio de la presencia de Dios en el otro, que nos da la certeza de que podemos hacerlo.
27. Profundizar en la comunidad de las iglesias miembros del CMI, ampliar la participación en el movimiento ecuménico y garantizar su coherencia son tres tareas centrales, aunque no es posible llevarlas a cabo sin tensiones. Vivimos esas tensiones en tres ámbitos que he de abordar en la segunda sección de mi informe: el Foro Cristiano Mundial, la formación de la Alianza ACT tras la fusión de ACT International y ACT para el Desarrollo, y el debate sobre una nueva forma de Asamblea del CMI que abra un mayor espacio a las comuniones cristianas mundiales (CCM), las organizaciones ecuménicas regionales (OER) y otros interlocutores ecuménicos.
28. En todos esos ámbitos, necesitamos seguir la orientación que nos da la Constitución del CMI en su Base y sus objetivos. Esto significa que siempre tenemos que comenzar con la comunidad de iglesias miembros. El hecho de que las iglesias miembros no se hayan responsabilizado por la comunidad ha constituido la debilidad decisiva del CMI y de las otras organizaciones ecuménicas. La responsabilización por parte de las iglesias miembros es la única forma viable de garantizar una mayor coherencia de las diferentes organizaciones que han creado para que estén a su servicio en la misión, y de evitar la competencia entre ellas. También es necesaria esa responsabilización a la hora de intentar ampliar la participación en el movimiento ecuménico. Por supuesto, los logros del pasado constituyen la base que permite ampliar el círculo.
II. Tres ámbitos de preocupación especial
A. El Foro Cristiano Mundial
29. He centrado mi informe en la realidad eclesial actual en constante cambio por el hecho de que uno de los acontecimientos más importantes, desde que se reunió por última vez el Comité Central, fue el Foro Cristiano Mundial (FCM) que se celebró en noviembre de 2007 en Limuru, un lugar muy importante para mí en Kenya, mi país de origen. El Foro Cristiano Mundial es el instrumento más importante a la hora de abrir nuevos caminos hacia una mayor participación en el movimiento ecuménico, y refleja el alcance actual del cristianismo y no sólo de una parte. Por primera vez, una gran diversidad de iglesias y comunidades cristianas, atravesando todas las fronteras que aún separan a los cristianos, se reunieron a nivel mundial. El simple hecho de que esto haya ocurrido es el logro más importante del proceso que inició el CMI en la Asamblea de Harare en 1998. El Foro Cristiano Mundial fue una oportunidad de ir más allá del sentido de enemistad que prevalecía en el pasado y de superar los prejuicios profundamente arraigados entre “ecuménicos”, “evangélicos libres” y “pentecostales”, y las iglesias tradicionales.
30. Dejando de lado la importancia de este acontecimiento, el entusiasmo que suscite dependerá de la continuación de la reflexión. Aunque el Foro ofrezca la posibilidad de compartir en profundidad, no promueve la responsabilidad de unos para con otros. Aunque muchas tradiciones eclesiales estaban presentes, la participación ortodoxa, especialmente de las iglesias ortodoxas de habla griega, fue menor de lo previsto.
31. Entre los resultados importantes del Foro, podemos dar cuenta de los siguientes:
Se ha incluido la unidad como tema del programa de las iglesias pentecostales y evangélicas libres. El Foro fue una reunión particularmente importante para estimular a la Confraternidad Mundial Pentecostal que pidió que se incluyera su nombre en la carta final del Foro a las iglesias y aceptó que se oficialice su participación en la Conferencia Anual de los Secretarios Generales de las Comuniones Cristianas Mundiales.
El Foro ofrece a las iglesias una nueva configuración ecuménica y una nueva forma de relaciones. La amplia participación, la metodología y la índole no institucional parecen ser importantes para muchos dirigentes de iglesia. Sin embargo, los participantes en el Foro expresaron la necesidad de profundizar su diálogo y de ir más allá del intercambio de testimonios y de relatos personales.
El Foro representa un cambio en la perspectiva del mundo ecuménico, pasando de una perspectiva predominantemente Noratlántica a una perspectiva más mundial, que tiene en cuenta más plenamente la influencia de los movimientos de reavivamiento evangélico libre y pentecostal en la iglesia a nivel mundial. Sin embargo, por otro lado, esto podría considerarse como una adopción de la forma estadounidense de concebir el espacio común debido a la gran influencia cultural constante de la base estadounidense de los evangélicos libres y de los pentecostales en todo el mundo. Por otro lado, el Foro Cristiano Mundial fue una oportunidad para que los pentecostales y los evangélicos libres de Asia, África y América Latina pudieran hacer oír su voz y sistematizaran un programa más consciente desde el punto de vista social y ecológico para ellos mismos.
32. La experiencia del Foro debe considerarse como un desafío, y no como una amenaza, para las formas tradicionales de ecumenismo. Dado que el Foro legitima muy diversos agentes ecuménicos, por ejemplo la Alianza Evangélica Mundial, es necesario que el CMI reexamine su posición al respecto de conformidad con los valores de la comunidad, la unidad visible, el testimonio y el servicio comunes.
B. Alianza ACT
33. Anteriormente me he referido a la unidad, el testimonio y el servicio comunes como los tres elementos constitutivos del ADN del CMI. La interrelación entre esos elementos sienta las bases de nuestra relación con los nuevos avances en la labor diaconal del Consejo.
34. Siempre he tenido la firme convicción de que el Consejo debe desempeñar un papel de enlace entre las iniciativas de los ministerios especializados para trabajar juntos a nivel mundial en el ámbito del desarrollo. Existía una necesidad manifiesta de una mayor coordinación de las actividades, una mayor visibilidad de la labor de desarrollo del movimiento ecuménico, y un mejor acceso a todas las fuentes de financiación pertinentes. Los debates tuvieron como resultado la formación de una nueva alianza mundial para el desarrollo, llamada ACT para el Desarrollo. Su constitución oficial tuvo lugar con ocasión de su primera asamblea, celebrada en febrero de 2007 en Nairobi, tras dos años de consultas y planificaciones. En el proceso hacia la formación de ACT para el Desarrollo, se puso de relieve que el modelo ideal debería reunir la labor ecuménica sobre emergencias, sensibilización, defensa y promoción, y desarrollo en una sola institución bajo el mismo nombre, de preferencia Acción Conjunta de las Iglesias. De ahí que ACT para el Desarrollo y ACT International hayan comenzado un proceso de fusión en una única organización, la Alianza ACT.
35. Estos esfuerzos de los copartícipes ecuménicos para trabajar juntos en los ámbitos de emergencias y de desarrollo son pasos importantes hacia una mejor cooperación y mayor coherencia del movimiento ecuménico. Por esta razón, he decidido apoyar este proceso de adopción de nuevas formas de cooperación. Sin embargo, algunas personas han expresado su preocupación en relación con este proceso hacia la constitución de una nueva sólida Alianza ACT. Esas personas expresaron su temor de que el CMI pierda su labor diaconal, que es un elemento esencial de su misión. Algunos han manifestado su preocupación asimismo por la relación entre las iglesias y la nueva ACT. Estas cuestiones son pertinentes y requieren un examen exhaustivo en los debates entre ACT, los ministerios especializados y el Consejo acerca de complementariedad y responsabilidad mutua.
36. Al abordar estas preocupaciones, cabe recordar la razón de ser de la reestructuración de la labor diaconal del Consejo tras su Asamblea de Porto Alegre. Se reconoció que la labor diaconal y la lucha por la justicia son aspectos inseparables a la hora de acompañar a las iglesias en su trabajo con los pobres y las personas vulnerables. Este enfoque integrado constituye también la base de nuestra labor de sensibilización, defensa y promoción. En la mesa redonda del CMI realizada en 2007 con los ministerios especializados, destaqué el significado teológico de advocacy (actividades de sensibilización, defensa y promoción): Estar ante Dios y el mundo en solidaridad con las personas que sufren y la creación que sufre. Así pues, la lucha por la justicia, expresada en la labor diaconal y en la labor de sensibilización, defensa y promoción es un aspecto inseparable de la misión de la iglesia y del Consejo.
37. Este hecho es reconocido por los ministerios especializados. En la misma mesa redonda, se dijo que el CMI ocupa una posición excepcional[8] que le permite, entre otras cosas, tener una visión general de los problemas planteados a nivel mundial en el marco de sus actividades de sensibilización, de defensa y promoción; coordinar y convocar, fortaleciendo las redes existentes o estableciendo nuevas redes; estar en relación con un ámbito de influencia particularmente amplio; apoyar las iniciativas de creación de capacidad estableciendo enlaces entre los agentes locales a nivel mundial; vincular las actividades de sensibilización, defensa y promoción a nivel local y de la base con las Naciones Unidas y otras instituciones mundiales; y establecer una base espiritual y teológica común para las actividades de sensibilización, defensa y promoción.
38. La contribución singular que aporta el CMI a las actividades de sensibilización, defensa y promoción es la que aportan sus miembros. En su calidad de comunidad de iglesias, el CMI es un instrumento con el que cuentan las iglesias para dar voz a las preocupaciones de las personas que sufren y que suelen ser sus propios miembros. En la mayoría de los casos, las personas afectadas son los mejores defensores de su causa. La estructura ecuménica puede ayudarlos a hablar claro sobre sus preocupaciones. Estas consideraciones nos sirven de orientación en la búsqueda de estructuras eficaces de cooperación entre las iglesias y los ministerios especializados, y la nueva Alianza ACT en formación.
C. La próxima Asamblea del CMI: hacia un espacio ampliado
39. Los desafíos que plantea el contexto mundial en rápida evolución así como el escenario eclesial igualmente en constante cambio han sido ciertamente los que indujeron a la Asamblea de Porto Alegre a hacer un llamamiento en favor de un nuevo tipo de Asamblea del CMI. Otra motivación fue la necesidad de superar la aparente fragmentación del movimiento ecuménico y garantizar una mayor coherencia. Estas dos motivaciones se reflejan en el informe del Comité de Examen de la Asamblea en el que se habla de:
“una asamblea ecuménica que reúna a todas las iglesias para celebrar su comunidad en Jesucristo y afrontar los desafíos comunes que se plantean a la iglesia y a la humanidad”, en la esperanza de que esto represente un importante paso “en camino hacia la unidad visible y hacia una eucaristía compartida” (párr. 5)
y en el informe del Comité de Examen se explica con más detalle esta visión mediante la recomendación de que el CMI
“estudie la viabilidad de una estructura para las asambleas del CMI que permita ampliar el espacio de encuentro entre las comunidades cristianas y las familias confesionales, con el propósito de deliberar y/o debatir sobre el programa general de dichas asambleas” (párr. 25.d)).
40. Fue un intento de integrar dos expectativas que se han formulado nuevamente en un proceso de escucha en relación con la propuesta de ampliar el espacio de encuentro, en el que participaron las iglesias miembros, los organismos ecuménicos y otros interlocutores. Algunas iglesias miembros desean continuar ese positivo proceso que comenzó con el documento EVC y la Comisión Especial sobre la participación de los ortodoxos en el CMI con objeto de profundizar en la comunidad y abordar los desafíos comunes. Se han planteado importantes preocupaciones en relación con el espíritu de consenso, la manera de ser de la comunidad, el acuerdo al que se ha llegado en relación con la oración común y la eucaristía confesional – todos logros del proceso de la Comisión Especial. Algunas comuniones cristianas mundiales, juntamente con algunas de sus iglesias miembros que pertenecen tanto al CMI como a los respectivos órganos confesionales, desearían que la próxima asamblea sea un espacio común, en el que puedan asimismo ocuparse de los asuntos específicos de sus propias asambleas confesionales.
41. En un documento aparte, les hemos entregado un informe sobre el proceso de escucha para su información. En este informe se incluye una síntesis de las observaciones que se han formulado. Pone en evidencia los progresos realizados en la tarea de dejar claro las muy diversas expectativas, y determinar algunos de los problemas básicos que deberán abordarse en el proceso de discernimiento que seguirá al proceso de escucha. No es necesario que repita lo que se dice en ese informe. Por cierto, hemos logrado ir más allá de las etapas iniciales, en las que parecía muy difícil conciliar las dos expectativas. Hay una conciencia cada vez más clara de que la próxima Asamblea tiene que estar al servicio de la coherencia del movimiento ecuménico, manteniendo en su centro el objetivo de profundizar en la comunidad de iglesias. En el proceso de escucha, surgieron algunas nuevas ideas, por ejemplo, por lo que respecta a las perspectivas comunes de las comuniones cristianas mundiales o a la necesidad de que la Asamblea aplique el modelo de consenso en todos sus aspectos, así como los otros principios que se introdujeron tras las recomendaciones formuladas por la Comisión Especial.
42. Este Comité Central es la primera oportunidad que tienen los representantes de las iglesias miembros de debatir sobre esta cuestión. Lamentablemente, sólo unas pocas iglesias miembros han respondido directamente a mi carta en la que les solicitaba que presentasen sus observaciones acerca de la propuesta formulada por la Asamblea. De ahí que sea una cuestión urgente que todos ustedes participen ahora en los debates. Una sesión plenaria dará la oportunidad de compartir puntos de vista y aclarar el camino a seguir.
43. La principal pregunta que se plantea actualmente es la siguiente: ¿cómo podemos pasar de la fase de escucha al proceso de discernimiento teniendo en cuenta la decisión relativa al formato de asamblea que hemos de adoptar en el próximo Comité Central? Se pide al Comité Ejecutivo que presente algunas propuestas concretas para ese proceso de discernimiento, y en relación con otras iniciativas, que permitan al próximo Comité Central tomar la decisión sobre el tema y el lugar de la Asamblea. El Comité de Examen tendrá en cuenta tanto la propuesta presentada por el Comité Ejecutivo como el debate en el pleno. Esta será la base para las recomendaciones que ese Comité presentará al pleno del Comité Central en el marco de su informe. Pido a Dios que nos guíe con su sabiduría en este proceso por el bien de la comunidad que es el CMI y del movimiento ecuménico más amplio.
III. Puesta en práctica de los programas
44. En la segunda parte de mi informe hablaré de las actividades programáticas del Consejo. No pretendo hacer un informe detallado. El Comité de Programas recibirá y evaluará informes exhaustivos de todos los sectores programáticos. Yo desearía simplemente presentar algunas cuestiones importantes de cada programa con objeto de poner de relieve las principales orientaciones, las principales enseñanzas, algunos logros preliminares, y los pasos a dar de cara al futuro.
45. Por lo que respecta a los resultados, este ha sido un año en el que se han inaugurado importantes instancias (por ejemplo, el Comité de Continuación sobre el Ecumenismo en el Siglo XXI, la Plataforma Mundial para la reflexión y el análisis teológicos), se han iniciado nuevas actividades (por ejemplo, el Seminario interreligioso, el Código de Conducta sobre Conversión), se han establecido nuevas colaboraciones ecuménicas (por ejemplo, la Red Ecuménica del Agua), se han tomado nuevas medidas para la sistematización de las orientaciones estratégicas de todo el Consejo (por ejemplo en el ámbito de movilización de fondos y de comunicación, dos cuestiones que se encuentran en el orden del día del Comité Central).
46. Por lo que atañe a la gestión de los programas, este año hemos sido bendecidos con la llegada de nuevos miembros del personal, que han permitido reforzar prácticamente todos los sectores programáticos y todas las funciones del personal, y que han aportado nuevas ideas y un renovado compromiso y entusiasmo. También ha sido un año en el que hemos aprendido más sobre la forma de supervisar nuestras actividades programáticas y hemos sacado enseñanzas de cara al futuro. Por primera vez, el Comité de Programas recibirá, entre otros informes, un “informe de rendimiento de cuentas” en el que se detalla la aplicación de todas las recomendaciones formuladas por el Comité Central en 2006.
47. Aunque nos alegramos de estos logros, debemos reconocer que hemos tenido que hacer frente asimismo a graves problemas y muchas dificultades. De hecho, no ha sido fácil asumir la dura responsabilidad de la transición programática y estructural con todas sus consecuencias. Habida cuenta, por un lado, del gran volumen de trabajo y, por otro lado, de la nueva forma de trabajo – en la que se prevé que los miembros del personal se ocupen de más de un sector programático o proyecto – ha sido una fuente permanente de tensiones. A finales de 2006, el estado de ánimo de algunos miembros del personal se había resentido, pero, ya a mediados de 2007, se había logrado levantar la moral del personal en general. Tratar de atender a la petición de los órganos rectores de “hacer menos” y recibir, al mismo tiempo, solicitudes de las iglesias miembros y de la comunidad ecuménica más amplia de “hacer más” ha ejercido una presión constante sobre la mayoría del personal. Sin embargo su compromiso auténtico hizo posible atravesar todas esas tormentas y, hacia finales del año, pudimos comenzar a navegar en aguas más tranquilas.
48. Al mismo tiempo que se ha encargado de los asuntos corrientes del CMI (por ejemplo las reuniones de los órganos rectores, los asuntos relativos a los miembros, etc.), el Programa de “El CMI y el Movimiento Ecuménico en el Siglo XXI” (P1) ha ampliado su ámbito de acción y ha llegado a ser una valiosa herramienta que favorece la actuación del CMI como instrumento privilegiado del movimiento ecuménico en general. Ya se han tomado algunas iniciativas importantes en relación con:
- El Comité de Continuación sobre el Ecumenismo en el Siglo XXI;
- trabajos detallados sobre las primeras medidas que deberían tomar algunos CNI, los OER, las CCM y representantes pentecostales, particularmente a la hora de responder juntos a la evolución de los contextos eclesiales y ecuménicos, a los que he hecho referencia en la primera parte de mi informe;
- la elaboración de un nuevo enfoque respecto de la Plataforma Mundial para la reflexión y el análisis teológicos;
- las reuniones conjuntas de la Red de Encargados de Asuntos Ecuménicos y ECHOS, el órgano de juventud, así como con representantes de jóvenes y de mujeres de las OER.
49. Estas primeras experiencias de colaboración ecuménica confirman que el CMI solo podrá continuar ejerciendo la función de instrumento privilegiado el movimiento ecuménico más amplio:
- si las iglesias miembros participan cada vez más en sus programas y se responsabilizan por ellos, y si se ofrece un análisis y una interpretación convincentes del contexto en constante evolución,
- si se evidencia apertura al cambio, y
- se toman medidas concretas con miras a una mayor claridad en relación con las funciones que corresponden a los diferentes agentes del movimiento ecuménico y a una mejor colaboración entre ellos.
50. En este sentido, el CMI está avanzando, despacio pero seguro, hacia la formación de un espacio que no sea exclusivo del Consejo ni esté controlado por él, sino que se cree deliberadamente en beneficio del movimiento ecuménico como un todo (véase el Comité de Continuación sobre el Ecumenismo en el siglo XXI; el debate sobre la posibilidad de que se amplíen las asambleas del CMI; el Foro Cristiano Mundial). Algunas importantes etapas como la primera reunión del Foro Cristiano Mundial y la primera reunión del Grupo Consultivo Mixto de las Iglesias Pentecostales y el CMI han sido experiencias estimulantes. Sin embargo, las etapas futuras pueden entrañar graves riesgos para el CMI. La creciente diversidad puede poner en peligro los logros del pasado y reforzar la oposición entre “verdad” y “unidad”, el equivalente eclesial de las nuevas políticas de identidad frente al proceso de globalización actual, como he mencionado anteriormente en mi informe.
51. El sector de programas no ha dejado de lado la cooperación entre los programas. Además del programa de “Justicia, Diaconía y Responsabilidad por la Creación” (P4), se ha avanzado en la reformulación de la manera de abordar la cuestión de las relaciones regionales y la cooperación con las OER. Juntamente con el Programa de “Educación y Formación Ecuménica” (P5) se ha de reformular el enfoque de la Plataforma mundial para la reflexión y el análisis teológico.
52. Por lo que atañe al Programa de “Unidad, Misión, Evangelización y Espiritualidad” (P2) puede decirse que el año 2007 fue un año de transición, tanto a nivel del personal como de los órganos consultivos. Uno y otros se han esforzado por encontrar su lugar y su función en la nueva configuración del CMI y por integrar las diversas tradiciones del movimiento ecuménico que se han combinado constituyendo un único programa, aunque manteniendo la originalidad y la especificidad de cada uno.
53. La Comisión de Misión Mundial y Evangelización (CMME) insiste en la importancia de elaborar un nuevo enfoque sobre evangelización en el marco de una perspectiva global de la misión y considera que la vinculación entre el trabajo misionero y unidad, espiritualidad y la búsqueda de comunidades inclusivas. La Comisión ha pedido que el CMI aporte una contribución al centenario de la Conferencia Misionera Mundial que se celebrará en Edimburgo en 2010, que le permita precisar la concepción y la práctica propias de la misión del CMI. Tras al recomendación del Comité Ejecutivo del CMI ha sido necesario modificar la decisión de la Comisión de proponer una Conferencia Mundial de Misión que se celebraría en 2011, y una nueva propuesta se presenta para examen por el Comité Central.
54. La Mesa de Fe y Constitución y la Comisión Permanente definieron su función en la nueva estructura del CMI y abogaron firmemente por una mayor visibilidad de los trabajos de la Comisión. Han comenzado los preparativos para la celebración de la reunión de la Comisión Plenaria en 2009, cuyo tema estará centrado en la unidad de la Iglesia a la luz de los nuevos contextos ecuménicos, religiosos y mundiales o en proceso de cambio. Se han tomado medidas para establecer un vínculo con los trabajos sobre la misión efectuados en la perspectiva del centenario en 2010. En dos nuevos estudios teológicos se combinan los trabajos anteriores con los nuevos desafíos: los procedimientos de toma de decisiones en materia ética en las iglesias; y la forma en que cada tradición se relaciona con las fuentes de autoridad.
55. En una consulta teológica celebrada en La Paz (Bolivia), in abril de 2007, las cuatro redes de personas excluidas se reagruparon bajo el título de “Comunidades Justas e Inclusivas” y, basándose en sus diversas experiencias de exclusión formularon perspectivas y preocupaciones comunes como una contribución positiva a la concepción de la iglesia y la misión. Se trata de una iniciativa verdaderamente ecuménica, dado que permite muy diversos enfoques del concepto de unidad, y pone en evidencia cómo esta forma de hacer teología favorece la índole incluyente de la comunidad cristiana. El documento de La Paz constituye una base para la planificación común entre las cuatro redes: Pueblos Indígenas, Dalit, Red Ecuménica de Defensa de las Personas Discapacitadas (EDAN) y Víctimas del Racismo, y pone de manifiesto los vínculos directos con los trabajos sobre unidad, misión y espiritualidad.
56. La cooperación ocupa un lugar importante en el orden del día de este Programa: la consulta sobre la ética de la propagación del Evangelio cuyo tema fue “Hacia un código de conducta sobre conversión”, celebrada en Toulouse (Francia), en agosto de 2007, fue organizada por el Programa de “Diálogo y Cooperación Interreligiosos” (P6) con una importante participación, en diferentes etapas de ese proceso, de miembros del personal de Fe y Constitución y de Misión y Evangelización. La principal enseñanza se refiere a la forma de integrar las contribuciones de los participantes pentecostales y evangélicos libres sobre esas cuestiones además de la colaboración que ya existe entre el CMI y el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. La mayor parte de los trabajos en materia de “espiritualidad” se realizaron con un espíritu de colaboración, en particular la preparación de las oraciones comunes para las reuniones de los órganos rectores, para la Asamblea Ecuménica Europea, celebrada en Sibiu (Rumania), en septiembre de 2007, y para la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz (CEIP) en 2011. Está en vías de formación un nuevo grupo de estudio sobre misión y sanación que establecerá el enlace entre la labor del Consejo en el ámbito de la misión y sanación y la labor del Instituto Alemán para la Misión Médica. La definición de los objetivos y la distribución de las tareas se basaron en serias aportaciones teológicas y médicas.
57. Una de las principales responsabilidades del Programa de “Testimonio Público: Confrontar el Poder y Afirmar la Paz” (P3) ha sido estar siempre atentos a lo que ocurre en el mundo y dispuestos a intervenir ante la injusticia haciendo oír la voz de la ética y la moral en los debates y las decisiones tomadas por los responsables de la vida cívica. Es un enorme empeño. Sin embargo, dar testimonio públicamente de las graves violaciones de los derechos humanos es una preocupación importante en 2008 cuando las naciones se preparan para conmemorar el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
58. El CMI está siempre interesado en nuevas formas de movilizar a la comunidad ecuménica, sino también de dar testimonio del mensaje “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Qué significa amar a Dios y amar al prójimo en este mundo convulsionado? Diferentes enfoques vienen a la mente de los cristianos, pero, para muchos, significa esforzarse por lograr una “paz justa” así como por la reconciliación de entidades muy diferentes entre las que no puede existir ni reconciliación ni paz. Teniendo como objetivo intensificar la movilización y multiplicar las redes orientadas a la acción, el Consejo avanza en la preparación de la Consulta Ecuménica Internacional por la Paz (CEIP) que se celebrará en mayo de 2011, y se encarga de elaborar una nueva declaración sobre la paz. Uno de los principales objetivos es suscitar el interés de los seminarios de teología por esta tarea, lo que permitiría formar una nueva generación de ecumenistas. Todas estas actividades forman parte del proceso de culminación del Decenio para Superar la Violencia (DSV). Además, gracias a la promoción de las visitas de Cartas Vivas y del Día Internacional de Oración por la Paz (el 21 de septiembre), los cristianos tendrán la oportunidad de comprometerse con los esfuerzos en favor de una paz justa.
59. A medida que el mundo se interesa cada vez más en los daños causados por la humanidad al medioambiente, el CMI se preocupa no sólo por la protección de la tierra, sino que actúa en nombre de quienes no tienen posibilidades de influir en el entorno político y defender su causa – aquellos a los que la Biblia se refiere diciendo: “uno de estos más pequeños”. Las actividades de este Programa se centrarán esencialmente en obrar en nombre de aquellos para los cuales la comunidad ecuménica se esfuerza por lograr integridad ecológica y económica así como igualdad de derechos cívicos, a medida que la globalización no cesa de reducir las dimensiones del planeta. En el marco de cada reunión anual dedicada a sensibilización, defensa y promoción de la Oficina del Enlace del CMI con las Naciones Unidas, los representantes de las iglesias darán prioridad a las intervenciones ante los encargados de tomar decisiones de política.
60. En el último Comité Central, se tomó la decisión de reforzar la labor del Consejo en el Oriente Medio estableciendo el Foro Ecuménico Palestina/Israel (FEPI). Un amplio proceso de consultas en el que participaron dirigentes de iglesia, líderes de la sociedad civil e intelectuales de Palestina e Israel culminó con la organización de una conferencia internacional sobre el tema: “Las iglesias mancomunan esfuerzos por una paz con justicia en Oriente Medio” que tuvo lugar en Amman (Jordania), en junio de 2007. La conclusión de esa conferencia fue el Llamamiento de Amman que define el marco y los objetivos básicos del FEPI. La metodología que consiste en que las iglesias locales ocupen el centro del FEPI ha permitido aumentar la credibilidad de la iniciativa como se evidencia en la contribución de la Acción internacional de las iglesias en favor de la paz en Palestina e Israel (ICAPPI). En el centro de la Semana de la ICAPPI, prevista para que coincida con el aniversario del comienzo de la ocupación en junio de 1967, y que se celebrará cada año, se celebra un culto y una oración interconfesionales organizados el mismo domingo en Jerusalén y en las iglesias y parroquias de todo el mundo. El tema y la documentación de la Semana de la ICAPPI se deciden y se elaboran en estrecha colaboración con las iglesias locales de Tierra Santa en el marco del Foro Ecuménico. La ICAPPI ha llegado a ser un eficaz instrumento ecuménico para educar y sensibilizar respecto de la difícil situación del pueblo palestino y el conflicto entre Israel y Palestina. Se anima a los participantes, venidos de todo el mundo, a que incluyan la semana de la ICAPPI en un esfuerzo constante para establecer grupos de acción en apoyo a los procesos de paz en el Oriente Medio.
61. A solicitud de los dirigentes de iglesias de Palestina, ese Foro está preparando una importante reunión teológica que se celebrará en septiembre de 2008 en Berna (Suiza), en colaboración con la Federación de Iglesias Protestantes Suizas; en esa reunión se inaugurará el proceso para la elaboración de un manual ecuménico destinado a pastores y sacerdotes de las comunidades de base. El manual se centrará sobre temas teológicos en relación con el conflicto entre Israel y Palestina, como la tierra, la justicia, la ocupación, la interpretación de textos bíblicos, etc., y se los abordará desde diferentes perspectivas y enfoques.
62. En el marco del FEPI, se impulsará una labor de sensibilización y movilización ecuménicas más coordinada y con una base más amplia en relación con el conflicto entre Israel y Palestina. Además de la ICAPPI, el programa de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI) y el Centro Intereclesial de Jerusalén son otros elementos constitutivos de esta iniciativa. Hay actualmente unos 450 ex acompañantes ecuménicos en diferentes partes del mundo dispuestos a trabajar en actividades de sensibilización y movilización. El objetivo es establecer mecanismos y redes de comunicación con objeto de que puedan llevar a cabo la labor que les corresponde en sus respectivos países y que formen parte integrante de una plataforma ecuménica mundial de sensibilización y movilización en favor de la paz, la justicia, la reconciliación y la sanación en Palestina e Israel.
63. El mundo en el que vivimos está entrando hoy en lo que se ha dado en llamar una segunda era nuclear. El riesgo del empleo de armas nucleares es quizás más grave actualmente que durante la guerra fría. En lugar de muchas armas nucleares en las manos de unos pocos países, actualmente hay menos armas nucleares en manos de muchos países. Y lo que agrava aún más la situación es que las potencias nucleares y otros países que persiguen intereses nacionales egoístas han debilitado grandemente los acuerdos internacionales de control de las armas nucleares. Las reacciones militares a los atentados terroristas han aumentado el recurso a la violencia bajo el patrocinio de los Estados, lo que incluye la posibilidad de nuevas utilizaciones de armas nucleares. A causa del calentamiento del planeta, existe un aumento del interés por la producción de energía nuclear, lo que entraña problemas de seguridad y otros riesgos. El “reloj del fin de mundo”, puesto al día regularmente por algunos científicos inquietos, está más cerca que nunca de medianoche. ¿Qué hacen las iglesias para frenar esta amenaza?
64. Desde la última reunión del Comité Central, el CMI y las iglesias miembros han adoptado medidas para afrontar desafíos concretos y revitalizar la voluntad general necesaria para el desarme. El Comité Ejecutivo actualizó dos veces el año pasado la política del CMI, incluyendo una nota sobre Irán vinculada al enfoque de atención especial a Oriente Medio. Todas las iglesias miembros ofrecieron su ayuda en respuesta a la nota de la asamblea del CMI sobre las armas nucleares. Las políticas establecidas por los órganos rectores se reflejan en diversas acciones: durante el debate en el Reino Unido sobre el arsenal nuclear del país, el CMI envió una carta abierta a las iglesias miembros comprometidas decididamente en el debate público. En la Semana de Sensibilización organizada por el CMI en las Naciones Unidas, el desarme nuclear fue un tema de atención especial y 24 iglesias miembros, muchas de ellas procedentes del sur del mundo, indicaron estar nuevamente interesadas en actividades de sensibilización. Se compartieron posiciones de política con estados que tienen armas nucleares, como los EE.UU., el Reino Unido, Francia y China, así como con estados sin armas nucleares (Sudáfrica, Egipto, Corea del Sur, Vanuatu y Suecia). Se ha iniciado la promoción ecuménica de zonas libres de armas nucleares en África (donde se está cerca de alcanzar el objetivo) y en relación con Oriente Medio. Está aumentando el apoyo interreligioso para el logro de objetivos específicos en el desarme nuclear, así como la vinculación a esta tarea de personalidades clave de la sociedad civil. Se están realizando trabajos en los siguientes foros de las Naciones Unidas: reuniones del Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares, la conferencia sobre el desarme y la Primera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Se va a formar una coalición con el fin de volver a presentar a la Corte internacional de justicia la obligación del desarme. Se presentaron políticas ecuménicas y prácticas óptimas sobre el desarme en dos seminarios sobre el desarme con participantes de iglesias, gobiernos e industria y, en ellos, así como en otros lugares, se establecieron vínculos con el DSV. La sensibilización sobre el control de las armas nucleares tiene un carácter tanto diplomático como político. Se trata de conseguir un mayor compromiso de las iglesias por motivos religiosos, éticos, jurídicos y geográficos. El ámbito del compromiso eclesial está creciendo lentamente en un momento en que la comunidad internacional va a celebrar una serie de conferencias anuales decisivas en las que se puede invertir la tendencia de ocho años de reincidencia e inestabilidad. Los responsables de las decisiones en este sector de los asuntos internacionales esperan oír la voz de la fe.
65. Los vínculos entre la pobreza, la riqueza y la ecología resultan cada vez más evidentes hoy en día. Seguimos viviendo en un mundo donde, por una parte, se adolece de una distribución muy injusta y desigual de los recursos y, por otra, se procede a la destrucción continua del medio ambiente con la excusa de la creación de riqueza. La preocupación del CMI es que este aumento de riqueza no se distribuye proporcionalmente en todo el mundo y no ha reducido sustancialmente la pobreza. Hay cada vez más pruebas de que la creación de riqueza al macronivel no causa automáticamente una reducción de la pobreza; tampoco es una condición suficiente para mitigarla. El CMI trabaja con las iglesias para examinar cómo se puede compartir la riqueza para erradicar la pobreza. En el último período la labor del CMI en este sector se ha centrado en la realización de investigaciones regionales sobre los vínculos entre la pobreza, la riqueza y la ecología, analizando los resultados en el contexto del proceso de la AGAPE y proponiendo alternativas. Muchas iglesias se han empeñado también en este proceso. Las nuevas características de este trabajo son que adopta una sólida dimensión ecológica, centrando especialmente la atención en el concepto de la deuda ecológica, analiza la creación de riqueza (no sólo la pobreza) y, por lo tanto, constituye un intento de elaborar una “línea de codicia” y desarrolla, a la vez que lo incorpora, el concepto de “paz justa”, que es parte integrante de la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz.
66. Muchas iglesias están profundamente comprometidas en la lucha por satisfacer necesidades humanas inmediatas y afrontar las raíces estructurales de la injusticia. La satisfacción de necesidades básicas ha llegado a ser muy urgente en situaciones donde la injusticia económica estructural, los conflictos políticos, religiosos y étnicos y las catástrofes naturales destruyen el entramado de la vida. Las actividades programáticas del CMI sobre “Justicia, Diakonia y Responsabilidad de la Creación” (P4) se han enfocado de forma que se apoye a las iglesias tanto en la satisfacción de las necesidades humanas como en la lucha contra las causas estructurales.
67. Además de las injustas estructuras del poder económico y político, la vida de muchas personas en este mundo está fundamentalmente amenazada por los efectos del cambio climático. El Comité Ejecutivo, en su reunión celebrada en Armenia en septiembre de 2007, expresó la necesidad de políticas más completas para apoyar y promover programas de adaptación y mitigación en países gravemente afectados por el cambio climático, especialmente en las regiones de África, el Caribe y el Pacífico, que son las más vulnerables. Instó a los países industrializados a que apoyen estos programas debido a su responsabilidad actual e histórica en las elevadas emisiones de gases de efecto invernadero. Un equipo ecuménico expuso estas preocupaciones durante la cumbre sobre el clima celebrada en Bali, en diciembre de 2007, exigiendo un compromiso pleno durante el período de Kyoto y después de él.
68. El CMI y varios consejos y conferencias nacionales y regionales de iglesias y ministerios especializados de las iglesias empeñados en actividades de socorro y desarrollo han colaborado en la creación de una red ecuménica del agua (REA), debido a que el acceso al agua potable limpia y al saneamiento ha llegado a ser uno de los principales problemas afectados por los cambios climáticos.
69. La seguridad de la vida humana no está amenazada solamente por las catástrofes naturales, sino también por los conflictos políticos, étnicos y religiosos. El Comité Ejecutivo pidió a las iglesias miembros que apoyen a las personas desplazadas y a las iglesias de Irak, por medio de oraciones, actividades de sensibilización y la prestación de ayuda inmediata. El CMI dedicó también atención especial a zonas de África donde se padecen conflictos, tales como Sudán, Zimbabwe y Kenya, acompañando a las iglesias, juntamente con la Conferencia de las Iglesias de Toda el África, para encontrar soluciones a conflictos profundamente arraigados. Los medios violentos para la solución de los conflictos han destrozado muchas comunidades y han hundido en la desesperación a jóvenes y ancianos. Además de apoyar los procesos de construcción de la paz, el CMI ha emprendido importantes actividades en relación con la sanación de los recuerdos. En una reunión celebrada en Dublín, Irlanda, en octubre de 2007, se recabaron enseñanzas e ideas de zonas de conflicto de diferentes partes del mundo. Tales enseñanzas configurarán nuestros esfuerzos en apoyo de las iglesias miembros en todas las ocasiones en que el evangelio les exija trabajar por la paz, la reconciliación y la sanación.
70. Una tercera amenaza grave para la vida es la pandemia del VIH y el SIDA. La Iniciativa Ecuménica sobre el VIH y el SIDA en África ha conseguido notables resultados ayudando a las iglesias en la prestación de asistencia y la sensibilización, así como a iniciar reflexiones teológicas sobre la estigmatización y sobre otros problemas profundos, como la violencia sexual y la pobreza. Las enseñanzas aprendidas en África a través de la labor de dicha iniciativa han beneficiado también a otras regiones, como Asia. En varios institutos teológicos, la reflexión teológica sobre el VIH y el SIDA y la formación de los alumnos y pastores al respecto se han convertido en un elemento normal de los programas de estudio.
71. El cambio climático resulta cada vez más una de las causas principales de la emigración. Es probable que, para mediados del siglo XXI, la cifra de los migrantes ecológicos sea mayor que la de quienes emigran por conflictos y pandemias, pobreza o incapacidad para adaptarse a nuevas realidades. El CMI ha afrontado los problemas de la injusticia por medio de la red ecuménica mundial sobre migración. Durante la reunión anual celebrada en Nairobi en junio de 2007, representantes de diferentes regiones analizaron la situación actual y elaboraron medios para potenciar a las iglesias miembros. El CMI pudo plantear estas preocupaciones en reuniones con el ACNUR. Como resultado de las deliberaciones de la última reunión del Comité Central sobre las repercusiones de la migración en la vida de las iglesias, hemos iniciado un proceso para incrementar la sensibilización de las iglesias y adquirir capacidad para afrontar estos fenómenos.
72. El Programa de “Educación y Formación Ecuménica” (P5) es un buen ejemplo del logro de la integración y cooperación que se habían pedido en la Asamblea de Porto Alegre.
73. En julio de 2007 se hizo realidad el viejo sueño de organizar un seminario interreligioso utilizando el esquema y la metodología del ciclo académico del Instituto Ecuménico, en los que se hace hincapié en el encuentro, el estudio y la investigación en el contexto de compartir la vida en comunidad. El Instituto Ecuménico, junto con todos los colegas del personal de este Programa, del Programa de “Diálogo y Cooperación Interreligiosos” (P6) y otros interlocutores de las comunidades judía y musulmana de Ginebra, unieron sus esfuerzos, tanto humanos como financieros, para hacer posible este acontecimiento. La prensa local e internacional presentó el acto como excepcional y mostró sus resultados positivos. Los colaboradores arriba mencionados se han comprometido a mantener este modelo y hacer de él un acontecimiento anual del Instituto Ecuménico, estimulando también a otros interlocutores interesados a que se unan al mismo.
74. La integración programática del Instituto Ecuménico, en particular con la educación teológica ecuménica y la formación de laicos y sustento de la fe, continúa siendo afirmada y apoyada con renovado rigor por las iglesias, universidades y asociaciones e institutos teológicos y ecuménicos.
75. La petición constante de un número considerable de iglesias miembros de que se realice un “programa de Bossey a distancia”, con aportaciones de todos los proyectos arriba integrados, abre nuevos y creativos caminos para trabajar de forma diferente y más eficiente y para intensificar la cooperación con las regiones en el sector de la educación y la formación ecuménica.
76. Como ser cristiano en una época de reconocimiento sin precedentes de la diversidad religiosa, que es también una época de intensificación de las tensiones religiosas en todo el mundo, ha sido la pregunta fundamental para el Programa de “Diálogo y Cooperación Interreligiosos” (P6) que se centra en tres temas: reflexiones sobre la conversión, el compromiso de la mujer y la juventud y el acompañamiento a iglesias en situaciones de conflicto.
77. El grupo de reflexión “Thinking Together”, integrado por especialistas interreligiosos, ofrece una metodología de vanguardia para la reflexión teológica, particularmente sobre la conversión. Los cristianos, así como otros líderes religiosos, están reconociendo que es preciso someter nuestras teologías a la comprobación, purificación y perfeccionamiento que pueden aportar otros especialistas religiosos. Atendiendo a las profundas preocupaciones de todo el mundo en relación con las prácticas poco éticas de conversión aplicadas por algunos grupos cristianos, que trastornan la armonía interreligiosa en las comunidades locales, dicho grupo emprendió el estudio de esta cuestión desde diversos puntos de vistas religiosos.
78. Asimismo, se celebró en Toulouse, Francia, la segunda de una serie de consultas en varias etapas organizada por el CMI y el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Se trató de una consulta cristiana en la que evangélicas y pentecostales se unieron a ortodoxos y protestantes para examinar un “código de conducta sobre la conversión”. Es especialmente alentador el hecho de que la Fraternidad Evangélica Mundial haya hecho suyo ahora este proceso, ya que influirá en algunos grupos evangélicos empeñados en utilizar métodos de evangelización indiscriminados y, a veces, poco éticos.
79. Se lograron progresos importantes en la participación de la mujer y la juventud, dos grupos demográficos que no suelen estar normalmente representados en la mesa del diálogo interreligioso. Pocos de los líderes religiosos que participaron en tales mesas son mujeres o jóvenes. Una delegación de mujeres cristianas fue a Irán en noviembre para participar con mujeres musulmanas de ese país en el examen sobre el tema “cómo podrían influir las mujeres en la construcción de la paz por medio de la religión en sus profesiones”. Han prometido continuar reuniéndose en los próximos años.
80. Dos acontecimientos caracterizaron la labor relacionada con la juventud. El primero tuvo lugar en Fireflies Ashram, Bangalore, India, donde quince jóvenes pasaron juntos dos semanas. El segundo tuvo lugar en Bossey, donde, en un nuevo esfuerzo por vivir en comunidad, más de 20 jóvenes musulmanes, judíos y cristianos pasaron un mes aprendiendo y dialogando sobre la religión de los demás y viviendo juntos. También esta actividad continuará en los próximos años.
81. Como muchos de los conflictos que afligen al mundo de hoy están relacionados con la religión, el Consejo expresó su firme determinación de trabajar junto con las iglesias en situaciones de conflicto, afrontando éstas con los recursos de la comunidad interreligiosa para la solución de conflictos, la reconciliación y la construcción de la paz. En una consulta para la aportación de ideas, celebrada en diciembre de 2007, se reunieron unos 25 líderes eclesiales, expertos en relaciones internacionales e interlocutores ecuménicos. Sus ideas ayudarán a crear un marco para todo el programa.
82. En octubre de 2007, algunos líderes cristianos, incluido el secretario general del CMI, recibieron una carta firmada por 138 profesores y clérigos musulmanes. El título de la carta es A Common Word between Us and You (Una palabra común entre nosotros y ustedes). En ella se citan la Biblia y el Corán para demostrar que los cristianos y los musulmanes comparten enseñanzas notablemente similares sobre el amor a Dios y el amor al prójimo. Pero los autores de la carta reconocen que hay también diferencias formales graves entre los musulmanes y los cristianos. Sin embargo, tales diferencias no deben impedirnos avanzar en nuestro diálogo, uniéndonos no sólo en una palabra común, sino también en el estudio de posibles acciones comunes en favor de la justicia y la paz en el mundo de hoy.
83. Acogimos con agrado la carta como iniciativa que representa un compromiso, al menos de parte de los autores, de reflexionar de forma nueva sobre la relación entre los musulmanes y los cristianos. Por ello, aceptamos seriamente la invitación y escribí a las iglesias miembros del CMI para recabar su asesoramiento sobre la forma mejor de responder a ella. Las respuestas iniciales nos estimularon a adoptar un enfoque coordinado. Se ha iniciado un proceso en esa dirección, que incluyó la celebración el mes pasado de una consulta de expertos cristianos en las relaciones entre cristianos y musulmanes. El producto de la consulta es un documento titulado Learning to Explore Love Together (Aprender a explorar el amor juntos), que se enviará a las iglesias miembros para estimularlas a utilizarlo en sus reflexiones sobre la carta y a empeñarse constructivamente con sus vecinos musulmanes en el estudio de las preocupaciones comunes en sus propios contextos. El documento constituye también la base para los debates sobre una posible consulta con los autores de la carta que se celebraría a fines de este año. La confirmación de este enfoque por parte del Comité Central servirá de gran aliento.
84. El departamento de comunicación del CMI continúa siendo la voz del CMI y sigue trabajando para mejorar la imagen general del Consejo a través de las relaciones con los medios de comunicación, la actividad en la web, las artes visuales, las publicaciones y los servicios de idiomas. La finalidad de las comunicaciones ha sido siempre presentar con precisión la imagen del CMI a la comunidad mundial para intensificar la participación de ésta en el movimiento ecuménico y la labor del CMI.
85. La publicación sistemática de crónicas y comunicados de prensa refleja la pertinencia de la labor del CMI en el mundo de hoy. El equipo de publicaciones sigue produciendo libros, folletos y prospectos que ayudan a todo el movimiento ecuménico informándole detalladamente sobre comisiones y conferencias de importancia decisiva, así como libros sobre cuestiones importantes para la iglesia en todo el mundo. El equipo de artes visuales sigue contribuyendo a la representación visual de la comunidad ecuménica por medio de la continuación de la serie Keeping the Faith (Mantener la Fe) y la presentación de imágenes en la web y en las publicaciones.
86. La elaboración de una nueva estrategia ha sido la tarea principal del nuevo director, el cual se ha comprometido a consultar a los órganos de gobierno, para consolidar y aplicar esta nueva estrategia encaminada a fortalecer la función del Consejo dentro del movimiento ecuménico único. Será ésta una de las principales medidas que se esperan de este Comité Central.
87. Para ayudar a este Comité Central a examinar la nueva estrategia de comunicaciones, hemos propuesto establecer un pequeño comité que trabaje en los intervalos entre las sesiones y asesore a la plenaria. La propuesta tiene repercusiones a largo plazo, por lo que es posible que no pueda ser tratada adecuadamente en sólo una o dos sesiones. La adopción de la nueva estrategia por parte del Comité Central inspirará y estimulará a la secretaría a trabajar con mayor eficiencia para mejorar la imagen del CMI dentro del movimiento ecuménico único y en el ámbito mundial.
88. Concluyendo, deseo dar gracias a Dios que nos ha otorgado la capacidad y los recursos de tiempo, talentos, conocimientos y dinero para hacer todo este trabajo. Doy también las gracias a los miembros del Comité Central por las orientaciones, el apoyo y el aliento que me han proporcionado todos ustedes. Recuerdo el espíritu y la letra de la primera asamblea del CMI hace 60 años: “Cuando miramos a Cristo, vemos el mundo tal como es: Su mundo, al que Él vino y por el que Él murió. Está lleno de grandes esperanzas, pero también de desilusión y desesperación. Algunas naciones gozan de su nueva libertad y poder, otras sufren con amargura porque se les niega la libertad, otras están paralizadas por divisiones y, en todas partes, hay una sensación de temor”. Inspirado por el espíritu de nuestros predecesores ecuménicos, tengo plena confianza en que, estando unidos, juntos conseguiremos mucho más, de forma que serán más los hijos de Dios que tengan vida y la tengan en toda su plenitud. Que el Señor haga que nuestros trabajos en esta 57ª reunión del Comité Central sean un paso importante hacia esa meta.
[1] Véase Manfred Ernst, The Re-shaping of Christianity in the Pacific Islands, Pacific Theological College: Suva 2007, pág. 704
[2] Ibid. pág. 700
[3] Peter L. Berger 2002, pág. 8 – véase ME, pág. 695
[4] David Martin, Pentecostalism. The World their Parish, Oxford: Blackwell, 2002; Harvey Cox, Fire from Heaven. The Rise of Pentecostal Spirituality and the Reshaping of Religion in the Twenty-First Century, Cambridge (MA): Da Capo Press, 2001; Karla Poewe, Charismatic Christianity as a Global Culture, Columbia: Universidad de Carolina del Sur, 1994
[5] ME pág. 695
[6] ME pág. 698
[7] ME pág. 702
[8] En el informe de esa reunión se expresa: “Se propuso que el grupo central de la mesa redonda dé seguimiento, junto con el CMI, a los ámbitos de preocupación que se mencionan a continuación: la base teológica de las actividades de sensibilización, defensa y promoción; las actividades de sensibilización en el marco de la familia de las Naciones Unidas con una base suficiente de recursos y objetivos claros, dando prioridad a los derechos humanos y a los problemas de seguridad; el papel del CMI y de sus miembros al hacer frente a las instituciones financieras internacionales; el papel del CMI y de sus miembros al hacer frente al sector privado, en particular las empresas transnacionales; una mayor responsabilización y participación de las iglesias miembros y de los interlocutores ecuménicos, mediante creación de capacidad y un diálogo crítico; captar los diferentes programas de sensibilización, defensa y promoción de la familia ecuménica, sea mediante un inventario creativo de esos programas, sea mediante la división de las tareas entre las instancias existentes”.
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