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9.08.04 14:31

En la jungla de la eclesiología, ¿cómo evitar los tigres?

 

Por Mark Woods (*)

Más de trescientos cuarenta miembros tiene el Consejo Mundial de Iglesias. Pero ¿qué piensan que es una iglesia, y cómo se relaciona cada iglesia con las demás iglesias? El estudio de estas cuestiones es lo que se llama “eclesiología”, que es un tema central en la agenda de Fe y Constitución y un asunto de gran interés para el CMI.

El Rev Binsar Nainggolan, pastor de la Iglesia Protestante de Huria Kristen Batak y nativo de Sumatra, tiene una visión particular de la eclesiología.

“Cuando recibí la ordenación hace 23 años, fui destinado como pastor a una parroquia situada en la jungla de Sumatra –dice–. Tenía a mi cargo diez congregaciones con horas de separación entre ellas. Tenía que caminar constantemente por la jungla, y a veces en estos viajes veía a uno de nuestros tigres de Sumatra.”

“Para mí, parte de la eclesiología consiste en evitar los tigres en el viaje de una iglesia a otra.”

¿Quiénes –o qué cosa– son esos tigres? El arzobispo Gennadios de Sassima, del Patriarcado Ecuménico Ortodoxo, responde sin vacilar.

“Nosotros mismos –dice–. En el sentido de que estas divisiones son obra humana. Tenemos que evitar los tigres escuchándonos unos a otros.”

Es una empresa a la que él está personalmente entregado, y en la cual la Iglesia Ortodoxa, como muchas otras, está profundamente interesada

En la reunión de la Comisión de Fe y Constitución del CMI celebrada del 26 de julio al 6 de agosto en Kuala Lumpur, uno de los documentos considerados por los delegados era “Naturaleza y misión de la Iglesia”. Se trata de un intento detallado y erudito para identificar una base común en la forma en que las diferentes tradiciones entienden lo que es la iglesia y cual es su finalidad en el mundo.

Según este estudio, la iglesia una, santa, católica y apostólica es suscitada por el Padre y está centrada y fundada en la palabra. Como comunión de los fieles, la iglesia es obra del Espíritu Santo.

Por otra parte, la iglesia está constituida por seres humanos falibles, y a pesar de su unicidad esencial hay divisiones, en parte por los pecados humanos y en parte por auténticas diferencias de opinión. La comunión es real, pero no plenamente realizada. En iglesias diferentes hay maneras diferentes de entender cuestiones como el bautismo, la eucaristía, el ministerio y la autoridad, por citas solo algunas.

¿Es entonces posible encontrar un camino a través de las junglas de la historia y la teología, evitando los tigres, hasta un punto en que se restaure la unidad visible?

¿El buen punto de partida?

Según la profesora Dra Anne Marie Reijnen de la Iglesia Protestante Unida de Bélgica, tenemos que aceptar que hay una presunción bíblica favorable a la unidad.

En una introducción al tema, la Dra Reijnen reflexiona sobre el llamamiento de Pablo a los cristianos romanos de recibirse unos a otros (Romanos 15:7) y dice: “Ninguna desavenencia podía ser mayor dentro de la iglesia que la que separaba a judíos de paganos.” Convivir en armonía fue más difícil para judíos y gentiles que para los cristianos de hoy día con diferentes tradiciones, y si Pablo llama a aquéllos a la unidad, lo mismo hace para los cristianos de hoy.

Y de hecho, la unidad se realiza. “Los cristianos –prosigue la doctora– han construido y construirán comunidades improbables, a contrapelo de afinidades naturales, lealtades instintivas y pactos de sentido común.” Y cuando lo hacen, anticipan el gran banquete del reino de los cielos.

Esta idea de comunidad, la forja de lealtades personales y de profundas relaciones, fue recogida por otra participante, la profesora Valburga Schmiedt Streck, luterana brasileña. Apoyándose en su experiencia en las favelas brasileñas, dice: “No es la razón sino más bien la emoción la que los alimenta y consuela y les permite soñar con un futuro mejor.”

Esta manera de ver las cosas, añade, nos permite pensar sobre las cuestiones ecuménicas –entre ellas la eclesiología– de forma diferente y potencialmente más productiva, que según ella es más latinoamericana que europea. Las relaciones desempeñan un papel, no es tan solo una cuestión del estéril intercambio de ideas. “Es una ética diferente con una lógica diferente –dice–. La lógica europea excluye a la otra persona.”

¿Pero es posible abreviar el proceso de diálogo sobre la base del llamamiento de Pablo para que los cristianos se reciban unos a otros? Sí, según la profesora Kyung Sook Lee de la Iglesia Metodista de Corea.

“En un contexto asiático, que es un contexto multirreligioso –dice–, nuestra principal preocupación es sobrevivir y convivir con personas de otras religiones.”

“Este debate trata en gran parte de historia, pero no es historia de Asia. Quiero disponer de una definición sencilla y clara de la naturaleza y la misión de la iglesia. Lo que realmente nos interesa como asiáticos es vivir con el pueblo de Dios, y con gente de otras religiones. El trabajo es necesario, pero es demasiado complejo y teórico.”

Una perspectiva ortodoxa

Pero otros participantes siguen una orientación muy diferente. Para otro participante, el Dr Paul Meyendorff de la Iglesia Ortodoxa de América, hablar de aceptarse unos a otros sin calificación sobre la base de un solo texto es un paso demasiado largo. Para que haya una unidad auténtica tiene que haber tanto acuerdo en los fundamentos doctrinales como comunidad en la vida de fe. Y mientras que para muchos cristianos su propia tradición es una rama o componente de la gran iglesia universal, para otros –incluidos los ortodoxos– su propia iglesia se identifica de hecho con la iglesia universal.

Y para los cristianos ortodoxos, la fe compartida no es suficiente. “No basta con afirmar las verdades de fe –dice–. Hay que ser parte de un cuerpo vivo.”

Para Meyendorff, los cristianos ortodoxos tropiezan con la dificultad de definir el estatus de las otras iglesias, y esta dificultad, según él, todavía no se ha resuelto bien.

“La mayoría de los ortodoxos afirmaría que hay una sola iglesia, identificándose ellos mismos con esa iglesia única. Lo que yo entiendo es que en la medida en que otros cristianos comparten la verdad del evangelio y la vida del Espíritu, son ortodoxos. Tenemos que pensar en círculos concéntricos, círculos entrecruzados.”

Pero él cree que algunas iglesias se lo ponen muy difícil a los cristianos ortodoxos. Mientras que las relaciones con los católicos romanos, por ejemplo, son mejores, no ocurre lo mismo con algunos protestantes.

“Hay algunas tradiciones, como las pentecostales, con las que los ortodoxos tenemos más en común que con la iglesias protestantes liberales, cuya manera de entender la fe es individualista en extremo. Nunca estaremos en comunión con una iglesia que acepta oficialmente el aborto, por ejemplo.”

Sin embargo, dice, hay “grados de comunión”, y los cristianos ortodoxos no cejarán en el empeño de alcanzar la unidad de la iglesia. “Hay una dimensión escatológica. Es muy probable que esto no suceda hasta el fin de los tiempos. Pero si no probamos, no habremos cumplido la misión que Dios nos encomendó.”

Una perspectiva católica romana

También para los católicos romanos hay importantes cuestiones en juego. El Rev. William Henn es profesor en el Colegio de San Lorenzo en Roma.

“La gran dificultad es la relación entre unidad y diversidad –dice–. Por ejemplo, la etnicidad y la cultura en general ponen de manifiesto dificultades locales de idioma y sensibilidad. ¿Cómo acoger lo bueno sin causar desgarros en la iglesia?”

“La dificultad viene cuando hay contradicción en algo esencial.”

Hay problemas, pues, que no se desvanecerán, por mucha que sea la buena voluntad entre los participantes en una reunión como la de Fe y Constitución. Una de ellas es la primacía del papa, que según él es esencial. “La idea básica para los católicos –y creemos que esto nos distingue de otras iglesias– es que Cristo quiere un ministerio de liderazgo universal.”

Pero prefiere analizar la cuestión mejor que simplemente trazar una línea en la arena. Y la Biblia misma, prosigue, distingue entre lo que es esencial para la fe y lo que no lo es. “El núcleo del debate ecuménico es el esfuerzo por distinguir entre lo que es necesario y lo que es innecesario.”

¿Y qué decir de la eclesiología en general? ¿Son comprensible aquellos que, en su propio contexto, estiman que la eclesiología no es básica en el ecumenismo?

“No cabe duda –dice– que algunas cuestiones son más importantes que la estructura de la iglesia. Existencialmente, un seguidor de Cristo tiene que vivir la enseñanza de Jesús sobre el reino, sobre la buena nueva para los pobres y la libertad para los cautivos. En las iglesias más antiguas, puede ser muy importante la colaboración para hacer frente al sufrimiento. Añadiré que si podemos hacer esto, esto nos llevará a amarnos más unos a otros, y ese trabajo en sí mismo nos hará enfrentarnos con las cuestiones que nos separan.”

Pero en definitiva, cree que hay que hacer el trabajo teológico. “Por ejemplo: si dos comuniones diferentes vienen a la eucaristía, y una cree en la presencia real de Cristo, y que Cristo es un sacerdote en medio de la comunidad, y la otra parte no lo cree así, celebrar juntos la eucaristía con tales diferencias es pensar que la fe sobre la eucaristía no es importante.”

Una perspectiva anglicana

Una comunión que ha conseguido la convivencia entre opiniones diversas es la anglicana, que contiene a quienes se consideran situados tanto en la tradición católica como en la reformada.. Ha hecho esto, dice el obispo John Hind, no sobre la base de una declaración doctrinal detallada y preceptiva, sino a través de su historia, sus formularios y su estilo de culto. “Nuestra tradición doctrinal está contenida en nuestra liturgia”, dice.

Y la comunión anglicana, observa Hind, no está estructuralmente unida. Está formada por provincias autónomas, y no hay una autoridad central a la que apelar en caso de desacuerdo grave. Hasta tiempos muy recientes, no se había discutido seriamente esta forma de constituir una comunión mundial. Las cuestiones del sacerdocio femenino y de las relaciones homosexuales han tensado las relaciones entre las provincias, y dentro de ellas, casi hasta un punto de ruptura.

Para Hind, esto es una indicación de que es preciso encontrar nuevas formas de relación. “Creo que la autonomía provincial no funciona –dice–. Hemos mantenido con fuerza la autonomía de la iglesia local, pero hemos sido débiles en lo que toca a la obligación de ser responsables unos de otros, lo que impide que la autonomía llegue a ser independencia.”

Para los anglicanos, puede encontrarse una solución mediante la Comisión Lambeth, establecida por el arzobispo de Canterbury, que está estudiando esta misma cuestión. Pero ¿cómo se relacionan las iglesias por encima de los límites denominacionales? Porque la unidad visible, a su parecer, es una necesidad para toda la iglesia.

“Jesús oró para que la iglesia sea una para que el mundo crea. Podemos disimular las diferencias denominacionales, pero el mundo no queda convencido si los cristianos no están unidos.”

Hay, dice Hind, varios modelos de unidad visible, cada uno de los cuales tiene sus ventajas. Pero con referencia a nuestra experiencia actual, dice: “Miro a lo que nos puede enriquecer al crecer juntos. Por ejemplo, la insistencia luterana en la continuidad de la doctrina apostólica. En Roma, tenemos la seguridad y confianza que ofrece el papado. Los ortodoxos están profundamente arraigados en la fe de la iglesia indivisa y tienen un claro sentido de esta unidad, que se expresa y se siente muy claramente en la eucaristía.”

¿Esperanza en el futuro?

Para el arzobispo Gennadios, la mejor esperanza para el ecumenismo en general, y la convergencia en el tema de la eclesiología en particular, está en los encuentros entre personas. “El mejor diálogo –dice– está en la experiencia cotidiana de penuria y pobreza. Ahí olvidamos nuestras diferencias eclesiales.”

“Para mí –prosigue– un principio del diálogo es el esfuerzo por conocerse mejor unos a otros. El diálogo avanza lentamente, pero da fruto cuando conocemos mejor al otro. Si nos conocemos mutuamente y nos hacemos amigos y hermanos, ganamos mucho. Todavía tenemos diferentes perspectivas. Necesitamos readecuar y redefinir nuestras raíces comunes.”

¿Se siente esperanzado respecto al futuro? Pese a retrocesos en camino, sigue siendo idealista. “Debo ser optimista. Tengo esperanza y visión.”

Puede ser que los tigres, como él dice, seamos nosotros mismos. Pero en el encuentro de mentes y de espíritus como en Fe y Constitución, algunos de ellos resultan ser mucho menos amenazadores de lo que tememos.

* Mark Woods es redactor de actualidad de The Baptist Times y ministro bautista del Reino Unido.

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Documentos sobre el camino (Información complementaria)

“Naturaleza y misión de la Iglesia” es una revisión de otro estudio de Fe y Constitución, “Naturaleza y finalidad de la Iglesia”, y se inició en 1999. Tiene en cuenta las respuestas al documento original, y pretende ser un”texto de convergencia” sobre la iglesia, expresando los ámbitos sustanciales de acuerdo entre diferentes tradiciones, sin dejar de señalar también las cuestiones todavía no resueltas. El texto no está ultimado todavía, pero se pretende presentar una versión final en la Asamblea del CMI en Porto Alegre, Brasil, en 2006.

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Crónicas desde Kuala Lumpur. Aunque ha sido elaborado con los usuales estándares periodísticos de exactitud y equilibrio, dado que este artículo está destinado al público en general no debe ser leído como un texto académico o teológico formal, ni debe tampoco ser considerado una toma de posición oficial de la comisión de Fe y Constitución.

Las opiniones expresadas en las Crónicas del CMI no necesariamente reflejan posiciones oficiales del Consejo.