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Fecha del documento:  9.10.2009

Llamados a ser la Iglesia Una

¿Qué grado de diversidad es suficiente? Reflexiones sobre la unidad y la diversidad doctrinal de la Iglesia hoy.

Presentación por Dr Minna Hietamäki

En mi trabajo actual como profesor de religión, estoy en una posición privilegiada que me permite encontrar y conversar con muchos jóvenes de diversos orígenes, aunque principalmente cristianos, y sobre todo luteranos. La enseñanza religiosa en Finlandia es obligatoria durante los nueve años de la educación básica, y de dos a cuatro años en el marco de la enseñanza secundaria. La educación religiosa no es de índole “general”, aunque tampoco es “confesional”. La regla general consiste en participar en la educación religiosa organizada en el marco de la propia confesión o religión, pero la enseñanza que se imparte es más de índole académica que catequética. Esto significa que la educación religiosa no se refiere a la “práctica de la religión” sino al estudio y la enseñanza de la religión. Dejando de lado algunas cuestiones que se plantean cuando se separan la “enseñanza” y la “práctica”, deseo señalar un problema específico que he encontrado con mis estudiantes, y que se refiere al tema eclesiológico de esta reunión de Fe y Constitución. Se trata de lo siguiente: la idea de la “unidad” de la Iglesia por lo general carece de significado para mis estudiantes. Después de analizar cuestiones tales como el encuentro con el “otro”, la importancia que tiene trabajar unos con otros por la justicia y la paz, así como de examinar los desafíos que plantean las familias intereclesiásticas y de dar un vistazo a la historia del movimiento ecuménico, los estudiantes me dicen: todo esto es excelente, pero por qué debemos estar preocupados por la unidad. El problema no surge sólo a causa de la ignorancia de los jóvenes, sino también debido a su experiencia de la diversidad en la vida cotidiana. Para ellos, la unidad significa uniformidad forzada, pérdida de identidad individual y necesidad de conformarse a algo que les es ajeno. Significa que alguien que está en una posición de autoridad le dice a uno cómo tiene que pensar y comportarse. A partir de estas premisas es muy difícil para ellos entender todo la bulla que se hace en torno a la unidad. Me preguntan: ¿acaso no es interesante que haya gente diferente en el mundo? ¿No tiene cada persona el derecho de pensar y de creer lo que él o ella quiere? ¿Qué tiene el profesor contra la existencia de gente diferente? Teniendo en cuenta las reacciones de mis estudiantes, y el entendimiento de que el objetivo de esta reunión de la Comisión Plenaria de Fe y Constitución es reflexionar sobre la vocación de la Iglesia de ser Una, comienzo a compartir con ustedes mis impresiones sobre la importancia y posibilidad de la unidad de la Iglesia en el día de hoy. Enfocaré la cuestión de la unidad de la Iglesia desde el punto de vista de la diversidad. Para mí, no se trata tanto de saber cuánta diversidad puede tolerar la unidad de la Iglesia, sino cuánta diversidad necesita la unidad de la Iglesia.

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