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Documento n° GEN/PUB 04
Informe sobre Cuestiones de Actualidad
Declaración sobre la situación penosa de los niños en los conflictos que tienen lugar en el norte de Uganda
Introducción
1. Los niños que se ven inmersos en situaciones deshumanizadoras constituyen un especial motivo de preocupación para los cristianos y las iglesias. Estos consideran que cometer cualquier abuso contra los niños niega frontalmente la enseñanza de la Biblia de que cualquier ser humano “está hecho a imagen y semejanza de Dios” y que, por eso mismo, posee un valor inestimable. Consideran que utilizar a los niños como soldados en las guerras contradice radicalmente el Evangelio mismo, y constituye un ataque directo contra Jesucristo, contra su figura y su mensaje.
2. El propio Evangelio nos recuerda que los niños son el símbolo más esperanzador del amor incondicional y de la promesa de Dios a la humanidad. En un mundo donde reina la diversidad y la disparidad, los niños constituyen una fuerza que galvaniza y nos unifica a todos. Cualquier ataque contra los niños y la infancia merece ser denunciado como intolerable e inaceptable.
3. En 1979, Año Internacional del Niño, el Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, en un mensaje de Navidad, apela a la comunidad cristiana y a las iglesias para que “hagan posible que los niños vivan en la confianza de una comunión de relaciones abiertas y plenas, en la honradez, en el uso y desarrollo creativos de sus potencialidades para el bien de todos. Debe propiciarse que ellos, al igual que el Señor, crezcan y se hagan fuertes en la sabiduría y en la gracia, en la entrega en el amor”. Como familia humana, tenemos la responsabilidad colectiva de garantizar que nuestros niños crezcan en un entorno amoroso y solidario, donde se atiendan sus necesidades y se respeten sus derechos.
4. Los cristianos y las iglesias estiman que la participación de los niños en las guerras ofende no solamente a los niños, sino también a Dios; y que utilizarlos como soldados equivale a negar la voluntad de Dios de que todos los seres humanos se desarrollen en plenitud y tengan esperanza en el futuro. Jesús preguntó con indignación: “Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?” (Lucas 11:11-12). ¿Qué diría Jesús a aquellos que dan a los niños, no una serpiente ni un escorpión, sino algo mucho peor, como son las armas y las instrucciones para utilizarlas?; ¿qué diría a quienes les condenan a la experiencia de convertirse en meras herramientas, en cuerpos para ser explotados por aquellos que son mayores y más poderosos que ellos; y que les dejan cicatrices físicas y emocionales que les durarán de por vida?
5. Lamentablemente, los niños deben soportar constantemente penalidades, aflicciones y sufrimientos inmensos en las guerras y en las situaciones de violencia que se producen desde Sierra Leona a Liberia, desde Sudán a la República Democrática del Congo. El terror ha destrozado sus sueños; los señores de la guerra y los gobiernos sin escrúpulos les han arrebatado los años de infancia que tenían para crecer en la inocencia y la ternura. Para Jesús, eran los pacificadores quienes serían llamados “hijos de Dios” (Mt. 5:9); ¡qué amargo es ver que los niños se han convertido en guerreros! Para los cristianos se trata de un ultraje no solamente a la dignidad humana, sino a Dios y a la fe que fundó Cristo, que vino al mundo como Príncipe de la Paz.
6. En la actualidad, hay millones de niños de todo el mundo, especialmente en África, que se ven inmersos en conflictos bélicos de los que no son testigos, sino objetivos. En estos conflictos, la mayor parte de los cuales son de orden interno, se cometen asesinatos de niños, lo que constituye un crimen contra la humanidad. Estos niños son víctimas de violencia sexual, y se les somete a abusos, vejaciones y explotación; algunos deben soportar hambre y enfermedades. Hay miles de ellos que son reclutados a la fuerza como soldados para tomar parte en conflictos militares que son absurdos y brutales, además de injustificados e ilegítimos.
7. Cuando los niños se resisten a ser reclutados, se les suelen administrar drogas que inhiben su culpa y su temor, y que les incitan a cometer brutalidades. La propaganda, el ánimo de venganza y el temor a ser abandonados a su suerte también son motivos que influyen para que se queden “voluntariamente” en el ejército. Aquellos que sobreviven, suelen sufrir las heridas, las mutilaciones o las secuelas psicológicas cuyas consecuencias les obligan a perder varios años de escuela y socialización. Tras el conflicto, la reintegración y desmovilización de los antiguos niños soldados constituye un proceso complejo porque, en la mayoría de los casos, la población desconfía de ellos. Los niños que lograron escapar son a menudo tratados como marginados sociales y castigados por los crímenes que fueron obligados a cometer cuando los grupos rebeldes les secuestraron y utilizaron por la fuerza.
8. Una guerra así, de terror y violencia sin condiciones, es la que está librando desde 1986, en Uganda, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) contra el gobierno del Presidente Yoweri Museveni. Durante los últimos veinte años, el LRA ha secuestrado, torturado, violado, prácticamente esclavizado y, en algunos casos, asesinado a miles de niños; ha atacado brutalmente casas y escuelas en el norte de Uganda y, con el fin de derrocar al gobierno ugandés, ha llegado a utilizarlos como soldados a su servicio. Estos niños han sido obligados a tomar parte en combates, a transportar cargas pesadas, a servir de criados particulares de los soldados rebeldes y, en el caso de las niñas, a hacer de esposas de los comandantes rebeldes.
9. En fechas recientes, alrededor de dos millones de personas, el 80% de las cuales son niños y mujeres, han sido hacinadas, como si fueran ganado, en campos de concentración del gobierno de Uganda. Estas personas viven en condiciones desoladoras y carecen de las condiciones mínimas de higiene y servicios sanitarios. Otros muchas han sido objeto de maltratos físicos, o han sido retenidas o violadas por las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda y por el LRA.
10. La guerra no ha afectado solamente a Uganda, sino también a Sudán y a la República Democrática del Congo. Desde mediados de 1990, el LRA ha operado desde sus bases en el sur de Sudán, amparándose en la protección, así como en la ayuda militar y en los alimentos, que le brindaba el Gobierno de este país, supuestamente como represalia por el apoyo que el Gobierno de Uganda prestaba al Ejército/Movimiento de Liberación Popular de Sudán (SPLM/A, por sus siglas en inglés). En diciembre de 2003, el Presidente Museveni solicitó a la Corte Penal Internacional que investigará al LRA. A finales del año pasado, la Corte, tras llevar a cabo investigaciones preliminares, emitió órdenes de busca y captura para cinco dirigentes principales del LRA, entre otros para Joseph Kony. En 2005, el Gobierno de Sudán y el SPLM/A firmaron un acuerdo de paz. El antiguo grupo rebelde SPLM/A es ahora el partido político que gobierna en el sur de Sudán.
11. Las iglesias de Uganda han apoyado permanentemente una solución pacífica de la crisis en la región. En 1998, tuvo lugar una importante iniciativa con la fundación de la Iniciativa de Paz de los Líderes Religiosos de la región de Acholi. Esta organización interreligiosa, que fue respaldada por el Consejo Cristiano Unido de Uganda y agrupaba a los líderes católicos, anglicanos, ortodoxos y musulmanes, exhortaba al final inmediato de las hostilidades. Pese a que el Gobierno de Uganda no estaba dispuesto en aquel momento a entablar un diálogo con los rebeldes, aprobó una ley de Amnistía en 2000, gracias a la cual se entregaran muchos rebeldes y provocó la caída del poder militar del LRA. Otra iniciativa de paz, encabezada por Betty Bigombe, antigua ministra de Uganda, fracasó antes de poder llegar a celebrarse las conversaciones de paz entre el Gobierno y el LRA.
12. Durante muchos años, este conflicto en el norte de Uganda apenas atrajo la atención internacional, pero la situación cambió después de noviembre de 2003, cuando tras visitar la región el Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas, Jan Egeland, afirmó que se trataba “de una de las peores crisis humanitarias del mundo que menos atención había recibido”. Tras el acuerdo de paz entre el Gobierno de Sudán y el Ejército de Liberación Popular, los líderes del sur de Sudán anunciaron públicamente que el Gobierno no permitiría nunca más que el LRA se refugiase en el territorio de Sudán.
13. En mayo de 2006, Salva Kiir, Presidente del sur de Sudán, tuvo la iniciativa de servir de mediador entre el Presidente Museveni de Uganda y Joseph Kony del LRA. El Presidente Museveni declaró públicamente que si la negociación de paz tenía éxito, concedería la amnistía a los líderes del LRA, y los protegería frente a cualquier causa que abriera contra ellos la Corte Penal Internacional (CPI). Sin embargo, la CPI recordó al Gobierno de Uganda sus obligaciones como parte en el sumario abierto por la Corte con sus órdenes de busca y captura para arrestar a Kony y a otros líderes.
14. Algunos líderes religiosos opinan que, en estas circunstancias, disminuyen las posibilidades de un alto el fuego, ya que los dirigentes del LRA no estarán dispuestos a negociar bajo la presión de un proceso internacional. Piensan que es importante que antes que iniciar la vía penal, se restaure previamente en la comunidad un sentido de paz y viabilidad de una solución, ya que de lo contrario se entorpecerían los esfuerzos para reconciliar a las partes.
15. Con estos antecedentes, la reunión del Consejo Mundial de Iglesias que se celebra en Ginebra entre el 30 de agosto y el 6 de septiembre:
a) Expresa su preocupación por la amenaza para la paz y la seguridad internacionales, por los obstáculos al suministro de ayuda de emergencia humanitaria como consecuencia del conflicto que tiene lugar en el norte de Uganda, y de las actividades del LRA en el sur de Sudán y en la República Democrática del Congo;
b) Condena las atrocidades que está cometiendo el LRA, e insta al cese y al abandono inmediato de las hostilidades, entre otras, de los secuestros;
c) Alienta a que prosigan las conversaciones que se están celebrando entre el Gobierno de Uganda y el LRA, con el Gobierno de Sudán como mediador, a fin de alcanzar una paz duradera, así como de crear un mecanismo en la línea de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en favor de iniciativas de reconciliación tradicional que contribuyan a resolver el conflicto;
d) Insta al Gobierno de Uganda a que, de conformidad con las políticas nacionales, garantice la protección de todos los civiles; impida los secuestros de niños; reduzca el número de víctimas infantiles; garantice el acceso inmediato y adecuado a la atención y la consulta médicas para todos los niños que escapen de las filas del LRA; prepare la inmediata entrega de dichos niños a sus familias y ponga a su disposición otros medios de atención médica para paliar sus necesidades más perentorias; y ponga en marcha planes concretos para satisfacer las necesidades a largo plazo de los antiguos niños soldados;
e) Insta a las iglesias de Uganda y la región a que movilice a sus fieles para que denuncien los crímenes que se cometen impunemente contra los niños y para que emprendan acciones de sensibilización y defensa de los niños junto con sus socios internacionales para impedir los abusos contra ellos;
f) Apela a las Naciones Unidas y a la Unión Africana para que reconozcan que el LRA supone una amenaza para la paz y la seguridad internacionales, y para que se adhieran a un plan que incluya el nombramiento de un comisionado de la Naciones Unidas, que goce del beneplácito de Uganda, con el fin de apoyar estrategias de mediación como, por ejemplo, la preparación de propuestas detalladas con el fin de que el LRA firme un alto el fuego, garantías de seguridad y un programa más ambicioso de desarme, desmovilización y reintegración a la sociedad (DDR).
g) Exhorta a los donantes, entre otras a las organizaciones no gubernamentales, a que colaboren con el gobierno de Uganda para satisfacer las necesidades básicas humanitarias de las personas desplazadas en el interior del norte de Uganda, y para evaluar el apoyo y la protección que necesitan las poblaciones de los campos de internamiento para poder regresar a sus casas. La estrategia de desarme, desmovilización y reintegración para los miembros del LRI debe ir asociada al aumento de la ayuda a los desplazados por la guerra.
Declaración sobre comercio justo
1. La ruptura en julio de 2006 de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales (que comenzó en 2001 en Doha) en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC) fue un golpe a las relaciones multilaterales en el comercio mundial. Las instituciones multilaterales, como la OMC, se crearon con el fin de mantener e intensificar las relaciones multilaterales y llevar a cabo medidas comunes. Sin embargo, muchas de estas instituciones han sido debilitadas recientemente y se las ha incapacitado para proteger los objetivos comunes pues son los intereses de las naciones individuales los que dominan estas relaciones. A la OMC, como institución multilateral del comercio, le corresponde ser un foro en el que los estados soberanos, grandes y pequeños, pueden reunirse de manera democrática para tratar problemas relacionados con el comercio y no dejar escapar oportunidades para trabajar por la justicia en el comercio. Desde sus comienzos, lamentablemente, la OMC padece sufre el abuso de poder de los países más influyentes. El colapso de las negociaciones sobre el comercio tras cinco años de intenso diálogo es el desafío más reciente al multilateralismo.
2. La ruptura de las negociaciones significa que cada vez habrá más acuerdos comerciales bilaterales en el futuro. Los que se verán más afectados por el bilateralismo son los países en desarrollo más débiles, que no estarán en condiciones de ejercer ningún tipo de influencia y pueden, por tanto, ser explotados. Cuando comenzaron las negociaciones en 2001, se esperaba que las nuevas reglas del comercio internacional beneficiarían al pueblo de los países en desarrollo, se esperaba que las naciones más pequeñas pudieran participar en la prosperidad que disfrutaban hasta el momento unas pocas naciones desarrolladas. Después de generaciones dedicándose casi exclusivamente a suministrar materias primas y recursos al mundo industrializado, se esperaba que las naciones en desarrollo pudieran salir de la pobreza participando en el comercio entre naciones en un plan de igualdad. Estas esperanzas, sin embargo, pronto se desvanecieron cuando los países industrializados empezaron a imponer sus términos y condiciones a través de los mecanismos de la OMC. La participación de los países menos desarrollados en las exportaciones mundiales disminuyó constantemente desde el 0,7% en 1985 hasta el 0,4% en 2005. Esto ocurre porque las condiciones comerciales impuestas a los pobres han debilitado las ventajas que podían haber disfrutado con la apertura del comercio. Las compañías transnacionales presionan a los gobiernos, no sólo en el mundo en desarrollo, para obtener concesiones en los impuestos y la reglamentación laboral y para demorar la imposición de los criterios medioambientales. Los subsidios de los gobiernos a algunos sectores en el mundo desarrollado también amenazan las relaciones comerciales.
3. Tomando la agricultura como ejemplo: mientras la mayor parte del PIB de los países pobres depende de la agricultura ocurre lo contrario en los países industriales, aunque las negociaciones sobre agricultura en la OMC están dominadas por las ofertas mínimas que hacen los países ricos asociadas a sus exigencias agresivas sobre el acceso a los mercados de productos no agrícolas (NAMA) y los servicios. Los países desarrollados quieren beneficiarse incluso de la agricultura, a pesar de que cuentan con una amplia participación en el comercio no agrícola. Los pobres agricultores de economías mayormente agrarias sufren el dumping y otros efectos de las reglas de comercio injustas. Los países pobres desean un convenio comercial que ayude a erradicar la pobreza. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, 800 millones de personas padecieron la escasez de alimentos, mientras otros 42 millones sufrieron desnutrición grave. Mientras las exportaciones agrícolas mundiales se valoran anualmente en 500 billones de dólares estadounidenses, al menos 15 millones de niños mueren cada año antes de cumplir cinco años a causa del hambre o de enfermedades relacionadas. Hay suficiente comida para satisfacer las necesidades de todos, pero no llega a los pobres ni hambrientos pues no pueden costearla debido a modelos y prácticas de comercio injustas. El actual sistema comercial mundial, con sus desequilibrios, no ha podido cumplir la promesa de crecimiento económico y erradicación de la pobreza. De hecho, ha debilitado la seguridad alimentaria de los pobres, ha dejado sin empleo a millones de campesinos y trabajadores y ha ralentizado el desarrollo industrial de muchos países pobres.
4. El Comité Central del CMI, reunido en Potsdam, Alemania, en 2001, se preocupó por estos cambios y el empeoramiento de las relaciones económicas y la creciente disparidad entre las naciones desarrolladas y en desarrollo. El Comité Central de Potsdam pidió, por ello, la elaboración del concepto de comercio justo como uno de los pilares centrales de la labor del Consejo sobre la justicia económica. En consecuencia, las iglesias de todo el mundo han hecho evaluaciones críticas de los acuerdos comerciales, y han trabajado en el desarrollo de propuestas alternativas para el comercio justo en consulta con grupos de la sociedad civil y movimientos sociales.
5. Las iglesias han participado en la labor continua de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial (EAA, por sus siglas en inglés), que emprendió una campaña (en 2002) sobre “Comercio para personas”. El marco de acción de EAA sobre el comercio subraya que: “El criterio bíblico para la actividad económica, incluido el comercio de bienes y servicios, es la justicia y la opción por los pobres: pago justo, relación transparente, no a la explotación, y respeto de la vida, prestando atención a “las viudas, los niños y los extranjeros”. Y concluye: “El comercio, por consiguiente, debe ser un instrumento de comunidad y comunión sostenible, participativa y justa”.
6. Durante los últimos cinco años de negociaciones en el seno de la OMC, los países desarrollados se han opuesto firmemente a las propuestas presentadas por los países en desarrollo. Ellos han preferido proporcionar a los países pobres “ayuda para el comercio” o asistencia técnica relacionada con el comercio con el fin de mitigar los costes de ajuste a corto plazo por la apertura de sus mercados y de facilitar el comercio tratando la falta de infraestructura y otras “limitaciones de suministro”. Esta ayuda, sin embargo, estaba injustamente condicionada a la aceptación de la agenda de liberalización de la Ronda de Doha. Esta propuesta queda muy lejos de lo que las iglesias y los asociados ecuménicos han defendido en su campaña: “El comercio al servicio de las personas y no las personas al servicio del comercio”.
7. Las posturas adoptadas por Estados Unidos y la Unión Europea, conforme a sus respectivos intereses, fueron el desencadenante final del fracaso de esta ronda de negociaciones de la OMC. Se culpaban mutuamente por no tomar las medidas necesarias para suprimir el apoyo a sus propios campesinos, que muchos países en desarrollo consideran una de las principales causas de confrontación en el sistema actual.
8. El fracaso del diálogo es un freno a los países pobres que ahora tendrán que valerse por sí mismos en las negociaciones bilaterales. Aunque las negociaciones parecen haber fracasado y el multilateralismo se ve frenado, las iglesias reconocen que el comercio mundial es demasiado importante para ponerlo a un lado. Antes de que nos demos cuenta se retomarán las conversaciones y las iglesias deben continuar preparándose y capacitándose unas a otras para plantear a sus gobiernos el asunto de la justicia en el comercio mundial, que repercute en la vida de las personas. El comercio justo exige la transformación de las reglas comerciales negociadas en la OMC, al igual que en otros acuerdos regionales y bilaterales. Todas las reglas y acuerdos comerciales deben basarse en el compromiso de:
Proteger y anteponer los intereses de los estados más pequeños, débiles y vulnerables.
Fomentar el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, tal y como los define el propio pueblo.
Dar primacía al derecho de las personas a la alimentación y el agua, y a las necesidades indispensables de la vida, y proteger a los pequeños productores para que puedan sobrevivir y prosperar.
Acatar las normas y principios internacionales que garantizan los derechos humanos fundamentales.
Afianzar el respeto por la creación con principios ecológicos que salvaguarden los intereses de las generaciones futuras y la supervivencia de la tierra.
Asegurar una distribución justa y equitativa de los recursos para todos.
9. Por consiguiente, el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2006:
Afirma la base teológica del compromiso de apoyar y promover el comercio justo: la opción profunda de nuestra fe por los “menores”, los pobres y los excluidos, y pide que se continúen las reflexiones teológicas y bíblicas sobre el comercio justo.
Insta a las iglesias a que alienten a sus gobiernos para que continúen trabajando por un nuevo mecanismo de comercio multilateral, con nuevas reglas comerciales multilaterales que sean justas y democráticas.
Alienta a los países a reanudar lo antes posible los procesos de negociación comercial participativos, que conducirán al comercio justo que erradica la pobreza, promueve los derechos humanos y salva el medio ambiente.
Alienta y apoya las campañas coordinadas de comercio justo que se llevan a cabo a través de las iniciativas de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial, las iglesias y organizaciones conexas.
Insta al diálogo y a la creación de alianzas para el comercio justo entre actores ecuménicos, religiosos, económicos y políticos, y entre las iglesias del Norte y del Sur.
Expresa la necesidad de vincular estratégicamente los movimientos campesinos, los movimientos obreros y los movimientos de las mujeres y los pueblos indígenas a fin de preparar y diseñar propuestas alternativas para el comercio justo a través del Foro Social Mundial y otras vías.
Promueve la sensibilización de las congregaciones sobre el impacto de los acuerdos y las políticas comerciales especialmente en la vida de la gente del Sur, a través de la educación y la formación ecuménica y mediante el estudio y la acción.
Informe sobre Cuestiones de Actualidad
Antecedentes
1. La pandemia del SIDA plantea uno de los desafíos más importantes de nuestros tiempos. El SIDA causa 8000 muertes cada día, ha dejado huérfanos a 13 millones de niños y niñas y pone al descubierto la peligrosa situación de los sistemas de atención de salud de muchos países. El SIDA amenaza la existencia misma de las comunidades, malogra su capacidad de subsistir y ser productivas y desbarata las relaciones a causa del estigma y la discriminación que lleva consigo. La situación plantea un grave desafío para el liderazgo de las iglesias y su capacidad de responder a la crisis actual. Desde la primera aparición de la pandemia hace 25 años, se calcula que han resultado infectadas con el VIH 65 millones de personas, 25 millones de las cuales han fallecido. Sólo en 2005, se calcula que quedaron infectadas con el VIH 4,1 millones de personas y que fallecieron 2,8 millones como consecuencia de enfermedades relacionadas con el SIDA. Actualmente, son las mujeres y los jóvenes las personas más amenazadas y en las que se propaga más rápidamente la infección.
2. Cinco años después de la celebración en 2001 del período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, los datos disponibles demuestran la gran diversidad entre los países y regiones en la aplicación de la respuesta prevista en la Declaración de Compromiso en la Lucha contra el VIH/SIDA. Aunque algunos países han conseguido alcanzar los objetivos e hitos fundamentales para 2005 establecidos en la Declaración, la mayoría no ha logrado cumplir sus promesas. Es necesario seguir realizando grandes trabajos para cumplir las promesas realizadas, de las que dependen millones de vidas.
La Respuesta Ecuménica, 1986 – 1997
3. El movimiento Ecuménico ha sido rotundo en su compromiso para responder al VIH y al SIDA y ha promovido un enfoque holístico para afrontar la pandemia. Ya desde 1986, el Comité Ejecutivo del Consejo Mundial de las Iglesias (CMI) advirtió que: “… las iglesias, en cuanto instituciones, han tardado en hablar y actuar, muchos cristianos han juzgado y condenado rápidamente a las muchas personas que han sido presas de la enfermedad; y muchas iglesias, con su silencio, comparten la responsabilidad del miedo que ha invadido nuestro mundo más rápidamente que el mismo virus”, y pidió a las iglesias que dieran una respuesta apropiada a la necesidad de atención pastoral, educación para la prevención y ministerio social.
4. Continuando en esta misma línea, el Comité Central del CMI en su reunión de septiembre de 1996, instó a las iglesias: “a que promuevan, tanto en sus propias vidas como en el ámbito más amplio de la sociedad, un clima de estudio sensato, objetivo y abierto de las cuestiones éticas planteadas por la pandemia. … en consonancia con el hincapié que hacen en la responsabilidad personal y común, las iglesias pueden promover condiciones personales, culturales y socioeconómicas que ayuden a las personas a hacer elecciones responsables”. Hablando sobre las condiciones de vida de los portadores del virus, el comité dijo: “Las personas que conviven con el VIH/SIDA tropiezan generalmente con temor, rechazo y discriminación,….Dado que tales reacciones contradicen los valores del evangelio, las iglesias están llamadas a formular y promover una política clara de no discriminación contra las personas que conviven con el VIH/SIDA.”
Cambio positivo
5. Desde entonces, las iglesias han continuado luchando contra el VIH y el SIDA en todas las regiones del mundo y se ha registrado una evolución muy positiva. En el año 2000 se produjo el lanzamiento de la “Alianza Ecuménica de Acción Mundial” (en la que el CMI participa activamente), que promueve una campaña activa en la que se incluyen la lucha contra el estigma y la discriminación, el fomento de la prevención, la movilización de recursos, la defensa del acceso universal al tratamiento y la exigencia de responsabilidad a los gobiernos y las iglesias. La Alianza equipa a las iglesias y asegura que dispongan de la capacidad que tanto necesitan para desempeñar esta función de promoción y defensa.
6. La “Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África” emprendida en 2002 tiene por objeto acompañar a las iglesias para lleguen a ser “competentes en materia del VIH”. Aporta una contribución crítica para conseguir una comprensión teológica inspirada y rigurosa del SIDA, que incluya la formación apropiada de clérigos y laicos, así como el fortalecimiento de la capacidad de las iglesias para empeñarse en una acción local encaminada a afrontar los desafíos que implican el VIH y el SIDA. Las iglesias del Pacífico, Asia, América Latina, el Caribe y Europa Oriental han conseguido ya notables progresos en el establecimiento de iniciativas y en la prestación de apoyo práctico sobre el terreno durante este período.
7. El esfuerzo dirigido por el CMI, en colaboración con la Red Africana de Dirigentes Religiosos que conviven con el VIH/SIDA o están personalmente afectados (ANERELA+), la Red Mundial de Personas que conviven con el VIH y el SIDA (GNP+) y la Comunidad Internacional de Mujeres que conviven con el VIH/SIDA (ICW), promueve una participación más intensa y significativa de las personas que conviven con el VIH y el SIDA en la vida de la iglesia. La campaña ha estimulado y orientado a las iglesias para que sean más incluyentes con respecto a las personas que conviven con el VIH y el SIDA.
8. Hay innumerables ejemplos de respuestas de las iglesias a la pandemia, en lo que respecta a la prevención, la atención, el tratamiento, la lucha contra el estigma y la reflexión teológica. Algunos dirigentes de iglesias hablan públicamente de iniciativas que han llevado a cabo con éxito, al tiempo que señalan y tratan de subsanar las insuficiencias de sus respuestas.
9. Por primera vez en la historia, el mundo posee los medios para invertir la tendencia de la epidemia mundial. Sin embargo, para que la empresa tenga éxito se necesita una voluntad decidida de parte de todos los sectores empeñados en la respuesta mundial, a fin de aprovechar todo el potencial y adoptar nuevas formas de trabajar en colaboración unos con otros y de comprometerse en mantener la respuesta durante un largo período.
El desafío
10. Después de casi tres decenios de padecer la pandemia del SIDA y pese a los progresos logrados en aumentar la sensibilización y el compromiso mundiales para superar el VIH, la pandemia sigue desbordando estos esfuerzos y continúa representando una grave amenaza para la humanidad.
11. Las iglesias tienen una función única y decisiva que desempeñar para detener esta avalancha y superar la pandemia. Los sistemas de salud y apoyo establecidos y administrados por las iglesias y las organizaciones cristianas ofrecen algunos de los medios de atención de base más importantes a las personas que conviven con el VIH o el SIDA o están afectadas por sus consecuencias. Pero, lo que es aún más importante, los esfuerzos para superar el estigma y la discriminación, que se fomentan con algunas actitudes de nuestras comunidades religiosas, son esenciales para compartir una información exacta sobre la prevención y el tratamiento.
12. La situación exige que las Iglesias y los Cristianos manifiesten un amor desbordante en todas sus respuestas al VIH y al SIDA. Estas respuestas deben estar matizadas por la compasión y cualificadas por la competencia. El objetivo final es satisfacer las necesidades de las personas más vulnerables de la comunidad. La calidad y cantidad de la respuesta deberá reflejar los niveles de compromiso que se exigen de los cristianos como seguidores de Jesucristo.
13. Las iglesias tienen que proporcionar un liderazgo para superar el VIH y el SIDA y reconocer a las personas que conviven con el virus como miembros valiosos de la comunidad. Se han aplicado políticas sólidas con medidas tangibles, que hacen fácilmente accesible el tratamiento, la atención y el apoyo a todos los afectados. Hay que prestar atención a las relaciones y a la vida en el seno de la familia, especialmente a la responsabilidad de todos de protegerse a sí mismos mediante la práctica de la abstinencia antes del matrimonio, las relaciones sexuales seguras y la reducción de los peligros (por ejemplo, utilizando agujas limpias para inyectarse drogas). Las iglesias deben promover la vida proporcionando una información completa y basada en pruebas sobre la forma de prevenir la transmisión del virus. Además, las mujeres y las muchachas deben tener garantizado el acceso a la atención de salud sexual y reproductiva. Es necesario que, basándose en la fe, se habilite a la juventud por medio de una educación sexual y se le de acceso a métodos de prevención apropiados y a servicios de análisis voluntarios y confidenciales.
Hacer oír la ‘Voz’ de los dirigentes
14. Conscientes del valor de la sensibilización, los dirigentes de las iglesias deben utilizarla para influir en la sociedad con el fin de introducir cambios de política. Los dirigentes deben interpelarse a sí mismos, a los propias instituciones y a la sociedad para afrontar el problema directamente, rompiendo el silencio que alimenta todo tipo de temores, juicios, estigmas y discriminaciones. Los dirigentes deben apoyar las iniciativas que guíen a las personas a realizar opciones responsables para protegerse de la infección con el VIH, reducir la vulnerabilidad a la infección y fomentar comunidades de apoyo donde la gente pueda recibir una información y tratamiento apropiados.
15. Los dirigentes religiosos deben comenzar por examinar sus propios comportamientos, actitudes y acciones que han podido ser cómplices en la marginación y estigmatización de las personas que conviven con el VIH y el SIDA, en lugar de acoger plenamente a esas personas y a todas las que sufren las consecuencias. La Biblia y el ejemplo de Jesús nos lleva siempre a colocarnos junto a aquellas personas a quienes preferiríamos evitar. Jesús dijo, “En ellos está presente Dios”. Estamos obligados a estar junto a los que sufren, a tener compasión de ellos y no marginarlos, a habilitarlos y no estigmatizarlos.
Dar un ‘rostro’ al desafío
16. Las iglesias han promovido y deberán seguir promoviendo una intervención y participación más intensa y significativa de las personas que conviven con el VIH y el SIDA, adoptando a la vez políticas inclusivas en los lugares de trabajo y métodos adecuados de trabajo con redes de personas positivas. Teniendo en cuenta que esta pandemia se propaga a causa de la pobreza y las cuestiones de género, es imperativo incluir a las mujeres y las muchachas en la planificación y aplicación de políticas y programas que las afectan directamente. Hay que esforzarse por garantizar que las personas positivas formen parte de un equipo de personas especializadas cuya tarea consista en capacitar a las iglesias para afrontar los problemas de forma más holística e incluyente. Dadas las tasas crecientes de infección entre la juventud, es preciso hacer participar también a los jóvenes en la adaptación de mensajes y programas para las actividades de prevención y apoyo.
17. En un sentido muy real, todos estamos conviviendo con el VIH y el SIDA. Nos separamos de Dios y del amor de Dios si hablamos de “ellos” y “nosotros” cuando nos referimos a las personas que conviven con el VIH y el SIDA o a las que son más vulnerables a la infección.
Aportar ‘manos’ para resolver el problema
18. Las iglesias deben ser manos capaces y voluntariosas de Dios, que reflejen una iglesia compasiva, comprometida y competente. Las iglesias deben comprometerse también a incorporar en su estructura las respuestas al VIH y al SIDA, para asegurar que la sociedad llegue a ser menos vulnerable a la enfermedad y también se beneficie de los avances logrados en la lucha contra el VIH, en materia de prevención, tratamiento, atención y apoyo. Se debe promover el acceso al tratamiento antirretroviral para todos quienes lo necesiten. Los beneficios de la ciencia y la medicina deben ser accesibles y asequibles a todas las comunidades, especialmente a las marginadas y aisladas.
19. Como parte importante del proceso de aprendizaje, las Iglesias deben estimular debates abiertos e incluyentes sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad, la violencia de género y la utilización de drogas intravenosas, a fin de que las personas y las comunidades tengan la capacidad para ser menos vulnerable al VIH. La necesidad de fomentar la comprensión del problema, en un contexto tanto biológico como ético, es importante y urgente, a fin de que la respuesta se base en una reflexión clara centrada en la prestación de servicios y apoyo a las personas infectadas por el VIH y el SIDA, así como para evitar que siga propagándose el virus.
20. En Romanos 8:35 se dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”
¿Podrá interponerse el VIH entre Cristo y nosotros? Si alguien trata de interponerse entre las personas positivas y Dios, ¿ese alguien proviene de Dios?; ¿la congregación hace que las personas que conviven con el VIH se sientan acogidas, amadas y parte del mismo cuerpo? Si la congregación perpetúa la exclusión, el rechazo, la estigmatización o la persecución, ¿no está interponiendo una barrera entre Dios y los hijos de Dios?
21. La mayor parte de los 40 millones de personas que conviven con el VIH no tienen acceso a un tratamiento. Las comunidades de fe tienen la responsabilidad de luchar por que los tratamientos antirretrovirales, así como el tratamiento de otras infecciones oportunistas, sean accesibles y asequibles a todos.
22. Hay en el mundo miles de millones de personas que, aunque no están infectadas con el VIH, siguen estando mal informadas y, por lo tanto, no están equipadas para evitar esta enfermedad evidentemente evitable. Resulta por lo tanto imperativo comprometerse y trabajar por superar los virus de la ignorancia, disidencia y el miedo. El no hacerlo equivale a colocar barreras entre Dios y Sus hijos.
23. Si no se intensifica urgentemente la respuesta al SIDA, no se alcanzarán ni el objetivo de 2010 de la Declaración de Compromiso ni el sexto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Y si no se avanza mucho en la lucha contra el SIDA, resultarán también baldíos los esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio relativos a la reducción de la pobreza, el hambre y la mortalidad infantil. Los países de todas las regiones del mundo, cuyo desarrollo se ha reducido a causa del SIDA, continuarán debilitándose y enfrentándose con una amenaza potencial para su estabilidad social y seguridad nacional.
24. El Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre:
Reconoce que, aunque se ha progresado mucho en los 25 años transcurridos desde la primera aparición del SIDA en términos de toma de conciencia mundial y promesas para superar el VIH, la pandemia continúa desbordando estos esfuerzos y sigue representando una grave amenaza para la humanidad; que, si no se logran grandes progresos en la lucha contra el SIDA, los esfuerzos mundiales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de reducción de la pobreza, el hambre y la mortalidad infantil continuarán siendo insuficientes, lo que constituye una amenaza potencial para la estabilidad social y la seguridad nacional;
aprecia el liderazgo de la Red Africana de Dirigentes Religiosos que conviven con el VIH/SIDA o están personalmente afectados (ANERELA+), la Red Mundial de Personas que conviven con el VIH/SIDA (GNP+) y la Comunidad Internacional de Mujeres que conviven con el VIH/SIDA (ICW) en la promoción de una mayor participación de las personas que viven con el VIH y el SIDA en la vida de la iglesia; y la convocación por el ONUSIDA de la XVI Conferencia Internacional sobre el AIDS, el 18 de agosto en Toronto, Canadá, la cual exigió una respuesta constante a largo plazo para afrontar el SIDA durante los próximos 25 años y más adelante;
reconoce que, aunque las iglesias han estado en la vanguardia de la atención y el apoyo a las personas afectadas por la pandemia, hay sido también cómplices de la estigmatización y marginación de las personas que conviven con el VIH y el SIDA a través de su silencio, sus actitudes, sus palabras y sus acciones;
estimula a las iglesias a que sigan desempeñando una función decisiva en la superación de la pandemia por medio de respuestas matizadas por la compasión y cualificadas por la competencia, entre ellas, la aportación de información completa y basada en pruebas sobre la prevención de la transmisión del VIH;
estimula también a los dirigentes de las iglesias a que desempeñen su función de defensores de políticas justas y hagan a los gobiernos responsables de sus promesas;
pide a los gobiernos del G8 que cumplan sus promesas de financiación y acción para conseguir el acceso universal al tratamiento, cuidado y apoyo para 2010; y al sector privado, especialmente a las empresas farmacéuticas, que inviertan en las investigaciones y desarrollo necesarios para responder al VIH (por ejemplo, dosificaciones y diagnósticos pediátricos) y para asegurar que sus medicamentos destinados al tratamiento del VIH estén a disposición a bajo precio en los países de ingresos bajos y medios;
renueva su llamamiento a las Iglesias y a los Cristianos para que fomenten una intervención y participación más intensas y significativas de las personas que conviven con el VIH y el SIDA y promuevan y adopten políticas incluyentes en los lugares de trabajo y métodos innovadores y sostenibles de trabajo con redes de personas positivas; y promuevan y compartan una reflexión teológica y ética más profunda sobre el VIH y el SIDA;
exhorta a las iglesias a que se comprometan a incorporar en su estructura la respuesta al VIH y al SIDA, asegurando que las personas lleguen a ser menos vulnerables y se beneficien de los nuevos avances en materia de prevención y tratamiento, y defiendan el acceso universal al tratamiento antirretroviral; y a que promuevan debates abiertos e incluyentes sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad, la violencia de género y la utilización de drogas intravenosas, para que las personas y las comunidades tengan capacidad para ser menos vulnerables al VIH;
reitera la necesidad de fortalecer la capacidad de las organizaciones y redes de las iglesias y la sociedad civil promoviendo la utilización de recursos humanos y materiales suficientes para el seguimiento de la ejecución y eficacia de los esfuerzos nacionales y locales encaminados a invertir la tendencia de esta pandemia mundial;
considera la convocación de una cumbre de dirigentes eclesiásticos, no más tarde de 2008, acompañada de una cumbre de la juventud, para examinar nuestra respuesta colectiva a la pandemia, aprender de las prácticas mejores y elaborar el programa para la respuesta ecuménica a esta crisis.
The WCC is a fellowship of churches, now 349 in more than 110 countries in all continents from virtually all christian traditions 
