Documento n° A 02Para examen y decisión

Informe del secretario general


Celebrar la Vida - A festa da vida 

Queridas hermanas, queridos hermanos en Cristo:

 

1. ¡Qué maravilloso es estar aquí en Brasil! ¡Qué maravilloso es estar juntos! Deseo dar la bienvenida a todos ustedes a la Primera Asamblea del CMI del siglo XXI, y la primera que tiene lugar en esta región. Deseo expresar un agradecimiento muy especial a nuestros anfitriones brasileños, por su hospitalidad inigualada y la excelente preparación de esta Asamblea.

 

2. ¡Dios, en su gracia, transforma el mundo! El tema de la Asamblea se ha hecho realidad en mis visitas a las iglesias miembros durante los últimos dos años. Y, al reunirnos aquí, en este continente, celebramos con el pueblo de América del Sur la reciente elección de la señora Michelle Bachelet, como la primera mujer Presidente de Chile, y la de Evo Morales, como el primer indígena Presidente de Bolivia. Al hablar sobre estos avances históricos, un amigo ecuménico latinoamericano me dijo: “Esto significa que la simiente de la paz, la justicia y la democracia, sembrada hace veinte o treinta años, ha germinado y prosperado a lo largo de los años y ahora está dando fruto”. Y continuó diciendo que agradecía al CMI el haber contribuido a las luchas que permitieron esos frutos que ahora se están cosechando.

 

3. Esto me recordó experiencias conmovedoras que viví durante mi visita a América del Sur en noviembre de 2004. Un momento muy especial tuvo lugar en Buenos Aires. Las dirigentes de las madres y las abuelas de la Plaza de Mayo me dijeron que durante las dictaduras de los años 1970, las iglesias y las organizaciones ecuménicas proporcionaron un “lugar seguro” donde las familias de los desaparecidos podían encontrarse y compartir su dolor y su esperanza. Una de ellas no pudo contener sus lágrimas cuando nos decía lo que había significado para ellas el apoyo del CMI. Y expresó que, de no ser por ese acompañamiento, lo más probable es que ella no hubiera estado allí para contar su experiencia. Pero lo que más me impresionó fueron los testimonios de esas madres y abuelas de los desaparecidos. Durante más de treinta años mantuvieron la llama de la esperanza encendida, buscando la verdad y la justicia. El crisol de su espíritu sólo puede ser comparable a su increíble capacidad de resistencia. 

 

4. En mis viajes fui testigo una y otra vez de esos sorprendentes signos de esperanza. La vida se celebra en lugares en los que humanamente hablando sólo se vislumbra la muerte y la desesperación. Ha sido esta capacidad de celebrar juntos y de fortalecer la vida en comunidad lo que ha permitido que África siga existiendo. Mis propias experiencias como africano resuenan en la historia del Brasil y de este continente. En la animada y vital celebración del carnaval, ¡me parece entrever la herencia africana! 

 

5. Como cristiano, percibo el don de la gracia de Dios en esos momentos, cuando la vida se transforma y un destello de esperanza se hace realidad. Es en ese contexto que sueño con un Movimiento Ecuménico que sea un movimiento de personas mensajeras de la gracia de Dios, abiertas unas a otras, descubriendo la presencia de Cristo y la gracia de Dios en el otro. Ver a Cristo en el otro nos une más que todo lo que nos separa. La recompensa de la búsqueda de la unidad visible de las iglesias en Cristo es descubrir la presencia de la gracia de Dios unos en otros, en la peregrinación común a medida que avanzamos juntos.

 

6. En este informe que presentaré hoy a ustedes, deseo hacer cinco afirmaciones de un Movimiento Ecuménico abierto a esos signos de la gracia transformadora de Dios como impulso de vida. Después hablaré de esta Asamblea y de las dimensiones esenciales del desafío con el que se enfrenta el CMI. Respecto de esas afirmaciones, me refiero a un Movimiento Ecuménico que:

  • se arraiga en la espiritualidad

  • toma en serio a la juventud y a la formación ecuménica

  • se atreve a trabajar por la justicia transformadora

  • da un lugar central a las relaciones

  • se arriesga a utilizar nuevas formas creadoras de trabajo.

 

 

Un Movimiento Ecuménico, arraigado día a día en la espiritualidad

 

7. Venimos juntos aquí a Porto Alegre a reflexionar, deliberar, debatir y tomar decisiones. Pero por encima de todo, venimos juntos a orar por la unidad de las iglesias y por el mundo, a alegrarnos en la vivencia compartida de alabar a Dios en Cristo, y a afirmar el vínculo espiritual profundo que nos mantiene unidos por encima de nuestras divisiones. Imaginemos que han pasado diez años, que ya hace tiempo que esta Asamblea ha concluido, que se han escrito los informes y se han tenido debidamente en cuenta las decisiones. ¿Qué recordarán ustedes además? Lo más probable es que recuerden las oraciones en común en la tienda del culto, el susurro del Padrenuestro dicho en cien idiomas diferentes; y la vivencia tonificante de esta Asamblea en toda la gloriosa diversidad de quienes han acudido para alabar juntos a Dios, que nos ha dado la vida.

 

8. Los invito a pensar en la base espiritual del Movimiento Ecuménico, como la festa da vida. Es Dios quien nos invita a esta fiesta de la vida y todos somos bienvenidos. Esta festa se nos presenta como una gracia. Lo sorprendente de la gracia es que es un don que no merecemos, una recompensa que no hemos ganado, que se nos da gratuitamente, y debemos compartirla. En la tradición cristiana, la gracia se define como un don espiritual sobrenatural que los seres humanos reciben de Dios sin haber hecho nada para merecerlo. La gracia puede definirse mejor como º

 

9. En el sermón de Pascua, el padre entre todos lo santos, San Juan Crisóstomo, dijo maravillado:

 

Porque la mesa está llena, deleitaos de ella todos. El ternero cebado es abundante; nadie se irá con hambre. Regocijaos todos del banquete de la fe. Disfrutad de todas las riquezas de la bondad... Que nadie llore sus pecados, porque del sepulcro ha surgido resplandeciente el perdón. Que nadie tema la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha liberado.

 

10. ¡Festa da vida. Fiesta de la vida. The feast of life. Fête de la vie. Fest des Lebens. Karamu la maisha!

 

11. Como iglesias, celebramos la presencia de Dios que da vida entre nosotros en la Eucaristía Santa. Es en la mesa del Señor donde el cuerpo quebrantado de Cristo y la sangre derramada en la cruz crean una nueva comunidad reconciliada con Dios. Esta visión eucarística del mundo, reconciliado con Dios en Cristo y unido a Él, está en el centro de la unidad visible de la iglesia que buscamos. Esta visión tiene sus raíces en la fe.

 

12. El discernimiento espiritual es esencial en nuestro camino hacia la unidad. Cuando hablo de espiritualidad, deseo aclarar que no me refiero meramente a las respuestas religiosas, o casi religiosas, que se dan actualmente ante la falta de un sentido más profundo de los valores de las sociedades ricas – aunque el hambre espiritual en esas sociedades sea real. Estoy hablando aquí del objeto y el origen de toda vida: el Espíritu Santo de Dios. Todos nuestros esfuerzos carecerán de sentido y de poder si no están bendecidos por Dios y guiados por la gracia del amor de Dios. Tras recibir esas bendiciones, nuestra vida espiritual se transforma totalmente. Nuestro intelecto, nuestra voluntad y nuestra memoria están cada vez más centrados en Dios, creando así un espacio de encuentro en el que el amor de Dios es compartido con nosotros. El Movimiento Ecuménico está arraigado en el reconocimiento común de que somos seres espirituales que aspiramos a conocer a Dios y en el reconocimiento de que nuestra búsqueda espiritual se enriquece en la comunión que compartimos.

 

13. El discernimiento espiritual nos da un fundamento. Nos da fortaleza, convicción y valor para resistir la dura realidad del poder. En este mundo quebrantado e inseguro, las fuerzas de la globalización y el militarismo ciernen una amenaza sobre la propia vida. Estar en contacto con la palabra de Dios, tener la vivencia de la presencia de Dios en el otro, nos permite resistir a los rigores día a día de nuestra lucha en favor de la paz y la justicia.

 

14. El discernimiento espiritual también nos permite dejar de lado los problemas inmediatos y adoptar una perspectiva más amplia. Todos nosotros estamos tan envueltos en problemas específicos, en detalles de nuestros programas particulares, de nuestras organizaciones y de nuestros problemas que a veces perdemos de vista la perspectiva más amplia. Un proceso de discernimiento espiritual puede situarnos nuevamente en el buen camino.

 

15. Quiero que consideremos de manera diferente los asuntos que abordaremos en nuestras reuniones: son parte del proceso de discernimiento espiritual y están incluidos en la festa da vida. Pensemos en la Asamblea como en una experiencia espiritual, y no simplemente como una reunión en la que tratamos cuestiones administrativas y que tiene que cumplir con el mandato constitucional.

 

16. En esta Asamblea por primera vez utilizaremos los procedimientos de consenso. El consenso es el resultado del esfuerzo por lograr una posición común. Las diferencias entre nosotros reflejan las realidades de nuestras organizaciones y de la vida que compartimos con las personas de nuestro entorno. De hecho, esas diferencias nos ayudan a ver las múltiples facetas de la realidad y nos inducen a buscar una verdad que no nos pertenece, la verdad del Espíritu Santo entre nosotros (1 Juan 5:6). Esta verdad reside en última instancia en Dios, que nos transformará y nos liberará (Juan 8:23). Debemos considerar el consenso durante los próximos diez días no como una técnica que nos ayuda a tomar decisiones, sino como un proceso de discernimiento espiritual.

 

 

Tomar más en serio a la juventud y la formación ecuménica

 

17. Vivimos en un mundo en el que proliferan las iglesias cristianas y las organizaciones de esas iglesias, resurge el confesionalismo, el centro del cristianismo se traslada hacia el Sur, se producen dolorosas luchas internas en las familias eclesiales, crece el pentecostalismo y las iglesias evangélicas libres, conservadoras y carismáticas. En las iglesias occidentales históricas, que han sido el pilar de los consejos ecuménicos, encontramos complejos modelos de renovación y cambios en la composición de sus miembros. Aún no se tiene una clara visión de lo que esas iglesias pueden llegar a ser. Todas esas tendencias e incertidumbres han debilitado el Movimiento Ecuménico.

 

18. Los jóvenes viven en esa realidad y buscan orientación y sentido. El Movimiento Ecuménico surgió de la misma búsqueda de sentido de la generación de jóvenes que nos precedió. La herencia que hemos recibido de esos jóvenes es demasiado valiosa para que la guardemos sólo para nosotros. Debemos transmitirla a la próxima generación. Nos hemos comprometido a aportar energía y dedicación para formar una nueva generación, sabiendo que no es sólo una cuestión de educación y de formación, sino de confianza y de participación.

 

19. La formación ecuménica debe basarse en la formación de la fe. El aprendizaje ecuménico se hace en la práctica, con la experiencia. Los jóvenes necesitan oportunidades para que puedan tener la vivencia de lo que significa trabajar y orar con otras personas de diferentes tradiciones y diferentes contextos. Necesitan apoyo y orientación para participar de pleno derecho en las reuniones ecuménicas con sus mayores, que a veces los intimidan. Tenemos que ir allí donde los jóvenes están, a los colegios y las universidades, y debemos tener la voluntad de cambiar para poder responder a las demandas de los jóvenes. Necesitamos ofrecer oportunidades de conocer y de aprender, gracias al contacto con otros, mediante becas y viajes. En una época en la que la tecnología de la información está avanzando constantemente, debemos dar a nuestros jóvenes la posibilidad de relacionarse más estrechamente y descubrir formas creativas de utilizar espacios virtuales para la formación ecuménica.

 

20. Ha llegado el momento en el que no sólo debemos dar oportunidades a los jóvenes para su crecimiento y liderazgo ecuménicos, sino que debemos estar dispuestos a aprender de los modelos dinámicos e innovadores de relaciones ecuménicas que los jóvenes pueden enseñarnos. Como familia intergeneracional y ecuménica, debemos adoptar una actitud humilde y escuchar a los jóvenes. Gracias a ellos nació el Movimiento Ecuménico. Es la pasión y la visión de los jóvenes de hoy lo que garantizará la pertinencia y la vitalidad de ese Movimiento Ecuménico. Sin los jóvenes, nuestra familia ecuménica está incompleta. Necesitamos cultivar relaciones significativas y compartir el liderazgo entre las generaciones. Los jóvenes tienen que saber que son copartícipes importantes, que estamos dispuestos a aprender de su experiencia ecuménica. 

 

21. Pueden ayudarnos a todos nosotros a comprender mejor hacia dónde vamos y cuál debe ser la respuesta que tenemos que dar. Son los jóvenes de hoy quienes cada vez más demuestran poca paciencia con nuestras divisiones y establecen relaciones con quienes tienen valores similares. Hay una sed generalizada de espiritualidad entre los jóvenes, aunque rechacen las estructuras de la iglesia. No sabiendo ya qué hacer, uno de mis colegas consiguió que su hija, de 22 años, aceptara trabajar en el período de Navidad para formatear el calendario del Mutirão de la Asamblea. Cuando terminó el aburrido trabajo con las hojas de cálculo de Excel, dijo entusiasmada a su madre: “Quiero ir a la Asamblea, porque los talleres son muy variados e interesantes; no imaginaba para nada que esto es el ecumenismo. Ahora tengo ganas de participar”. Las cuestiones que aborda el Movimiento Ecuménico actualmente son cuestiones que atraen a los jóvenes. Es necesario invitarlos. Es necesario darles los medios y apoyarlos para que puedan participar. 

 

22. Esperamos que esta Asamblea sea una gran experiencia de formación ecuménica para los participantes – tanto de los jóvenes y las jóvenes como de los “ex jóvenes” y las “ex jóvenes” – y que pase a ser parte de nuestra vida. La festa da vida es un llamamiento a la juventud. Es una fiesta en la que todos y todas pueden participar, aunque, a veces, participar signifique que algunos tengan que dejar el lugar a otros. Exhorto a todos y a todas ustedes, dirigentes de iglesia aquí en esta Asamblea, a que imaginen formas en que los jóvenes puedan participar. Y exhorto a todos - organizaciones ecuménicas, estructuras denominacionales, organismos ecuménicos regionales e internacionales– a comprometernos a dar cabida a los jóvenes. Hemos hecho ingentes esfuerzos para que ésta sea una Asamblea de jóvenes, pero hemos tenido éxito sólo en parte. Es necesaria la voluntad y el compromiso de todas y todos nosotros.

 

 

Esforzarnos por la justicia transformadora

 

23. Es en Jesucristo que la gracia del amor de Dios transforma el mundo desde dentro. Cristo hecho carne vivió entre nosotros y compartió los sufrimientos y las alegrías de los seres humanos (Juan 1:14). En Cristo recibimos todo de su plenitud “y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). Todo fue creado por medio de Él y para Él. Todas las cosas están llamadas a la unidad, en justicia y paz. En Él todas las cosas están reconciliadas, transformadas, transfiguradas y salvadas (Colosenses 1:15-23): una nueva humanidad y un cielo nuevo y una tierra nueva (Apocalipsis 21:1). El mundo en su totalidad está colmado con la gracia de Dios en el poder del Espíritu Santo que da vida. 

 

24. El tema de la Asamblea es una invitación a mirar el mundo como un lugar amado por Dios e impregnado de la gracia de Dios. Esa insistencia en la gracia transformadora de Dios corresponde a la nueva importancia dada a la justicia transformadora en nuestro empeño por cambio y transformación. Visto con los ojos de la fe, nosotros mismos, y este mundo, podemos y debemos ser transformados. 

 

25. Dios nos ha dado el don de la vida, y hemos abusado de él. La codicia humana y la sed de poder han creado estructuras que obligan a las personas a vivir en la pobreza y que socavan sistemáticamente las bases de la vida. Nuestro medio ambiente está en peligro. En una época en que hay muchos más alimentos de lo necesario para todos, 852 millones de personas en el mundo pasan hambre, comparado a 842 millones en 2003. Cada día mueren de inanición 25.000 personas. Cada día mueren más de 16.000 niños por causas relacionadas con el hambre –uno cada cinco segundos. Muchas son las amenazas que se ciernen sobre la vida: aquí en América Latina y en el mundo. La globalización nos acerca más que nunca antes y exacerba al mismo tiempo las diferencias de poder y de riqueza. La violencia continúa siendo la causa de indecibles sufrimientos: la violencia en los hogares, en nuestras calles, en nuestros países, a veces incluso en nuestras iglesias. Las asimetrías del poder se manifiestan de miles de maneras, entre personas, entre comunidades, entre países. La letanía de los pecados y de los sufrimientos podría continuar. 

 

26. Algo va muy mal en un mundo en el que a principios del siglo XXI la fortuna de las tres personas más ricas de la tierra es superior al PIB anual combinado de los 48 países menos adelantados. Los argumentos políticos y las racionalizaciones económicas no pueden contrarrestar la inmoralidad básica de un mundo con tales desigualdades.  

 

27. Algo va muy mal en el mundo porque aún hay un peligro real de que armas nucleares puedan utilizarse en cualquier momento. La proliferación de armas nucleares es un atentado contra toda la humanidad. Los recientes informes sobre países que compran la tecnología que les permita fabricar armas nucleares son alarmantes. Pero es igualmente alarmante y un escándalo que países que poseen vastos arsenales de armas nucleares no quieran renunciar a su uso.  

 

28. Algo va terriblemente mal en un mundo en el que se vende a los niños y se los obliga a prostituirse, en el que se provocan abortos cuando se trata de niñas, y en el que las personas de ciertas etnias o razas o castas continúan siendo oprimidas. Debemos centrarnos en la espiritualidad para poder hacer frente a esa realidad. 

 

29. Como iglesias, estamos llamados a planificar juntos, a hablar al unísono y a tomar medidas juntos para cambiar las condiciones que consideramos equivocadas en este mundo. 

 

30. Creer en el llamamiento de Dios de vida en abundancia significa ante todo afirmar la dignidad humana y el derecho de los pobres de liberarse de las condiciones injustas. La lucha por la vida debe estar arraigada en las experiencias y las acciones de quienes están oprimidos y excluidos. Cuando los pobres como agentes sociales comienzan a desaparecer detrás de la “pobreza” como es definida por las estadísticas de las instituciones financieras internacionales, nuestra forma de ver la pobreza cambia. Pasa a ser un término abstracto, que nada tiene que ver con lo que viven las personas que son pobres. Debemos luchar para hacer oír las voces de los pobres, reconocerlos como agentes de sus propias luchas, y empeñarnos en darles los medios para que sean ellos quienes se defienden a sí mismos, quienes cuentan sus propias experiencias en su propio lenguaje, a su manera. 

 

31. La festa da vida no es una fiesta social. Es una celebración de la vida, que a veces puede estar cargada de dolor. La festa da vida nos invita a todos a la casa de Dios, a vivir el sufrimiento de otros, a sentir que formamos parte de la frágil e imperfecta comunidad de la humanidad. La visión de los cristianos reunidos en torno a la mesa de celebración, nos recuerda las narraciones de la última cena en los Evangelios, cuando quienes estaban allí recibieron los dones de Dios directamente de las manos de Jesús compartiendo el mismo pan y la misma copa. Esta es la fuente donde se inspira nuestra visión eucarística, una ocasión de alegría. 

 

32. Sin embargo, al mismo tiempo, los discípulos se dieron cuenta de que algo faltaba. Se trataba de la falta de confianza mutua, de una profecía de traición, una convicción de que algo estaba terriblemente equivocado. Cuando Jesús confirmó que uno de ellos había de traicionarlo, la respuesta de los labios de cada uno de ellos fue: “¿Soy yo, Señor?”. Esa pregunta no recibió una respuesta directa porque, aunque once de los doce discípulos no habrían de traicionarlo, más tarde esa misma noche todos lo negaron. En el mundo de hoy percibimos que la celebración de estar juntos también se caracteriza por contradicciones, por falta de confianza mutua, porque somos incapaces de vivir concretamente el llamamiento del Evangelio. 

 

¿Soy yo, Señor?, ¿somos nosotros?. Enséñanos a orar: “Dios, en tu gracia, transforma el mundo” 

 

33. Como parte de la humanidad, tenemos que preguntarnos constantemente por qué el mundo está en un tal desorden. Demasiado a menudo hemos callado o demasiado rápido hemos culpado a otros, no reconociendo nuestra propia responsabilidad para con los demás. Debemos pasar de la resignación a la indignación, a una indignación justificada, al enfrentarnos con las fuerzas que rigen la vida. 

 

34. Queremos transformar el mundo. Tenemos que cambiar nuestros paradigmas. Por ejemplo, es una práctica común en estos días hablar sobre los Estados Unidos de América diciendo que es la única superpotencia mundial. Sin embargo, sabemos que los poderes de este mundo y los imperios que forman hoy son y mañana ya no son. Al final, la Biblia nos dice que están construidos con pies de arcilla. Son vulnerables en muchos sentidos. ¿Podemos decir que un país es una superpotencia cuando su gobierno no es capaz de proteger a su propia población del terrorismo, de los desastres naturales, de las enfermedades que pueden prevenirse? Nuestras herramientas conceptuales son inadecuadas para comprender las ambigüedades del poder. Estamos llegando a la conclusión de que el poder no sólo se expresa en diferentes formas de imperio. La rápida evolución de las nuevas tecnologías es una poderosa herramienta que tiene una gran capacidad de influir en las personas y en la naturaleza.  

 

35. Cuando hay desigualdades tan enormes y es tan desigual el acceso a los medios de poder, todo depende del lugar del mundo en el que vivimos. Nuestras iglesias adoptan posiciones sobre cuestiones de justicia económica y otros problemas éticos que reflejan la realidad que las rodea e influyen en la vida de sus miembros. Algunas iglesias consideran la fase actual de la globalización económica como la continuación de quinientos años de opresión por el colonialismo y los imperios que se sucedieron. Otras destacan el cambio y la discontinuidad sobre la base de su experiencia del panorama político de rápido cambio. Estas diferentes perspectivas no pueden conciliarse fácilmente. Necesitamos continuar debatiéndonos en medio de esas tensiones, porque nos ayudan a ver la realidad que nos rodea de forma más clara y a determinar lo que debe ser objeto de diálogo y que requiere una mayor concienciación. 

 

36. En esta Asamblea estamos celebrando la mitad del período del Decenio para Superar la Violencia. El objetivo del DSV no es tanto erradicar la violencia como vencer el espíritu, la lógica y la práctica de la violencia mediante una búsqueda concreta de reconciliación y de paz. Es una tarea ecuménica, porque, como queda cada vez más claro, ningún grupo en particular puede prevenir la violencia. Prevenir y vencer la violencia debe ser una tarea en colaboración de todas las iglesias juntas, así como en cooperación con las instituciones civiles y gubernamentales y las iniciativas de la base. 

 

37. En esta segunda mitad del Decenio, si deseamos seguir siendo realistas y continuar teniendo esperanza, debemos tener en cuenta varios aspectos. 

 

38. En primer lugar, la mundialización es una realidad a cada nivel, y no sólo a nivel económico. El terrorismo ha tejido redes a nivel mundial, así como lo ha hecho la guerra contra el terrorismo. Las consecuencias de esta situación afectan a las personas en sus actividades y en su dignidad en casi todas las partes del mundo. Así pues, cuando planificamos nuestras acciones comunes, que nos permiten proclamar la buena nueva de la paz, debemos tener en cuenta la globalización y sus múltiples consecuencias.  

 

39. En segundo lugar, el diálogo y la cooperación entre religiones es un imperativo muy importante en el proceso de superar la violencia, buscar la paz y promover la reconciliación. Las iglesias y los creyentes de otras religiones reconocen la urgencia de la acción interreligiosa como respuesta a las urgentes necesidades y preocupaciones de la sociedad en la que viven. Más y más personas consideran que la acción interreligiosa es parte integrante de la tarea ecuménica. La visión de muchos actualmente es que la oikoumene de Dios incluye no sólo a los cristianos sino también a los creyentes de todas las religiones. 

 

40. Se suele recurrir al diálogo para tratar de resolver muchos de los conflictos actuales que parecen expresarse en un lenguaje religioso o que tienen connotaciones religiosas. Sin embargo, los contactos entre creyentes de distintas religiones, entablados mediante un paciente diálogo durante tiempos de paz, puede impedir en tiempos de conflicto que la religión sea utilizada como un arma. Los contactos por encima de las divisiones comunales han demostrado ser un instrumento valioso en la construcción de la paz. 

 

41. En tercer lugar, la espiritualidad contribuye fundamentalmente a superar la violencia y construir la paz. Creo que la oración y la contemplación forman juntas la disciplina más importante para superar la violencia. El ejercicio de esta disciplina espiritual es un desafío permanente para nuestra comunidad. Debemos darnos tiempo y espacio para este ejercicio, con objeto de inspirar y conformar nuestras acciones individuales y comunes. 

 

42. Respecto de esta dimensión de la espiritualidad, agradezco a nuestros hermanos y hermanas ortodoxos que hayan ayudado al Movimiento Ecuménico a reconocer la dimensión de la tierra y de la naturaleza de forma más coherente. Nuestra espiritualidad se ve privada de una dimensión fundamental si no nos incluye como parte de la creación, así como cocreadores en una íntima relación con la tierra de Dios y todo lo que en ella está. 

 

43. El tema de la 9ª Asamblea –Dios, en tu gracia, transforma el mundo– me recuerda mucho el tema de la 1ª Asamblea de 1948 en Amsterdam: Desorden del hombre y designio de Dios. El tema de la Asamblea de Amsterdan reflejaba tanto el pasado violento como las nuevas esperanzas de su tiempo. La conquista colonial de las naciones europeas había llegado hasta los rincones más distantes del mundo, cuyo ejemplo más típico fue el imperio británico, en el que el sol no se ponía nunca. Las naciones europeas se volvieron unas contra otras con violencia en las así llamadas Primera y Segunda Guerras Mundiales. Tras la elaboración y la utilización de la bomba atómica, la humanidad había adquirido la terrible capacidad de destruir la vida sobre este planeta. La cuestión crucial de la nueva época era saber si el designio de Dios de vida en un mundo transformado podría caracterizar el futuro o si prevalecería el desorden humano que amenaza la vida y es causa de sufrimiento para millones de personas. 

 

44. La Asamblea de Amsterdam se atrevió a hablar del “designio de Dios”. Se trataba de una declaración ética por excelencia en aquellos tiempos tan perturbados. El tema recordaba a las iglesias y al mundo que, cuando Dios creó el mundo, el mundo era bueno. Había razones para comprometerse en favor de la justicia y la paz. Había razones para trabajar por una sociedad responsable, a pesar del pecado humano y de la búsqueda del poder. Había no sólo esperanza, sino también el imperativo ético de empeñarse en la nueva Organización de las Naciones Unidas para sentar la base de la paz, los derechos humanos y el desarrollo para todos. 

 

45. El tema de la Asamblea de Amsterdam reflejaba cierto optimismo en que los dirigentes, conscientes del designio de Dios, habrían de corregir el desorden de las sociedades humanas. En cierto sentido, la afirmación básica de la cristiandad, de que los progresos en la historia llevarían por sí mismos a un mundo unido por una civilización cristiana pujante, seguía vigente. Ese optimismo, que generalmente no era consciente de sus orígenes contextuales en Europa y América del Norte y de sus connotaciones coloniales e imperiales, fue exacerbado por la rápida evolución de las nuevas tecnologías como vanguardia del poder económico, político y militar. 

 

46. Al igual que cuando el CMI se reunió en Amsterdam, nosotros también estamos en el umbral de una nueva era, conscientes de la enorme distancia que separa la voluntad de Dios para con la humanidad y la realidad actual. En el período previo a la Asamblea de Amsterdam, el mundo estaba al borde de una catástrofe causada por los seres humanos; en el período previo a la Asamblea de Porto Alegre, el mundo está al borde de catástrofes aparentemente naturales. Según el designio de Dios, la naturaleza tiene una capacidad intrínseca autorreguladora, y no puede destruir la vida de toda la tierra. Sin embargo, impulsados por su codicia insaciable de engrandecimiento, los seres humanos han interferido en el orden natural querido por Dios, de tal forma que provocan desastres naturales capaces de aniquilar toda la vida, incluida la humanidad. 

 

47. Actualmente somos más conscientes de que la crisis con la que nos enfrentamos es mucho más profunda, y se manifiesta más allá de la injusticia y de la guerra entre los seres humanos y afecta a toda la vida. En particular, cabe señalar el problema del cambio climático que se plantea a este planeta y a sus habitantes. Del mismo modo que al armamento atómico cambió el propio curso que pensábamos dar a la vida, así también el potencial de los cambios climáticos pone la vida, tal como la conocemos, en peligro. 

 

48. El cambio climático es probablemente la amenaza más grave con la que se enfrenta hoy la humanidad. Y no se trata de una cuestión de cara al futuro: las graves consecuencias ya han afectado a millones de personas. Podemos impedir un cambio climático catastrófico –al menos, podemos reducir la gravedad del cambio climático inducido por los seres humanos– si encontramos formas eficaces de aunar la voz de las iglesias con las de otros que pueden influir en este proceso. Debemos instar a todas las iglesias cristianas a hablar al mundo con una sola voz, para hacer frente a la amenaza del cambio climático. 

 

49. Este mundo dividido necesita una iglesia que viva y conforme el único cuerpo de Cristo. El Arzobispo Desmond Tutu dijo una vez: “el apartheid es demasiado poderoso para una iglesia dividida”. Yo digo que este planeta, en el que la vida está amenazada, necesita una iglesia que viva unida en la diversidad como signo y anticipo de la comunidad de vida que Dios quiere – la casa de vida de Dios, la tierra habitada, la oikoumene. Aunque nuestras diferencias puedan a veces dividirnos, en lo profundo de nuestro corazón sabemos que estamos unidos. Cristo quiere que seamos uno. Hemos sido creados como una humanidad y una comunidad en la tierra por la gracia de Dios.

 

 

Atención especial a África

 

50. Además del Decenio para Superar la Violencia, la “Atención especial a África” fue un importante mandato de la 8ª Asamblea. Como respuesta al llamamiento del plenario sobre África de la Asamblea de Harare, el CMI se comprometió a acompañar a las iglesias y al pueblo de África en su peregrinación de esperanza hacia un África mejor. Entretanto, el enfoque ecuménico en África proporcionó un marco para la labor programática coordinada en los sectores relativos a las mujeres y a los jóvenes, la edificación de la paz, el buen gobierno y los derechos humanos, la reconstrucción, el VIH y el SIDA, las personas con discapacidades, la formación teológica y la formación ecuménica, las relaciones con las iglesias y la comunidad ecuménica y la justicia económica. (El informe total puede consultarse en el Informe Oficial de Harare a Porto Alegre.) En nuestro compromiso ecuménico con África, durante los últimos siete años, también hemos aprendido a escuchar a las iglesias africanas y al pueblo de África en relación con la situación del continente: dolores y llantos, así como alegría y esperanza. 

 

51. Lo que hemos aprendido de nuestra experiencia con el programa de Atención Especial a África sugiere que, para erradicar la pobreza en este continente, que debe ser la alta prioridad de nuestro acompañamiento ecuménico futuro, será necesario hacer frente a dos causas principales: una sistémica y estructural, la otra de índole ética y política. A nivel sistémico hay cuatro factores que inciden desfavorablemente en el objetivo de lograr que todos tengan suficiente para comer, que es una condición previa para vencer la pobreza. Las políticas económicas que son desfavorables para las inversiones en la agricultura y en el desarrollo de las comunidades rurales. La migración del campo a la ciudad vacía las zonas rurales de los jóvenes instruidos y físicamente capacitados que constituyen la fuerza principal de los recursos humanos que pueden contribuir a la transformación rural. El tercer factor es la violencia, incluidas las guerras civiles y la insensatez de la violencia interpersonal a nivel de las familias y de las comunidades. El cuarto y más reciente factor es el VIH y el SIDA en el África subsahariana. Para que la ayuda sea realmente eficaz contra la pobreza en África, no debe provenir de una iniciativa por separado, sino que debe formar parte de un enfoque global y holístico que permita resolver todos estos factores.

 

 

52. Es posible formular y aplicar buenas políticas para el desarrollo.

También es posible aumentar la ayuda financiera del exterior a África. Y también es posible proporcionar mecanismos para un buen gobierno. Pero la experiencia hasta el presente ha demostrado que erradicar la violencia y lograr la transformación social es más que un enfoque mecánico del desarrollo sostenible. El ingrediente fundamental que falta es la voluntad moral por parte de los dirigentes africanos. Desde hace demasiado tiempo, los dirigentes africanos han aceptado lo inaceptable y tolerado lo intolerable.

 

 

53. Progresivamente, el pesimismo africano ha dado lugar a un optimismo cauto por parte de las iglesias y el pueblo africano. La transformación de la Organización por la Unidad Africana en la Unión Africana, la creación de nuevos asociados en el desarrollo de África, la actual transformación de la Conferencia de Iglesias de Toda el África en un instrumento ecuménico estratégico, las iniciativas de paz de las mujeres en Sierra Leona y Sudán y la reciente elección de la primera mujer presidente en África, la Sra. Ellen Johnson-Sirleaf como Presidenta de Liberia, son signos de esperanza. En los últimos siete años, la mayoría de los países africanos han pasado de la dictadura de un partido a las democracias parlamentarias.

 

 

54. Por último, digamos que África sigue siendo un continente paradójico: África es muy rica, aunque habitada por personas muy pobres. Ciertamente, el mundo exterior, el Movimiento Ecuménico incluido, ha acompañado a África de muchas y diversas maneras. Una de esas formas ha sido proporcionar ayuda material. En los últimos treinta años, se ha invertido en África la pasmosa suma de 330 000 millones de dólares EE.UU. Así pues, ¿por qué África se encuentra en la difícil situación actual? De lo que hemos observado hemos llegado a la conclusión de que la ayuda financiera por sí sola no es una respuesta para superar la pobreza en África; es demasiado fácilmente mal entendida, malversada, mal administrada o mal utilizada. Y será necesario, de hecho, que manifestemos una indignación justificada similar a la que indujo el espíritu del panafricanismo en la lucha contra el colonialismo y el apartheid, para erradicar la pobreza en África. Los africanos del continente y de la diáspora africana tendrán que unirse nuevamente bajo la bandera de una especie de global Africana para decir: las cosas no pueden seguir así, porque lo que está en juego es el centro mismo de lo que significa ser africano: el alma africana. Y es necesario mucho más que ayuda material para recuperarla.

 

 

De lo que se trata es de relaciones

 

55. ¿Por qué es tan difícil derribar lo que nos separa? ¿Por qué aún nuestras relaciones con otros seres humanos no son lo que deberían ser, a pesar de los avances tecnológicos de nuestra época, que van más allá de lo que somos capaces de imaginar? Es increíble pensar que somos capaces de manipular genes y de enviar cohetes espaciales a los confines de nuestro sistema solar, pero que continuamos enfrentándonos en guerras.

 

 

56. Existe un elemento común entre las amenazas a la vida que confrontamos desde el punto de vista social, económico y medioambiental y la ambigua experiencia de una interdependencia creciente que provoca una mayor fragmentación y enemistad, en lugar de una mayor cooperación. Quienes tienen el poder de exacerbar nuestros miedos y nuestras ansiedades explotan esa situación. Los temores y las ansiedades nos impiden dar un testimonio común. Nos ponen unos contra otros, socavan nuestra confianza mutua, y nos obligan a estar a la defensiva, sin ser capaces de tomar iniciativas para hacer frente a las situaciones que nos rodea.

 

 

57. Pienso que el origen de los mayores problemas con que nos enfrentamos se encuentra en nuestra falta de capacidad para relacionarnos unos con otros, con la creación y con Dios, como deberíamos. Sea que hablemos de nuestra realidad social, de cuestiones políticas y de poder, o incluso de la realidad en y entre las iglesias, podemos ver que la calidad de nuestras relaciones se ha deteriorado considerablemente, no sólo hoy sino desde hace décadas y siglos.

 

 

58. Vivimos en un mundo diverso: un mundo de diferencias étnicas, raciales, lingüísticas, culturales y religiosas. La migración de poblaciones ha tenido como consecuencia que casi todas nuestras sociedades sean actualmente pluriculturales. Sin embargo, nuestra capacidad de relacionarnos con los otros es lamentablemente limitada. Atacamos y acusamos a quienes son diferentes de nosotros y muy a menudo tenemos miedo de ellos, de lo desconocido. Trazamos líneas divisorias entre nosotros y los otros de forma ofensiva. El racismo continúa levantando su horrible cabeza; la xenofobia y la islamofobia se propagan más y más; el antisemitismo ha vuelto a revivir donde se pensaba que había muerto hace ya muchos años. Y, sin embargo, lo que nos une es mucho mayor que lo que nos divide. Somos capaces de amar, todos veneramos a nuestras familias, todos dependemos del medioambiente, todos tenemos un gran interés en que nuestro planeta sea un lugar de amor y de hospitalidad.

 

 

59. Si centramos nuestra atención en nuestra capacidad de relacionarnos unos con otros, con la creación y con Dios, nos damos cuenta de que nuestros problemas éticos tienen una dimensión profundamente espiritual y viceversa. Ya no podemos separar ética y eclesiología, la búsqueda de la unidad de la iglesia y la unidad de la humanidad. Están estrechamente entretejidas unas con otras. Lo que ahonda nuestras divisiones y las desigualdades entre nosotros y lo que puede contribuir a la sanación y la reconciliación tienen, de hecho, un centro común.

 

 

60. Esto no debe sorprendernos. La realidad del pecado refleja la realidad de las relaciones quebrantadas con Dios, con nuestros prójimos y con la creación. Como nos enseña la Biblia, el pecado es ante todo un problema de relaciones quebrantadas en esas tres dimensiones de nuestra existencia. El pecado es real. El pecado tiene expresiones sociales y prácticas que generan la muerte, en lugar de la vida. y socavan nuestra comunidad. Es esa realidad a la que se dirige la gracia de Dios para redimirla y transformarla. Tomando sobre sí el pecado humano al morir en la cruz, Cristo restaura la vida y cura y reconcilia las relaciones distorsionadas por el pecado. Celebramos este misterio de la vida renovada en Cristo en la Eucaristía, que nos transforma en miembros del único cuerpo de Cristo. En nuestra vida diaria, esta liturgia de la Eucaristía continúa en la curación de las relaciones, en el compartir vida con vida.

 

 

61. La vida que Dios nos da y que nos sustenta a todos nosotros es el alimento que crea una nueva comunidad en la que todo se comparte, una comunidad justificada y reconciliada con Dios por la gracia divina. La festa da vida es una fiesta abierta. Acoge a todos los que vienen y construye la comunidad mediante relaciones. Para los cristianos, el “Ágape” –la comida de comunión que sigue a menudo al servicio eucarístico– es una celebración de esta comunidad. Y también anticipa el Reino que ha de venir.

 

 

62. Estaremos mejor capacitados para promover las relaciones entre los seres humanos en el mundo que nos rodea, si, como iglesias, podemos aprender cómo compartir unas con otras todos los dones de gracia que hemos recibido de Dios. En gran medida, nuestra desunión como iglesias se debe a nuestra incapacidad de compartir de forma auténtica esos dones. Una forma de enriquecer nuestra comunidad del compartir es transformar la manera de relacionarnos como iglesias y como organizaciones ecuménicas, mediante un compartir horizontal de los dones de la gracia. Hoy, más que nunca antes, las iglesias se necesitan unas a otras. Debemos encontrar nuevas formas de ahondar en nuestra comunidad como iglesias en la comunidad del CMI. Un nuevo paradigma de ser iglesia unas para con otras es un imperativo en el siglo XXI en el marco de nuestras relaciones ecuménicas y eclesiales. Y esto es necesario para que las iglesias puedan contar con los medios y la capacidad necesarios, no en beneficio propio, sino en beneficio unas de otras y con objeto de aportar una contribución al mundo, que tiene una necesidad extrema de aprender a relacionarse mejor. Sin embargo, como iglesias también podemos aprender de muchas comunidades que saben compartir la riqueza de lo que son, aunque sean pobres.

 

 

63. Durante mis viajes a las diferentes regiones de este mundo, he visto que el culto prosigue con un Ágape en común – una celebración de vida compartida por todos. Recuerdo un grupo de mujeres pobres, indígenas, en Bolivia, que compartían lo poco que tenían después del culto, organizando una comida festiva para todos sobre la base de diferentes variedades de papas, que habían traído de sus casas. Allí, en esa comunidad carente de todo, la alegría de la comunidad irradiaba a medida que se encontraba con la vida tal como es. Al compartir lo poco que cada una tenía, las mujeres no fueron más pobres; por el contrario, cada una estaba feliz por la otra porque ninguna regresó a su casa con hambre. El milagro de dar de comer a cinco mil (¡sin contar a las mujeres y los niños!) es una realidad cotidiana entre los pobres. Es la razón por la que aún sobreviven en este mundo cruel y sin misericordia.

 

 

64. El carnaval, aquí, en Brasil, es precisamente una celebración de vida, desordenada y superabundante, con un telón de fondo de pobreza y marginación. Las comunidades pobres continúan cultivando la creatividad y la capacidad de celebrar la vida juntos, en medio de la indigencia y la situación desesperada con que se enfrentan. Esas celebraciones de vida entre los pobres me recuerdan también todas las otras parábolas sobre la invitación a la fiesta de boda, que narran Mateo, Marcos, Lucas y Juan de diversas maneras. Pero todas tienen en común que el huésped está profundamente decepcionado por la respuesta negativa de quienes había invitado en primer lugar. En un acto de justicia transformadora, decide invitar a quienes están en los caminos y en las márgenes de la sociedad. El sermón de Jesús en la sinagoga de Nazaret habla a sus vidas: buenas nuevas a los pobres (Lucas 4:18ss). Quieren celebrar la nueva comunidad investida de poder en Cristo, alabando a Dios juntos con cánticos y oraciones. Quieren tener la vivencia del poder sanador del Evangelio en sus vidas cotidianas. Y una cosa es cierta: habrán de celebrar con Dios cuando los modelos habituales de exclusión y de marginación sean trastocados.

 

 

65. La festa da vida nos invita a considerar de manera diferente la calidad de nuestras relaciones y a colocarlas en el centro del Movimiento Ecuménico.

 

 

66. En la declaración normativa sobre un Entendimiento y una Visión Comunes (EVC), aprobada en la Asamblea de Harare, se instó al CM I y a sus miembros a profundizar sus relaciones unos con otros. En cierto sentido, esto ha tenido lugar en el marco de los importantes trabajos de la Comisión Especial sobre la Participación de los Ortodoxos en el Consejo Mundial de Iglesias. Visitas pastorales y “cartas vivas” ofrecieron a las iglesias la oportunidad de expresar su solidaridad y compasión con otras personas en situaciones difíciles. Es necesario ahondar aún más en nuestra responsabilidad mutua y hacerlo de forma concreta y visible.

 

 

67. En el EVC, también se reconoce que el Movimiento Ecuménico es más amplio que el Consejo Mundial de Iglesias y se insta al CMI a entablar relaciones con otros organismos cristianos, en particular las iglesias pentecostales y evangélicas libres y otras organizaciones ecuménicas.

 

 

68. Nuestra relación con la Iglesia Católica Romana se ha afirmado a lo largo de los años. El CMI y la Iglesia Católica Romana son órganos muy diferentes, pero ambos están profundamente comprometidos con la empresa ecuménica. Durante los últimos cuarenta años, hemos colaborado de manera provechosa en el marco del grupo mixto de trabajo. El CMI agradece la participación directa de la Iglesia Católica Romana en nuestros trabajos para superar las divisiones teológicas, históricas y sociales entre las iglesias; en la misión; en la formación teológica; en el testimonio en favor de la justicia en nuestro mundo; en el diálogo interreligioso; y en otras formas.

 

 

69. A veces ha habido, quizás, expectativas poco realistas, y esto por ambas partes. Sin embargo, siempre hemos tenido la voluntad de aclarar los problemas, con objeto de reanudar la búsqueda común de la clase de unidad que es la voluntad de Cristo para su Iglesia.

 

 

70. Existe una tensión natural entre los esfuerzos para profundizar la comunidad de iglesias que constituyen el Consejo Mundial y los esfuerzos para ampliarla. La Asamblea da una oportunidad de volver a centrar nuestra atención en la calidad de las relaciones en la comunidad, de examinar juntos lo que significa estar en comunión en el camino hacia una mayor unidad, y de interpelarnos unos a otros para que esa unidad sea más patente y más profunda. La Asamblea también nos da la oportunidad de reafirmar nuestra disposición de ampliar esta comunidad mediante el diálogo, la interacción y la cooperación con hermanas y hermanos en Cristo, más allá del círculo íntimo de los miembros del CMI. Un ejemplo concreto es el Foro Cristiano Mundial, que reúne a los seguidores de Jesucristo de una diversidad de tradiciones y expresiones como nunca antes. El Consejo Mundial de Iglesias está empeñado en hacer todo lo que esté a su alcance para continuar facilitando este proceso, que hasta ahora ha sido muy estimulante.

 

 

71. Como todos sabemos, existe una tensión natural entre las diversas expresiones institucionales del Movimiento Ecuménico. Todas las organizaciones ecuménicas se debaten actualmente con la cuestión de saber cómo responder al cambiante panorama eclesial y ecuménico. De ahí que hayamos comenzado a hacer frente juntos a los principales desafíos que se plantean al ecumenismo en el siglo XXI: un proceso que va más allá del estricto enfoque institucional que parece sugerir el término “reconfiguración”. Existe una necesidad que se manifiesta constantemente de que expliquemos juntos claramente las bases teológicas y espirituales de nuestro compromiso ecuménico común. Así como existe una necesidad urgente de aplicar mecanismos que permitan coordinar nuestra respuesta ecuménica en relación con la diaconía, las actividades de sensibilización y el desarrollo. Muchos agentes del Movimiento Ecuménico ponen de relieve la necesidad de definir juntos la visión ecuménica común y no sólo “la visitón común del CMI”. Espero que esta Asamblea afirme el papel del Consejo en el único Movimiento Ecuménico y los estimule a ser el motor, el agente facilitador de esta importante tarea de servir al Movimiento Ecuménico en el siglo XXI.

 

 

72. Por otra parte, existen tensiones respecto de las relaciones interreligiosas. Muchos se preguntan si son parte integrante de la búsqueda ecuménica de la unidad cristiana. Todos reconocemos que vivimos en un mundo plurirreligioso, y necesitamos aprender más acerca de cómo relacionarnos con creyentes de otras religiones, en particular a nivel de la comunidad. Además, al hacer frente a una gran variedad de problemas mundiales –y no sólo los conflictos entre creyentes de diferentes religiones– tenemos que aprender a relacionarnos, aprender la forma en que los creyentes de otras religiones viven su fe y ven el mundo, así como aprender a actuar juntos por el bien de nuestras comunidades y del mundo. Cada vez más se reconoce que la religión desempeña un papel importante en los asuntos internacionales, y necesitamos construir relaciones con otras comunidades religiosas a todos los niveles. Esto se afirmó en la Conferencia sobre el Momento Crítico del Diálogo Religioso, que el Consejo organizó en junio pasado. La conferencia reunió a participantes de las principales religiones mundiales de todas las partes del mundo. Una de las principales recomendaciones de la conferencia fue exhortar al CMI a que cree mecanismos para que los dirigentes religiosos mundiales puedan hacer frente juntos a los problemas con que se enfrenta la comunidad humana en el día de hoy. Las relaciones interreligiosas deben tener una alta prioridad en el próximo período, y esperamos que esta Asamblea nos dé asesoramiento sobre la mejor forma de lograr este objetivo.

 

 

73. La festa da vida, a la que todos estamos invitados, es también una invitación a ponernos en contacto con quienes conocemos y con quienes aún no conocemos.

 

74. Hace tiempo que reconocemos que toda la labor programática del CMI debe estar arraigada en las relaciones y, sin embargo, en la práctica, diferentes miembros de personal y equipos son responsables de las actividades de programa y de relaciones. Tras la Asamblea, espero que sea posible un enfoque más integrado e interactivo entre programas y relaciones, mediante el cual nuestros programas puedan fortalecer la calidad de nuestras relaciones, y que nuestros miembros puedan hacer suyos los programas. El significado de esta profunda interrelación fue puesto de relieve en las principales conclusiones del Informe de evaluación previo a la Asamblea.

 

 

Formas creativas de trabajo

75. Al comenzar esta Asamblea, es mi esperanza y mi oración que podamos celebrar esta oportunidad que se nos ofrece como un momento de intercambio fraterno unos con otros de lo que cada uno tiene para dar, y de celebración de esta fiesta de la vida. Esperamos que los plenarios de la Asamblea, la serie de conversaciones ecuménicas y las reuniones de mutirão nos ayuden a determinar los principales desafíos y prioridades a los que las iglesias deben hacer frente en todo el mundo por medio del Consejo Mundial de Iglesias, que es su instrumento común. Esperamos que el Comité de Orientación Programática logre formular un programa viable y pertinente que promueva la transformación y que los comités de examen permitan avanzar en nuestras relaciones. Y esperamos que el Comité de Finanzas ofrezca asesoramiento práctico para elaborar un concepto de gestión dinámica en la que se base la administración de nuestros recursos físicos, humanos y financieros como parte integrante de toda la labor del Consejo. Además de todo esto, nos centraremos en la formulación y la aprobación de un plan de trabajo y programa de espiritualidad ecuménica que se inspire en nuestro compromiso común de orar juntos y que puedan hacer suyo y aplicar las iglesias miembros. La gestión responsable de la labor del Consejo pasará a tener alta importancia estratégica. Al facilitar la gestión de los recursos que se nos confían, podremos tener la seguridad de que los recursos físicos, humanos y financieros se administran como parte integrante del todo. Varias reuniones previas a la Asamblea ya han puesto de relieve las contribuciones de quienes suelen estar en la periferia del Movimiento Ecuménico: los jóvenes, los pueblos indígenas, los dalit, las mujeres y las personas con discapacidades. Su desafío y sus perspectivas siguen siendo un importante aporte, no sólo por su crítica a la injusticia y la exclusión, sino por su nueva concepción creativa de la transformación. El hecho de que estemos reunidos en América Latina influirá en nuestros debates. Por otra parte, la celebración y el plenario sobre América Latina nos permitirán profundizar en nuestro entendimiento de este continente.

 

 

76.En el marco de lo que se ha llamado la “era de la información”, se exhorta a nuestro Movimiento Ecuménico a proclamar la palabra eterna de Dios y a interpretar su significado teniendo en cuenta la gran diversidad de culturas y tecnologías. Al mismo tiempo que buscamos formas creativas de comunicar, mantenemos nuestro compromiso de hablar del amor de Jesús, de edificar la confianza y de apoyar el crecimiento de las comunidades de base –tanto reales como virtuales– en las que pueda crecer la comunión espiritual y se pueda transformar la vida de cada uno.

 

77. El actual contexto nos desafía a volver a pensar las cuatro prioridades actuales del Movimiento Ecuménico que nos deben considerarse como una propuesta de nueva estructura programática del CMI, porque hay muchas maneras diferentes de abordarles. 

78. Fe y espiritualidad: La cuestión central de nuestros tiempos, como he señalado en mis observaciones, es la cuestión de la fe y de la presencia de Cristo en el otro. Ésta es la base de nuestra comprensión de la unidad y la misión. La fe debe ocupar un lugar central en nuestra vida común y ser el fundamento de nuestra visión y compromiso ecuménicos. ¿Cómo hacer para que la unidad que nos es dada en Cristo sea visible y efectiva?

79. ¿Qué entraña la fe cristiana en el siglo XXI? Esta pregunta es pertinente para las iglesias del Norte y del Este, así como para las iglesias de todo el Sur. Ya no es realista esperar que la formación de la fe cristiana tenga lugar en las familias cristianas, en las iglesias, en las escuelas dominicales, en los centros de enseñanza, e incluso en otras instancias de la sociedad en general. Son necesarios esfuerzos deliberados para que aquellos que confiesan la fe cristiana entiendan debidamente los hechos básicos acerca de la fe. Sin embargo, también es necesario entender el cristianismo emergente del siglo XXI, porque el cristianismo del Sur no es únicamente un transplante del cristianismo de antaño. Nuevas expresiones que no son denominacionalistas sino postdenominacionalistas están en aumento en todas las partes del mundo. El entendimiento que tengamos como cristianos en una sociedad cada vez más plurirreligiosa adquerirá mayor importancia en el próximo período. Es un desafío para que consideremos nuestra fe en una perspectiva radicalmente nueva. Esto es posible si consideramos el cristianismo como una realidad mundial, o sea, si lo vemos con nuevos ojos y no únicamente con los ojos de una región o de una perspectiva teológica particular. ¿Cuál debe ser nuestra respuesta respuesta teológica a la pobreza y a las carencias de tantas personas, al bienestar económico de otros y al vínculo entre pobreza y riqueza? Todos estos fenómenos tienen consecuencias en nuestro quehacer teológico y en la enseñanza de la teología, en el quehacer misionero y en la forma en que damos testimonio en el siglo XXI.

 

 

80. En una época en la que las cuestiones de identidad caracterizan las relaciones interpersonales, sociales y políticas, el diálogo y la cooperación entre religiones ha llegado a ser un imperativo. Cuanto más firme sea el fundamento de nuestra fe cristiana, y cuanto más hablemos con una sola voz, más eficaz será nuestra participación en la mesa del diálogo interreligioso.

 

81. Formación ecuménica: La formación ecuménica es uno de los aspectos que emerge con fuerza, no sólo como una necesidad o prioridad sino como un imperativo ecuménico real, como un factor determinante que puede tener una influencia decisiva en el Movimiento Ecuménico del siglo XXI.

 

 

82. En muchas iglesias miembros, la nueva generación de dirigentes, aunque comprometida con los principios ecuménicos, no parece estar bien informada sobre el rico legado y la experiencia del moderno Movimiento Ecuménico. En este momento fundamental de transición generacional, debe darse a los dirigentes ecuménicos la oportunidad de aprovechar de ese acerbo de conocimientos y sabiduría.

 

 

83. Para que los cristianos, en particular los dirigentes y el personal de las iglesias, puedan participar de forma creadora y responsable en la búsqueda de la unidad, y crecer juntos, es necesario ofrecerles medios pertinentes de formación ecuménica que les permitan aportar mejores y más ricas contribuciones a nuestra vida común. Para ello, debemos recopilar los recursos humanos y los materiales didácticos de las iglesias y las organizaciones ecuménicas.

 

 

84. Si pensamos en el Instituto Ecuménico de Bossey en Suiza, que es un modelo a tener en cuenta en la formación ecuménica, descubrimos dos nuevos desafíos. En primer lugar, durante los últimos años, los evangélicos libres y los pentecostales han manifestado un claro interés en cursos y seminarios ecuménicos, en particular los programas de estudios de posgrado. En segundo lugar, los jóvenes han insistido una y otra vez en la necesidad urgente de que se organicen más encuentros y seminarios interreligiosos. Estas dos tendencias parecen indicarnos el camino a seguir, y suscitan esperanza.

 

 

85. Justicia transformadora: Como respuesta a quienes sufren las consecuencias de la injusticia que crea una separación entre la pobreza y la riqueza, es necesario empeñarse en una justicia transformadora que integre el cuidado de la creación, la trasformación de las estructuras económicas y sociales, una clara voz profética en favor de la defensa de las causas justas y de la diaconía.

 

 

86. Desde Harare, el CMI se ha ocupado de examinar el concepto de justicia transformadora, particularmente en el marco del empeño por superar la violencia. En lugar del concepto más comúnmente utilizado de “justicia restauradora”, este concepto se basa en el entendimiento de que no basta con reintegrar, restablecer, restaurar, devolver lo que se ha perdido. No es posible borrar siglos de injusticia, en todas sus formas, desde el punto de vista histórico, colectivo o individual. La vida y la cultura de los pueblos, las lenguas, las formas de vida, el culto y la espiritualidad ya no pueden ser lo que fueron. La justicia transformadora atañe al pasado y al presente. Su objetivo es vencer la opresión y la dominación para que sea posible la sanación, la reconciliación y el re-establecimiento (“enderezar lo que estaba torcido”) de las relaciones.

 

 

87. Mi visión para el futuro es que ahondemos en esa justicia transformadora cuando abordemos los problemas de justicia y diaconía, sensibilización y diálogo. Para ello, serán necesarias nuevas formas creativas de hacer frente a la forma en que la historia de la misión de la iglesia ha estado ligada a veces al deterioro de las formas tradicionales de sanación y reconciliación. Y serán necesarios procesos más directos de liberación y sanación mediante el encuentro y el diálogo entre los responsables de la injusticia y las víctimas.

 

 

88. Para ello, será preciso cambiar de paradigma en nuestro trabajo, una metanoia que permita transformar las estructuras, la cultura y los valores. Y será necesario reorientar nuestros programas para que den lugar, de forma deliberada, a la construcción de comunidades justas verdaderamente incluyentes, que salvaguarden la diversidad, en las que sea posible la interacción de diferentes identidades y formas de unidad, y en las que los derechos y las obligaciones de todos se respeten plenamente en el amor y la comunión. La justicia transformadora exhorta a las iglesias a un compromiso costoso en favor de la superación de las divisiones que afectan a su propia vida – nuestras comunidades necesitan ser transformadas para vivir plenamente la diversidad de sus pueblos y culturas como reflejo de la creación e imagen de Dios en la humanidad. Ser iglesia hoy es ser comunidades de sanación, de reconciliación y reconciliadas.

 

 

89. Ser una voz moral para el mundo: Gracias al creciente reconocimiento del papel de la religión en la vida pública, tenemos nuevas oportunidades de influir en las decisiones sobre políticas a nivel mundial. Este contexto en constante cambio en el que se da una nueva importancia al papel de la religión, introduce nuevas perspectivas en relación con las cuestiones de la responsabilidad social de las iglesias.

 

 

90. Al cumplir con nuestra responsabilidad histórica se nos exhorta a que seamos una voy moral firme y fidedigna: una voz que tiene su fundamento en la espiritualidad, por lo que se distingue y es posible distinguirla de las muchas voces que compiten en un mundo en el que los valores éticos están ausentes.

 

 

91. Se trata de preocupaciones comunes de las iglesias miembros y de los copartícipes ecuménicos. Espero que, en el futuro, podamos aplicar nuevas formas innovadoras de trabajo que fortalezcan nuestras relaciones con las iglesias y la comunidad más amplia de copartícipes ecuménicos. Esas formas serán diferentes según los colaboradores ecuménicos. Por ejemplo, desearía que fuera realidad una interacción con las Comuniones Cristianas Mundiales, especialmente aquellas cuyos miembros son en una buena parte miembros del CMI, en el marco de nuestro compromiso común con la unidad visible y de nuestra común disposición a entablar relaciones con las iglesias y las familias cristianas que no participan concretamente en el Movimiento Ecuménico. Desearía que fuera realidad una relación más estrecha de los programas entre el CMI y las organizaciones ecuménicas regionales, basada en nuestros respectivos ámbitos de competencia y de influencia. Desearía que fuera realidad una colaboración más deliberada con las organizaciones ecuménicas internacionales, que suelen ocuparse de los mismos problemas. Espero que las iniciativas que propugnan nuevas formas de trabajo en el ámbito del desarrollo y la diaconía con los ministerios especializados den fruto en los próximos meses y años. Y como he señalado previamente, espero que un nuevo enfoque en la espiritualidad ecuménica permita transformar la forma en que trabajamos.

 

 

92. Ahora bien, desearía ir más allá de estas sugerencias y reiterar la propuesta de que, como medida concreta, la próxima Asamblea del CMI sea una plataforma común del movimiento ecuménico más amplio. Si estamos dispuestos a dar ese paso concreto importante podremos prever juntos, en lugar de muchas asambleas mundiales y conferencias generales diferentes, organizadas por las diversas comuniones mundiales y otros organismos, una sola celebración en la búsqueda de las iglesias de unidad y de dar un testimonio en común. Y siendo más específicos, y como medida mínima, propongo que esta Asamblea nos dé el mandato de agilizar el diálogo con la Federación Luterana Mundial y la Alianza Reformada Mundial y examinar las posibilidades de celebrar nuestras próximas asambleas como una reunión conjunta combinada. Del mismo modo deberíamos invitar a todos los otros órganos cristianos mundiales a que se unan a este diálogo.

 

 

93. Por supuesto, esa propuesta requiere una minuciosa consideración de muchos detalles. Sin embargo, estoy plenamente convencido de que podemos hacerlo, y de que el Movimiento Ecuménico se verá fortalecido mediante una plataforma mundial común. Además, puede ser una forma de comenzar a planificar juntos, a fin de que podamos hablar y actuar juntos de forma más eficaz.

 

 

Y para terminar…

 

94. Queridos amigos y amigas, hermanas y hermanos en Cristo, se ha encomendado a los delegados en la Novena Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias una importante responsabilidad. Es una responsabilidad con grandes posibilidades. En Porto Alegre se nos ha pedido que hagamos frente a las realidades de este mundo, y discernamos los signos de los tiempos, y que oremos, al mismo tiempo, de todo corazón: “Dios, en tu gracia, transforma el mundo”. Así, renovados por la oración, en el poder del espíritu Santo, esperamos ser enviados nuevamente desde este lugar, como mensajeros de la gracia de Dios y de la voluntad de Dios para transformar este mundo, como mensajeros de esperanza para nuestros niños, para nuestros nietos, para el futuro.

 

 

95. La Palabra de Dios es una palabra de esperanza, la buena noticia de transformación por la gracia. Es la proclamación de un nuevo cielo y una nueva tierra, donde lo que estaba ya no está. Es un invitación de Dios a participar en una festa da vida, a alegrarnos en la fiesta de la vida.

 

 

96. Que a lo largo de esta Asamblea el Espíritu de Dios haga encender una llama inagotable de esperanza en nuestros espíritus, iluminando una creación restaurada de bondad, revelándonos como hijos de Dios, miembros de la única familia humana y de la única comunidad de la tierra.

 

 

97. Que en esta reunión, el Espíritu de Dios encienda en nosotros la profunda aspiración de nuestros predecesores en el Movimiento Ecuménico, la convicción de que hay y debe haber una sola Iglesia – santa, católica y apostólica – cuerpo indiviso de Cristo al servicio del mundo, reunido alrededor de la única mesa en la presencia de nuestro Señor viviente.

 

 

98. Con Dios, todas las cosas son posibles. Asumimos nuestra responsabilidad, confiados en la gracia transformadora de Dios.

Estamos todos invitados a la festa da vida: ¡celebremos la fiesta!

 

 

 

Rev. Dr Samuel Kobia