Documento n°  GEN 8   

GEN 8 Informe sobre la Evaluación del Programa Previa a la Asamblea

 

ÍNDICE

  

Introducción

 

Parte 1: Evaluación de los programas generales de los cinco temas de investigación

1.1: Logro de los objetivos generales del programa

1.2: Pertinencia, importancia y significado de los programas

1.3: Apropiación e impacto de los programas

1.4: Impacto de los programas para fortalecer la comunidad

1.5: Métodos del CMI y formas de trabajar en relación con los programas

 

 

Parte 2: Principales resultados y conclusiones sobre los distintos programas

2.1: Fortalecimiento del Movimiento Ecuménico Único

2.2: Instituto Ecuménico de Bossey

2.3: Diálogo con creyentes de otras religiones

2.4: Decenio para Superar la Violencia

2.5: Unidad de la iglesia

2.6: Defensa y promoción ecuménicas de la justicia y solución pacífica de los conflictos

2.7: Atención Ecuménica Especial a África

2.8: Misión y Evangelización: Promoción del Ministerio de Reconciliación

2.9: El desafío de la formación ecuménica

2.10: La Ética de la Vida y Alternativas a la Globalización

2.11: Diaconía y Solidaridad

2.12: Comunicar la comunidad y compartir la experiencia ecuménica

2.13: Programa Ecuménico de Acompanamiento en Palestina e Israel (PEAPI)

2.14: Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África (IEVSA)

 

 

Parte 3: Evaluación general de los programas y recomendaciones

3.1: Evaluación general de la labor programática

3.2: Orientaciones programáticas recomendadas para la Asamblea

3.3: Marco propuesto para el futuro enfoque estratégico del CMI

 

 

ANEXO 1: Recolección de información

ANEXO 2: Glosario

 

 

 


Introducción

 

“No sabemos cómo interpretar el silencio”[1]

 

El contexto en que actúa el Consejo Mundial de las Iglesias ha cambiado notablemente desde la última Asamblea celebrada a fines de 1998 en Harare. El proceso de globalización se ha acelerado y está teniendo importantes repercusiones incluso en las comunidades locales más pequenas. Se registran cambios en las estructuras económicas, desafíos a la sostenibilidad ambiental, una gran movilidad de las personas y la propagación de enfermedades, la más evidente de las cuales es la pandemia del VIH/SIDA. La pobreza sigue constituyendo un escándalo para la humanidad. Después del 11 de septiembre, las cuestiones de la violencia y la seguridad se plantean a un nuevo nivel. Muchos de estos acontecimientos muestran también un cambio en los paradigmas que han orientado la labor del CMI y el Movimiento Ecuménico en general. Uno de tales paradigmas es el de la secularización y abandono de la religión, que ha sido puesto en entredicho por acontecimientos ocurridos en los últimos anos en los que la función de la religión en la sociedad ha cobrado una renovada preponderancia. Otro es el que se opone a las funciones pastoral y profética de la iglesia. Es preciso reevaluar los paradigmas que orientan actualmente la labor a la luz del mundo de hoy.

 

Todo esto está ocurriendo en un ámbito mundial, en el que, por una parte, hay un acceso mayor a algunos tipos de medios de comunicación y, por otra, existe una concentración de las redes de tales medios que da lugar a una cosmovisión global percibida solamente a través de unos pocos filtros.

 

El Movimiento Ecuménico en el siglo XXI se halla también en un proceso de transformación profunda. Está cambiando la fisonomía del Cristianismo mundial, registrándose en el Sur un rápido aumento de las iglesias Pentecostales e Independientes, la mayoría de las cuales tienen pocos contactos con el ecumenismo estructural. La realidad vivida por las comunidades de las iglesias en el Sur o en la revitalización de muchas de las iglesias de Europa Oriental pone en tela de juicio las antiguas divisiones de Misión, Fe y Constitución, Vida y Trabajo, que se perciben como una herencia de los primeros días del Movimiento Ecuménico en Europa. Al mismo tiempo, la necesidad de especialización ha dado lugar a la creación de nuevos instrumentos para gestionar una respuesta de emergencia (Acción conjunta de las iglesias - ACT), al inicio de algunos de los programas de las iglesias en defensa de derechos (Alianza Ecuménica de Acción Mundial - AEAM) y al establecimiento de una empresa conjunta de comunicación para cubrir las noticias relacionadas con los asuntos internacionales de carácter religioso, ecuménico y humanitario (Noticias Ecuménicas Internacionales - ENI). Se están realizando ahora planes para establecer una nueva Coalición Mundial ecuménica en materia de desarrollo y servicio. La agrupación prevista de parte de los ministerios especializados, que representan en conjunto el 80 % de la financiación del programa del CMI, tendrá importantes repercusiones, incluso teniendo en cuenta los vínculos propuestos de la Coalición Mundial con el CMI. En los últimos anos se han ampliado también las estructuras regionales y subregionales.

 

Frente a estos desafíos, el CMI ha respondido durante los últimos anos iniciando procesos paralelos, pero complementarios. El proceso de Reconfiguración[2] ha tratado de evaluar algunos de los desafíos generales que hemos mencionado. Al mismo tiempo, el Consejo se ha empenado por primera vez en su historia en una importante evaluación de su labor programática con la comunidad mundial y para ella. Este informe sobre la Evaluación del Programa Previa a la Asamblea ofrecerá una perspectiva acerca de estos debates más fundamentales. Forma parte de un proceso que comenzó a fines de 2001-comienzos de 2002 con la Evaluación de mitad de período solicitada por el Comité del Programa en su reunión de enero de 2001. La evaluación se centró en ese momento en muchas preocupaciones institucionales y se basó principalmente en una evaluación interna realizada por el personal. Una de las recomendaciones fue que se hiciera antes de la Asamblea una evaluación externa más completa y más centrada en el contenido de los programas y en su valoración desde la perspectiva de los miembros, las iglesias y su ámbito de influencia[3]. El Comité Ejecutivo decidió las tareas en febrero de 2004 y designó a cuatro personas, Marion Best, William Ogara, Sylvia Raulo y Georges Tsetsis, para que llevaran a cabo el proceso de evaluación.

 

El mandato tenía por objeto la investigación de cuatro temas principales: el logro de los objetivos de la Asamblea de Harare, la pertinencia e importancia de los programas, el impacto de éstos y la medida en que son asumidos y su contribución al fortalecimiento de la comunidad. Se pidió al equipo de evaluación que hiciera también observaciones sobre las metodologías empleadas por el Consejo y, por último, que ofreciera una breve evaluación sobre cada uno de los programas. El resultado debía ofrecer claras orientaciones programáticas para el Comité de Orientación Programática en la Asamblea de Porto Alegre.

 

Escuchar a las iglesias, tanto sus voces como su silencio, fue el primer paso y, por lo tanto, la información recogida de las iglesias fue el punto de partida fundamental. Los métodos utilizados fueron cuestionarios y entrevistas con personas y grupos. Se recibieron aportaciones de una u otra forma de la mitad aproximadamente de las iglesias miembros que representan a cada región. (Para más detalles sobre el proceso de recopilación de datos, véase el Anexo I). Además, el equipo tuvo la ventaja de poder utilizar material y cartografía del proceso de reconfiguración, algunas evaluaciones de programas concretos, la autoevaluación de comisiones/órganos asesores[4] y una serie de documentos programáticos. El equipo desea también agradecer la participación activa y autocrítica del Grupo de Dirección del Personal[5] y los equipos programáticos del personal, que fueron entrevistados dos veces durante el proceso.

 

Sin embargo, en cuanto equipo, teníamos que reconocer las limitaciones de la evaluación. Aunque la idea original era llevar a cabo una evaluación externa, realizó el proceso un equipo que no podía llamarse externo. Salvo una excepción, los miembros tenían una estrecha conexión con el CMI  ya sea como miembro del órgano rector, como ex miembro del personal o como colaborador de la financiación/miembro provisional del personal. Por otra parte, dada la complejidad de la tarea y los muchos cambios registrados durante los dos últimos anos en la estructura del programa, esto ofreció la ventaja de acelerar la comprensión de las cuestiones planteadas.

 

Otra limitación fue la falta de un mecanismo de planificación, seguimiento y evaluación del programa que funcionara bien. Se senaló ya este problema en la Evaluación de mitad de período. A falta de dicho mecanismo el equipo tuvo que confiar en una evaluación general de las iglesias, basada en una comprensión general de los programas. No pudimos verificar los resultados o compararlos con los que se hubieran documentado mediante una actividad interna continua de establecimiento, evaluación y seguimiento de los objetivos.

 

Tiene mayor importancia la grave limitación del gran número de iglesias miembros que se mantuvieron en silencio durante el proceso. Sin embargo, pese a estas limitaciones, hemos encontrado con sorpresa una gran convergencia general en los resultados, que se ha confirmado en la discusión paralela sobre la reconfiguración, por lo que tenemos confianza en que la siguiente evaluación general refleja la imagen de la labor programática del Consejo tal como la percibe el ámbito de influencia de las iglesias miembros.

 

El informe se divide en tres partes. En la Parte 1 se exponen las respuestas a las principales preguntas incluidas en el mandato que aprobó el Comité Ejecutivo en 2004, con los principales resultados y conclusiones. En la Parte 2 se examinan los distintos programas y dos iniciativas ecuménicas internacionales, senalando los principales resultados y conclusiones. En la Parte 3 se ofrece una evaluación general de la labor y se formulan recomendaciones relativas a las orientaciones programáticas para el Comité del Programa de la Asamblea.

 

 


PARTE 1: Evaluación de los programas generales de los cinco temas de investigación

 

1.1   Logro de los objetivos generales del programa

?En qué medida los programas ejecutados durante el período de la evaluación han alcanzado los objetivos generales establecidos por la última Asamblea y en el subsiguiente marco de política programática definido por el Comité Central y por las Comisiones/Órganos Asesores?

 

“Es difícil entender cuáles eran los objetivos generales; parece que hay varios niveles diferentes”

 

Resultados principales

Una hipótesis preliminar del equipo de evaluación fue que estaba realizando su actividad en el marco de objetivos claramente identificados. Se puso esto en tela de juicio ya desde el comienzo de nuestra tarea cuando resultó difícil a nuestro equipo descubrir unos objetivos programáticos articulados, establecidos en Harare, sobre los que basar nuestra evaluación de cada programa. La mayoría de los encuestados se hallaban en una situación parecida e indicaron que no estaban familiarizados con los objetivos programáticos generales o específicos. Muchos dijeron también que la visión del CMI es ‘borrosa’ y esta falta de una visión claramente articulada es una de las razones de la incapacidad para establecer objetivos generales claros para la labor programática.

 

Aunque no eran capaces de nombrar objetivos programáticos específicos, la mayoría tenían un conocimiento general de las cuestiones que la Asamblea de Harare había senalado y a las que el Consejo había prestado su atención. Los que se nombraron con mayor frecuencia fueron el Decenio para superar la violencia, la Comisión especial, el VIH/SIDA, el debate sobre la Globalización/Justicia Económica y el Foco de atención especial hacia África. Todas estas cuestiones habían sido objeto de debate durante la Octava Asamblea y continuaban senalándose como cuestiones pertinentes. Aunque la mayoría de los encuestados dijeron que no eran capaces de evaluar la medida en que se habían alcanzado los objetivos generales, una de las formas en que respondieron a la pregunta fue indicando si un programa o actividad habían sido adoptados, utilizados o apoyados por sus propias iglesias. Esto dependía en muchos casos de los objetivos programáticos en los que se hacía también hincapié en sus propias iglesias o que respondían a cuestiones que consideraban oportunas.

 

La función del Comité Central es emprender y terminar programas según lo recomiende su Comité de Programa, el cual basa sus recomendaciones en el asesoramiento que recibe de las comisiones y grupos consultivos en relación con diversas esferas programáticas. Los informes de estos grupos resultaron confusos en lo que respecta a la forma en que el marco de política de programas, definido por el Comité Central en 1999 después de Harare (Ser Iglesia; al Servicio de la Vida; Ministerio de Reconciliación; Testimonio y Servicio Comunes en medio de la Globalización), se relaciona con la estructura actual de los trece programas y las dos iniciativas ecuménicas que se están evaluando actualmente[6]. Además, estos quince programas incluyen unas sesenta actividades, por lo que los encuestados no veían con claridad en muchos casos lo que constituía un programa y lo que era una actividad[7]. La evaluación de mitad de período senaló la necesidad de mejorar los mecanismos de planificación del programa y de hacer que quienes participan en los órganos rectores y consultivos conozcan menor los programas[8].

 

Se consideró que las directrices del programa de Harare tenían en general una amplitud demasiado grande, teniendo en cuenta sobre todo que las realizaciones del CMI habían sido muy inferiores a lo previsto, debido a la reducción de sus recursos humanos y financieros. Al mismo tiempo, se afirmó que el CMI había podido lograr todo lo que le habían permitido las limitaciones financieras y la reducción del personal, registradas especialmente durante los dos últimos anos. Hemos escuchado repetidas veces que el Consejo debe hacer menos y hacerlo bien. Hay que establecer las prioridades basándose en una visión claramente articulada y determinando lo que un organismo mundial puede hacer mejor teniendo en cuenta los fondos realmente disponibles.

 

Conclusiones del equipo

  • Se expresó aprecio por lo que se había conseguido, especialmente teniendo en cuenta las limitaciones financieras y las reducciones de personal. En una situación, en que el conocimiento general de los objetivos era escaso, los encuestados interpretaron el logro de los objetivos como el equivalente a hacer suyos los programas, es decir, si los programas fueron utilizados y/o asumidos por sus propias comunidades.
  • Los encuestados pudieron identificar una serie de cuestiones destacadas en la Octava Asamblea y que se consideran todavía oportunas, a la vez que expresaron su satisfacción por el hecho de que el CMI siga trabajando en esos sectores, si bien no veían con claridad cómo lo hace.
  • La falta de una clara visión de conjunto ha hecho que resulte difícil establecer objetivos generales comprensibles para la labor programática y la determinación de prioridades.
  • Los órganos rectores[9] han tenido dificultades para desempenar su función de iniciación, seguimiento y terminación de programas, lo que exige un marco programático más flexible y transparente.
  • Como la Asamblea de Harare y las reuniones subsiguientes del Comité Central no pudieron articular claramente los objetivos programáticos generales y establecer prioridades, el resultado ha sido que el CMI está tratando de hacer más de lo que puede realizar eficazmente, dada la limitación de sus recursos financieros y humanos. A este respecto, es importante realizar una buena labor preparatoria para ayudar al Comité de Orientación Programática a que en la Novena Asamblea establezca iniciativas programáticas realizables y apropiadas para el período posterior a dicha Asamblea.

 

1.2  Pertinencia, importancia y significado de los programas

?En qué medida los programas son pertinentes, importantes y significativos en relación con las necesidades prioritarias de las iglesias y cómo pudieron ajustarse estos programas a contextos mundiales cambiantes y a nuevas necesidades?

 

“La pertinencia de los programas y su adopción como algo propio se debilitan cuando se perciben como una tarea separada de la vida normal de las iglesias”

 

Resultados principales

Los encuestados interpretaron en general la pertinencia, importancia y significado de los programas en función de la importancia de una cuestión concreta para las iglesias, la utilización de métodos creativos en un determinado programa del CMI y la medida en que se combinan tales métodos para crear un programa que las iglesias puedan fácilmente hacerlo suyo, utilizarlo u obtener de él inspiración e ideas sobre su propia realidad y para vincularse con otras iglesias y fuerzas de todo el mundo.

 

La mayor parte de los entrevistados hizo especial hincapié en el Decenio para Superar la Violencia. Aunque la violencia está aumentando en el mundo, el “éxito” del programa se relaciona con el hecho de que afronta un problema que preocupa enormemente en todas partes y no se trata de un programa iniciado por el CMI, sino que se basa en la labor ya realizada por muchas iglesias en todo el mundo. Este programa ha conseguido estimular a las iglesias a plantear las cuestiones de la violencia como prioritarias en sus trabajos, desde la violencia doméstica hasta las cuestiones de la guerra y la paz. En cada uno de los últimos anos el foco de atención regional ha puesto de relieve esto. Las iglesias lo han hecho suyo en gran medida. La función del CMI ha consistido en apoyar, alentar y facilitar las conversaciones y la comunicación de información entre las iglesias, proporcionar una guía de estudio sencilla y eficaz en varios idiomas, mantener un sitio adecuado en la web y fomentar la cooperación y coordinación con los órganos ecuménicos regionales, todo lo cual ha contribuido a la difusión y eficacia del programa. Se fundamenta en una teología de la paz y no violencia y las iglesias tienen la autoridad moral para promover la paz y la no violencia.

 

Otra cuestión pertinente, que muchos han considerado incluso decisiva, es la formación ecuménica, sector en el que un programa muy valorado del CMI es el del Instituto Ecuménico de Bossey. Como comunidad viva en la que se realiza una educación experiencial, el Instituto ha sido capaz de afrontar nuevas necesidades generando debates sobre algunos temas arriesgados (diálogo interreligioso, sexualidad humana), además de los cursos normales. Bossey tiene una sólida reputación y se considera que tiene un concepto y dirección claros, que pueden adaptarse a nuevas necesidades, incluso trascendiendo los límites de las iglesias. Se han suscitado así expectativas de hacer más en las regiones para que más gente pueda participar, especialmente en casos en que el idioma es un obstáculo (se utiliza sólo el inglés en Bossey). Otro instrumento de formación ecuménica que se mencionó fue el de las becas administradas por el programa de Formación Ecuménica del CMI, si bien actualmente parece que hay diferentes valoraciones sobre la orientación que se está dando a esta actividad.

 

En muchos casos se senaló como programa importante el de Unidad de la Iglesia/Fe y Constitución, pero se observó que éste último se considera más pertinente y significativo cuando sus estudios se integran en otros programas como marco teológico para su labor, en lugar de ser estudios “aislados”. Otro obstáculo que reduce la pertinencia e incluso el significado del programa actual es la falta de difusión de los resultados y la escasa capacidad de relación.

 

Para muchos entrevistados, el diálogo interreligioso es una de las cuestiones más pertinentes de las que actualmente se ocupa el CMI y, por lo tanto, se senaló como actividad significativa del Consejo. No obstante, se indicó con claridad al respecto que, tal como se ejecuta actualmente el programa, parece realizado en pequenos grupos académicos y no aborda problemas existenciales de las comunidades que viven juntas a nivel de base, lo que reduce la pertinencia del programa actual. Se observó asimismo que este problema afecta también a otras esferas programáticas y que se debería promover la participación de las mujeres.

 

Un elemento igualmente importante del CMI es el de Ética de la Vida y Alternativas a la Globalización, especialmente en relación con problemas de la globalización, como la Justicia Económica. Esta actividad ha conseguido involucrar a las iglesias en esta esfera de preocupación. Además de las cuestiones citadas, se apreció que este programa se relacione satisfactoriamente con algunas de las regiones. Se consideró que el CMI es un punto de referencia al respecto. Los programas de la Red de Defensa Ecuménica de los Discapacitados y de los Pueblos Indígenas son ejemplos de la labor centrada fuera de Ginebra que se considera importante, lo que indica la necesidad de evaluar más en profundidad el potencial de este tipo de redes.

 

La Comisión Especial sobre la Participación de los Ortodoxos en el CMI se consideró un ejemplo pertinente e importante de actividad que respondía a una situación concreta y a las necesidades del Consejo y sus miembros. Las reacciones a los resultados de la Comisión Especial fueron diversas. Muchos estimaron que ha contribuido a profundizar el espíritu de comunidad y a confirmar el nuevo compromiso de las iglesias ortodoxas después de la crisis de 1998. En cualquier caso, ha demostrado que el Consejo puede encontrar el modo de examinar y formular nuevas formas de colaborar a pesar de enfrentarse a cuestiones difíciles que pueden ser causa de división. Aunque comenzó ocupándose principalmente de las regiones donde la comunidad ortodoxa es numerosa, los resultados tienen el potencial de reconfigurar las relaciones dentro de toda la comunidad.

 

Se consideró oportuna e importante la Atención Ecuménica Especial a África. Los africanos apreciaron especialmente la forma en que el CMI contribuyó a la celebración de la Conferencia de Iglesias de Toda África, destacando a un miembro de su personal. Se trata de un ejemplo de la función de creación de capacidad que puede desempenar el CMI. Asimismo, los trabajos relacionados con el VIH/SIDA, que se realizan por medio de la Secretaría de salud y sanación de Misión y Evangelización y de la Iniciativa Ecuménica VIH/SIDA en África, se consideraron importantes y pertinentes para responder a esta pandemia, basándose en la labor de las iglesias centrada en la función del CMI de iniciar, facilitar y coordinar estos esfuerzos.

 

El desarraigamiento, por migración o como problema relacionado con los refugiados/desplazados dentro del país, es una cuestión que se consideró importante en todo el mundo. Con respecto a la actividad programática del CMI en este sector, se mencionaron las actividades de creación de redes y prestación de ayuda humanitaria como representativas de la lucha de las iglesias para la solución de estos problemas.

 

La defensa de los derechos a nivel mundial en relación con diversos problemas, se mencionó en general como una de las funciones fundamentales del CMI.

 

Conclusiones del equipo

  • Los programas que con mayor frecuencia se senalaron como pertinentes e importantes fueron los que afrontaban cuestiones urgentes o de actualidad en su contexto o se consideraban fundamentales para la misión del Consejo.
  • Los programas más citados presentaban unas características claras: los trabajos, además de afrontar cuestiones urgentes, se habían realizado en cooperación con las iglesias de las regiones y habían sido asumidos claramente y la función del CMI consistía en facilitar, coordinar, cooperar, crear redes, conectar y/o crear capacidad.
  • Se necesitan sólidos marcos teológicos para llevar a cabo la labor.
  • Se consideró también muy pertinentes los programas que tienen una finalidad y ámbito de aplicación claros, y que se comunican bien.

 

1.3   Apropiación e impacto de los programas

?En qué medida las iglesias han hecho suyos y han utilizado los programas y éstos han producido un impacto duradero y significativo (positivo o negativo, deliberado o no) en la vida de las iglesias y de las personas a las que sirven?

 

"Valorando positivamente, hay que decir que, durante los últimos anos, el Consejo ha mostrado más sensibilidad y preocupación por causar un impacto, por crear algo nuevo"

 

Resultados principales

Los encuestados hicieron observaciones sobre el impacto únicamente desde un punto de vista personal, ya que, a pesar de las recomendaciones de la evaluación de mitad de período, el CMI carece todavía de un mecanismo de planificación, seguimiento y evaluación (PSE) que funcione satisfactoriamente. Dicho mecanismo debería incluir planes orientados a las metas que se tratan de alcanzar, con objetivos e indicadores del impacto, así como una actividad documentada de seguimiento, análisis y evaluación, y la recolección sistemática de información retroactiva para la adopción de las correspondientes medidas de aplicación. La falta de esto último es especialmente importante, ya que es prácticamente imposible determinar el impacto más allá de los resultados inmediatos, que frecuentemente se limitan al grado de participación. El hecho de que las metas y objetivos sean muy generales complica aún más las posibilidades de evaluar el impacto de un determinado programa. Aunque todos los programas tienen indudablemente efectos no previstos, e incluso no deseados, no es posible verificarlos y se pierde la oportunidad de aprender tanto de los éxitos como de los fracasos. Sin embargo, se observó que en los últimos anos el Consejo parece reconocer más la necesidad de introducir cambios reales y de planificar un impacto deliberado.

 

Otra limitación fue el ámbito temporal de esta evaluación. No es fácil medir el impacto en un período tan breve (en realidad, 1999-2003), ya que, por su naturaleza, se manifiesta a largo plazo. A este propósito, fue interesante observar que, al responder acerca del impacto, la gente hizo referencia a programas o actividades realizadas por el CMI en el pasado, tales como el Decenio de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres, Bautismo, Eucaristía y Ministerio, largo historial de actividades en favor de los derechos humanos en América Latina y el programa para Combatir el Racismo, que se consideraba seguían teniendo un impacto eficaz en la vida de las iglesias, por los cambios profundos que habían traído consigo poniendo a prueba, entre otras cosas, las prácticas tradicionales, la teología y la función de las iglesias en la sociedad.

 

El análisis del impacto se limitó, por estas razones, a tres temas: la medida en que las iglesias habían hecho suyos los programas, la utilización de los programas y la participación de las iglesias y/o la medida en que los programas habían conseguido introducir nuevos temas/desafíos en la vida y actividad de las iglesias.

 

Los programas que, según los entrevistados, las iglesias habían utilizado y hechos suyos, por ejemplo, el DSV o el IEVSA, eran también los que, a su juicio, habían ejercido un impacto importante con elementos claros. Las iglesias deberían tener una función clara como iniciadoras (problemas agudos con que se enfrentan las iglesias), ejecutoras (participando en la ejecución de los programas o en los esfuerzos de defensa y promoción de derechos) o reconsiderando sus propias formas de actuar/ayudar en emergencias como la pandemia del VIH/SIDA. Los programas deben llegar a las bases de la sociedad y formar dirigentes locales.

 

Los principales factores para que los programas del CMI sean eficaces son la rapidez y sostenibilidad de la respuesta, así como  la clara comunicación de los objetivos y el enfoque de los trabajos a los miembros, facilitando así la participación de éstos. Se senaló que un lenguaje y un planteamiento de las cuestiones accesibles son elementos importantes al difundir la información sobre los programas. El predominio del inglés impone limitaciones a quienes no lo conocen. Se consideró, en general, que la importancia de las comunicaciones es elevada, mientras que los logros a este respecto eran escasos.

 

Los programas pueden ejercer también un efecto negativo, especialmente cuando se tratan cuestiones políticas y la preparación ha sido insuficiente, ya que se estima que el CMI corre el riesgo de impulsar tareas políticas sin haber realizado un trabajo de base previo. Esto es especialmente importante en cuestiones de gran resonancia pública. Por otra parte, se reconoció también que se habían extraído ensenanzas en casos en que se llegaron a aceptar posteriormente algunas cuestiones controvertidas. En ellas el elemento importante era que se había realizado un sólido trabajo previo.

 

La parte más difícil es que los programas del CMI no se adoptan como propios y muchas personas de las iglesias critican su propia falta de participación. Muy pocas personas opinaron que los miembros de sus iglesias habían considerado como suyos y utilizado los programas actuales, más allá del sentimiento general de que “probablemente el CMI debería hacer eso”. Las iglesias no intervienen en las tareas de iniciar, planificar juntos y participar en la ejecución de la mayoría de los programas actuales. Existe la percepción de que los programas son iniciativas del personal del CMI que se pide a las iglesias que las apliquen o respondan a ellas.

 

Se presentaron también ejemplos de efectos imprevistos cuando las personas y sus iglesias, por el mero hecho de verse implicadas en la labor ecuménica mundial, cambiaban en sus formas de relacionarse e interactuar y su identidad cobró una dimensión más mundial y abierta. Este tipo de impacto es un efecto colateral de muchos de los programas, pero no se ha documentado o analizado y, por lo tanto, se pierde en muchos casos una importante dimensión de los trabajos.

 

Conclusiones del equipo

  • La planificación para un marco temporal de varios anos es importante si se quiere conseguir un impacto duradero.
  • Es urgentemente necesario desarrollar el actual sistema de gestión de los programas y establecer un mecanismo de planificación, seguimiento y evaluación que funcione, así como indicadores para evaluar cualquier impacto mensurable (o incluso los resultados futuros) de la labor actual. Se necesita también esto para determinar los efectos no deseados o no previstos de los programas.
  • La comunicación sobre los programas y sus metas y objetivos es el elemento fundamental para conseguir que el impacto no se limite a los directamente vinculados con los programas, y es preciso reforzarla en la mayoría de los casos.
  • Hay que conseguir resolver el dilema de que muchas iglesias miembros, por una parte, se comprometen en principio, pero, por otra, no aprecian ni hacen suyos los programas (incluida la falta de empeno en su financiación). Una cuestión fundamental que debe plantearse es cómo aprovechar el potencial de empeno y participación existente en las iglesias miembros.
  • Cuanto mayor función desempenen las iglesias locales, mayor será el impacto. Es preciso tener en cuenta esto al disenar los programas para que el CMI provoque realmente cambios.

 

1.4   Impacto de los programas para fortalecer la comunidad

?En qué medida cada programa contribuyó al proceso de EVC, facilitando la cooperación entre las iglesias y ofreciendo a los miembros la posibilidad de participar y comprometerse, y su impacto general ha fortalecido la comunidad?

 

“La comunidad debe ser algo más que vivir y dejar vivir. Es algo más que animarnos a nosotros mismos. Debe permitirnos cambiar cuando el cambio se considera esencial para realizar nuestra misión”

 

Resultados principales

El documento Entendimiento y Visión Comunes (EVC)[10] contiene la visión orientadora del CMI en que se basan su misión y sus programas. Declara que el CMI es una comunidad de iglesias que desea avanzar hacia una unidad visible y realizar su vocación común, mediante el testimonio y servicio al mundo. Dado el carácter fundamental del EVC, sorprendió descubrir en la evaluación que, para la mayoría de los encuestados, era algo desconocido o un mero documento histórico. Por ello, resulta difícil evaluar la medida en que el EVC ha sido el marco de los programas y ha contribuido a la cooperación entre las iglesias miembros y, por consiguiente, la forma en que ha promovido el fortalecimiento de la comunidad. Otro desafío para el CMI es determinar cómo articular el espíritu del EVC en un contexto nuevo y que cambia rápidamente.

 

La mayoría observó que el trabajo de la Comisión Especial había contribuido a fomentar la comunidad. La serie de encuentros, visitas oficiales y actividades complementarias que se realizan han dado a muchos ortodoxos la garantía de que sus voces se escuchan y se toman seriamente. La creación de este ‘espacio ecuménico’ tiene también por objeto incrementar el conocimiento recíproco entre las iglesias ortodoxas, americanas y protestantes, en relación con sus distintas doctrinas, prácticas y tradiciones. Muchos prevén que la tendencia del Consejo ha adoptar las decisiones por consenso incrementará la comprensión mutua, fomentará la confianza y fortalecerá las relaciones dentro de la comunidad. Por otra parte, existe también la preocupación por la medida en que, con estos cambios, quedará a salvo la función profética del Consejo. Se expresó también la preocupación de que la visión más amplia del EVC se había reducido a un proceso de negociar juntos una vida común. La vida del CMI no puede sostenerse sin una clara visión general.

 

Otros medios indicados para fomentar y fortalecer la comunidad fueron las visitas de equipos, las ‘Cartas Vivas’ haciendo hincapié en las visitas de iglesia a iglesia, las visitas del Secretario General y los equipos de personal del CMI. La comunidad ha ido creciendo en África, en parte, gracias a la IEVSA, la Atención Especial a África y los esfuerzos desplegados para fortalecer la Conferencia de Iglesias de Toda el África. Han resultado muy eficaces las redes visibles como EDAN y las redes de mujeres y jóvenes.

 

El EVC hace también hincapié en la ampliación de la comunidad, sector en el que, desde la Octava Asamblea, se han emprendido varias iniciativas acerca de las cuales muchos expresaron su aprecio. Figuraban entre ellas el establecimiento del Foro Cristiano Mundial y del Grupo Consultivo Mixto entre el CMI y los Pentecostales. Sin embargo hay una tensión creativa cuando el CMI trata de profundizar y, a la vez, ampliar la comunidad. Hay quien teme que si se destinan recursos a ampliar la comunidad se reducirá su profundidad. Respondiendo a los desafíos planteados por la proliferación de organizaciones ecuménicas, se han celebrado también dos consultas sobre la Reconfiguración del Movimiento Ecuménico.[11]

 

La intervención del CMI en los problemas de algunas de las regiones ha provocado reacciones diversas. Para algunos, a falta de una estrategia clara y coherente, se ha considerado la actuación del CMI como una invasión. A veces se confunden las funciones del CMI y las de las Organizaciones Ecuménicas Regionales (OER). Otras veces se deja en el olvido a las iglesias pequenas en beneficio de las grandes. Es preciso planificar de forma más consciente y estratégica las relaciones tanto con las OER como con las Comunidades Cristianas Mundiales. Habrá que evaluar la labor programática, no de forma aislada, sino colectivamente, y tratar de conseguir que los distintos actores ‘entretejan juntos’ los programas.

 

Conclusiones del equipo

·        Para que el EVC siga siendo la declaración de visión del CMI, es preciso volver a articularlo e interpretarlo claramente, simplificar su lenguaje y compartir el documento ampliamente.

  • La mayoría de los informantes afirmó que la Comisión Especial contribuía a profundizar la comunidad.
  • Los procesos y métodos que contribuyen a profundizar la comunidad son, entre otros, la creación de un ‘espacio ecuménico’, visitas de iglesia a iglesia, visitas del personal del CMI, creación de capacidad y establecimiento y desarrollo de redes para fortalecer las relaciones, y varias nuevas iniciativas que ayudan a ampliar la comunidad, p. ej., el Grupo Consultivo del CMI y los Pentecostales y el Foro Cristiano Mundial.
  • Se ha aumentado la presión sobre los recursos humanos con los trabajos del Consejo para profundizar y ampliar la comunidad. Hay que encontrar nuevos medios para utilizar el tiempo y la capacidad de otras personas e iglesias además del personal del CMI.
  • A la vez que apoyaron el proceso de reconfiguración, algunos senalaron que es preciso aclarar su relación con el EVC.
  • Para fortalecer el espíritu de comunidad, el CMI debe estudiar cómo elaborar el programa de trabajo juntamente con otros actores. Se necesita una estrategia clara y deliberada para fomentar la participación en cada una de las regiones después de haber analizado y revisado las funciones.
  • El CMI ha conseguido mantener unida la comunidad en medio de importantes problemas. Sin embargo, la tarea no ha concluido, ni mucho menos, teniendo en cuenta las exigencias de las iglesias, y el CMI debe invertir recursos en la creación de un espacio para que continúe la comunidad. Cualquiera que sea la postura que se adopte, es un valor mantenerse unidos incluso en períodos de dificultad.

 

1.5   Métodos del CMI y formas de trabajar en relación con los programas

 

“?Metodología del CMI? La primera cosa que se me ocurre es un senor maduro que nos lee su ponencia”

 

Resultados principales

La cuestión de las metodologías y las formas de trabajar se planteó ya en la evaluación de mitad de período de 2002, en la que se pedía un análisis más sistemático de los éxitos y fracasos y una utilización más explícita y diversificada de las metodologías en la elaboración de los programas. Volvieron a plantearse estas cuestiones directamente en los cuestionarios y entrevistas, pero también aparecieron constantemente en relación con las cuestiones relativas a objetivos e impacto del programa y participación en el mismo. Se trata del sector que registró la mayor convergencia de los encuestados, independientemente de sus orígenes culturales o geográficos.

 

La comunicación dentro de las iglesias y entre éstas fue el ámbito de problemas y potencialidades citado con mayor frecuencia, lo que demuestra que las iglesias exigen que la comunicación con ellas, escuchándolas, informándolas y conectando con ellas, forme parte de toda la labor que realiza el Consejo. Se tratarán otros aspectos de este problema en la Parte 2, sección 2.12 de este informe.

 

Si bien la creación de redes, las visitas de solidaridad, las donaciones, las publicaciones, los sitios web y otras formas diferentes de información horizontal forman parte de las metodologías del CMI, las que se consideran preponderantes son las reuniones, consultas y conferencias. Se sigue valorando su importancia en la creación de relaciones personales y de una interacción humana, pero con demasiada frecuencia se perciben como algo didácticamente arcaico y como actos aislados sin un proceso de preparación y continuidad. Frecuentemente se publican los resultados de forma poco atractiva, que dice muy poco a quienes no estuvieron presentes. Por ello, las reuniones son poco útiles para quienes no participaron directamente en ellas.

 

Las donaciones han perdido importancia en lo que respecta a las cantidades, pero siguen siendo importantes como instrumento estratégico. Actualmente, algunos asociados e iglesias se benefician de este instrumento con distintos programas, si bien la forma de acceder a los fondos no resulta clara para quienes están fuera del sistema. Hay que plantear el problema desde el punto de vista administrativo con el establecimiento de un sistema transparente de administración de los proyectos que permita el seguimiento de toda la ayuda que el Consejo presta con los diferentes programas, así como de la utilización estratégica de los fondos en general para afrontar nuevos desafíos. Se ha senalado esta necesidad en algunas de las evaluaciones de actividades[12].

 

Hay otras cuestiones que deben senalarse en relación con la actividad estratégica posterior de quienes han participado en los actos relacionados con el CMI. A veces parece que los participantes han sido elegidos porque se adaptan al programa del CMI, y no por su valor estratégico para difundir los resultados en sus iglesias. Por otra parte, muchas de las personas consultadas  han sido miembros o lo son parcialmente de distintas estructuras de asesoramiento y adopción de decisiones del CMI. Como se ha indicado ya, existe la sensación de que no se tiene demasiada información, pero también es un problema igualmente importante que no siempre se sabe cómo utilizar la información disponible y cómo difundirla eficazmente.

 

La falta de preparación y continuidad se senaló no sólo como un problema del CMI, sino también como una autocrítica. Muchos observaron que las iglesias no tienen un sistema adecuado de preparación y que, en muchos casos, sus representantes en las distintas reuniones son elegidos sobre todo por su conocimiento de idiomas, de forma que los responsables del problema son tanto el CMI como las iglesias miembros.

 

Por consiguiente, es decisivo utilizar otros enfoques pedagógicos posibles y destacar el aspecto de la formación ecuménica general en todos los trabajos. Se considera, a este respecto, que el CMI carece de competencia en la utilización de metodologías innovadoras.

 

El factor más importante del éxito de cualquier programa es la intervención de las iglesias/miembros no sólo como participantes, sino como iniciadores, responsables y ejecutores. Actualmente, apenas puede verse esto en las estructuras de diseno de los programas. En la práctica, muchos programas han utilizado medios diferentes para hacer intervenir a los miembros, tales como estudios, investigaciones, compartir personal, visitas a iglesias, etc., pero no se afronta esta cuestión de forma sistemática y parecen utilizarse estos métodos dependiendo de las personas.

 

Conclusiones del equipo

  • Al reexaminar los métodos utilizados por el Consejo, un elemento importante es el de hacer un análisis más sistemático de los métodos utilizados en algunos programas que han conseguido hacer intervenir a las iglesias, por ejemplo, mediante estudios, investigaciones, compartir personal o visitas de iglesias.
  • La comunicación de los programas debe basarse en el diseno del programa y el Consejo debe fortalecer todo el sector de la comunicación.
  • Es preciso vincular las reuniones a procesos claramente definidos en el marco de una formación ecuménica continua.
  • El diseno de los programas deberá realizarse con la intervención de los miembros en todos los niveles.
  • Hay que estudiar el uso de las diferentes metodologías de forma estratégica y su elección deberá basarse en funciones fundamentales, como el fortalecimiento de la comunidad.
  • Deberá examinarse sistemáticamente y considerarse desde un punto de vista estratégico la utilización de los miembros de las comisiones y comités, así como de los participantes y miembros de los organismos rectores y consultivos, en la promoción y comunicación de la comunidad. Se evitará así la práctica actual de que cada miembro tenga que encontrar por sí mismo los modos de desempenar esta función. Esto es especialmente importante en regiones con pocos representantes. Si no están conectados con las estructuras de la iglesia, la visibilidad del CMI disminuye inmediatamente.

 

PARTE 2: Principales resultados y conclusiones sobre los distintos programas

 

En esta sección de nuestro informe se ofrece el punto de vista de las iglesias en relación con cada uno de estos programas[13], mientras que el informe de Harare-Porto Alegre contiene una información detallada sobre cada uno de los programas y sus actividades desde 1999. Antes de la Asamblea, se tratará de armonizar las referencias a los programas en los dos informes para dar a los participantes una visión más completa de la labor programática, así como de nuestra evaluación.

 

2.1 Fortalecimiento del Movimiento Ecuménico Único

 

“El Informe de la Comisión Especial puso en marcha un proceso de escuchar mejor”

 

Resultados principales

El objetivo principal del programa ha sido orientar la labor del CMI, fomentar las relaciones entre los miembros, ampliar la comunidad y promover la coherencia del Movimiento Ecuménico.

 

Las respuestas recibidas no se relacionaban con un determinado programa, sino que se referían principalmente a la importancia de construir y fomentar relaciones en el Movimiento Ecuménico. El proceso del entendimiento y visión comunes veía al CMI como una comunidad de iglesias y depositaba en las iglesias miembros la responsabilidad de construir y fomentar relaciones entre ellas mismas. Sin embargo, como ha demostrado la reciente consulta sobre Ecumenismo en el siglo XXI, el CMI, además de relacionarse con las iglesias, mantiene relaciones con otros muchos grupos, como Organizaciones Ecuménicas Regionales, Consejos Nacionales de Iglesias, Comuniones Cristianas Mundiales y organismos y ministerios especializados, a los cuales se debe prestar también una atención continua.

 

Desde la Asamblea de Harare, la actividad más importante dentro de este programa ha sido la Comisión Especial sobre la Participación de los Ortodoxos en el CMI, la cual fue mencionada en la gran mayoría de las respuestas. Sin embargo, las reacciones con respecto a los resultados de dicha Comisión son diversas. En general se ha considerado favorablemente el hecho de que se dedicara tiempo y espacio al debate y a la creación de un entendimiento en torno a cuestiones divisivas. En algunos casos, se expresó preocupación por el hecho de que esto hubiera obligado al Consejo, desde Harare, a mirar demasiado hacia el interior. Mientras muchos se alegran de que se avance hacia la búsqueda de un consenso en la adopción de decisiones, otros se preocupan por que pueda reducirse así la voz profética del CMI. Otros lamentan que pudiera perderse lo que valoraban como culto ecuménico en el avance hacia la ‘oración común’. Las respuestas de los ortodoxos con respecto a la Comisión Especial fueron en su mayoría positivas.

 

En cuanto a la profundización y ampliación de la comunidad, el Grupo de Trabajo Mixto con la Iglesia Católica Romana ha contribuido durante casi 40 anos a realizar la misión ecuménica de las iglesias y se propone celebrar una consulta en 2005 para evaluar la relación entre la Iglesia Católica Romana y el CMI. Cabe senalar también como otros pasos prácticos hacia la ampliación de la comunidad, la reunión del Foro Cristiano Mundial prevista para 2007 en la que se espera que participen las iglesias miembros del CMI, iglesias independientes africanas, los Pentecostales y los Evangélicos. Se han celebrado reuniones más reducidas con representantes de estas iglesias desde 1998 y los encuestados de todas las regiones apoyaron esta iniciativa. Después de la Octava Asamblea de 1998, se estableció un grupo consultivo para llevar adelante el diálogo entre el CMI y los Pentecostales, el cual se ha reunido varias veces. Los Pentecostales de América Latina aprecian lo que ellos denominan ‘creciente apertura’ del CMI.

 

Este programa se encarga también de elevar al máximo la participación de los órganos rectores y, como se senala en la sección 1.1 del presente informe, miembros del Comité Central e incluso algunos miembros del Comité del Programa afirmaron que no conocen claramente las orientaciones y objetivos de los programas y consideran que no son lo suficientemente fáciles de conocer para poder adoptar decisiones sobre la iniciación, reformulación y/o terminación de los programas.

 

Conclusiones del equipo

  • La Comisión Especial se destaca como actividad fundamental del programa.
  • Todos los encuestados destacaron la importancia decisiva de crear y mantener relaciones para garantizar la solidez y el futuro del Movimiento Ecuménico. Dados los cambios recientes en la estructura y personal del CMI, esta función se reparte más ampliamente entre los equipos del personal y podría diluirse. Hay que aclarar la responsabilidad de crear y fomentar las relaciones y resaltarla en todos los programas.
  • Se han dado pasos importantes para establecer relaciones con los Pentecostales y hay pruebas de que todas las partes lo aprecian.
  • Las consultas sobre reconfiguración (Ecumenismo en el siglo XXI) se relacionan con los objetivos de este programa y ofrecen la posibilidad de fortalecer el Movimiento Ecuménico y aclarar la función del CMI dentro del mismo.
  • Hace falta mejorar los mecanismos de planificación del programa y hacer que los participantes en los órganos rectores y consultivos conozcan mejor los programas.

 

 

2.2  Instituto Ecuménico de Bossey

 

“Cuando un estudiante  que ha completado el ciclo académico vuelve a su hogar, ha sido cambiado por la experiencia de Bossey y su mentalidad es ecuménica”

 

Resultados principales

El programa de Bossey contribuye a la formación de dirigentes ecuménicos, tanto laicos como ordenados. Los programas para la consecución de títulos, maestrías y doctorados se realizan en cooperación con la Universidad de Ginebra, lo que en general ha contribuido reconocidamente a elevar los niveles académicos. Actualmente se está mejorando mucho la biblioteca. Muchos de los seminarios de Bossey se consideran de vanguardia y han tratado temas como la función de las religiones en la construcción de la paz, la sexualidad humana, formas interreligiosas de leer la Biblia en relación con otras tradiciones religiosas y bioética. Se organizan estos y otros seminarios en consulta y colaboración con equipos de personal de CMI y su finalidad es apoyar los objetivos generales del programa del CMI.

 

Todos los programas llevan incorporada una evaluación sistemática continua que permite ajustar las metodologías y el contenido. Se están realizando otros trabajos en relación con el seguimiento de los alumnos del Bossey para determinar si son duraderos e importantes los efectos, sobre todo del ciclo académico. Los programas tienen una gran aceptación: se recibe el doble de solicitudes de las que pueden aceptar para el ciclo académico, tres veces más para la maestría y cuatro veces más para el doctorado. Las iglesias ortodoxas de Georgia y Bulgaria, aunque han dejado de ser miembros del CMI, siguen enviando estudiantes a Bossey.

 

La comunidad contribuye a apoyar al Instituto Bossey de formas concretas: la Iglesia Católica Romana y un organismo de misión proporcionan fondos para sufragar dos puestos de los profesores de la facultad a jornada completa y hay otros profesores y conferenciantes invitados que ofrecen su tiempo cada ano. Otro puesto de la facultad depende de una dotación que actualmente no produce fondos suficientes, lo que es causa de preocupación. Muchos estudiantes procedentes del Sur necesitan ayuda financiera y, afortunadamente, el fondo de becas de Bossey ha seguido recibiendo un sólido apoyo.

 

Por medio de los profesores invitados y al incrementarse el número de alumnos procedentes de más iglesias evangélicas, se ha aumentado la interacción con los Evangélicos y Pentecostales. Estaría bien que frecuentaran el Instituto más alumnas, pero las iglesias suelen recomendar sobre todo a hombres para programas a plazo largo, por lo que las mujeres representan sólo el 20% del alumnado.

 

Los informantes apoyaron Bossey como parte esencial del CMI, especialmente en una época en que tanto se necesita la formación ecuménica. Sin embargo, actualmente el impacto de esta labor es muy limitado en cifras. Sobre todo en las regiones del Sur, se expresó el deseo de ampliar la actividad de Bossey a distancia, ya que la falta de fondos y la lejanía hacen que puedan frecuentarlo sólo unos pocos. Se expresó preocupación por el hecho de que se han establecido niveles académicos superiores que no pueden alcanzar muchos candidatos, así como por la cuestión de que las clases de Bossey se imparten solamente en inglés. Algunos preguntaron por qué el programa de Formación Ecuménica del CMI y Bossey no están conectados de forma más estrecha.

 

Conclusiones del equipo

  • Bossey es bien conocido y valorado por los miembros y, como consecuencia de ello, en muchas regiones del mundo se pide la ampliación al exterior de los servicios de Bossey. Cómo sacar Bossey de su recinto es un desafío importante. Se relaciona con los llamamientos hechos al CMI para que haga más en el sector de la formación ecuménica y para que vincule mejor o fusione el programa de Formación Ecuménica del CMI con Bossey.
  • Otros desafíos son la vulnerabilidad de Bossey debido a las disposiciones actuales según las cuales sólo un miembro de la facultad está financiado por el CMI, así como la necesidad expresa de un seguimiento sistemático de los alumnos del ciclo académico para evaluar los resultados a largo plazo.
  • Es muy importante que Bossey continúe siendo un lugar donde se puedan realizar programas de vanguardia y seminarios centrados en iniciativas del CMI.

2.3  Diálogo con creyentes de otras religiones

 

“El programa interconfesional es importante, sobre todo, en la perspectiva de paz y reconciliación”

 

Resultados principales

Este programa tiene por objeto fomentar el diálogo entre cristianos y creyentes de otras religiones en un mundo de pluralismo religioso. En las encuestas y entrevistas un alto porcentaje de los informantes consideraron importante este sector de trabajo, pero casi otros tantos senalaron también que es preciso reforzarlo e introducir algunos cambios.

 

Las observaciones expresaron la medida en que los encuestados desean que el CMI participe en esta labor. Sin embargo, en general parece existir entre los miembros la impresión de que la mayor parte del trabajo interreligioso es de carácter académico y se realiza en el ámbito de grupos elitistas. Se pidió una y otra vez que se haga más hincapié y se preste más asistencia sobre la forma de convivir en contextos multirreligiosos y se apoyó la labor realizada por el personal a este respecto en Nigeria. Algunos estimaron que se debería prestar más atención a las religiones de Asia.

 

Aun reconociendo que el CMI ha sido pionero en este sector, se hicieron preguntas sobre cómo estaba evolucionando el programa para afrontar nuevos desafíos. Algunos consideraron que estaba estancado y no afrontaba cuestiones difíciles, entre las que figuran algunas de las cuestiones teológicas difíciles para las iglesias. Al mismo tiempo, quienes participan en el pequeno grupo “Thinking Together”, integrado por personas de muy diferentes religiones, que se reúne semestralmente, dicen que sus debates han alcanzado nuevas profundidades sobre cuestiones muy difíciles, pero no saben cómo compartir sus experiencias con otros. Varios representantes de iglesias dijeron que sus iglesias veían con suspicacia esta labor y deseaban que el CMI hiciera una clara declaración cristológica en relación con otras confesiones religiosas. Algunos dijeron que necesitamos un diálogo con ateos y con defensores de la secularizad y humanistas, así como con representantes de otras creencias vivas.

 

Se sugirió la necesidad de que participen más mujeres en este programa, ya que suelen ofrecer perspectivas diferentes. En el informe del CMI “Dignity of Children 1995-2004”, se pide al CMI que aborde las cuestiones de la infancia con un enfoque interreligioso. Se propuso que el CMI convoque una reunión de responsables de las iglesias en cuestiones interreligiosas para conocer mejor lo que está ocurriendo en las iglesias miembros. Se sugirió también que se establezcan vínculos más estrechos con la Conferencia Mundial sobre Religión y Paz (WCRP). El Grupo Mixto de Trabajo (CMI/RCC) senaló en su informe la labor interreligiosa como uno de los temas de su programa futuro.

 

Conclusiones del equipo

  • A juzgar por el alto número de respuestas favorables a la intervención del CMI en esta esfera de trabajo, se trata de un programa importante que es preciso reforzar.
  • Aun reconociendo que se han descubierto cosas importantes en pequenas consultas, lo que más preocupa es cómo hacer el programa más accesible para los miembros afrontando el problema de cómo convivir en contextos multirreligiosos y superar problemas teológicos difíciles relacionados con cuestiones interreligiosas.
  • Las iglesias miembros que trabajan en este sector desean incrementar la interacción y que el CMI se interese más en la labor que realizan.

 

2.4   Decenio para superar la violencia

 

“Es una labor a largo plazo y las iglesias tienen autoridad moral para participar en la paz y la no violencia”

 

Resultados principales

El Decenio para Superar la Violencia tiene por objeto ayudar a los miembros, especialmente a las iglesias miembros, a afrontar las cuestiones de la violencia en sus distintos contextos. Una de las formas de hacerlo es coordinar a los distintos miembros (iglesias miembros, Organizaciones Ecuménicas Regionales y Consejos Nacionales de Iglesias) y facilitar los vínculos más allá de su ámbito de influencia con organizaciones como la Coalición Internacional para la Paz y la No Violencia. El DSV estaba muy perfilado ya después de Harare y, más aún, en su lanzamiento en Berlín en 2001, pero no se puso realmente en marcha hasta que en 2002, con la ayuda del Comité de Examen, se dispuso de personal y presupuesto. Ha aumentado mucho la sensibilización sobre cuestiones de la guerra, la violencia y la seguridad, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001, y el programa ha dado con un formato que se considera muy pertinente, importante y significativo.

 

Tanto en las encuestas como en las entrevistas, este programa se hizo acreedor de un gran apoyo. Unos pocos dijeron que habría que reforzarlo, pero se le otorgó una alta calificación en el cumplimiento del mandato de Harare. Los informantes apreciaron la metodología que se emplea preguntando a las iglesias cómo trabajan en este sector y compartiendo la información. Se apreció el hecho de que el DSV constituye un centro de intercambio de información sobre las iniciativas de las iglesias, que puede compartirse entre los distintos miembros, entre las iglesias ya empenadas en la lucha contra la violencia y con quienes comienzan a afrontar el problema.

 

La página web es muy concurrida, ya que se recibieron 240 000 visitas durante el mes de septiembre en la preparación para el 21 de septiembre, Día de oración por la paz. Muchos senalaron la utilidad de la guía de estudio para las iglesias y los grupos de base. Se utiliza ampliamente en seis idiomas y los grupos de mujeres recalcaron especialmente que la encuentran muy accesible. Ha habido actos de lanzamiento del DSV en cada continente y se senala que en Asia se espera que en 2005 se centre la atención en ese continente. La Conferencia Cristiana de Asia ha realizado el trabajo preliminar y se ha designado un coordinador. Las iglesias de los Estados Unidos consiguieron que en 2004 se les dedicara la atención especial y los latinoamericanos destacaron la importancia del DSV para su situación a la que se dedicará la atención especial en 2006. El DSV recibe un sólido apoyo de muchas iglesias y organizaciones de todo el mundo y es una parte importante de la Coalición Internacional para la Paz y la No Violencia. Se ha cooperado también con otras personas y equipos que han participado en la preparación de la guía de estudio y en los seminarios de Bossey.

 

La posible decepción se relaciona con la lentitud en conseguir que el programa despegue, y varios informantes europeos dijeron que no ha tenido ningún impacto en su región. Esto podría cambiar si en el futuro se dedica la atención especial a Europa. Hubo que interrumpir la publicación del boletín por falta de recursos humanos.

 

Conclusiones del equipo

  • Es un programa ‘poco pesado’ para el personal y el presupuesto y los miembros lo han apoyado y hecho suyo en gran medida. Hay que hacer un análisis de su éxito para extraer las ensenanzas oportunas.
  • Las iglesias se empenaron desde el comienzo y se les pidió que compartieran sus preocupaciones y recursos, por lo que el CMI desempenó más bien una función coordinadora prestando apoyo, estimulando la creación de redes y facilitando la comunicación.

 

2.5  Unidad de la iglesia

 

“Hemos podido plantear cuestiones que son profundamente divisivas”

 

Resultados principales

Este programa se encarga de realizar estudios sobre cuestiones doctrinales y teológicas relacionadas con la división y la unidad de la iglesia y tiene por objeto comprometer a las iglesias y ayudarlas a afrontar estos problemas. Desde Harare, el programa incluye toda una serie de temas, pero los más mencionados por los encuestados fueron los estudios sobre bautismo y eclesiología. Quienes se refirieron a ellos en las encuestas y entrevistas destacaron especialmente la labor relacionada con el bautismo. Se apreció también la colaboración con la Red de Defensa Ecuménica de los Discapacitados para preparar una declaración teológica. Los encuestados no mencionaron los demás estudios que se están realizando sobre identidad étnica, hermenéutica ecuménica y antropología teológica.

 

La reflexión teológica sobre la paz es algo nuevo y debe sostener la labor del DSV. Varios encuestados destacaron lo mucho que aprecian el material informativo para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, preparado conjuntamente por el CMI y el Consejo Pontificio de la Iglesia Católica Romana.

 

Aunque muchos encuestados indicaron que Unidad de la Iglesia/Fe y Constitución es una parte importante del CMI, la mayoría estimó que debería contribuir a la fundamentación teológica de otros programas del CMI y no centrarse demasiado en estudios ‘aislados’. Se sugirió que Unidad de la Iglesia/Fe y Constitución podría ser útil a las iglesias obteniendo información sobre las conversaciones y acuerdos bilaterales que se realizan en todo el mundo y compartiendo dicha información. Se planteó la cuestión de si se tiene en cuenta la audiencia y si el material es accesible. Se recomendó que la promoción o difusión de algunos de los materiales se realizaran a nivel regional para ayudar en su interpretación.

 

Es necesario determinar con claridad si son apropiados los estudios que van a realizarse. Esto ayudaría a resolver el desacuerdo difundido entre los miembros de la Comisión sobre qué estudios son los más decisivos y urgentes y cuáles son secundarios, subordinados o tal vez innecesarios. Se plantearon problemas como el de la posibilidad de que las iglesias ricas influyan en medida desproporcionada en los debates sobre la programación de Fe y Constitución.

 

Otro problema que se plantea a Fe y Constitución/Unidad de la Iglesia es cómo mantener el actual diálogo teológico mundial entre las iglesias, cuando la Comisión Plenaria se reúne con tan poca frecuencia, ya que se ha reunido una sola vez desde 1998. Esto podría suscitar dudas sobre la seriedad del compromiso del Consejo con Fe y Constitución. Algunas de las respuestas muestran cierta decepción por la falta de progresos hacia la unidad de la iglesia y se preguntan si el Consejo da la debida prioridad a la labor de Fe y Constitución.

 

Conclusiones del equipo

  • Los estudios sobre Bautismo y Eclesiología fueron los que las iglesias consideraron más útiles.