Documento n° PGC 02Aprobado

Informe del Comité de Orientación Programática


El siguiente informe fue presentado ante la Asamblea y recibido por ésta.
Sus resoluciones fueron propuestas por el Comité de Orientación Programática y aprobadas por la Asamblea mediante el método de consenso.
Disintieron algunos delegados en la Asamblea tal como se registra en las notas finales.
 

I. Introducción

 

1. Una de las tareas principales de cada Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias es examinar la labor y las actividades realizadas por el Consejo desde su última Asamblea y establecer orientaciones y prioridades para el programa del Consejo en el futuro.

 

2. El Comité de Orientación Programática (COP) de esta Asamblea ha tomado sus tareas seriamente, utilizando como punto de partida el informe De Harare a Porto Alegre, la Evaluación del Programa previa a la Asamblea y las Recomendaciones del Comité Central de 2005, así como un documento de referencia, titulado “A Changing World,” preparado por el personal del CMI. Cada uno de los miembros del COP asistió también a una Conversación Ecuménica para escuchar las sugerencias de los delegados de la Asamblea acerca de las futuras prioridades del CMI. Por último, el COP compartió en el diálogo y la reflexión los informes del Moderador, del Secretario General, de los plenarios temáticos y de las sesiones de información y debate, así como muchas sugerencias e ideas procedentes de los participantes en el Mutirão y grupos de la comunidad, que trataban de discernir el sentir de la Asamblea y la llamamiento de Dios en relación con la función única del CMI dentro del movimiento ecuménico.

 

3. Al presentar este informe, el COP ha tenido en cuenta que, en los trabajos del Comité de Examen, se han analizado y se afrontarán varias iniciativas importantes del programa, adoptadas desde la Asamblea de Harare, en relación con el fortalecimiento y la profundización de las relaciones entre las iglesias miembros (p. ej., la Comisión Especial sobre la participación de los Ortodoxos en el CMI), con los interlocutores ecuménicos y con otras iglesias (p. ej., el Grupo Mixto de Trabajo con la Iglesia Católica Romana, los Pentecostales, etc.).

4. Aunque es imposible incluir en nuestro Informe a la Asamblea todo el caudal de aportaciones reunido por el COP, la documentación sustantiva – con inclusión de los informes de las 22 Conversaciones Ecuménicas; las declaraciones procedentes de los grupos de comunidades (jóvenes, Pueblos Indígenas y personas con discapacidades); las diferentes propuestas sobre cuestiones específicas formuladas en los talleres Mutirão – se remitirán a los futuros órganos rectores del CMI para que realicen el importante trabajo de elaborar programas específicos futuros para el CMI. Dicha documentación los ayudará en su tarea de traducir en un programa las amplias orientaciones de política incluidas en este Informe.

Resolución:

 

5. La 9ª Asamblea del CMI recibe con aprecio el Informe De Harare a Porto Alegre y la “Evaluación Previa a la Asamblea y las Recomendaciones del Comité Central 2005”.i

II. El Contexto de nuestro trabajo

6. La Asamblea de Porto Alegre se ha celebrado con el trasfondo de un mundo en rápida transformación. Es éste el escenario donde, a la vez que se desarrolla el drama de los contextos cambiantes, las iglesias están llamadas a cumplir su misión y su vocación. Se están produciendo cambios en todas partes y todos están relacionados entre sí: cambios en los contextos eclesial y ecuménico (tales como los que se registran en la geografía eclesial, las estadísticas y la secularización), así como cambios en los contextos político, económico y social (entre los que figuran las desigualdades crecientes, la destrucción del medio ambiente, las migraciones, la violencia y el terror). Estos cambios presentan desafíos inmensos para las iglesias y el CMI, los cuales exigen adoptar una visión valiente de esperanza y un mayor compromiso para hacer visible el don de Dios de la unidad y la reconciliación en Cristo ante nuestras iglesias, sociedades y mundo divididos. Nos estimula enormemente el modo en que nuestros anfitriones latinoamericanos presentaron su historia de luchas y esperanza en respuesta a los desafíos con que se enfrenta su continente. Sin embargo, se expresaron preocupaciones por la marginación de los pueblos indígenas y los afrodescendientes en la vida de la iglesia y en la sociedad de América Latina.

 

7. Se nos ha recordado que “una iglesia dividida no puede ser un testigo creíble en un mundo desgarrado; no puede oponerse a las fuerzas desintegradoras y desorientadoras de la globalización y entablar un diálogo significativo con el mundo” (Informe del Moderador, párr. 17). Buscamos a Dios y oramos, “Dios, en tu gracia, transforma nuestras vidas, nuestras iglesias, nuestras naciones y el mundo”. Todos los programas y actividades del CMI son, por lo tanto, una respuesta a este contexto cambiante e intentan ser una expresión fiel de la justicia, la paz, el cuidado de la creación, la sanación, la reconciliación y la salvación de Dios: la “plenitud” de vida para todos.

 

 

III. Nuestra visión y nuestros objetivos

 

8. En su trabajo en esta primera Asamblea del CMI del siglo XXI, el COP reafirmó la finalidad y las funciones establecidas del CMI (tal como se enuncian en la Constitución, párr. III) como base para sus trabajos: “El objetivo principal de la comunidad de iglesias que forma el Consejo Mundial de Iglesias es ofrecer un espacio donde las iglesias puedan exhortarse unas a otras a alcanzar la unidad visible en una sola fe y una sola comunión eucarística, expresada en el culto y la vida común en Cristo mediante el testimonio y el servicio al mundo, y a avanzar hacia la unidad para que el mundo crea”. Además, dicho párrafo afirma como objetivos de las iglesias por medio del Consejo, que:

  • favorecerán la búsqueda en la oración del perdón y la reconciliación en un espíritu de responsabilidad mutua, promoverán relaciones profundas mediante el diálogo teológico, compartirán los recursos humanos, espirituales y materiales unas con otras;

  • facilitarán su testimonio común; expresarán su compromiso con la diaconia poniéndose al servicio de las necesidades humanas;

  • favorecerán el desarrollo de una conciencia ecuménica;

  • se ayudarán mutuamente en sus relaciones con los creyentes de otras comunidades religiosas; y

  • promoverán la renovación y el crecimiento en la unidad, el culto, la misión y el servicio.

 

9. Estas finalidades y funciones demuestran la amplitud de la visión del CMI y proporcionan un fundamento para la labor programática del Consejo.

 

Resolución:

10. La Novena Asamblea reafirma el documento “Hacia un entendimiento y visión comunes del CMI” (contenido en De Harare a Porto Alegre, pp.175-181), como expresión de la visión del CMI en cuanto comunidad de iglesias y servidor del movimiento ecuménico uno. Deben encontrarse los medios para hacer que el contenido del documento sobre entendimiento y visión comunes sea más accesible y comprensible a fin de facilitar su mayor apropiación por las iglesias y el movimiento ecuménico en general.

 

IV. Principios rectores y recomendaciones metodológicas

 

11. Basándose en los utilísimos materiales y recomendaciones que se ofrecen en el “Informe sobre la Evaluación del Programa del Comité Central de 2005” (véase De Harare a Porto Alegre, pp.203-216), y habiendo recibido una decidida y sensata recomendación del Comité de Finanzas de esta Asamblea en relación con la situación financiera prevista del CMI para los próximos años, el COP señaló siete principios básicos para orientar al CMI en el establecimiento de sus prioridades programáticas para el futuro:

  • seguir centrando su atención en aquello que el CMI es el único que puede hacer en cuanto comunidad mundial de iglesias ofreciendo un liderazgo al conjunto del movimiento ecuménico;

  • hacer menos, pero hacerlo bien, con un enfoque integrado, colaborativo e interactivo;

  • subrayar su tarea central de hacer que las iglesias se llamen unas a otras a la unidad visible;

  • mantener en tensión la labor de diálogo y defensa de los derechos, de construcción de relaciones y fomento del testimonio social entre las iglesias y con los distintos sectores de la sociedad;

  • fomentar el sentimiento de pertenencia de las iglesias así como su participación inspirándose en las iniciativas de las iglesias y de las organizaciones ecuménicas;

  • llevar al mundo una voz y testimonio proféticos al afrontar las cuestiones urgentes y turbulentas de nuestros tiempos de forma concreta;

  • comunicar las actividades del CMI a las iglesias y al mundo de forma oportuna e imaginativa.

12. El COP señaló también varios elementos metodológicos para definir cómo se desarrollarán en el futuro la vida y los trabajos del CMI, especialmente:

  • articular una base teológica clara para la totalidad de sus trabajos;

  • elaborar un proceso completo de planificación, seguimiento y evaluación que incluya plazos y objetivos claros;

  • proyectar una estrategia para la comunicación, el compromiso y la apropiación por parte de las iglesias;

  • facilitar la función coordinadora del CMI en la búsqueda la colaboración mediante la formación de redes y actividades de sensibilización con otras organizaciones ecuménicas, especialmente las comuniones cristianas mundiales, las OER, los Consejos Nacionales de Iglesias, los Ministerios Especializados, las organizaciones basadas en la fe y las ONG (según proceda) – con la esperanza de que muchos de estos programas puedan realizarse trabajando en colaboración;

  • estimular la capacitación de las iglesias miembros y las organizaciones ecuménicas;

  • acompañar a las iglesias y a los pueblos en situaciones críticas, posibilitando y facilitando su acción.

 

Resolución:

 

13. La Novena Asamblea del CMI suscribe estos principios rectores y elementos metodológicos como base para establecer sus futuras prioridades programáticas.

 

V. Principales ámbitos de compromiso

 

14. En atención al contexto cambiante, a la visión y al propósito del CMI, así como a los principios orientadores y a los elementos metodológicos, el COP presenta cuatro principales “áreas de compromiso” para estructurar la vida y la labor futura del Consejo. Cada uno de estos ámbitos preferentes se refleja ya en los programas actuales del CMI. Lo que aquí se propone es que haya una mayor integración entre los programas actuales y las comisiones permanentes (Fe y Constitución, Misión y Evangelización, Asuntos Internacionales), procurando al mismo tiempo una mayor colaboración con los actuales interlocutores ecuménicos y los ministerios especializados para desarrollar estos ámbitos preferentes en el futuro.

 

15. Tres puntos adicionales de introducción a estas áreas de compromiso:

  • El COP apoya firmemente la promoción del liderazgo ecuménico de la juventud en la vida del CMI, especialmente la plena participación de los jóvenes en todos los programas del CMI. Las voces, las preocupaciones y la presencia de los jóvenes deben manifestarse más directamente en las decisiones y en el liderazgo y la gobernanza del Consejo.

  • El COP sigue afirmando y celebrando el papel y las contribuciones de las mujeres en todos los campos y sectores de la vida del CMI, y apoya la participación constante de las mujeres en la totalidad del CMI.

  • El COP insta a que el CMI procure la plena inclusión de pueblos indígenas y dalit, descendientes de africanos, personas con discapacidades y marginados de todo el mundo en su vida, su trabajo y su capacidad decisoria.

 

 

Unidad, espiritualidad y misión

 

16. La búsqueda de la unidad y la labor común de misión y evangelización han sido elementos fundacionales en el movimiento ecuménico. Nuevas maneras de entender tanto la unidad como la misión han seguido desarrollándose en la vida del CMI a medida que las iglesias miembros se han aplicado recíprocamente a responder a sus crecientes relaciones y sus contactos cada vez más amplios con la diversidad de teologías, eclesiologías y tradiciones. Los trabajos futuros en el sector de la misión y evangelización deberían empeñar a las iglesias en su compromiso de explorar nuevas formas de vida eclesial, experiencias innovadoras de fe cristiana y el descubrimiento de nuevas formas contextuales de proclamar el Evangelio, incluyendo una crítica de actividades misioneras competitivas

 

17. Aquí en Porto Alegre, la necesidad de que el CMI y sus iglesias miembros se centren en la naturaleza de la espiritualidad cristiana y la acción del Espíritu Santo en la iglesia y en el mundo se ha hecho todavía más urgente y obvia, tanto para la integridad de nuestro trabajo por la unidad visible como para nuestra misión en el mundo. La unidad, la espiritualidad y la misión están relacionadas entre sí y su mutualidad depende de que cada una reciba una atención expresa y dedicada del CMI y sus iglesias miembros.

 

 

Formación ecuménica

 

18. Una de las cuestiones que constituyen hoy un desafío para el conjunto del movimiento ecuménico es la de la formación ecuménica. Como ha dicho el Secretario General en su informe a esta Asamblea, “para que los cristianos, en particular los dirigentes y el personal de las iglesias, puedan participar de forma creadora y responsable en la búsqueda de la unidad, y crecer juntos, es necesario ofrecerles medios pertinentes de formación ecuménica que les permitan aportar mejores y más ricas contribuciones a nuestra vida común.” Esto es esencialmente verdad para los estudiantes, adultos jóvenes, laicos y mujeres en nuestras iglesias, cuando asumen progresivamente funciones de liderazgo en el movimiento ecuménico en el siglo XXI.

 

19. El Instituto Ecuménico de Bossey, del CMI, se concibió como un modelo de formación ecuménica, especialmente en sus esfuerzos en los últimos años por ampliar su programa para incluir a los nuevos evangélicos y a los pentecostales en sus cursos y seminarios, así como en su proyección exterior para ofrecer más encuentros interreligiosos. Ofrecer una plataforma para las iglesias y los interlocutores ecuménicos que se enfrentan a los desafíos a la fe por parte de la ciencia y la tecnología, en cooperación con otras partes del CMI, podría ser otra oportunidad. Estas tendencias son sugestivas para avanzar hacia el futuro, y son motivo de esperanza.

 

20. La formación ecuménica incluye también el papel del CMI en la creación de “espacios seguros” para participar con sinceridad en encuentros interculturales e interteológicos en torno a temas que dividen a nuestras iglesias y a nuestras comunidades, en particular para proseguir el diálogo sobre cuestiones como la vida familiar y la sexualidad humana.

 

Justicia mundial

 

21. En el transcurso de esta Asamblea se ha instado apremiantemente a colaborar en el movimiento ecuménico para un entendimiento dinámico y mundial de la justicia. La justicia requiere la transformación de las relaciones en todos los niveles de la vida en la sociedad y en la naturaleza para vivir con dignidad en comunidades justas y sostenibles (justicia transformadora):

  • respondiendo a los que sufren las consecuencias de la injusticia, el racismo y el sistema de castas,

  • denunciando el escándalo de un mundo dividido entre ricos y pobres y contribuyendo a la transformación de las estructuras económicas y sociales injustas,

  • integrando en el cuidado de la creación y las perspectivas de fe el uso y abuso de la ciencia y de nuevas tecnologías, como las biotecnologías, las tecnologías de la información, las tecnologías de vigilancia y seguridad, las tecnologías de la energía, etc.,

  • exigiendo y facilitando la respuesta de la iglesia al VIH/SIDA,

  • incluyendo una voz clara en la diaconía profética como parte inseparable de la identidad y el testimonio cristianos a las sociedades, partiendo de la vida en familia y en comunidad,

  • emprendiendo acciones y procesos para la resolución de conflictos y la reconciliación.

 

Esta labor requerirá que el CMI y sus iglesias miembros “reorienten nuestros programas para que den lugar, de forma deliberada, a la construcción de comunidades justas verdaderamente incluyentes, que salvaguarden la diversidad, en las que sea posible la interacción de diferentes identidades y formas de unidad, y en las que los derechos y las obligaciones de todos se respeten plenamente en el amor y la comunión” (Informe del Secretario General, p.14).

 

 

Una voz pública y un testimonio profético para el mundo

22. El CMI a que, en el cumplimiento de su responsabilidad histórica en nombre de sus iglesias miembros, debe hacer oír una voz ética firme y fidedigna en su testimonio profético al mundo. Esa voz y ese testimonio deben tener un fundamento espiritual y teológico para que las iglesias sean escuchadas en el concierto de voces del mundo. Las iglesias deben contribuir a reforzar la cooperación internacional multilateral y la legalidad internacional en relación con los derechos humanos, el militarismo y la solución pacífica de los conflictos. 

23. En esta Asamblea se ha reafirmado con fuerza la urgente necesidad que tienen las iglesias y el CMI de empeñarse en la cooperación y el diálogo interreligiosos. Es importante que el CMI, en su compromiso futuro con otras religiones, continúe realizando su trabajo en el contexto de la pluralidad religiosa y siga fomentando el diálogo y la acción común en relación con cuestiones políticas, sociales, teológicas o éticas.

 

24. Esta Asamblea coincide con la mitad del Decenio para Superar la Violencia, decidido en la Asamblea de Harare. El COP afirma que, durante la segunda mitad del Decenio, el CMI debe dar cada vez mayor importancia en su vida y labor programáticas al establecimiento de redes entre las iniciativas locales y regionales. Además de los focos de atención regionales, el DSV debería estar atento a situaciones de crisis profunda, como las del norte de Uganda y Haití.

 

Resolución:

 

25. La Novena Asamblea afirma estos cuatro ámbitos de compromiso para orientar la vida y la labor futuras del CMI.

 

Resolución:

 

26. En particular, respecto a los sectores específicos del programa que han sido identificados dentro de estos cuatro “ámbitos de compromiso”, la Novena Asamblea:

 

  • insta a prestar una cabal atención a la unidad, la espiritualidad y la misión, tanto en la teología como en la práctica. Se anima al CMI y a sus iglesias miembros a considerar las punzantes cuestiones eclesiológicas expuestas en el informe de la Comisión Especial sobre participación de los Ortodoxos en el CMI, y a dar prioridad a las cuestiones de unidad, catolicidad, bautismo y oración.
  • alienta a las iglesias en los planos local, nacional, regional y mundial a comprometerse en la tarea de formación ecuménica para todos. En esta tarea, el CMI debería facilitar e iniciar el diálogo y la posible cooperación entre interlocutores religiosos y políticos sobre el papel de la iglesia en la sociedad civil y entre religiones en sectores de entendimiento mutuo.ii
  • insta a emprender y ampliar un seguimiento del proceso AGAPE, en colaboración con otros órganos y organizaciones ecuménicos, con miras a: 1) el trabajo de reflexión teológica sobre las cuestiones que se plantean en el centro de nuestra fe; 2) un sólido análisis político, económico y social; 3) el diálogo en curso entre interlocutores religiosos, económicos y políticos; y 4) la adopción por las iglesias de enfoques prácticos y positivos comunes.iii
  • al considerar la segunda mitad del DSV, apoya la continuación de los focos de atención regionales; que se estimule una mayor comunicación de ejemplos logrados para animar a las iglesias y a las congregaciones a responder superando la violencia en sus propios contextos; y que se emprenda un proceso de amplias consultas con objeto de formular una declaración ecuménica sobre “paz justa”; y por último, que la conclusión del DSV se celebre con una Convocatoria Ecuménica de la Paz.

 

 

VI. Planificación después de la Asamblea

 

27. El período entre la Asamblea y la reunión del Comité Central de 2006 será un tiempo de intensa reflexión dirigida por los responsables del CMI en consulta con las iglesias y los principales interlocutores ecuménicos con objeto de tener en cuenta la orientación general recibida de la Asamblea y dar forma a su labor programática.

 

 

Resoluciones:

28. Al examinar su tarea de elaborar futuros programas para el CMI, la Novena Asamblea aprueba el proceso siguiente: 

  • que se pida a un grupo de trabajo, integrado por los responsables del Comité de Orientación Programática de la Asamblea, el Comité de Examen, el Comité de Cuestiones de Actualidad y el Comité de Finanzas, que acompañe a la dirección del CMI en la formulación de recomendaciones para futuros programas;

  • que se establezcan para cada programa mecanismos claros y eficaces de planificación supervisión y evaluación;

  • que se establezca una clara distinción entre las cuestiones que son a largo plazo, las que tienen un plazo fijo y las que son especialmente urgentes;

  • que se elabore para cada programa una estrategia de comunicación en dos sentidos y se aplique con los diversos interlocutores;

  • que se establezcan estrategias claras de salida a la hora de concluir progresivamente, reconfigurar o reformular los programas, teniendo en cuenta los recursos humanos y financieros limitados del CMI así como las posibilidades de cooperar y de compartir la responsabilidad con otros colaboradores ecuménicos.

  • que se mantenga un diálogo con las iglesias miembros y ministerios especializados sobre las formas de conseguir apoyo financiero adicional para la labor programática del CMI.

 

29. La Novena Asamblea afirma que el CMI debe aspirar a una imagen pública más clara y firme en su testimonio al mundo. Para ello, es de esperar que el CMI centre sus energías y su atención en un número limitado de problemas que reclaman una respuesta concertada por parte de las iglesias. Uno de estos problemas debería ser el VIH/SIDA (en particular las consecuencias eclesiológicas de esta pandemia en casi todo el mundo).

 


i Disintió la obispo Barbel Wartenberg-Potter, delegada de la Iglesia Evangélica de Alemania, quien estima que la decisión del Comité Central sobre “oración en común” impide que el Espíritu de Dios hable con imágenes y símbolos diversos e incluyentes.

ii Disintieron:

- Hulda Gudmundsdottir, de la Iglesia Evangélica Luterana de Islandia, que deseaba agregar al final de la frase las palabras “considerando también cuestiones divisivas como la sexualidad humana.”

- Cuatro delegados que deseaban agregar al final de la frase las palabras: “considerando especialmente la juventud, las mujeres, las personas con discapacidades, los pueblos indígenas, los dalit y los pueblos de ascendencia africana.” Los cuatro delegados eran: Carmen Landsdowne, delegada de la Iglesia Unida del Canadá; Rev. Robina Winbush, Iglesia Presbiteriana (Estados Unidos); Rev. Dr. Tyrone Pitts, Convención Nacional Bautista Progresista Inc.; y Sr. David Palopaa, Iglesia de Suecia.

iii Disintió el Sr. Klaus Heidel, delegado de la Iglesia Evangélica de Alemania, que deseaba hacer el mayor hincapié en la recomendación sobre actividades y acciones concretas.